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HUYSMANS. La estética de la fe I

huysmans huysComo no puede ser de otra manera, siempre hay cierta correspondencia entre la vida de un escritor y su obra. En unos esa correspondencia es manifiesta; en otros, permanece oculta, como si no existiera. Como ejemplos extremos pondría, de los primeros, a Goethe o Henry Miller; de los segundos, a Balzac o Jules Verne.

Lo habitual es que la conexión íntima entre vida y obra no se muestre a primera vista, sino que se vaya descubriendo sin mucha dificultad a medida que el curioso lector va indagando en una y otra.

Poca indagación requiere el caso de Huysmans. Escribe un crítico:

A través de todos sus libros, Huysmans estaba en realidad escribiendo un único libro, es decir, el Libro del sentido espiritual y humano de su vida.

Toda la producción literaria de Huysmans, desde la primera hasta la última novela, desde la primera hasta la última crítica de arte, constituye el acompañamiento o comentario de la evolución de su pensamiento y, sobre todo, de su visión del mundo. O quizá sería mejor decir que su pensamiento o visión del mundo se fue formando mediante el trabajo de la producción artística. Evolución que tiene su momento central y decisivo – cuando se agota una senda y se está en trance de iniciar otra – en los primeros años de la década de 1880, es decir, hacia los 35 años de edad.

En 1884 se publica À rebours (traducible por Al revés, A contrapelo, huysmans a rebourscontracorriente, Contra natura). Una novela ciertamente extraña, sobre todo porque carece casi por completo de acción. Ahora ya estamos acostumbrados a todo, pero creo que, por entonces, esta originalidad aún no se conocía. Toda la acción de la novela se reduce a la estancia de Des Esseintes, aristócrata cultísimo, decadente y esteticista, en la casa adonde se retira huyendo de la vulgaridad del mundo moderno. Ahí, rodeado de libros, joyas, piedras preciosas, cuadros, perfumes, tapices y otros objetos más o menos artísticos o exóticos, se abandona a sus ensoñaciones. Pero no consigue la paz espiritual que al parecer busca, sino que, al contrario, su neurastenia se acrecienta hasta extremos insoportables. Y la obra acaba con una angustiosa llamada de ayuda dirigida a un Dios en el que no cree.

Tampoco Huysmans creía en Dios. Todavía, según afirma en el prólogo de una edición posterior de la novela. Y del dios en el que creía descreyó definitivamente con la creación de À rebours. Me refiero a Émile Zola, gran maestre del naturalismo.

zolaEl naturalismo era aquella corriente literaria que vino a dar la última estocada al viejo romanticismo. Aunque lo cierto es que el romanticismo, por viejo que sea, nunca muere del todo, pues su alma pervive en tendencias sucesivas que llegan hasta nosotros: el simbolismo, el decadentismo, el modernismo, el existencialismo… y lo que queda.

El naturalismo se dedicaba a describir las vidas corrientes de la gente corriente en ambientes corrientes, sin más trasfondo de los comportamientos humanos que la fisiología, la herencia y otros determinantes materiales.

Huysmans formó parte del llamado grupo de Medan, integrado por varios escritores reunidos en torno a Zola, y participó con un relato en la publicación del grupo Las veladas de Medan. Durante esta época escribió algunas novelas dentro de los cánones del naturalismo (Marta, historia de una muchacha, Las hermanas Vatard), que merecieron los elogios de Zola. Pero con la publicación de A la deriva (1882) parece que se anuncia un giro: asoma el simbolismo, recibe los elogios de Mallarmé.

La gran ruptura se produce con la publicación de À rebours, obra que provoca la indignación, y hasta la ira, del pontífice del naturalismo. Y es que una novela que tiene como único personaje a un aristócrata elitista es la misma negación del credo naturalista. 

en route

Pero Huysmans sigue su nuevo camino, que le llevará, en lo artístico, al simbolismo y al decadentismo y, en lo personal e íntimo, a la aceptación de una fe antigua que, en todas sus manifestaciones, parece finalmente saciar su sed de estética sublime: el catolicismo.

El camino hacia la conversión lo relata minuciosamente en la novela titulada precisamente En Route, publicada en 1895. Pero antes de pasar a la biografía (sumaria, como siempre en esta serie) del escritor, convendría divagar un poco sobre un hecho curioso.

