EL PASEO DE LA VIDA

paseo san juan diagonal

Lo llamábamos “el paseo”. Estaba a doscientos metros del colegio. Por las tardes, cuando salíamos de clase, nos reuníamos allí un grupo de alumnos. Teníamos 16-17 años. Siempre había además la hermana de alguien y la amiga de la hermana y la amiga de la amiga de la hermana, lo que animaba y daba interés a las reuniones, que a veces acababan en la bolera próxima.

Cuando ahora, tantos años después, paso por aquí, no puedo evitar un sentimiento de nostalgia. El panorama que ofrece es muy distinto. Aunque el marco general se conserva (el paseo central, las calzadas laterales), el contenido, sobre todo el humano, no se parece en nada al que creo recordar.

Los largos bancos que bordean el lado oeste del paseo están llenos de restos humanos sentados, quiero decir, de personas que ya han vivido y que, sin más horizonte ni esperanza, esperan resignadas la muerte. Yo mismo podría ser una de ellas. Bastaría con que me sentase en el banco y por la edad y aspecto sería indistinguible de los demás.

Pero no. Yo soy escritor, y me mantengo activo, como ahora mismo… Bien, quizá alguna de esas personas que observo sin disimulo tenga también un pasado interesante y, sobre todo, un presente, que es de lo que se trata. Ese anciano de mirada melancólica y de largas arrugas verticales que le surcan una y otra mejilla, por ejemplo. Estaría bien saber algo de él. Pero tengo un problema.

la inmaculada

He dicho que soy escritor. Lo que no he dicho es que carezco de las dos o tres características que se consideran fundamentales en todo escritor: no soy buen observador, los detalles se me escapan, hasta el extremo de que, cuando acabo de estar con una persona, soy incapaz de recordar cómo iba vestida; no soy lo bastante curioso o atrevido como para abordar a un desconocido en busca de cualquier información…ah, y no me gustan los gatos.

Pero esta vez hago un esfuerzo, un esfuerzo descomunal y me acerco al hombre de las largas arrugas verticales.

– Hola, cómo va todo.

– Bien – responde, sin apenas dirigirme su mirada melancólica.

– ¿Vive usted por aquí?

– Sí.

– Cómo ha cambiado esto, ¿eh?…aunque no mucho, según cómo… ¿Lo recuerda usted de cuando era joven?

– No.

– Ah, ¿no? ¿No vivía  entonces aquí?

– No.

– Bueno, yo tampoco. Pero el colegio quedaba cerca y en los dos últimos cursos, solíamos reunirnos aquí un grupo de amigos al acabar las clases, nada, a charlar, comentar cosas del cole, de los profesores y compañeros y tontear un poco con alguna chica, que nunca faltaban. Cuánto tiempo hace de todo eso…¿sabe que me he espantado calculándolo? Hace solo un momento, viniendo para aquí, he estado contando y recordando… y no me lo creía, palabra, ¿sabe cuánto? ¿cuánto? ¡Sesenta años! Sí, hombre sí, no ponga esa cara, ¡sesenta años! Claro que sí, yo tenía 17, ahora tengo 77, calcule usted mismo, ¡qué barbaridad! No me lo acabo de creer. De hecho, nadie se lo acaba de creer. Todos dicen sí tengo tantos años pero, por dentro, me siento como si tuviese veinte. Pues claro que sí, cómo no, todo anciano se siente por dentro como si tuviese veinte. Y sabe por qué, porque en nuestro interior hay algo que es fijo, indestructible, algo que es inmune al tiempo. Lo malo es que todo lo demás, incluido el propio cuerpo, ¡pasa tan deprisa! Tan deprisa que ese niño que hay en el fondo de cada uno de nosotros no ha tenido tiempo de enterarse. Sí, usted lo habrá notado: en su interior, como en el de toda persona mayor, hay un niño asustado que se pregunta ¿qué ha pasado?… ¿Qué ha pasado? ¡La vida ha pasado! ni más ni menos que la vida, en un suspiro, en un abrir y cerrar los ojos, como dice la sabiduría popular. 

¿Y cómo ha ido? Ah, eso es lo fundamental. ¿Usted ha observado los rostros, las miradas, las posturas de todos esos hombres y mujeres sentados? No es difícil saber cómo les ha ido. Desgracias, angustias, dolores, frustraciones, y también esperanzas, satisfacciones, alegrías… de todo hay. Mirando atentamente cualquiera de esos rostros, puede uno deducir en qué medida ha ido mezclado todo eso. Y pienso yo que, considerando los casos extremos, hay vidas de ciertos seres humanos radicalmente diferentes de las de otros; es como si perteneciesen a especies distintas. Para unos, un infierno inexplicable; para otros, un agradable paseo por un jardín de flores, no exento de espinas. La mía ha sido más bien un paseo, con algunos malos ratos, por supuesto, pero el balance es desde luego positivo. A usted tampoco parece que la haya ido muy mal. ¿Suele venir por aquí?… Sí, ¿no?… Muy bien, pues seguiremos hablando. Adiós.

– Adiós – responde el hombre, y entorna los párpados como si le molestase un sol inexistente.

general mola ahora

Me voy contento, muy contento, satisfecho. Por una vez he sabido salir del caparazón y comunicarme francamente con un desconocido. Él también, el hombre de las arrugas verticales y la mirada melancólica también tiene motivos para estar contento, satisfecho. Los dos hemos ganado. Y es que nada alivia tanto, nada conforta tanto como confesarse, como abrirse sinceramente a un desconocido.

