MARY SHELLEY. La vida monstruosa I

mary shelleyCada uno de nosotros escribirá una historia de fantasmas, dijo Lord Byron, y la propuesta fue aceptada.

Lo cuenta Mary Shelley en el prólogo de la edición de 1831 de su novela Frankenstein o El moderno Prometeo.

El de 1816 fue un año extraño. Un año sin verano. Durante meses, en Europa apenas se vio el sol. Las cenizas de una de las erupciones volcánicas más formidables de la historia geológica, producida en la lejana Indonesia, recorrían los cielos de nuestro planeta. En uno de sus rincones, junto al lago al que se asoma la tranquila e ilustrada ciudad de Ginebra, en un palacete (Villa Diodati) que ya ocupaba un lugar en la historia de la cultura, el poeta inglés Byron, acompañado de su médico y secretario John Polidori, recibió a la joven pareja formada por Shelley, también poeta, y Mary, acompañados por la hermanastra de ésta Claire Clairmont.

villa diodati

Se trataba de pasar una temporada entre amables tertulias y excursiones por las montañas próximas, y navegando por el lago. Pero no fue posible. El mal tiempo, las lluvias incesantes, los obligó a encerrarse en la casa durante días. Uno de los entretenimientos era la lectura en voz alta. Y fue en una de aquellas tenebrosas noches de junio, tras leerse algunos de los relatos contenidos en Fantasmagorianas, historias de fantasmas de diversos autores alemanes, que surgió la ocurrencia, la propuesta, de Byron.

Aunque todos aceptaron la idea, solo dos la pusieron en práctica: Polidori, que concibió una historia que había de ser el germen del moderno vampirismo literario. Y Mary, de dieciocho años, que dio a luz al monstruo que, durante dos siglos, no ha cesado de acechar y atemorizar a la humanidad. Un monstruo sin nombre al que, con el tiempo, el sentir popular atribuiría el de su creador.lord byron

Victor Frankenstein es un joven estudiante, nacido en el seno de una familia acomodada y culta de Ginebra. El padre, viudo, ha acogido a una sobrina, Elizabeth, que enseguida congenia con Victor hasta el punto de que pronto más que primos se consideran prometidos.

Buen estudiante, Victor se siente interesado sobre todo por los secretos de la ciencia y la filosofía de la naturaleza y, muy pronto, fascinado por la posibilidad de crear vida artificialmente. Ya en la universidad, se pone al corriente de las investigaciones más recientes en la materia y se propone llevarlas adelante al máximo. Con este fin, instala en su propia habitación un laboratorio secreto donde reúne fragmentos de cuerpos humanos que va recogiendo en cementerios y otros lugares (práctica no infrecuente entonces entre los estudiosos de la medicina).

Somete el resultado de la extraña composición a unas fuerzas físico-químicas apenas conocida entonces y, cuando ya cree que ha fracasado en su empeño, percy shelleyaquello empieza a moverse. Parece que quiere levantarse, con movimientos torpes y gruñidos animales. Espantado, aterrorizado, Victor huye de la habitación. Cuando poco tiempo después regresa, el monstruo no está. ¿Qué ha sido de él? El mismo ser monstruoso lo cuenta en un posterior encuentro con su creador.

Vagando por la tierra como un animal salvaje, sin ninguna clase de conocimientos teóricos o prácticos, sin idioma, enseguida se da cuenta de que su sola presencia espanta y pone en fuga a cuantos le ven. Entonces decide merodear solo por sitios no habitados, hasta que se refugia en una especie de cabaña adherida a una modesta casita campesina, y ahí, a través de una hendidura de la pared, observa a sus habitantes (una pareja joven y un anciano) durante días y noches, aprende el idioma y finalmente, conmovido por la bondad aparente de aquella gente, decide presentarse para ser acogido. La reacción es fulminante. Tiene que huir para no morir a manos de aquellos seres humanos, horrorizados con su sola presencia.

