Nunca discutas de política en la red

 

discutirQue también se podría titular:

De la inutilidad del debate político entre particulares.

Y con esta frase está dicho todo. Y es que no hay ejercicio más vacío, estúpido e inútil que defender las propias convicciones políticas o ideológicas frente a otros que defienden convicciones opuestas. Nadie cede ni está dispuesto a ceder nunca en sus posiciones, nadie atiende a los razonamientos del otro. Cada cual tiene su verdad y lo que alega el otro es falsedad o locura.

Si uno considera que una cosa es verde y otro la ve azul, es imposible que se llegue a cierta mezcla de colores. Lo posible y hasta parece que inevitable es que de las descalificaciones de la opinión contraria se pase a las descalificaciones del opinante contrario y de ahí al insulto directo.

Aunque lo normal es que se salte la fase de considerar la opinión contraria para entrar directamente en la del insulto.

Entonces, si las cosas son así, si siempre funcionan de este modo, ¿por qué se discute en las redes? ¿Qué sentido tiene enfrentarse dos particulares dispuestos a priori a no ceder ni un milímetro en sus posiciones respectivas?

Insisto en lo de “particulares” porque entre los políticos profesionales las cosas no son exactamente así. El profesional tiene unas responsabilidades, unas perspectivas, que en un momento dado le pueden aconsejar ceder en un punto para quizá avanzar en otro, y esto hace que las posiciones puedan no ser tan enquistadas.

Pero el particular ¿qué consigue? ¿Qué obtiene de ese continuo batirse a palos con los ojos vendados?

Ignoro si la energía que muchos gastan en esas peleas internáuticas se ven compensadas por algún beneficio personal o íntimo. Lo dudo mucho. Tanto lo dudo que no puedo menos que repetir mi consejo:

Nunca discutas de política en la red.

pelea goya

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HUYSMANS. La estética de la fe I

huysmans huysComo no puede ser de otra manera, siempre hay cierta correspondencia entre la vida de un escritor y su obra. En unos esa correspondencia es manifiesta; en otros, permanece oculta, como si no existiera. Como ejemplos extremos pondría, de los primeros, a Goethe o Henry Miller; de los segundos, a Balzac o Jules Verne.

Lo habitual es que la conexión íntima entre vida y obra no se muestre a primera vista, sino que se vaya descubriendo sin mucha dificultad a medida que el curioso lector va indagando en una y otra.

Poca indagación requiere el caso de Huysmans. Escribe un crítico:

A través de todos sus libros, Huysmans estaba en realidad escribiendo un único libro, es decir, el Libro del sentido espiritual y humano de su vida.

Toda la producción literaria de Huysmans, desde la primera hasta la última novela, desde la primera hasta la última crítica de arte, constituye el acompañamiento o comentario de la evolución de su pensamiento y, sobre todo, de su visión del mundo. O quizá sería mejor decir que su pensamiento o visión del mundo se fue formando mediante el trabajo de la producción artística. Evolución que tiene su momento central y decisivo – cuando se agota una senda y se está en trance de iniciar otra – en los primeros años de la década de 1880, es decir, hacia los 35 años de edad.

En 1884 se publica À rebours (traducible por Al revés, A contrapelo, huysmans a rebourscontracorriente, Contra natura). Una novela ciertamente extraña, sobre todo porque carece casi por completo de acción. Ahora ya estamos acostumbrados a todo, pero creo que, por entonces, esta originalidad aún no se conocía. Toda la acción de la novela se reduce a la estancia de Des Esseintes, aristócrata cultísimo, decadente y esteticista, en la casa adonde se retira huyendo de la vulgaridad del mundo moderno. Ahí, rodeado de libros, joyas, piedras preciosas, cuadros, perfumes, tapices y otros objetos más o menos artísticos o exóticos, se abandona a sus ensoñaciones. Pero no consigue la paz espiritual que al parecer busca, sino que, al contrario, su neurastenia se acrecienta hasta extremos insoportables. Y la obra acaba con una angustiosa llamada de ayuda dirigida a un Dios en el que no cree.

Tampoco Huysmans creía en Dios. Todavía, según afirma en el prólogo de una edición posterior de la novela. Y del dios en el que creía descreyó definitivamente con la creación de À rebours. Me refiero a Émile Zola, gran maestre del naturalismo.

zolaEl naturalismo era aquella corriente literaria que vino a dar la última estocada al viejo romanticismo. Aunque lo cierto es que el romanticismo, por viejo que sea, nunca muere del todo, pues su alma pervive en tendencias sucesivas que llegan hasta nosotros: el simbolismo, el decadentismo, el modernismo, el existencialismo… y lo que queda.

El naturalismo se dedicaba a describir las vidas corrientes de la gente corriente en ambientes corrientes, sin más trasfondo de los comportamientos humanos que la fisiología, la herencia y otros determinantes materiales.

Huysmans formó parte del llamado grupo de Medan, integrado por varios escritores reunidos en torno a Zola, y participó con un relato en la publicación del grupo Las veladas de Medan. Durante esta época escribió algunas novelas dentro de los cánones del naturalismo (Marta, historia de una muchacha, Las hermanas Vatard), que merecieron los elogios de Zola. Pero con la publicación de A la deriva (1882) parece que se anuncia un giro: asoma el simbolismo, recibe los elogios de Mallarmé.