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STENDHAL. Sentimiento y estilo I

stendhal1Francia, 1825-30. La gente de orden de la población de Verrières piensa en la Revolución como en una horrible pesadilla que alteró las vidas de los ya mayores o de los padres, y en el Imperio Napoleónico como en un intento – fracasado, naturalmente – de coronar el desorden. Pero la sociedad ha vuelto de nuevo a sus cauces naturales; al orden aristocrático de la naturaleza que fija el destino inamovible de cada cual por la posición que ocupa en el momento del nacimiento.

Julien Sorel, joven inquieto de dieciocho años, no siente ningún entusiasmo por el destino que le depara su posición de partida en la sociedad. Aborrece el trabajo en el aserradero familiar, estudia con tesón y se entrega a lecturas prohibidas; admira a Napoleón, desaparecido de la escena hace poco, pero tiene que ocultar esa admiración para no ser señalado como elemento contrario al sagrado orden restaurado.napoleon

Conocedor de sus cualidades intelectuales, el párroco de Verrières lo recomienda al alcalde, señor Rênal, como preceptor de los hijos. Y, como tal, no solo se gana el afecto y cariño de los pequeños sino también el amor, al principio inconfesado, de la madre. La relación amorosa que se establece entre los dos tiene en Julien el dulce añadido de hacerle sentir que se ha elevado un grado en la escala social. Pero la denuncia por adulterio, lanzada por una sirvienta despechada, acaba con la dicha y Julien tiene que huir.

Como refugio o salida, ingresa en el seminario sacerdotal. Y es que ahí, no obstante la repugnancia que le produce la mediocridad del ambiente, Julien se plantea seguir la carrera eclesiástica como vía de ascenso social. Pero parece que el camino se acorta por otra vía.seminario

El director del seminario lo recomienda a un personaje de la más alta categoría, el Marqués de la Mole, como secretario particular. Instalado en París, Julien se esmera en cumplir sobradamente todas las expectativas y se gana la confianza y el afecto del Marqués.

Pero el Marqués tiene una hija, Mathilde, caprichosa y de carácter fuerte, que se aburre mortalmente entre los refinadísimos jovenzuelos de su ambiente aristocrático y que encuentra en el joven y apuesto plebeyo un motivo para la pasión, primero medio fingida y pronto incontenible. La relación tiene su fruto. Mathilde está embarazada, y le hace saber al padre que quiere casarse con Julien. Éste duda, pero, de momento, consigue un título nobiliario para el espabilado secretario. Y cuando ya se prepara la boda se produce el desastre en forma de carta enviada al Marqués por la señora Rênal, en la que, presionada por su confesor, ésta da cuenta de las maldades de Julien Sorel.stendhal le rouge

Ciego de ira, Julien se presenta en Verrières, dispara contra su ex amante en pleno oficio religioso y marcha creyéndola muerta, aunque solo ha resultado levemente herida. Es detenido y juzgado. Mathilde, que ha acudido a acompañar a su ex prometido, y la señora Rênal, cuyo amor no ha decaído a pesar de todo, no consiguen empujar a Julien para que mueva todos los recursos posibles para salvarse. Él parece indiferente a todo – excepto al descubrimiento de que la Rênal es su verdadero amor – y resignado a su destino. Finalmente, es condenado a muerte. Y, por cierto, queda claro que para la condena, más que el “crimen” apenas cometido, han sido decisivas unas declaraciones suyas en las que se revela como “peligroso” revolucionario. 

Hasta aquí el relato del argumento de El rojo y el negro, publicada en 1830, obra de arte absoluta tanto por el trazado de la psicología de los personajes como por la sensación que da de inmersión en una sociedad, un mundo, una mentalidad, y lograda no a base de farragosas explicaciones, sino mediante las mismas acciones y palabras de los personajes. Aunque quizá haya que perdonar algunas concesiones a los excesos románticos propios de la época, que ensombrecen las últimas páginas. 

La otra gran novela de Stendhal es La Cartuja de Parma, publicada en 1839. Sela chartreuse trata de una novela de aventuras, de aquellas en las que prima la acción exterior y que la dogmática literaria ha ido descartando en beneficio de la novela de ideas, o de reflexión.

Y de aventuras de capa y espada, que es la máxima expresión del aventurismo, como sabemos los viejos lectores – entonces tan jóvenes – de Los tres mosqueteros y similares. La época en que se sitúa la acción es la misma que la de El Rojo y el Negro: la de la resturación borbónica, si bien el escenario cambia, pues la acción se desarrolla por el norte de Italia, principalmente en la corte del ducado de Parma.

Y sin embargo, el mundo que se ofrece al lector tiene un aspecto, un color, un aroma completamente diferentes que en la novela anterior. Y es que, aunque ninguna de las dos está escrita en primera persona, ambas muestran el mundo a través de los ojos de los protagonistas respectivos. Áspero, duro y hasta siniestro en el caso de Julien Sorel; luminoso, superficial, “romántico” para Fabrizio del Dongo.