Poseído por la rabia, el rencor y un odio infinito a la humanidad, decide vengarse, actuando como el ser horrendo que la gente ve en él. Primero de todo, contra su creador (por la libreta de notas que encontró en el bolsillo del sobretodo que se llevó al salir conoce los detalles de su creación).

Mientras tanto, Victor recibe la visita de su amigo Clerval, al que oculta todo lo sucedido, y juntos emprenden el regreso al hogar, donde puede abrazar al padre y resto de la familia, aunque difícilmente puede ocultar su enorme pesar y frankensteinpreocupación por el hecho de que el ser horrendo, que él ha creado, anda suelto por el mundo.

Y en efecto, el monstruo inicia su venganza: asesina al hermano pequeño de Victor y amenaza a toda la familia en un inesperado encuentro con su creador. Solo pueden salvarse, dice, si Victor acepta crear una mujer para él. A regañadientes, Victor finalmente acepta y parte con Clerval – ignorante de todo- hacia las Islas Británicas. Solo, en Escocia inicia su tarea, pero pronto se arrepiente y destruye lo iniciado. La venganza no se hace esperar: Clerval aparece muerto, asesinado.

De vuelta a Ginebra, se celebra el matrimonio con Elizabeth. Y la amenaza se sigue cumpliendo: la novia muere asesinada en la noche de bodas. Entonces Victor emprende una loca carrera tras los pasos de su criatura; carrera que lleva a ambos hasta el Ártico, donde finalmente, en un paisaje de hielo sin compasión, acaba la historia del modo que los que la han leído ya saben y los que la lean sabrán.

La fábula ha tenido y seguirá teniendo multitud de interpretaciones. Yo destacaría un artico 2aspecto que apenas se ha considerado: el ser creado por Victor Frankenstein es una criatura inocente y propensa a los buenos sentimientos, como se trasluce de sus reacciones cuando observa a los tres humanos desde la cabaña. Es el rechazo, el odio injustificado de los demás lo que le convierte en un ser sediento de venganza, pero sobre todo, la actitud de rechazo absoluto de su creador, incapaz de aceptar la propia obra con todos sus defectos. Y no hay remedio porque, como comprende y afirma el mismo “monstruo”, todos los hombres odian a los desgraciados.

Y él es el más desgraciado de todos.  

(Continúa)

(De Escritoras)    

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MARY SHELLEY. La vida monstruosa II

mary and williamSi las características y circunstancias de los padres son decisivos en la formación de la personalidad del individuo, lo son de manera especial cuando ese padre y esa madre se destacan como contrarios o enfrentados a los usos mentales y sociales de la sociedad en que viven.

Este es el caso de Mary Wollstonecraft Godwin (Mary Shelley), nacida en Londres en 1797.

El padre, William Godwin, fue un radical intelectual toda la vida. Nacido y educado en el fundamentalismo calvinista, el conocimiento de los enciclopedistas franceses lo llevó al radicalismo revolucionario y, al modo de Rousseau, a proclamar la bondad natural del hombre y a negar la necesidad de las instituciones públicas y de las convenciones sociales (Investigación sobre la justicia política, 1793),  con lo que no siempre fue muy consecuente en la vida práctica.

La madre, Mary Wollstonecraft, había vivido en Francia la Revolución y, buenaWollstonecraft-right-of-woman escritora, completó los “derechos del hombre” precisando los de la mujer en su Vindicación de los derechos de la mujer, publicada en 1790 y considerada como la obra fundacional del feminismo contemporáneo. Murió de fiebre puerperal a poco de nacer la hija Mary. El padre se volvió a casar poco después.

Mary siempre se sintió poco querida por el padre, quien además no se esforzó en aplicar a la educación de la hija sus novedosas ideas pedagógicas. Este sentimiento de desamparo paterno no la abandonó a lo largo de toda la vida y no es difícil advertir su resonancia en Frankenstein y, más claramente todavía, en Mathilda.