La gran ruptura se produce con la publicación de À rebours, obra que provoca la indignación, y hasta la ira, del pontífice del naturalismo. Y es que una novela que tiene como único personaje a un aristócrata elitista es la misma negación del credo naturalista. 

en route

Pero Huysmans sigue su nuevo camino, que le llevará, en lo artístico, al simbolismo y al decadentismo y, en lo personal e íntimo, a la aceptación de una fe antigua que, en todas sus manifestaciones, parece finalmente saciar su sed de estética sublime: el catolicismo.

El camino hacia la conversión lo relata minuciosamente en la novela titulada precisamente En Route, publicada en 1895. Pero antes de pasar a la biografía (sumaria, como siempre en esta serie) del escritor, convendría divagar un poco sobre un hecho curioso.

La conversión religiosa de un intelectual, de un artista, como Huysmans, no fue un hecho aislado. En Francia, desde mediados del siglo XIX – y sobre todo en su último tercio – hasta los años treinta del siglo siguiente, toda una serie de escritores y artistas abandonaron la incredulidad o la indiferencia de que partían para echarse en brazos no ya de la fe cristiana, sino concretamente de la Iglesia católica.

¿Qué había pasado? Quizá el aburguesamiento general de la vida, el racionalismo extremo impuesto en todo el ámbito intelectual, el cientificismo, el laicismo combativo de la tercera república, el ateísmo dominante junto con la idea de progreso sin fin (ni sentido) habían contribuido a crear un ambiente irrespirable para muchos artistas ansiosos de emprender aventuras intelectuales y espirituales propias. Y empezaron las migraciones desde la modernidad racionalista hacia la antigua fe.

He tomado algunos nombres que recordaba, he comprobado datos y he hecho unajammes pequeña lista adjuntando entre paréntesis el año de conversión (o reconversión, pues algunos ya habían participado de la fe años atrás).

Barbey d’Aurevilly (1846), Léon Bloy (1869), Paul Claudel (1886), Huysmans (1893), Francis Jammes (1905), Charles Peguy (1908), Max Jacob (1909), François Mauriac (1928).

Y una observación muy personal. Creo que en la mayoría de esos conversos domina más el interés por la estética, por el dogma y por la conducta íntima (ah, los pecados de la carne) que la conciencia social, o caritativa, o solidaria. Cristiana en definitiva. Es decir, que más que conversiones al cristianismo quizá se tendría que hablar de ingresos en la Iglesia católica.

No todos, por supuesto. Y, entre los que no, brilla por encima de todos Francis Jammes, con su poesía clara y sencilla, traspasada de una sensibilidad hondamente cristiana. Como en La prière. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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HUYSMANS. La estética de la fe II

huysmans2Joris-Karl Huysmans nació en París en 1848, hijo de un pintor de procedencia holandesa. Tenía ocho años cuando murió el padre; un año después se volvió a casar la madre. Tras cursar estudios primarios y secundarios en la escuela pública, inició estudios de derecho, que pronto tuvo que abandonar para ganarse la vida. En 1868 entró como funcionario en el Ministerio del Interior, y allí siguió hasta su jubilación treinta años después.

Está demostrado que el trabajo de funcionario de nivel medio (como cualquier otro que no suponga llevarse las preocupaciones a casa) es bueno para el escritor.  Sobre todo para aquellos que saben utilizar tiempos de la jornada laboral para sus tareas creativas particulares, los cuales pueden entonces considerarse escritores subvencionados por el Estado, malgré lui.

Huysmans se sintió escritor desde siempre, y sobre todo devoto del arte. El trabajo funcionarial – no obstante ser reconocida y apreciada su labor – fue para él solo un medio de vida.

En 1874 publica su primera obra, Le Drageoire aux épices, poemas en prosa en los que se advierte la influencia de Baudelaire. En 1876 y 1879, publica respectivamente las novelas Marta, historia de una muchacha y Las hermanas Vatard, que implican su adscripción de hecho a la corriente naturalista que encabeza Zola. Pero esto nobaudelaire supone un punto de llegada para el escritor, que siempre está en marcha en busca de algo, que todavía no sabe exactamente lo que es.

En la novela En Ménage (1881) asoman claramente esas preocupaciones espirituales o existenciales que empezaban a acosar al autor. Preocupaciones que vuelven a aparecer en À veau-l’eau (A la deriva) (1882), y en forma tan angustiosa que su protagonista ha llegado a ser considerado como un precedente del de La náusea de Sartre.

El arte es su otra forma de intentar hallar un sentido a la existencia. El arte como crítico. En 1883 publica en el volumen titulado L’Art Moderne varios artículos de críticas sobre exposiciones de pintura realizadas en París en los años inmediatamente anteriores. Artículos en los que pone de manifiesto su rechazo del arte burgués entonces dominante y su preferencia por los nuevos pintores, moreauimpresionistas o independientes, como Pissarro, Monet, Degas y otros, además de los simbolistas o inclasificables Odilon Redon y Gustave Moreau.