No se trata de resumir ahora el argumento de la Cartuja, pero me gustaría dejar constancia del efecto que la novela suele producir en el buen lector. Y para ello, mejor que mis palabra, las del Príncipe de Lampedusa, escritor tan exquisito y tan desconocido en vida como el mismo Stendhal:

Debo decir que, aun sabiendo, aun dándome cuenta de que el relato de la Chartreuse está plagado de horribles intrigas, de continuos temores, de personajes siniestros (el duque Rassi y acaso el conde Mosca), de prisiones principe lampincreíblemente feroces, incluso sabiendo estas cosas y sabiendo cómo están no solo representadas sino deducidas a partir de una espantosa y documentada realidad, yo, repito, aunque mi intelecto está en conocimiento de todas estas razones, cuando leo la Chartreuse las olvido completamente y me siento afectado solamente por una incomparable placidez, que trae consigo serenidad y calma.

Ciertamente, como afirma el mismo Lampedusa, La Cartuja de Parma es el más puro milagro del sentimiento y del estilo. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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STENDHAL. Sentimiento y estilo II

grenobleHenry Beyle – que pasaría al mundo de la literatura bajo el nombre de Stendhal – nació en Grenoble, Francia, en 1783. El padre, abogado en el parlamento de Grenoble, conservador extremo, solo atento a las incidencias de su patrimonio, siempre le fue odioso; la madre, de la que se recuerda fervientemente enamorado, murió cuando él tenía siete años. Se acogió entonces, de hecho, a la protección del abuelo materno Henry Gagnon, médico ilustrado y más bien prorrevolucionario, como en general los Gagnon, a diferencia de los Beyle, acérrimos partidarios del antiguo régimen.

A los trece años entra en la Escuela Central de Grenoble, creada ya bajo el gobiernocode civil revolucionario, donde se aficiona a las matemáticas (quizá es que, como otros temperamentos de fondo turbulento, piénsese en Sabato, tiene necesidad de formas claras y limpias); tiempo después confesaría que, para mantener en su escritura un estilo preciso y claro, solía leer el Código Civil.

En 1799 (al día siguiente de la toma del poder por Napoleón) llega a París para ingresar en la Escuela Politécnica, cosa que finamente no hace. En la capital frecuenta a sus primos Daru, padre e hijo, quienes le empujan a que haga algo positivo. (Por aquella época él se confiesa que lo único que le interesa es escribir comedias y seducir mujeres, no obstante su timidez y su físico poco seductor). Finalmente acepta un puesto administrativo en el ejército a las órdenes de Pierre Daru.

Forma parte del gran ejército que emprende la campaña de Italia y, al entrar en Milán, se produce la gran revelación que marcará todo el resto de su vida: el descubrimiento de la que iba a ser su patria de adopción: le plus beau lieu de la terre. Y, desde entonces, en el imaginario geosentimental de Stendhal, los pueblos civilizados, donde florecen el arte, la pasión y la vida verdadera, empiezan en la Provenza y se extienden hasta Nápoles; arriba quedan los “bárbaros del norte”.

milano

En 1802 se halla de nuevo en París, donde insiste en su idea de escribir comedias (soñaba con ser el Molière de su siglo), con tan poca fortuna como en sus primeras aventuras amorosas.

En 1806, gracias al primo Pierre, se convierte en funcionario militar; asiste como tal, es decir, en segundo plano, a la campaña de Austria y recoge impresiones que utilizará en sus obras, sobre todo en La Cartuja de Parma. En 1810, de nuevo en París, es nombrado auditor del Consejo de Estado y luego inspector de bienes inmuebles de la Corona.

En 1811 vuelve a Milán, donde reanuda una antigua relación con Angela Pietragua; relación que, con muchos altibajos, se mantendría durante cuatro años. En el 12 se le envía como correo a Moscú, donde coincide con el cerco de la ciudad y la desastrosa retirada francesa. Llega a París “como un cadáver”.

retirada

Entre 1813 y 1821 pasa la mayor parte del tiempo en Italia, viaja por todo el territorio entre Milán y Nápoles y escribe algunos libros (parece que en gran parte “fusilados”) sobre varios músicos y pintores. Por el contrario, muy original e interesante es el libro de viajes Roma, Nápoles y Florencia.

En los años 18 y 19 vive un auténtico amor apasionado (y no realizado) por Matilde Dembowski (de soltera, Viscontini) separada de su marido, general del ejército francés. Esta experiencia, finalmente desdichada, le inspira la composición de una obra ensayística, De l’amour, que se publicó tres años después, sin ninguna matilderepercusión. En ella, el autor, con un estilo que quiere ser frío y distanciado, pone al descubierto su extrema sensibilidad, de modo que en esta obra se revela con toda claridad la dualidad de cualidades stendhalianas: “conocimiento y ternura”, en palabras de un crítico; y al mismo tiempo enriquece la filosofía literaria del amor con observaciones que se han convertido en clásicas:

Hay dos desgracias en el mundo: la pasión contrariada y el dead blank (vacío absoluto).

El amor es una flor deliciosa, pero se ha de tener el valor de ir a cogerla en el borde de un precipicio espantoso. Además del ridículo, el amor tiene siempre a su lado la angustia de ser abandonado por quien se ama, y de que no quede nada más que un dead blank para el resto de la vida“.