La época de mayor popularidad de William Godwin como figura destacada del radicalismo intelectual y político coincidió con la adolescencia de Mary. Fue por necesidad del at 2entonces cuando un joven poeta, de una familia de la aristocracia rural, famoso también por su radicalismo (había sido expulsado de la universidad de Oxford por publicar un folleto titulado La necesidad del ateísmo), Percy Shelley, se presentó a su venerado maestro… y se enamoró de la hija. El maestro-padre lo llevó muy mal, pero ellos se siguieron viendo, citándose junto a la tumba de la madre de Mary. Hasta que se fugaron.

Empieza entonces lo que se puede considerar la segunda etapa de la vida de Mary, caracterizada por los viajes por Europa, con largas estancias en Italia, los hijos – tres, los dos primeros muertos prematuramente – y la creación de sus dos principales obras literarias.

Y sobre todo, el gran amor por Percy, siempre correspondido, no obstante las infidelidades del poeta – y quizá también de ella – , consecuentes ambos con sus ideas “avanzadas”.

Lo cierto es que, salvo una breve crisis con motivo de la muerte de la hija Clara, la pareja estuvo perfectamente compenetrada no solo en lo sentimental sino también en lo intelectual y artístico. En este sentido, hay que destacar la colaboración de Percy en la gran obra de Mary. Él la convenció de que el relato breve originario se había de convertir en una novela, él prologó la primera edición (1818), anónima, y que el público conocedor le atribuyó. Él había corregido y aun reescrito algunas páginas. Y sin embargo, no cabe duda de que la autoría plena corresponde a ella.

La idea, la inspiración en el desarrollo, la intención, más bien soterrada, que ha originado interpretaciones contrapuestas, el estilo algo ingenuo y genuinamentefriedrich romántico, con sus descripciones de paisajes, por ejemplo, que en momentos recuerdan ciertas pinturas de Caspar D. Friedrich, todo es fruto personalísimo de la gran escritora que fue Mary Shelley. Percy, con ser un gran poeta, no tuvo en esta función más papel que el de un editor ilustrado atento a conseguir una elegante factura para asegurar una buena recepción por parte del público culto.

Pero ocurrió que la obra atrajo en seguida al público popular: muy pronto se adaptó al teatro de barrio y, durante el siglo pasado, las adaptaciones cinematográficas fueron numerosas; muchas, efectistas, pero ninguna con la riqueza de significados posibles de la novela de Mary Shelley.

En esta época de gran creatividad, Mary escribió, además de la novela del monstruo, Mathilda, sobre las especiales y delicadas relaciones entre una hija y su frank cinepadre, tan frecuentes en la vida real, y tan poco presentes en la literaria. La novela no se publicó hasta 1959 (no hay errata en la fecha). 

En julio de 1822 se produjo un hecho que dio inicio trágicamente a lo que se puede considerar tercera etapa de la vida de la escritora. Percy Shelley murió cuando el velero en que navegaba con unos amigos naufragó ante la costa de Viareggio. A partir de ese momento, la vida de Mary, a punto de cumplir 25 años, cambió drásticamente de orientación.

Los ideales radicales heredados del padre y avivados por el marido, cedieron el puesto a las necesidades prácticas, sobre todo de respetabilidad social. Así lo exigía el futuro de su hijo, Percy, el único que le sobrevivió y que entonces contaba tres años. Único descendiente del padre de Percy Shelley, Mary se había impuesto la tarea de conseguirle el reconocimiento, la fortuna y el título del abuelo. Y lo consiguió.

Durante esta etapa se fue consolidando la fama de Mary como escritora de valía. Publicó la novela Valperga, escrita antes de enviudar, y otras cuatro novelas más, todas ellas sobre las vicisitudes de los afectos familiares y del amor puro o desinteresado. También colaboró en proyectos editoriales, como la redacción de biografías para unas Vidas de hombres eminentes de Italia, España y Portugal (1835-38).

