Se ha dicho

Y aquí es donde el autor demuestra su maestría al hilvanar con sutileza las anécdotas y peripecias de esta “vida de filósofo”, de manera tan natural y convincente que el personaje Schopenhauer se torna creíble, semejante a un regio actor en el papel de sí mismo. La elegancia del estilo de Priante entona con la del discurso del filósofo, casa con la mesura íntima de la narración que fluye sin estridencias y nunca decrece en intensidad.” (L.F. Moreno Claros, El País, 16 de setiembre de 2006).

“Las cartas son apócrifas, cierto. Pero podían ser verdaderas, tan fielmente nos evocan el desolado tono de los últimos artículos de Larra. La técnica es la misma que Priante emplea en otras novelas como Lesbia mía, una recreación de Catulo. Todas sus novelas son históricas y tienen la intensidad del poema, el rigor del ensayo.” (J.L. García Martín, ABC, 16 de junio de 2007)

“[Priante] ha asumido un rango “egipcio” de vivificador de escritores muertos. Lo viene efectuando con elegancia sobria, sin autoostentación […] Podríamos llamarlo “efecto Priante”, incluso “priantismo”, y aguardar a que lo continúe desarrollando, con una brillantez acendrada.” (Luis Vargas Saavedra, El Mercurio, Santiago de Chile, 26 de agosto de 2007 )

“La història és plena d’escriptors que han trigat a ser descoberts i després s’han revelat com a grans mestres. Priante és un d’ells encara que, de moment, està en la fase de gran desconegut.” (Ada Castells, Avui, 9 d’agost de 2009)

Lo importante de esta obra es que, en tan pocas páginas, se aprovecha todo, y el autor consigue algo realmente excepcional: nos da la impresión, por muy ficticia que sea, de haber conocido a Arthur Schopenhauer.” (Supersantiego, La Realidad Estupefaciente, 28 de setiembre de 2010).

Priante sorprende por sus agudezas, también porque se divierte con su oficio y, sin alevosía, trata con cariño a los personajes de estos breves esbozos biográficos.” (L.F. Moreno Claros, El País, 6 de octubre de 2012)

El estilo de Priante es ligero y activo, sin divagar sin sentido en los momentos sin importancia, pero de una calidad literaria apabullante.” (Luismi Clemente, El Buscalibros, noviembre de 2014 )

Priante escribe como quien parece que no le cuesta trabajo escribir: natural, consistente, creíble, contenido, preciso. Priante escribe como quien respira, sin esfuerzo, sin aparatosidades, sin exhibiciones postizas. Priante se mete en la cabeza y en el cuerpo de Schopenhauer para regalarnos una novela tan breve como exquisita” (El Infierno de Barbusse, 7 de enero de 2015)