El amor es como la fiebre; nace y se apaga sin que la voluntad tenga en ello la menor parte” 

La caída de Napoleón y la restauración de la monarquía borbónica tuvieron sus consecuencias en la vida práctica de Henry Beyle. Cuando lograba algún cargo del nuevo régimen, ahí estaba el guardián austriaco, que dominaba el norte de Italia, para vetar al “peligroso jacobino”, como en el caso del propuesto consulado en Trieste. Finalmente, en 1831 se le nombra cónsul en Civitavecchia, conde residiría – de hecho, en Roma – con alguna interrupción hasta 1836 y, después de unos años de permisos, entre el 39 y el 41.civitavecchia

Y siempre, entre maniobras para sobrevivir y amoríos diversos, sigue escribiendo: las biografías de Racine, Shakespeare y Rossini, la novela Amancia, que publica en 1827 y que no se gana la comprensión del público lector, quizá por mantener demasiado oculta la clave de la trama, y otro libro de viajes, Paseos por Roma. En 1830 sale a la luz una de sus obras maestras, El rojo y el negro.

Entre el 34 y el 36 escribe la novela Lucien Leuwen y la obra autobiográfica Vida de Henry Brulard, ambas inacabadas, y en el 38 recoge las impresiones de varios viajes en Memorias de un turista.

A finales de 1838 escribe al dictado, en nueve semanas, La Cartuja de Parma. La envía a Balzac – entonces en la cúspide de la fama- solcitándole una opinión. El resultado sorprende al mismo Stendhal. En un largo artículo publicado en la Revue Parisienne (25 de septiembre de 1840) Balzac afirma entre otras cosas:

Beyle ha hecho un libro donde lo sublime estalla de capítulo en capítulo.”

Ha producido […] una obra que solo las almas y las gentes verdaderamentebalzac superiores pueden apreciar.”

¿Acaso no es una buena acción el intentar hacerle justicia a un hombre de un talento inmenso cuyo genio solo se verá reconocido por algunos seres privilegiados?

A Beyle, que pinta sus personajes a través de la acción y a través del diálogo, le bastan pocas palabras; no cansa con sus descripciones, se apresura hacia el drama y lo alcanza en una palabra, en una reflexión”.

Beyle es uno de los hombres superiores de nuestro tiempo”. 

Beyle, o sea, Stendhal, murió poco después, en marzo de 1842, a los 59 años de edad. Este hecho no representó la desaparición de una celebridad, ni mucho menos. El mundo de las letras lo ignoró en vida, con la excepción tardía de Balzac. Curiosamente, él mismo había vaticinado el futuro de su fama: “Seré conocido en 1880. Seré comprendido en 1930”. El juicio generoso de Balzac apenas alteró estas previsiones.

Y es que Stendhal solo escribía para sus semejantes. Y, cuando se trata de un artista verdadero, estos son muy pocos. Pensando en ellos – como en sí mismo – escribió su obra. Y a ellos la dedicó,

                                     To the happy few

 

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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El artista como crítico: Lampedusa ante Stendhal

En uno de los diálogos entre Ego y Alter, incluidos en este Blog, Ego muestra su desagrado por los críticos literarios profesionales y manifiesta su preferencia por los creadores que ocasionalmente ejercen como críticos. Salva dos excepciones (Albert Béguin y Erich Auerbach), además, quizá, de alguna otra que dice no recordar en ese momento, y da algunos nombres de creadores puntualmente críticos que le encanta leer (Thomas Mann, Stefan Zweig, entre otros).

Lampedussa

No hay duda de que Ego no había leído el librito que ha caído en mis manos; de lo contario, lo hubiera puesto en primer lugar. Su título es Stendhal; el autor, Giuseppe Tomasi di Lampedusa; el prologuista y responsable de la versión, Antonio Colinas, publicado en Ediciones Península en 1996.

Tomasi, escritor desconocido en vida, autor de la famosa novela El Gatopardo, se enfrenta a la obra de Stendhal en unas pocas páginas repletas de agudas observaciones y felices descubrimientos. De ello, más que mi comentario o descripción, dará fe una pequeña muestra de citas del librito, según traducción, repito, de Antonio Colinas:

A través de su Julien Sorel, Stendhal se ha expresado a sí mismo tal como realmente era, con sus ambiciosos deseos. En Fabrizio del Dongo, por el contrario, le ha conferido vida real al hombre que hubiera querido ser: al hombre rico, amado, que él no fue.”

Su genio para aligerar, para suprimir las redundancias, para “mantenerse en el tema”, roza lo prodigioso. Un ejemplo es universalmente conocido. Cuando Fabrizio, después de innumerables pruebas e intrigas, logra penetrar en la habitación de Clelia, las consecuencias de esta victoria son expresadas en cinco palabras: “Aucune résistance ne fut opposée.” Milagrosa sobriedad que alcanza el más elevado efecto artístico. Pensad en los innumerables adjetivos que hubiera puesto en movimiento HugoPero hay muchos más: Stendhal ha conseguido resumir una noche de amor en un punto y coma”.

El diálogo de los personajes en Le Rouge et le Noir está empleado con una técnica tan refinada que puede pasar inadvertida a primera vista. Ha desaparecido el defecto de tantos novelistas (entre estos se encuentran algunos de los más notables) de revelar el espíritu de las personas a través de lo que éstas dicen. Esta especie de revelación verbal se halla, de hecho, casi ausente de la vida real. El carácter de la gente lo comprendemos, en la mayor parte de los casos, a través de sus actos, de sus miradas, de sus balbuceos, del nerviosismo de sus dedos, de sus silencios y de su espontánea locuacidad, del color de sus mejillas, del ritmo de su paso: casi nunca a través de sus alocuciones, que son siempre púdicas y descaradas máscaras de su interioridad. Esto lo ha comprendido Stendhal a la perfección: de él no poseemos ningún fragmento de diálogo famoso.”