La ubicación de la literatura de Huysmans en la corriente naturalista fue algo circunstancial y no de fondo. Radicaba en la forma, en la precisión y exactitud del relato, más que en el fondo, pues nunca se sintió cómodo dentro del determinismo cientificista de la escuela. De sus aspiraciones más profundas hablaban sus preferencias, como Baudelaire y Verlaine, tanto como su amistad y admiración por Villiers de l’Isle-Adam, antimaterialista por excelencia y, más tarde, por Mallarmé, primer referente del movimiento simbolista.

El caso es que, con À rebours, se culmina la ruptura. Ya no habrá vuelta atrás. Cierto que el camino que tiene por delante no se le presenta nada claro. Convertido, sin pretenderlo, en exponente máximo de la sensibilidad decadentista, él sigue avanzando no sabe adónde. Como corolario, o no, de las exquisiteces decadentistas va a centrar su interés en las experiencias ocultistas y en el antiguo satanismo. Fruto de este interés es la novela Là-bas (Allá lejos) (1891), que gira en torno de las investigaciones teóricas y prácticas del mundo demoníaco que lleva acabo el escritor Durtal, personaje que reaparecerá en novelas posteriores, con pinceladas sobre la vulgaridad de la sociedad actual y algún ingrediente erótico. A este respecto, he de señalar que Huysmans se mantuvo soltero toda la vida, si bien tuvo algunas compañeras sucesivas (y en algún caso, solapadas) hasta que consiguió coronar su obstinado celibato con la castidad total, creo, propia del místico.

huysmans la bas

Las investigaciones demoníacas le llevan a interesarse por la religión y en concreto por la Iglesia católica, de modo que llega a pasar unas temporadas recluido en los monasterios benedictinos de Igny y Ligugé, experiencia que utiliza para su siguiente novela. En efecto, en En Route (En camino) (1895), el mismo protagonista de la anterior, Durtal, se plantea abiertamente abandonarse a la fe católica y, tras unos capítulos de dudas y escrúpulos monjiles, decide pasar unos días en un monasterio trapense, donde, entre piadosas conversaciones y bellísima liturgia, se prepara el camino de la conversión definitiva. 

Estas tres novelas constituyen a mi entender una especie de progresión dialéctica, en el sentido hegeliano de la palabra. En À rebours tenemos la tesis: la angustia generada por una existencia vacía, que ni siquiera el arte más exquisito puede llenar; en Là-bas tenemos la antítesis: el paisaje que la realidad ofrece como abanico abierto entre la abyección sin sentido del satanismo y la sublimidad sin sentido de la fe del campanero; en En Route tenemos la síntesis: el arte (la música, la arquitectura, las preces y toda la liturgia exquisita de la Iglesia) da sentido a la fe, y la fe da sentido al arte.abadia-solesmes-23186_w300

En 1896, Huysmans pasa unos meses en la abadía de Solesmes. Un año despuès, viaja por Bélgica y Holanda para conocer los lugares que habitó la mística Lydwine de Schiedam, cuya biografía escribirá y publicará cuatro años después. En 1898 publica La Catedral, especie de novela en la que, aplicando su experta mirada de crítico de arte, expone y analiza el simbolismo de las artes medievales sobre el magnífico ejemplar de la catedral de Chartres.

Entre los varios escritos que publicó en los años siguientes (última década de su vida) destacan la ya mencionada biografía de santa Liduvina (1901) y Las multitudes de Lourdes (1906), curiosa crónica de su estancia en el centro mariano, en la que pone cara a cara la más espantosa fealdad, como la arquitectura del santuario, con la fe más sublime de la gente sencilla. La conclusión es que Lourdes es “un lugar a la vez repulsivo y divino”. 

A los cincuenta años, tras treinta de ejemplar carrera funcionarial, se jubila y a continuación se instala en una casa situada junto a la abadía de Ligugé. Pero no abandona del todo sus relaciones mundanas (literarias): el 6 de abril de 1900 preside la primera reunión de la Academia Goncurt.huysmans cruz

En 1901 entra como oblato en la abadía de Ligugé. En setiembre del mismo año, la marcha de los benedictinos de Francia, obligados por la política anticlerical del gobierno, le mueve a trasladarse a París, donde residirá el resto de sus días.

En 1906 se le descubre un cáncer en la boca; el 12 de mayo de 1907 muere, quizá alcanzando aquello que durante toda la vida había estado buscando. Es enterrado en el cementerio de Montparnasse. 

od redon

    (De Los libros de mi vida. Lista B)

 

       

 

 

 

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TOLSTOY. Arte y conciencia I

tolstoi 2Hace tiempo que vengo observando que, salvo escasas excepciones, el artista verdadero no da gran importancia a su arte, ni a las cualidades personales que lo hacen posible.

De Shakespeare, puede sospecharse esto con sobrado fundamento, aunque no se encuentre ninguna declaración suya al respecto. De Goethe, basta con recordar aquella frase en que expresa que lo importante es la actividad (“da lo mismo contar lentejas que guisantes”, más o menos), no el objeto en que se aplica. Hoffmann tenía su producción literaria por algo subsidiario, alimenticio. Anton Chejov consideraba la chejovmedicina como su esposa legal y la literatura como su amante (sin que esto implicase una jerarquía en ningún sentido, supongo). Y sospecho que la lista puede ser larga. Gente que no otorga importancia a sus cualidades creativas porque no ha tenido que adquirirlas. Como el rico de nacimiento.