La conversión religiosa de un intelectual, de un artista, como Huysmans, no fue un hecho aislado. En Francia, desde mediados del siglo XIX – y sobre todo en su último tercio – hasta los años treinta del siglo siguiente, toda una serie de escritores y artistas abandonaron la incredulidad o la indiferencia de que partían para echarse en brazos no ya de la fe cristiana, sino concretamente de la Iglesia católica.

¿Qué había pasado? Quizá el aburguesamiento general de la vida, el racionalismo extremo impuesto en todo el ámbito intelectual, el cientificismo, el laicismo combativo de la tercera república, el ateísmo dominante junto con la idea de progreso sin fin (ni sentido) habían contribuido a crear un ambiente irrespirable para muchos artistas ansiosos de emprender aventuras intelectuales y espirituales propias. Y empezaron las migraciones desde la modernidad racionalista hacia la antigua fe.

He tomado algunos nombres que recordaba, he comprobado datos y he hecho unajammes pequeña lista adjuntando entre paréntesis el año de conversión (o reconversión, pues algunos ya habían participado de la fe años atrás).

Barbey d’Aurevilly (1846), Léon Bloy (1869), Paul Claudel (1886), Huysmans (1893), Francis Jammes (1905), Charles Peguy (1908), Max Jacob (1909), François Mauriac (1928).

Y una observación muy personal. Creo que en la mayoría de esos conversos domina más el interés por la estética, por el dogma y por la conducta íntima (ah, los pecados de la carne) que la conciencia social, o caritativa, o solidaria. Cristiana en definitiva. Es decir, que más que conversiones al cristianismo quizá se tendría que hablar de ingresos en la Iglesia católica.

No todos, por supuesto. Y, entre los que no, brilla por encima de todos Francis Jammes, con su poesía clara y sencilla, traspasada de una sensibilidad hondamente cristiana. Como en La prière. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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HUYSMANS. La estética de la fe II

huysmans2Joris-Karl Huysmans nació en París en 1848, hijo de un pintor de procedencia holandesa. Tenía ocho años cuando murió el padre; un año después se volvió a casar la madre. Tras cursar estudios primarios y secundarios en la escuela pública, inició estudios de derecho, que pronto tuvo que abandonar para ganarse la vida. En 1868 entró como funcionario en el Ministerio del Interior, y allí siguió hasta su jubilación treinta años después.

Está demostrado que el trabajo de funcionario de nivel medio (como cualquier otro que no suponga llevarse las preocupaciones a casa) es bueno para el escritor.  Sobre todo para aquellos que saben utilizar tiempos de la jornada laboral para sus tareas creativas particulares, los cuales pueden entonces considerarse escritores subvencionados por el Estado, malgré lui.

Huysmans se sintió escritor desde siempre, y sobre todo devoto del arte. El trabajo funcionarial – no obstante ser reconocida y apreciada su labor – fue para él solo un medio de vida.

En 1874 publica su primera obra, Le Drageoire aux épices, poemas en prosa en los que se advierte la influencia de Baudelaire. En 1876 y 1879, publica respectivamente las novelas Marta, historia de una muchacha y Las hermanas Vatard, que implican su adscripción de hecho a la corriente naturalista que encabeza Zola. Pero esto nobaudelaire supone un punto de llegada para el escritor, que siempre está en marcha en busca de algo, que todavía no sabe exactamente lo que es.

En la novela En Ménage (1881) asoman claramente esas preocupaciones espirituales o existenciales que empezaban a acosar al autor. Preocupaciones que vuelven a aparecer en À veau-l’eau (A la deriva) (1882), y en forma tan angustiosa que su protagonista ha llegado a ser considerado como un precedente del de La náusea de Sartre.

El arte es su otra forma de intentar hallar un sentido a la existencia. El arte como crítico. En 1883 publica en el volumen titulado L’Art Moderne varios artículos de críticas sobre exposiciones de pintura realizadas en París en los años inmediatamente anteriores. Artículos en los que pone de manifiesto su rechazo del arte burgués entonces dominante y su preferencia por los nuevos pintores, moreauimpresionistas o independientes, como Pissarro, Monet, Degas y otros, además de los simbolistas o inclasificables Odilon Redon y Gustave Moreau.