De bribones como Julien, los hay a millares en la vida y a decenas en el arte. Pero él es uno de los poquísimos que ha sido descrito con una técnica tal que convierte en luminosa para el lector toda su (por lo demás banal) maldad.”stendhal1

Debo decir que, aun sabiendo, aun dándome cuenta de que el relato de la Chartreuse está plagado de horribles intrigas, de continuos temores, de personajes siniestros…aunque mi intelecto está en conocimiento de todas estas razones, cuando leo la Chartreuse las olvido completamente y me siento afectado solamente por una incomparable placidez, que trae consigo serenidad y calma.”

A propósito de esta última cita, recuerdo que hace ya años, sin conocimiento de esta opinión de Tomasi, Ego afirma en uno de sus Diálogos:

Una obra de arte siempre tiene efectos beneficiosos, y cuando digo siempre quiero decir siempre, y cuando digo obra de arte quiero decir obra de arte. No importa que el asunto sea triste, terrible o “negativo”; el efecto siempre será enriquecedor, ennoblecedor. Aún hoy no me explico la honda y agradable impresión que me produjo la lectura de La Cartuja de Parma, novela más bien melancólica y de final infeliz.”

La Chartreuse es el más puro milagro del sentimiento y del estilo.

Con esta frase cierra Tomasi su brevísimo comentario sobre la novela de Stendhal, del que he ofrecido unas pocas muestras.

No hay duda de que algo tienen en común el escritor francés de hace dos siglos y el italiano de hace escasamente uno.

En su prólogo al librito de Tomasi, Antonio Colinas escribe:

Stendhal y Lampedusa pertenecen a esa raza de escritores, fidelísimos a su propia voz,antonio colinas casi secretos en su tiempo…; escritores que van a contracorriente porque al expresar en soledad cuanto sus ánimos sienten no están “a tono” con sus coetáneos, con la literatura que se hace en su tiempo. Ellos viven intensamente, hacen Arte y lo expresan, pero no saben (o no quieren saber) que el gusto literario se guía a su alrededor por criterios de moda, por directrices impuestas.

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EDGAR ALLAN POE. La vorágine y el método I

edgar allanExiste-t-il donc une Providence diabolique qui prépare le malheur dès le berceau, — qui jette avec préméditation des natures spirituelles et angéliques dans des milieux hostiles, comme des martyrs dans les cirques? Y a-t-il donc des âmes sacrées, vouées à l’autel, condamnées à marcher à la mort et à la gloire à travers leurs propres ruines?

En 1856 aparece una versión francesa de varios relatos de Edgar Allan Poe. En la introducción el traductor se pregunta si acaso existe una Providencia diabólica que arroja a naturalezas espirituales y angélicas a marchar hacia la muerte y hacia la gloria a través de sus propias ruinas. El que así se interroga es Charles Baudelaire traductor y presentador del escritor norteamericano y uno de los primeros que, en Francia y en el mundo, captó su originalidad y grandeza, que con el tiempo serían universalmente reconocidas.

La pregunta es pertinente si se piensa en la biografía de Poe, en su sensibilidad baudelaireextrema y en la obra que nos dejó, hecha de impulsos nerviosos, de visiones fantásticas y de símbolos indescifrables; y en su mismo final, digno de algunos personajes de sus relatos, que se transforman o se pierden para siempre, arrastrados por una vorágine irresistible.

La vorágine que arrastró a Poe al fondo de no se sabe qué lo dejó moribundo en una calle de Baltimore un día de octubre de 1849.

Después de todo, cosas así es lo que se suele esperar de un poeta romántico. Y Poe era un poeta, y le tocó vivir la época romántica, si bien en un país, los Estados Unidos, joven y emprendedor, poco dado a los devaneos metafísicos. Pero Poe, como siempre ocurre con los grandes, no respondía adecuadamente al tópico.

baud poePara empezar, escandaliza a los defensores de lo románticamente correcto negando la función de la inspiración en la creación de la obra así como la existencia del genio. En sus breves y poco conocidos escritos críticos sobre la creación literaria, expone sus teorías siempre unidas a la práctica de las propias creaciones.

En Método de composición (Philosophy of Composition), publicado en 1846, y Principio poético (Poetical Principle), escrito en 1848 y publicado después de su muerte en 1850, expone que los elementos esenciales de toda composición poética (aplicables también a los relatos) son la extensión, que no ha de ser muy larga, de manera que permita la lectura en una sola sesión; el efecto que se quiere producir, que se ha de tener muy claro desde el principio, y el método, que ha de ser lógico, analítico, en ningún caso abandonado a la espontaneidad. Afirma, por ejemplo, que en la escritura de un relato se ha de partir del desenlace, para ir llegando hasta él de una manera concatenada, causal y necesaria. Y además, niega que un poema tenga otra finalidad que el mismo poema, y en especial que pueda tener una intención moral o ejemplar, pues considera que la mayor herejía que se puede cometer en una obra de arte es la del didactismo.