Pero su principal interés fue siempre conquistar y mantener la respetabilidad que, dadas las ideas y forma de vida de su etapa anterior, la “buena” sociedad le había negado. Y este esfuerzo se trasluce incluso en su intento de dar a la edición de Frankenstein de 1831 un toque más conservador, como en el detalle de convertir frank novela gráficaal personaje Elizabeth, originariamente prima de Victor, en una simple huérfana acogida, para evitar cualquier apariencia de incesto. O en el cambio de actitud en la cuestión del grado de autoría de la misma novela: al principio, cuando se publicó la primera edición, le tuvo sin cuidado que se atribuyese más bien a Percy; en la nueva situación, insistió en el hecho de que era ella la única autora (responsable, venía a decir) y que la intervención de Percy había sido irrelevante. Parece que quería evitar que una obra tan “popular” e ideológicamente sospechosa se relacionase con el apellido del aspirante a Lord que era su hijo.  

Mary recibió varias propuestas matrimoniales, entre ellas la del escritor Mérimée, que rechazó. En respuesta a una de ellas (y se supone que a todas en términos parecidos) manifestó que “Mary Shelley será el nombre que se escribirá en mi tumba”. Y así fue.

Y no solo en su tumba – murió en 1851, a los 54 años – , sino también, y en lugar destacado, en la historia de la literatura universal.

mary mayor

(De Escritoras)

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Pensamientos a pares VII

napoleón

43

Exigente con uno mismo, tolerante con los demás.

Tolerante con uno mismo, exigente con los demás.

Tolerante con uno mismo, tolerante con los demás.

Exigente con uno mismo, exigente con los demás.

Estas son las distintas actitudes vitales. La primera es la más sabiamente humana. La última es, en mi opinión, la peor.

44

La idea del destino presidió la Antigüedad y se prolongó durante siglos bajo el nombre cristiano de Providencia. Hasta que llegó Napoleón y dijo: el destino es la política. Hoy existe la sospecha de que el destino es el mercado.

No es que los antiguos creyesen en el destino, es que lo veían ahí, como vemos el Sol.

45

El escritor no puede pensar en otros destinatarios de su obra más que en aquellos que se le parecen. Si escribe para convencer a extraños, será un vendedor, un político. El escritor auténtico escribe siempre to the happy few.

Preguntar a un escritor, de los de verdad, por qué escribe es como preguntar a un niño por qué juega.

46

Llamo escritor de verdad al que lleva dentro de sí la fuente de la creación, a diferencia del que husmea tendencias o consulta con el editor antes de ponerse a escribir.

El escritor de verdad adapta para sí la máxima de los antiguos navegantes (Navigare necesse est, vivere no est necesse): Escribir es necesario; vivir no es necesario.

47

Las artes viven todavía en la era romántica. Por lo que parece, la subjetividad ha acabado devorando a la objetividad.

El que escribe solo “para expresarse” será un buen “expresador”, no un artista. El arte es otra cosa, de la que forma parte aquella objetividad casi olvidada.

48

Una novela es un objeto verdadero; un relato histórico es, en su mayor parte, fantasía.

Es mucho más honrado, y más certero, escribir una novela que especular sobre las intimidades de personas reales.

49

La fuerza de la moda o de las tendencias dominantes es siempre más poderosa que la de los códigos vigentes.  

La razón nada puede contra el dictado de los tiempos. Es la lucha entre la pálida abstracción del pensamiento y la fuerza torrencial de la vida. 

( Ver anteriores)

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Pensamientos a pares VI

exxtraterrestres

36

Puedo elegir lo que quiero, pero no lo que me impulsa a querer lo que quiero.

La libertad tiene cien caras o versiones. La mayoría, falsas.

37

Una visión pesimista del mundo, más que describirnos el mundo, nos informa sobre la persona que la tiene.