La ubicación de la literatura de Huysmans en la corriente naturalista fue algo circunstancial y no de fondo. Radicaba en la forma, en la precisión y exactitud del relato, más que en el fondo, pues nunca se sintió cómodo dentro del determinismo cientificista de la escuela. De sus aspiraciones más profundas hablaban sus preferencias, como Baudelaire y Verlaine, tanto como su amistad y admiración por Villiers de l’Isle-Adam, antimaterialista por excelencia y, más tarde, por Mallarmé, primer referente del movimiento simbolista.

El caso es que, con À rebours, se culmina la ruptura. Ya no habrá vuelta atrás. Cierto que el camino que tiene por delante no se le presenta nada claro. Convertido, sin pretenderlo, en exponente máximo de la sensibilidad decadentista, él sigue avanzando no sabe adónde. Como corolario, o no, de las exquisiteces decadentistas va a centrar su interés en las experiencias ocultistas y en el antiguo satanismo. Fruto de este interés es la novela Là-bas (Allá lejos) (1891), que gira en torno de las investigaciones teóricas y prácticas del mundo demoníaco que lleva acabo el escritor Durtal, personaje que reaparecerá en novelas posteriores, con pinceladas sobre la vulgaridad de la sociedad actual y algún ingrediente erótico. A este respecto, he de señalar que Huysmans se mantuvo soltero toda la vida, si bien tuvo algunas compañeras sucesivas (y en algún caso, solapadas) hasta que consiguió coronar su obstinado celibato con la castidad total, creo, propia del místico.

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Las investigaciones demoníacas le llevan a interesarse por la religión y en concreto por la Iglesia católica, de modo que llega a pasar unas temporadas recluido en los monasterios benedictinos de Igny y Ligugé, experiencia que utiliza para su siguiente novela. En efecto, en En Route (En camino) (1895), el mismo protagonista de la anterior, Durtal, se plantea abiertamente abandonarse a la fe católica y, tras unos capítulos de dudas y escrúpulos monjiles, decide pasar unos días en un monasterio trapense, donde, entre piadosas conversaciones y bellísima liturgia, se prepara el camino de la conversión definitiva. 

Estas tres novelas constituyen a mi entender una especie de progresión dialéctica, en el sentido hegeliano de la palabra. En À rebours tenemos la tesis: la angustia generada por una existencia vacía, que ni siquiera el arte más exquisito puede llenar; en Là-bas tenemos la antítesis: el paisaje que la realidad ofrece como abanico abierto entre la abyección sin sentido del satanismo y la sublimidad sin sentido de la fe del campanero; en En Route tenemos la síntesis: el arte (la música, la arquitectura, las preces y toda la liturgia exquisita de la Iglesia) da sentido a la fe, y la fe da sentido al arte.abadia-solesmes-23186_w300

En 1896, Huysmans pasa unos meses en la abadía de Solesmes. Un año despuès, viaja por Bélgica y Holanda para conocer los lugares que habitó la mística Lydwine de Schiedam, cuya biografía escribirá y publicará cuatro años después. En 1898 publica La Catedral, especie de novela en la que, aplicando su experta mirada de crítico de arte, expone y analiza el simbolismo de las artes medievales sobre el magnífico ejemplar de la catedral de Chartres.

Entre los varios escritos que publicó en los años siguientes (última década de su vida) destacan la ya mencionada biografía de santa Liduvina (1901) y Las multitudes de Lourdes (1906), curiosa crónica de su estancia en el centro mariano, en la que pone cara a cara la más espantosa fealdad, como la arquitectura del santuario, con la fe más sublime de la gente sencilla. La conclusión es que Lourdes es “un lugar a la vez repulsivo y divino”. 

A los cincuenta años, tras treinta de ejemplar carrera funcionarial, se jubila y a continuación se instala en una casa situada junto a la abadía de Ligugé. Pero no abandona del todo sus relaciones mundanas (literarias): el 6 de abril de 1900 preside la primera reunión de la Academia Goncurt.huysmans cruz

En 1901 entra como oblato en la abadía de Ligugé. En setiembre del mismo año, la marcha de los benedictinos de Francia, obligados por la política anticlerical del gobierno, le mueve a trasladarse a París, donde residirá el resto de sus días.

En 1906 se le descubre un cáncer en la boca; el 12 de mayo de 1907 muere, quizá alcanzando aquello que durante toda la vida había estado buscando. Es enterrado en el cementerio de Montparnasse. 

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    (De Los libros de mi vida. Lista B)

 

       

 

 

 

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