Tolstoy, además de rico de nacimiento y aristócrata emparentado con la familia imperial, andaba sobrado de facultades creativas innatas (quien no crea en esta posibilidad es que no se ha aproximado de verdad a ninguno de los grandes artistas), como empezó a demostrar a los 24 años escribiendo Infancia, y no dejó de hacerlo hasta la última de sus grandes obras de ficción (Resurrección), a los setenta cumplidos; toda una larga carrera de escritor, jalonada de cimas soberbias (Guerra y paz, Ana Karenina, Sonata a Kreutzer, La muerte de Iván Ilich…).

Yo creo que es en Guerra y paz donde de modo más lúcido, brillante e ingenuo (que no quiere decir no elaborado) da rienda suelta a toda su fuerza creadora. La novela consiste en un inmenso tapiz narrativo (con caracterización de unos quinientos personajes), acerca de las vivencias de unos cuantos hombres y mujeres durante el período que se inicia en 1805 y, con eje central en la invasión napoleónica de Rusia, se prolonga hasta 1814.Guerra y P Napo

En Ana Karenina, centrada en la psicología de una mujer y en el ambiente de la alta sociedad rusa, la fuerza creativa es la misma, pero parece que la ingenuidad artística se va perdiendo: ahí está el personaje Levin, trasunto del mismo autor, con sus dilemas existenciales y morales.

¿Qué ha pasado?

Me divertía mirar la existencia en el espejito del arte, pero cuando empecé a buscar el sentido de la vida, cuando sentí la necesidad de vivir mi propia existencia, ese espejito se volvió inútil, superfluo, ridículo, penoso.

Esto ha pasado: que un gran creador, en vez de limitarse a mirar y recrear el mundo, ha dirigido la vista a su interior y ¡oh, sorpresa! ha encontrado más guerra que paz.

No había cumplido los cincuenta años, tenía una buena esposa que le amaba y a la que amaba, unos buenos hijos; su nombre era célebre (acababa de publicar Ana Karenina) y su salud robusta, cuando de repente descubrió, sintió, que la vida era un absurdo, “mi vida era una broma estúpida y malévola que alguien me estaba gastando”.

anna kareninaY en su lucha por recuperar el sentido, bordeando en ocasiones el suicidio, abjuró de la gente de su clase, dirigió la mirada al pueblo sencillo y a través de él, de su fe, de su confianza innata en la vida, dio con la luz que despejaba todas las tinieblas: Dios, el Dios de la infancia. “Dios es aquello sin lo que no se puede vivir”.

Pero no alcanzó la paz (solo algunos ingenuos o inexpertos en estas cuestiones creen que la conversión a una fe religiosa proporciona de inmediato la tranquilidad). En su obra Confesión (1882) Tolstoy da cuenta detallada del itinerario que le llevó desde la angustia de la nada hasta una fe apenas compartida con nadie.

Desde joven, cuando corazón y visión no estaban obnubilados por las fuertes pasiones que solían agitarlo, le conmovía la tremenda injusticia de que millones de personas arrastrasen una vida paupérrima trabajando para que unos cuantos privilegiados – los de su clase – vivieran con todos los lujos. Pero no fue hasta 1882, pocos años después de su “conversión”, cuando, de repente, la conmoción lo sacudió de forma insoportable.

Aquel año pasaba el invierno en Moscú y quiso colaborar en el censo de población que se estaba elaborando. En el campo, en su residencia habitual, había8. Cena-campesina conocido a infinidad de pobres. Pero aquello que ahora veía era nuevo para él: los miserables de la gran ciudad. Seres perdidos, aniquilados, despojados de las cualidades que hacen de los humildes campesinos depositarios de las virtudes básicas de la humanidad.

Conoció el inframundo de Moscú, habló con muchos de sus habitantes, estuvo en una especie de dormitorio público donde algunos pasaban las gélidas noches amontonados. Y estalló. “Gritaba, lloraba”, cuenta un amigo, “no se puede vivir así – decía entre sollozos – . ¡Esto no puede ser! ¡No puede ser!”.

Esta radicalización de la conciencia social fue paralela al proceso de depuración de la conciencia religiosa. Su fe en Dios se fue desprendiendo de todo el aparato con que, desde la infancia, se le había presentado. Cayeron los dogmas y la teología, y el alborozo con que la Iglesia ortodoxa había recibido la “conversión” del famoso escritor se convirtió en franca hostilidad que culminó con la excomunión en 1901.

REVOLUCIONRUSA1Y es que Tolstoy nunca renuncia a la razón; y así, su cristianismo, finalmente depurado, no le exige creer en la divinidad de Jesús ni en la santísima Trinidad; solo en el Dios de amor que anima la naturaleza y exige que todos los seres humanos vivan la compasión universal para salvar el mundo. A su antiguo interés por la educación de los campesinos pobres, se añade una preocupación obsesiva por la emancipación de todos los oprimidos. Tolstoy se convierte en un revolucionario, pero no en un revolucionario al estilo de Marx o de Lenin, sino al modo de aquellos visionarios de la Edad Media que esperaban la llegada del Espíritu Santo, que había de regenerar a la humanidad.

gandhi

Ya apenas escribe ficción, solo ensayos y consejos morales, que se extienden por el mundo y prenden a veces en almas similares, como en el joven Gandhi. Pero sabe que su ejemplo no es correcto, que su posición es equívoca – rico hablando de pobreza – y siente que ha de dar un paso más.