Una visión optimista del mundo, más que describirnos el mundo, nos informa sobre la persona que la tiene.

38

Hay dos clases de males: el mal que reparte la naturaleza y el que causan los malvados. Con todas sus dificultades, es más fácil luchar contra el primero.

El “buenismo” es una palabra inventada por los que practican el “malismo”. (La bondad sospechosa)

39

En la Antigüedad se aparecían los dioses. En los siglos cristianos se aparecían Jesús, la Virgen y los santos. En la era tecnológica se aparecen los extraterrestres. Siempre esclavos de los mitos del siglo.

Cada época tiene su realidad (y su imaginación) indiscutible. Es imposible ver otra distinta desde el interior de la misma época, por muy real que sea.

40

Es evidente que la muerte es un final. Que sea el final depende de los gustos o anhelos del observador.

La esperanza es la virtud de aguardar algo que se sabe que es casi imposible que se presente.

41

Para escribir esto pienso, es decir, procuro someter los procesos mentales a una disciplina.

Por lo general, somos pensados: los pensamientos campan a sus anchas por la mente, sin tenernos apenas en cuenta.

42

No hay ejercicio más sano para el bien de la humanidad que ponerse en el lugar del otro.

Si pudiésemos ver lo que en realidad hay en el interior del otro cesarían las envidias y los odios. Y una inmensa compasión inundaría el mundo de lágrimas.

(Ver anteriores)

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Pensamientos a pares V

tempus edax29

La sana equidistancia no consiste en situarse entre el criminal y el policía – situación muy peligrosa -, sino en procurar mantenerse igual de lejos del uno que del otro.

El sano relativismo no consiste en pensar que todo vale lo mismo, sino en saber cuestionar el valor de cada cosa según el contexto y la relación con las demás.

30

Nada es como se espera; ni como se teme.

Un deseo satisfecho es una ilusión perdida.

31

El tiempo somos nosotros. Cada ser humano es el tiempo

¿Hay algo después de la vida? Pregunta vana. Con la vida se acaba el tiempo. Y fuera del tiempo no hay antes ni después.

32

Toda época tiene su marco incuestionable. En la Edad Media, la religión revelada; en la sociedad moderna, el progreso y la democracia. Cuando el marco se rompe, se cambia de época. Oigo crujidos.

Hay (idealmente) dos clases de eternidad: el instante presente detenido y la sucesión infinita de instantes

33

Cuando no se aplica a las cuestiones básicas de la vida, el pensamiento es un lujo peligroso.

Pero también, una aventura apasionante. Como el alpinismo, supongo

34

Dirigimos la vida tanto como dirigimos el sueño.

No es lo mismo la vida que el sueño. La vida creemos entenderla.

35

Hace cien años yo no existía, y me parece normal. Dentro de cincuenta años no existiré, y me cuesta creerlo. Algo anda desajustado.

El ser humano se siente imperecedero sabiéndose perecedero. No hay manera de conciliar eso.

(Ver anteriores) (Ver siguientes)

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SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. La doncella y el dragón I

sor juana¿Qué más castigo me quiere V.R. que el que entre los mismos aplausos, que tanto le duelen, tengo? ¿De qué envidia no soy blanco? ¿De qué mala intención no soy objeto? ¿Qué acción hago sin temor? ¿Qué palabra digo sin recelo? Las mujeres sienten que las exceda. Los hombres, que parezca que los igualo. Unos no quisieran que supiera tanto. Otros dicen que había de saber más, para tanto aplauso. [] Y de todo junto resulta un tan extraño género de martirio cual no sé yo que otra persona haya experimentado.

Juana Inés tiene poco más de treinta años cuando con estas palabras, y otras de parecida claridad y contundencia, se dirige en una larga carta a su confesor, el núñez de mirandajesuita Antonio Núñez de Miranda, para rebatir la pretensión de éste de que abandone las letras humanas y se dedique en todo caso solo a las divinas. Y es que Juana Inés es ya, en 1682, una celebridad de las letras castellanas, en Nueva España (México colonial) y pronto también al otro lado del Atlántico. Escribe sobre todo poesía, en la estela de Góngora. En gran parte poesía amorosa. Y es monja.