Proposiciones que, exceptuando quizá la última, forzosamente habían de escandalizar a los románticos formales. El mismo Baudelaire, muy de vuelta de los tópicos y excesos del movimiento, intenta poner las cosas en su sitio en unas líneas que no me resisto a reproducir:

Tenía en verdad un gran genio y más inspiración que cualquier otro, si por inspiración se entiende la energía, el entusiasmo intelectual y la facultad de mantener en alerta las facultades

¿Se declaraba, por una vanidad extraña y divertida, mucho menos inspirado de lo que era en realidad? ¿Minimizaba la facultad natural que había en él para dar una parte mayor a la voluntad? Me siento bastante inclinado a creerlo.

La obra de Poe se compone de poemas, unos sesenta relatos breves y uno más extenso, que puede considerase como novela; además de los ensayos críticos antes mencionados y de algún otro. Empezó por la poesía y de hecho nunca la abandonó. Él se sentía poeta por encima de todo y creía que la poesía era el arte supremo. Y sin embargo, alcanzó el triunfo (es una manera de decir) sobre todo por sus relatos.8-east-coast-usa-holidays-boston-beach-country

Necesidades económicas le empujaron en la nueva dirección: a diferencia de la poesía, que apenas tenía salida, las revistas literarias de la costa Este de Estados Unidos (el resto de la actual geografía del país apenas existía) codiciaban y se disputaban a los buenos cuentistas. He aquí el caso de una vocación muy clara, reconducida por las circunstancias a otro terreno, que resulta ser también muy fecundo. Cosa del genio, tal vez, eso en lo que decía Poe que no creía

El hecho no es nuevo. Tenemos el caso de Hoffmann (en cierto modo antecesor de Poe) a quien, considerándose músico por encima de todo, la necesidad económica empuja a la narrativa, campo en el que triunfa plenamente. (Vaya, ¿otro genio?).

Entre los poemas de Poe hay dos que alcanzaron tanta popularidad como sus mejores relatos: Annabel Lee y, sobre todo, El Cuervo (The Raven). Ambos destacan tanto por el tono melancólico y mórbido como por la musicalidad, aspecto en el que hay que notar, en El Cuervo, la tétrica insistencia del estribillo formado por una sola palabra: Nevermore  (Nunca más). Adelantada a su tiempo, la poesía de Poe había de alcanzar un mayor reconocimiento por parte de los simbolistas y modernistas de décadas después.casa usher

Toda la obra narrativa de Poe está impregnada de ciertas características entre las que unas predominan sobre otras según el efecto a conseguir en el relato en cuestión: lo extraordinario, es decir, lo no habitual o aparentemente increíble, nadie como él ha narrado tan magistralmente las excepciones de la naturaleza humana; el poder de atracción de la lectura, como si nos atrapase un torbellino del que no pudiéramos escapar; la gravedad del asunto, que desde el primer momento se impone, aunque no se sepa de qué va a ir; la intriga, basada por lo general en las deducciones del narrador, de una lógica sorprendente, casi paranoica (ejemplos, El doble crimen de la calle Morgue y El escarabajo de oro); y, en algunas, un simbolismo hermético que quizá ni el mismo autor nos podría descifrar (Manuscrito encontrado en una botella y Las aventuras de Arthur Gordon Pym).

Para dar una idea llana y directa: puedo afirmar con seguridad que los que no han leído los relatos de Poe se han perdido una de las experiencias más vigorosas, diría que de naturaleza física, que puede proporcionar la literatura de cualquier tiempo y país. Pero… no hay que preocuparse,

cuervo 

¡aún estáis a tiempo! ……….

 

(continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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EDGAR ALLAN POE. La vorágine y el método II

bostonEdgar Poe nació en Boston, Estados Unidos, el 19 de enero de 1809. La madre, Elizabeth Arnold, era un famosa actriz inglesa; el padre, David Poe, un estudiante de derecho, de familia distinguida, que lo abandonó todo para hacerse actor y casarse con Elizabeth. Al año de nacer Edgar, desapareció el padre; a los dos años murió la madre. Los hermanos, William y Rosalie, de cuatro y un año respectivamente, fueron acogidos por una tía. Edgar quedó al cuidado de John Allan, hombre de negocios de Richmond, y de su esposa Frances. Las relaciones entre padre “adoptivo” (nunca lo adoptó legalmente) y Edgar nunca fueron buenas, al contrario que las relaciones con Frances, a la que el acogido siempre quiso como a una madre. 

Entre los seis y los once años viajó con la nueva familia por Inglaterra y Escocia, pasando breves temporadas en diversos internados, uno de los cuales convertiría en escenario del relato William Wilson, en el que aparece la figura típicamente romántica del Doppelgänger (doble fantasmal de uno mismo).

Tras el regreso a Richmond, estudia en los mejores colegios, donde recibe larichmond refinada educación propia de un “caballero del sur”, que incluye el conocimiento de los clásicos latinos, y por otra parte asume la mentalidad aristocrática, antidemocrática, esclavista, de la sociedad en la que vive.

A los catorce años ya escribía versos y se sabe que uno de sus primeros poemas, de amor naturalmente, fue el dedicado a la madre de un compañero de estudios (To Helen). A los dieciséis vive un breve idilio con la joven Sarah Elmira, pronto abortado por ambas familias, que tienen otras ideas sobre el futuro de sus hijos respectivos.