La esposa y los hijos mayores advierten su “desvarío” con enorme preocupación. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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TOLSTOY. Arte y conciencia II

Yasnaia

León Tolstoy nació en 1828 en Yasnaya Poliana, cerca de Tula, Rusia, en el seno de una familia de la alta nobleza. A los dieciocho meses perdió a la madre; a los nueve años, al padre, casi coincidiendo con el traslado de la familia a Moscú. Como suele suceder en los ambientes en que sobran los medios, su condición de huérfano en nada afectó a la educación y los cuidados que correspondían a los jóvenes de su clase: una abuela y una tía abuela encargaron de él y de sus hermanos.

En 1844, a los 16 años, entra en la universidad de Kazan para estudiar lenguas orientales, posiblemente pensando en una carrera de diplomático, pero no llegan a interesarle lo suficiente. Pasa luego a estudiar derecho, pero, igualmente decepcionado, se dedica a leer por su cuenta y a iniciarse en la inevitable vida estudiantil de aquella época, y de otras: juego, mujeres, alcohol.

tolstoy joven

En 1847 deja la universidad y, con vagos deseos de regeneración moral, se retira a la casa familiar de Yasnaya Poliana para ocuparse del campo y de los campesinos. Dura poco. Pronto abandona los buenos propósitos por una vida bastante disoluta entre Tula y Moscú.

Luego quiere probar la senda que sigue su hermano militar Nicolás, y en 1851 marcha al Cáucaso para unirse al ejército, en guerra contra los rebeldes chechenos. El ambiente y la historia servirían de base a una novela que había de escribir muchos años después: Hadji Murat. Pero allá mismo, en medio de las hostilidades, concibe y escribe la que sería su primera obra, que alcanzaría amplia repercusión: Infancia (1852), a la que seguirían, poco después, Adolescencia y Juventud, relatos basados en las propias vivencias, a modo de memorias.

tolstoy militar

En 1855 participa en el sitio de Sebastopol, durante la guerra de Crimea, mientras no deja de escribir, aprovechando las experiencias. Los Relatos de Sebastopol, junto con Los Cosacos, le proporcionan amplia fama de la que no se abstiene de disfrutar.

En efecto, abandona la vida militar, y en 1856-57 pasa una temporada en San Petersburgo, donde participa en los círculos literarios en calidad de autor famoso, junto con Turgueniev, Goncharov y otros. Hasta que, cansado del ambiente literario, que llega a considerar más falso y vacío que el militar, vuelve a su Yasnaya Poliana, de donde muy pronto parte de viaje para visitar Francia, Suiza y Alemania. En esa época, escribe una serie de relatos, entre los que destaca Dos húsares (1856), que anuncian las preocupaciones éticas que habían de embargarle décadas después.

No abandona su interés por la educación de los niños campesinos y por la pedagogía en general y, para conocer teorías y prácticas educativas, viaja de nuevo esta vez a Inglaterra, Alemania, Italia, Francia y Bélgica, y escribe artículos sobre el tema.

conde tolstoy2En 1862, a los 34 años de edad, toma una decisión que marcará el resto de su vida. Contrae matrimonio con Sofía Behrs, joven de 18 años de una familia de clase media ilustrada. La diferencia de edad y de experiencias no impide que se establezca entre los dos una relación sincera y fuerte, tan fuerte como los caracteres de uno y otro, que con cierta frecuencia colisionan. Pero, por lo menos, los primeros quince años de convivencia fueron en general pacíficos y fructíferos: ella dio a luz trece hijos (solo ocho llegaron a la edad adulta) y colaboró con él en las tareas intelectuales escribiendo al dictado, copiando y volviendo a copiar los textos corregidos una y otra vez; él dio a luz una de las novelas más sólidas de la literatura universal, Guerra y paz (1869), obra monumental impregnada de la fuerza, la energía, la alegría de que goza el escritor en su período de mayor empuje creativo, y en la que los acontecimientos fluyen de una manera natural aparentemente ajenos a cualquier tipo de esquema preconcebido.tolstoy maduro

A continuación escribe Ana Karenina, donde se insiste más en lo psicológico y lo ético y se anuncian los íntimos conflictos existenciales del autor. De hecho, la finalización de la obra coincide con su primera gran crisis. Crisis que en cierto modo se cierra cuando halla la paz (relativa) en la fe religiosa – una fe grande y no reglamentada -, proceso del que dejó constancia en Confesión (1882).

La segunda crisis le sobrevino a continuación y se podría concretar en esta reflexión: millones de personas son víctimas de una civilización de cuyos beneficios yo disfruto; esto es un pecado continuo en el que yo incurro con mi lujo. Y se pone a escribir con firmeza contra la Iglesia, contra el estado y contra la propiedad privada, porque el mantenimiento de todo ello requiere el uso de la fuerza sobre las personas. Pero no admite la violencia contraria, sino la resistencia pacífica, la desobediencia activa ante los poderes del mundo. ¿Que debemos hacer? (1886) es la expresión fiel de esta segunda crisis. Pero la obra que mejor resume sus últimas convicciones, religiosas y sociales, y que tanto impresionó a Gandhi, es El Reino de Dios está en vosotros (1894).