¿Poesía amorosa una religiosa? ¿Poesía erótica, aunque no en el sentido más físico de la palabra, una monja? ¿Es ésta la gran piedra de escándalo que mueve al confesor a exigirle un cambio radical? No exactamente.

Lo es en cierto modo para nosotros. Si no de escándalo, sí de extrañeza o incomprensión. Después de todo, Núñez entendía a su tiempo; nosotros, a primera vista, no podemos entenderlo. Y es que entre aquel tiempo y el nuestro ha ocurrido algo. Escribe Octavio Paz:

Nuestra actitud ante la poesía amorosa es muy distinta a la del siglo XVII. Entre la Edad Barroca y nosotros se interpone la gran ruptura: el Romanticismo, con su octaviopaz2exaltación de la sinceridad y la espontaneidad. La doctrina romántica proclamó la unidad entre el autor y su obra; el arte barroco los distingue y separa hasta el máximo: el poema no es un testimonio sino una forma verbal que es, al mismo tiempo, la reiteración de un arquetipo y una variación del modelo heredado.

Es decir, que, a diferencia de la literatura romántica y de buena parte de la actual, la literatura barroca es arte y solo arte, no confesión pública ni reality show. Los que no saben u olvidan esto – grandes críticos incluidos, durante todo el siglo XIX – han andado buscando en vano quiénes eran en la realidad los Fabio, Silvio, Feliciano o Lisardo que aparecen en los versos de la “enamorada”.

En vano, porque detrás de los poemas amorosos de Juana Inés no hay otra realidad que la enorme cultura literaria y la aguda sensibilidad artística de un mujer extraordinaria, capaz de producir, entre otras cosas, algunos de los versos más bellos de la poesía española.  

( Detente sombra de mi bien esquivo,

imagen del hechizo que más quiero, […]                                          

que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,

poco importa burlar brazos y pecho

si te labra prisión mi fantasía. )

Se suele clasificar la producción poética de Sor Juana en varios grupos: los poemas amorosos, los de circunstancias, los satíricos o jocosos, los religiosos y los filosóficos.

virreyesLos poemas amorosos asumen toda la tradición poética que va desde los trovadores y el petrarquismo hasta el Renacimiento y el mismo Barroco contemporáneo (Góngora, Quevedo), si bien con una novedad fundamental: el sujeto narrador de los lances y los sentimientos amorosos es una mujer.

Relegada hasta entonces al papel de objeto poético, por muy encumbrado que se le situase, como en el caso de la literatura trovadoresca, con Juana la mujer asume el papel de protagonista, de sujeto y narrador (narradora) de los lances y sentimientos. Y no recurre al fácil procedimiento, creo que ya usado con anterioridad, de fingir una voz masculina sino que habla como mujer, y como tal expresa su experiencia amorosa. Todo dentro de la tradición literaria convencional antes aludida, por supuesto, es decir, sin referencia obligada a personas o situaciones realmente existentes o vividas. 

El hecho de disfrutar, durante casi toda la vida, del favor de los virreyes, primero como dama de una virreina, luego, desde el “retiro” de su convento como amiga íntima de otra, favoreció la proliferación de las poesías de circunstancias, la mayoría por encargo, algunas por iniciativa propia, pues las ocasiones abundaban en el entorno de la corte (cumpleaños, nacimientos, bautizos, etc.). Y dentro de esta categoría, o formando otra aparte, que estos distingos no tienen mayor importancia, se podría hablar de poesía amistosa, dentro de la cual cabría destacar las dedicadas a la virreina María Luisa Manrique de Lara (Lisi), en las que manifiesta una amistadhombres necios rendida, con frecuencia en los mismos términos de la poesía amorosa. 