En 1826 ingresa en la Universidad de Virginia para estudiar lenguas. Se muestra como un alumno brillante, algo presuntuoso y bastante fantasioso o imaginativo acerca de ciertas historias o viajes que en realidad no había vivido. Como actividad colateral propia de la vida estudiantil, se inicia en el alcohol y el juego. La negativa del padrastro de asumir sus deudas de juego provoca la ruptura y la salida del joven de la universidad.

sarah elUn año después se encuentra en Boston, donde intenta ganarse la vida como periodista. Pero, visto el panorama, se alista en el ejército como soldado; pese a haber firmado por cuatro años, a los dos renuncia. Por entonces publica su primer libro de poesía, Tamerlán y otros poemas, que pasa desapercibido.

En 1829 muere la “madre” Frances. Conmocionado, va en busca de su tercera madre (a la primera y biológica no la conoció) y pasa una temporada en Baltimore con ella – la tía paterna Maria Clemm – y la hija de ésta, la prima Virginia Eliza, con la que se casaría años después.

En 1830, en un intento de reconciliación con el “padre”, acepta ingresar en la academia militar de West Point. Pero, reacio por completo a la extrema disciplina militar que ahí se vive, se hace merecedor de un consejo de guerra por abandono del servicio y consigue que le expulsen. Este hecho, y el nuevo matrimonio de Allan, provoca la ruptura definitiva entre los dos.west point

Tras pasar por Nueva York, vuelve a Baltimore para reunirse con sus queridas tía y prima. Publica otra serie de poemas, que obtienen cierto reconocimiento. Pero, ante la tozudez de los hechos, decide escribir cuentos con la intención de colocarlos y obtener algún dinero que alivie la extrema pobreza de la familia. En 1832 consigue publicar cinco relatos en la revista de Filadelfia Saturday Courier y un año después obtiene un premio de 50 dólares, que otorga un periódico de Baltimore, por el relato Manuscrito encontrado en una botella.

En 1834 muere John Allan y, como colofón de la curiosa relación que han mantenido, no le deja nada en herencia. Un año después Poe entra de redactor en el Southern Literary Messenger, de Richmond, al que reingresa después de un episodio de despido debido a su adicción a la bebida, cada vez más visible y escandalosa. Y no obstante, su paso por la revista se traduce en un incremento de ventas de 700 a varios miles de ejemplares, al tiempo que le permite dar salida a sus relatos, reseñas, críticas y poemas.

En 1836 contrae públicamente matrimonio – un año antes se habían casado en secreto – con su prima Virginia, de 13 años. Al año siguiente deja el Southern y se graham'straslada a Nueva York, donde escribe su única novela Las aventuras de Arthur Gordon Pym, que tiene poca resonancia. En 1838 se traslada a Filadelfia y entra como ayudante de edición en la Burton’s Gentleman’s Magazine, donde publica algunos de sus relatos. Dos años después deja el Burton’s y entra en el Graham’s, cuyo número de suscriptores pasa en poco tiempo de 5000 a 40000 y en el que da salida a muchas de sus mejores obras. El éxito alcanzado le hace concebir la idea de crear una revista propia, pero la idea no cuaja.

En 1842 se declara la enfermedad de Virginia (tuberculosis) lo que le sume en una honda depresión y agrava su dependencia del alcohol. Deja el Graham’s y se traslada a Nueva York, donde consigue el cargo de redactor-jefe del Broadway Journal. En enero de 1845, con la publicación de El Cuervo en el Evening Mirror, que obtiene gran éxito popular, alcanza la fama máxima que conoció en vida. Pero, tras unos meses de gloria, el abismo de la vida vuelve a mostrar sus negras fauces.

En 1846 el Broadway cierra por falta de liquidez. Edgar, la esposa y la suegra-tía tienen que vivir en la pobreza más extrema. A principios del año siguiente muere Virginia, con quien Edgar estaba unido por un amor que era envidiado por los ángeles del CieloVirginia annabel

The angels, not half so happy in heaven,

went envying her and me.

Los dos años siguientes los pasó Edgar entre la desesperanza y la esperanza, entre los delirios del alcohol, que potenciaba hasta niveles que no podemos imaginar su ya de por sí fogosa imaginación, y los remansos poéticos en los que hubo ocasión para aquellos enamoramientos normales en alguien como él tan sensible a la belleza. Incluso reapareció la amada de la adolescencia, Sarah Elmira, y  se habló de reanudar la vieja relación truncada.

Todo iba razonablemente bien aquellos días de septiembre de 1849. Hasta que, después de una breve gira por Richmond, Norfolk y Filadelfia, pronunciando conferencias sobre su teoría poética, Poe desaparece. Días después, el 3 de octubre, se le encuentra delirante, semiinconsciente, en una taberna de Baltimore. Llevado a un hospital de Washington, muere el 7 de octubre. Delirium tremens, se dijo. Pero nadie sabrá nunca el nombre verdadero de la vorágine que finalmente acabó con él.maelstrom

 (De Los libros de mi vida. Lista B)

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LEOPARDI. El silencio infinito I

leopardiEl 29 de junio de 1798 nace un niño en el seno de una de las familias más nobles de Recanati. Sus padres son el conde Monaldo y la marquesa Adelaide Antici. El lugar está situado en la región de las Marcas y pertenece al Estado Pontificio. El aspecto del niño no parece augurar un desarrollo normal. Pero la vida se aferra con fuerza al pequeño Giacomo y no lo soltará hasta después de haberlo sometido a toda clase de maltratos, dejándole solo la ventana abierta al horizonte infinito del pensamiento y la imaginación.