¿Y el arte? Ante la magnitud de lo que está en juego, el arte, la literatura, carece de importancia, no es más que un medio de comunicación de los sentimientos humanos, piensa. Y sin embargo, no deja de practicarlo, y de manera tan brillante como en la época más creativa. Entre 1884 y 1889 escribe dos novelas de breve extensión, pero de densidad extraordinaria.

La muerte de Iván Ilich (1886) es el retrato de un hombre que solo vive su papel en la sociedad; profesional concienzudo, falto de ideales o incluso de pensamiento, y que en los últimos momentos, cuando la vida se le escapa entre la indiferencia apenas disimulada de la familia, se da cuenta de que en realidad no ha vivido.sonata kr

Sonata a Kreutzer (1889), estructurada en forma del relato que cuenta un hombre que ha matado a su esposa, constituye un ataque apasionado, furioso, demoledor, del matrimonio tradicional y, sobre todo, del modo de educación y de los usos sociales que convierten a los varones en bestiales bebedores de alcohol, comedores de carne y depredadores sexuales que no conocen más forma de amor que la posesión y los celos.

Pero esas obras son para él solo entretenimiento. O manera de exponer sus ideas de una forma imaginativa, artística, como Resurrección, última de sus novelas de gran envergadura. Y es que la realidad que importa está ahí delante, en el campo y en las ciudades, en las gentes oprimidas por la codicia de los grandes, siempre amparados por el estado y otros poderes. Él viste ropas de campesino, enseña en las mismas escuelas que ha creado y se dedica a trabajos manuales como el de zapatero. Pero piensa que no es suficiente, que mientras viva al abrigo de su riqueza todo suena a falso, como denuncian sus denostadores. Ha de darlo todo a los pobres.tolstoy y sofia

La familia estalla de preocupación. Sofía ve peligrar su futuro y el de los hijos; los hijos varones se unen a la madre y desconfían del sano juicio del padre. Él se siente agobiado, oprimido. Un amanecer abandona la casa y la familia acompañado del médico amigo. Va en busca de un lugar donde pueda ser libremente él. Muere en el camino. Un domingo de otoño de 1910.
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(De Los libros de mi vida. Lista B)

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STENDHAL. Sentimiento y estilo I

stendhal1Francia, 1825-30. La gente de orden de la población de Verrières piensa en la Revolución como en una horrible pesadilla que alteró las vidas de los ya mayores o de los padres, y en el Imperio Napoleónico como en un intento – fracasado, naturalmente – de coronar el desorden. Pero la sociedad ha vuelto de nuevo a sus cauces naturales; al orden aristocrático de la naturaleza que fija el destino inamovible de cada cual por la posición que ocupa en el momento del nacimiento.

Julien Sorel, joven inquieto de dieciocho años, no siente ningún entusiasmo por el destino que le depara su posición de partida en la sociedad. Aborrece el trabajo en el aserradero familiar, estudia con tesón y se entrega a lecturas prohibidas; admira a Napoleón, desaparecido de la escena hace poco, pero tiene que ocultar esa admiración para no ser señalado como elemento contrario al sagrado orden restaurado.napoleon

Conocedor de sus cualidades intelectuales, el párroco de Verrières lo recomienda al alcalde, señor Rênal, como preceptor de los hijos. Y, como tal, no solo se gana el afecto y cariño de los pequeños sino también el amor, al principio inconfesado, de la madre. La relación amorosa que se establece entre los dos tiene en Julien el dulce añadido de hacerle sentir que se ha elevado un grado en la escala social. Pero la denuncia por adulterio, lanzada por una sirvienta despechada, acaba con la dicha y Julien tiene que huir.

Como refugio o salida, ingresa en el seminario sacerdotal. Y es que ahí, no obstante la repugnancia que le produce la mediocridad del ambiente, Julien se plantea seguir la carrera eclesiástica como vía de ascenso social. Pero parece que el camino se acorta por otra vía.seminario

El director del seminario lo recomienda a un personaje de la más alta categoría, el Marqués de la Mole, como secretario particular. Instalado en París, Julien se esmera en cumplir sobradamente todas las expectativas y se gana la confianza y el afecto del Marqués.

Pero el Marqués tiene una hija, Mathilde, caprichosa y de carácter fuerte, que se aburre mortalmente entre los refinadísimos jovenzuelos de su ambiente aristocrático y que encuentra en el joven y apuesto plebeyo un motivo para la pasión, primero medio fingida y pronto incontenible. La relación tiene su fruto. Mathilde está embarazada, y le hace saber al padre que quiere casarse con Julien. Éste duda, pero, de momento, consigue un título nobiliario para el espabilado secretario. Y cuando ya se prepara la boda se produce el desastre en forma de carta enviada al Marqués por la señora Rênal, en la que, presionada por su confesor, ésta da cuenta de las maldades de Julien Sorel.stendhal le rouge

Ciego de ira, Julien se presenta en Verrières, dispara contra su ex amante en pleno oficio religioso y marcha creyéndola muerta, aunque solo ha resultado levemente herida. Es detenido y juzgado. Mathilde, que ha acudido a acompañar a su ex prometido, y la señora Rênal, cuyo amor no ha decaído a pesar de todo, no consiguen empujar a Julien para que mueva todos los recursos posibles para salvarse. Él parece indiferente a todo – excepto al descubrimiento de que la Rênal es su verdadero amor – y resignado a su destino. Finalmente, es condenado a muerte. Y, por cierto, queda claro que para la condena, más que el “crimen” apenas cometido, han sido decisivas unas declaraciones suyas en las que se revela como “peligroso” revolucionario. 