Entre las composiciones satíricas o jocosas, algunas de ellas crueles dardos contra personas concretas, destacan (incluso en la memoria popular) aquellos versos dirigidos a los hombres en los que, con su método razonador a ultranza, les reprocha la incongruencia, la irracionalidad, de su actitud hacia las mujeres.

De poesía religiosa, más bien escasa. Esto no es raro en el barroco, más aficionado a los temas de la mitología clásica que a los cristianos, pero no deja de extrañar en una monja y en una sociedad en la que la Iglesia católica lo ocupaba casi todo.

Pueden considerarse filosóficos unos cuantos poemas de breve extensión y, sin duda, uno más extenso titulado Primero sueño. Es esta una extraña composición, formalmente deudora del Polifemo y las Soledades de Góngora, pero absolutamente original en su contenido e intención. En ella vemos al alma humana (el intelecto) que intenta desentrañar la maquinaria y el sentido íntimo del universo y que, pese a su fracaso final, no reniega del valor de la indagación y la búsqueda. El problema para el lector de hoy es que la autora utiliza en la obra todos los recursos del barroco, en especial una sintaxis dislocada por el uso continuo del hipérbaton, lo que convierte su lectura en una empresa realmente difícil.  

La curiosidad de Sor Juana se extendió también al mundo de la naturaleza y la ciencia, si bien, por la limitaciones derivadas de la situación geográfica y del ambiente social en que vivió, no pudo estar al corriente de la gran revolución científica que por entonces tenía lugar en Europa.los empeños de

También escribió teatro (Los empeños de una casa, Amor es más laberinto) en la órbita de Calderón, pero con su indiscutible sello propio.

Es evidente que Sor Juana Inés de la Cruz fue una mujer extraordinaria. Doncella toda la vida por voluntad propia, religiosa sin vocación religiosa, poeta inspirada y aplaudida, pensadora racional y hasta racionalista, mimada por el poder no clerical… Aunque no todo fueron rosas, ni mucho menos. Y es que, por otra parte, siempre estuvo vigilada, controlada, atemorizada por el otro poder. Pero vayamos al principio. (CONTINÚA)

(De ESCRITORAS)

inquisición méxico

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SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. La doncella y el dragón II

nepantla

A doce leguas de Ciudad de México, casi en la misma falda de dos montes próximos entre sí, uno de ellos volcán famoso, en una hacienda llamada San Miguel de Nepantla, un día de noviembre de 1648 nació una niña a la que bautizaron con el nombre de Juana Inés. El padre, Pedro de Asbaje, militar de origen vasco y la madre, Isabel Ramírez, de familia ya asentada en México, no estaban casados, cosa que los primeros biógrafos callan y que la misma Inés había de disimular toda la vida. El padre desapareció pronto y la madre se unió a otro hombre con el que tuvo más descendencia.

A los tres años, viendo cómo enseñaban a leer a una hermana mayor, Juana Inés quiso aprender ella también. Y pocos años después llegó a considerar seriamente la idea sor juana jovende vestirse de hombre para ir a la universidad de México. Casi toda la infancia la pasó entre los muchos libros que había en casa de su abuelo en la localidad próxima de Panoayán, donde la había colocado la madre, quizá con motivo de la aparición de un nuevo “padre”, y donde permaneció hasta 1656, fecha en que pasó a vivir a la Capital en casa de los tíos Mata (ella, hermana de la madre), al parecer muy bien relacionados con la más alta sociedad, pues es el caso que, un tiempo después, tenemos a la Juana Inés de dieciséis años (según las cronologías más fiables) en la corte virreinal como dama de la virreina.