El hogar familiar es un caserón enorme y lóbrego, habitado por las sombras de pasadas glorias. El padre, el origen de cuya nobleza se remonta a las época de las cruzadas, es un hombre poco práctico, mal administrador y de ideas que ya habrían sido consideradas reaccionarias antes de la “maldita” revolución francesa. Pero adora los libros, hasta el extremo de que, pese a su ultraclericalismo, no se ha abstenido de aumentar su enorme biblioteca con los productos de los saqueos de monasterios ocurridos en las breves ocupaciones napoleónicas. La madre, seca y fría como roca de los Apeninos, lleva con mano de hierro la administración familiar, siempre de escasos recursos, y parece que no conoce el amor materno, ni de ninguna otra clase.casa leopardi recanati

En los primeros años de su vida, el pequeño Giacomo gusta jugar y corretear con sus hermanos Carlo y Paolina por los vastos recintos del palacio. Pero tiene que detenerse a menudo; su débil salud no le permite los naturales esparcimientos de otros niños.

Y además está la biblioteca, donde empieza a descubrir un mundo, quizá más estructurado y real que el ignorado que se agita al otro lado de los muros.

El padre confía su educación a preceptores eclesiásticos, que vuelcan sobre el niño toda la tradición pedagógica jesuítica-humanista. Hasta que renuncian, confesando que ya no tienen nada más que enseñar al pequeño prodigio.

Y es que, además, está la biblioteca, donde el niño amplía sin cesar sus conocimientos – al principio bajo la atenta vigilancia del padre – sobre todo en materia de la antigüedad griega y romana. Aprende, en parte por su cuenta, hebreo, griego, latín, inglés, español, francés. Traduce el Arte poética de Horacio y escribe un par de tragedias. Todo esto hasta los 15 años. A esta edad escribe una muy documentada Historia de la astronomía y a a los 17 un ensayo Sobre los errores populares de los antiguos. El padre queda tan asombrado ante las proezas del hijo adolescente que levanta todo control sobre las consultas a la biblioteca.

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A través de dos revistas de Milán, La Biblioteca Italiana y Spettatore italiano, el joven Giacomo se pone en contacto con ciertos intelectuales de primera fila, como Antonio Stella, que le publica algunos trabajos en su revista, y Pietro Giordani, con el que mantendrá una larga y afectuosa correspondencia en la que no se ahorrará la expresión de sus sueños y desazones íntimas.

Precisamente en ese período, entre los 16 y los 17 años, se produce un desplazamiento decisivo en las prioridades de sus intereses: el afán erudito y anticuario cede el puesto a la contemplación intimista y a la expresión poética. Nace el gran poeta, el más grande, por lo menos en intensidad y profundidad, del romanticismo italiano. 

Pero los problemas de salud no cesan de agravarse, la mala conformación corporal de origen y las largas jornadas ininterrumpidas de estudio confluyen en un desarrollo enfermizo, con el resultado de un cuerpo contrahecho. Y pronto se añaden los problemas de los ojos, que le obligan a suspender en ocasiones sus estudios.

Por otra parte, el ambiente de la casa familiar de Recanati cada vez le resulta más agobiante. Proceso al que ayuda la disparidad entre sus propios horizontes intelectuales – a través de los filósofos franceses del siglo anterior ha llegado a un ateísmo sin concesiones – y los angostos límites de la tradición familiar.

Siente que la libertad no está solo en los libros, sino también más allá de los límites del jardín paterno. Y en julio de 1819, a los 21 años, intenta la fuga, que resulta frustrada por el padre.

Es entonces, en septiembre del mismo año, cuando el poeta alcanza una de sus cimas dando a luz L’Infinito, breve composición de quince versos, cumbre de la poesía leopardiana del período comprendido entre los 18 y los 25 años, tras el cual se abre un paréntesis más dedicado a la reflexión llamémosle filosófica.

En noviembre de 1822 se traslada finalmente a Roma, como huésped del tío Carlo Antici (nada que ver con el universo mental de la hermana), pero se lleva una decepción. De las glorias antiguas que conoció en los libros solo quedan unas piedras desgastadas; todo es mediocridad y tristeza. Solo ante la tumba del poeta Tasso, con el que se siente afín en muchos aspectos, piensa que su estancia romana ha valido la pena.roma ottocento

Vuelve a Recanati, donde empieza la redacción de las Operette morali (traducidas en general como Diálogos) en las que imagina conversaciones entre personajes de toda índole (la Moda y la Muerte, la Luna y la Tierra, Tasso y su Genio familiar, Plotino y Porfirio, etc) repletas de agudeza, de ironía y de amargura ante la contemplación de las ridículas ilusiones humanas. Por ejemplo, el diálogo entre un Duende y un Gnomo tiene lugar en una Tierra de la que ha desaparecido el género humano, o sea, aquellos seres que creían que el planeta entero estaba a su servicio, y que ahora, inexistentes ellos, sigue girando en los espacios como si tal cosa. Y no se sabe en qué fechas – se publicaron póstumos – escribió sus Pensieri (Pensamientos). Y, desde los 19 años, el Zibaldone, especie de cajón de sastre de sus reflexiones, que se extiende a lo largo de quince años y cuatro mil páginas.

Pero es en la poesía, a la que regresa con fuerza en 1829, donde, a mi entender, se contiene el mejor Leopardi o, para ser exacto, el más depurado, porque en ella se combinan y se expresan, bajo la forma más bella, el intimista y el pensador. (continúa)operette

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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