Hasta aquí el relato del argumento de El rojo y el negro, publicada en 1830, obra de arte absoluta tanto por el trazado de la psicología de los personajes como por la sensación que da de inmersión en una sociedad, un mundo, una mentalidad, y lograda no a base de farragosas explicaciones, sino mediante las mismas acciones y palabras de los personajes. Aunque quizá haya que perdonar algunas concesiones a los excesos románticos propios de la época, que ensombrecen las últimas páginas. 

La otra gran novela de Stendhal es La Cartuja de Parma, publicada en 1839. Sela chartreuse trata de una novela de aventuras, de aquellas en las que prima la acción exterior y que la dogmática literaria ha ido descartando en beneficio de la novela de ideas, o de reflexión.

Y de aventuras de capa y espada, que es la máxima expresión del aventurismo, como sabemos los viejos lectores – entonces tan jóvenes – de Los tres mosqueteros y similares. La época en que se sitúa la acción es la misma que la de El Rojo y el Negro: la de la resturación borbónica, si bien el escenario cambia, pues la acción se desarrolla por el norte de Italia, principalmente en la corte del ducado de Parma.

Y sin embargo, el mundo que se ofrece al lector tiene un aspecto, un color, un aroma completamente diferentes que en la novela anterior. Y es que, aunque ninguna de las dos está escrita en primera persona, ambas muestran el mundo a través de los ojos de los protagonistas respectivos. Áspero, duro y hasta siniestro en el caso de Julien Sorel; luminoso, superficial, “romántico” para Fabrizio del Dongo.

No se trata de resumir ahora el argumento de la Cartuja, pero me gustaría dejar constancia del efecto que la novela suele producir en el buen lector. Y para ello, mejor que mis palabra, las del Príncipe de Lampedusa, escritor tan exquisito y tan desconocido en vida como el mismo Stendhal:

Debo decir que, aun sabiendo, aun dándome cuenta de que el relato de la Chartreuse está plagado de horribles intrigas, de continuos temores, de personajes siniestros (el duque Rassi y acaso el conde Mosca), de prisiones principe lampincreíblemente feroces, incluso sabiendo estas cosas y sabiendo cómo están no solo representadas sino deducidas a partir de una espantosa y documentada realidad, yo, repito, aunque mi intelecto está en conocimiento de todas estas razones, cuando leo la Chartreuse las olvido completamente y me siento afectado solamente por una incomparable placidez, que trae consigo serenidad y calma.

Ciertamente, como afirma el mismo Lampedusa, La Cartuja de Parma es el más puro milagro del sentimiento y del estilo. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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STENDHAL. Sentimiento y estilo II

grenobleHenry Beyle – que pasaría al mundo de la literatura bajo el nombre de Stendhal – nació en Grenoble, Francia, en 1783. El padre, abogado en el parlamento de Grenoble, conservador extremo, solo atento a las incidencias de su patrimonio, siempre le fue odioso; la madre, de la que se recuerda fervientemente enamorado, murió cuando él tenía siete años. Se acogió entonces, de hecho, a la protección del abuelo materno Henry Gagnon, médico ilustrado y más bien prorrevolucionario, como en general los Gagnon, a diferencia de los Beyle, acérrimos partidarios del antiguo régimen.

A los trece años entra en la Escuela Central de Grenoble, creada ya bajo el gobiernocode civil revolucionario, donde se aficiona a las matemáticas (quizá es que, como otros temperamentos de fondo turbulento, piénsese en Sabato, tiene necesidad de formas claras y limpias); tiempo después confesaría que, para mantener en su escritura un estilo preciso y claro, solía leer el Código Civil.

En 1799 (al día siguiente de la toma del poder por Napoleón) llega a París para ingresar en la Escuela Politécnica, cosa que finamente no hace. En la capital frecuenta a sus primos Daru, padre e hijo, quienes le empujan a que haga algo positivo. (Por aquella época él se confiesa que lo único que le interesa es escribir comedias y seducir mujeres, no obstante su timidez y su físico poco seductor). Finalmente acepta un puesto administrativo en el ejército a las órdenes de Pierre Daru.

Forma parte del gran ejército que emprende la campaña de Italia y, al entrar en Milán, se produce la gran revelación que marcará todo el resto de su vida: el descubrimiento de la que iba a ser su patria de adopción: le plus beau lieu de la terre. Y, desde entonces, en el imaginario geosentimental de Stendhal, los pueblos civilizados, donde florecen el arte, la pasión y la vida verdadera, empiezan en la Provenza y se extienden hasta Nápoles; arriba quedan los “bárbaros del norte”.

milano

En 1802 se halla de nuevo en París, donde insiste en su idea de escribir comedias (soñaba con ser el Molière de su siglo), con tan poca fortuna como en sus primeras aventuras amorosas.