Tanto el virrey, Antonio de Toledo y Salazar, marqués de Mancera, que inauguraba su mandato en octubre de 1664, como su esposa Leonor Carreto, personas cultas y de talante abierto, quedaron enseguida prendados de la joven Juana Inés, hasta el extremo de que ésta, más que protocolaria dama de compañía fue en realidad compañera inseparable de la virreina. Esta situación no le impidió proseguir susantonio de toledo estudios, siempre en solitario y sin más estímulo que su innato afán de saber, al tiempo que deslumbraba a la corte con sus conocimientos, sus poemitas de circunstancias y sus primeras representaciones teatrales.

La situación no podía ser más favorable, pese a las envidias, los odios y las trabas materiales que situaciones tan favorables suelen concitar.  Pero una mente como la de Juana Inés se tenía que hacer la pregunta: ¿cuál sería su futuro? Los virreyes cambian, tanto como la fortuna en general. En el matrimonio no pensaba, sino para descartarlo. Lo que en realidad le interesaba, el conocimiento y el arte, estaba de hecho vetado para una mujer. Ingresar en un convento podría ser una solución – como para tantas otras mujeres por los más diversos motivos en aquella sociedad – siempre que no fuese incompatible con sus verdaderos intereses. Y lo probó.  

En 1667, todavía bajo el virreinato del Marqués de Mancera, ingresó en el convento de las Carmelitas Descalzas. Salió a los tres meses. No era aquello lo que buscaba. 

Por entonces hizo su aparición el jesuita Antonio Núñez de Miranda, quien se convirtió en su confesor (y en una de las cabezas más visibles del Dragón). Núñez iglesia y virreytenía fama de santo y sabio. Quizá. De lo que no hay duda era que, como pastor muy taimado, desplegaba toda su astucia y energía para mantener las almas en el redil correcto. Y no almas cualesquiera, y es que, como dirigente de una Congregación de la que formaba parte el mismo virrey, no dejaba de velar por la pureza de la doctrina (y el comportamiento debido de las personas principales).

Lo cierto es que Núñez quedó deslumbrado por la sabiduría y la capacidad intelectual de Juana Inés, y se propuso enderezar aquella forma de vida, tan extraña para una mujer. Ella lo tuvo al principio como una ayuda y, en cierto modo, como el padre que siempre le había faltado. Hasta que, harta de las intolerables presiones a que la sometía, lo despidió con cajas destempladas en aquella famosa carta de la que al principio he transcrito un fragmento.

De todos modos, hay que tener en cuenta que, en la época de la carta (1682), Juana Inés se sentía especialmente fuerte. ¿Por qué? Retrocedamos.

Dos años después de la breve estancia en el convento de las Carmelitas, tiempo en el que siguió disfrutando de la protección y estima de los virreyes, Juana Inés, a los veintiún años, profesó como religiosa e ingresó en el convento de San Jerónimo, donde (con todas las comodidades que le interesaban: libros, instrumentos científicos, visitas y tertulias con sabios y personas amigas) permaneció hasta el fin de sus días.celda sor juana

El hecho de que se hiciese monja sin especial vocación religiosa puede parecer raro ahora. Entonces no lo era. En una sociedad en que la Iglesia católica lo ocupaba prácticamente todo, el hecho de militar en ella era, también, un medio de vida o un acomodo para evitar otras situaciones

Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir.

Total negación al matrimonioEsta confesión, además de toda su forma de vida, entonces considerada estrictamente masculina, ha llevado a bastantes estudiosos a considerar que Juana Inés tenía graves problemas de identificación sexual o, en todo caso, que era una personalidad neurótica. No lo creo. Más bien me inclino por la opinión de Octavio Paz, ensayista, poeta y sabio de toda confianza:

Ante las adversidades a que se enfrentó desde su niñez y ante los obstáculos que, en su edad adulta tuvo que vencer, advierto no inestabilidad psíquica sino aplomo, habilidad y buen sentido. No veo a una neurótica: veo a una mujer lúcida y entera.

Pero volvamos a la historia.

(CONTINÚA)

(De ESCRITORAS

 

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