En 1806, gracias al primo Pierre, se convierte en funcionario militar; asiste como tal, es decir, en segundo plano, a la campaña de Austria y recoge impresiones que utilizará en sus obras, sobre todo en La Cartuja de Parma. En 1810, de nuevo en París, es nombrado auditor del Consejo de Estado y luego inspector de bienes inmuebles de la Corona.

En 1811 vuelve a Milán, donde reanuda una antigua relación con Angela Pietragua; relación que, con muchos altibajos, se mantendría durante cuatro años. En el 12 se le envía como correo a Moscú, donde coincide con el cerco de la ciudad y la desastrosa retirada francesa. Llega a París “como un cadáver”.

retirada

Entre 1813 y 1821 pasa la mayor parte del tiempo en Italia, viaja por todo el territorio entre Milán y Nápoles y escribe algunos libros (parece que en gran parte “fusilados”) sobre varios músicos y pintores. Por el contrario, muy original e interesante es el libro de viajes Roma, Nápoles y Florencia.

En los años 18 y 19 vive un auténtico amor apasionado (y no realizado) por Matilde Dembowski (de soltera, Viscontini) separada de su marido, general del ejército francés. Esta experiencia, finalmente desdichada, le inspira la composición de una obra ensayística, De l’amour, que se publicó tres años después, sin ninguna matilderepercusión. En ella, el autor, con un estilo que quiere ser frío y distanciado, pone al descubierto su extrema sensibilidad, de modo que en esta obra se revela con toda claridad la dualidad de cualidades stendhalianas: “conocimiento y ternura”, en palabras de un crítico; y al mismo tiempo enriquece la filosofía literaria del amor con observaciones que se han convertido en clásicas:

Hay dos desgracias en el mundo: la pasión contrariada y el dead blank (vacío absoluto).

El amor es una flor deliciosa, pero se ha de tener el valor de ir a cogerla en el borde de un precipicio espantoso. Además del ridículo, el amor tiene siempre a su lado la angustia de ser abandonado por quien se ama, y de que no quede nada más que un dead blank para el resto de la vida“.

El amor es como la fiebre; nace y se apaga sin que la voluntad tenga en ello la menor parte” 

La caída de Napoleón y la restauración de la monarquía borbónica tuvieron sus consecuencias en la vida práctica de Henry Beyle. Cuando lograba algún cargo del nuevo régimen, ahí estaba el guardián austriaco, que dominaba el norte de Italia, para vetar al “peligroso jacobino”, como en el caso del propuesto consulado en Trieste. Finalmente, en 1831 se le nombra cónsul en Civitavecchia, conde residiría – de hecho, en Roma – con alguna interrupción hasta 1836 y, después de unos años de permisos, entre el 39 y el 41.civitavecchia

Y siempre, entre maniobras para sobrevivir y amoríos diversos, sigue escribiendo: las biografías de Racine, Shakespeare y Rossini, la novela Amancia, que publica en 1827 y que no se gana la comprensión del público lector, quizá por mantener demasiado oculta la clave de la trama, y otro libro de viajes, Paseos por Roma. En 1830 sale a la luz una de sus obras maestras, El rojo y el negro.

Entre el 34 y el 36 escribe la novela Lucien Leuwen y la obra autobiográfica Vida de Henry Brulard, ambas inacabadas, y en el 38 recoge las impresiones de varios viajes en Memorias de un turista.

A finales de 1838 escribe al dictado, en nueve semanas, La Cartuja de Parma. La envía a Balzac – entonces en la cúspide de la fama- solcitándole una opinión. El resultado sorprende al mismo Stendhal. En un largo artículo publicado en la Revue Parisienne (25 de septiembre de 1840) Balzac afirma entre otras cosas:

Beyle ha hecho un libro donde lo sublime estalla de capítulo en capítulo.”

Ha producido […] una obra que solo las almas y las gentes verdaderamentebalzac superiores pueden apreciar.”

¿Acaso no es una buena acción el intentar hacerle justicia a un hombre de un talento inmenso cuyo genio solo se verá reconocido por algunos seres privilegiados?

A Beyle, que pinta sus personajes a través de la acción y a través del diálogo, le bastan pocas palabras; no cansa con sus descripciones, se apresura hacia el drama y lo alcanza en una palabra, en una reflexión”.

Beyle es uno de los hombres superiores de nuestro tiempo”. 

Beyle, o sea, Stendhal, murió poco después, en marzo de 1842, a los 59 años de edad. Este hecho no representó la desaparición de una celebridad, ni mucho menos. El mundo de las letras lo ignoró en vida, con la excepción tardía de Balzac. Curiosamente, él mismo había vaticinado el futuro de su fama: “Seré conocido en 1880. Seré comprendido en 1930”. El juicio generoso de Balzac apenas alteró estas previsiones.

Y es que Stendhal solo escribía para sus semejantes. Y, cuando se trata de un artista verdadero, estos son muy pocos. Pensando en ellos – como en sí mismo – escribió su obra. Y a ellos la dedicó,

                                     To the happy few

 

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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