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La letra o la vida (refundido)

Sin necesidad de consultar un tratado de gramática, creo estar en condiciones de afirmar que la partícula “o” puede tener, por lo menos, dos funciones distintas. Una, claramente disyuntiva, como cuando los antiguos bandoleros conminaban al viandante para que se decidiese por ¡la bolsa o la vida! sin más historias. Otra, explicativa de una equivalencia, como cuando, refiriéndose al idioma, se dice “castellano o español”.

Si he de ser sincero – y, sinceramente, creo que lo he de ser – confesaré que, después de pensarlo un rato, todavía no sé cuál de las mencionadas funciones ejerce la partícula “o” en el rótulo de este artículo.Luigi_Pirandello_1934

Decantarse por la función disyuntiva del “o” supone aludir a aquel trágico dilema que algunas personas han sufrido y que muchas han magnificado: escribir o vivir; el arte o la vida. O, como lo decía Pirandello, la vita o si vive o si scrive. Y enseguida acuden a la mente los nombres de tantos creadores de los que se dice que crearon porque no sabían o no querían vivir; individuos encerrados en sus cubículos, que levantaban mundos fantasmagóricos o simplemente imaginarios mientras el mundo real no andaba lejos de sus zapatillas.

Pío Baroja, por ejemplo. Y el nombre se me pio-barojaha aparecido a propósito de las zapatillas. Porque aquel genial constructor de relatos novelescos alardeaba de no saber escribir correctamente, y para corroborarlo afirmaba sin ningún pudor que él nunca sabía si estaba con zapatillas, de zapatillas o en zapatillas. Pero, a la vista de su obra, parece que esto del desaliño literario de Baroja es pura leyenda. Leyenda patrocinada por el mismo autor. Ya es raro. Como si un arquitecto propalase que no sabe bien su oficio. Y es que – como imagino que se irá viendo por aquí – los escritores suelen ser gente muy rara.

Nadie más raro que Kafka, al menos en la imaginación literaria-popular. Y aun en la popular a secas, que utiliza el adjetivo kafkiano con la alegría del que no sabe lo que tiene entre manos. También Kafka suele considerarse un ejemplo de creador que opta por la escritura frente a la vida. Consideración que tiene su base en la actitud huidiza que en más de una ocasión adopta en el momento en que va a formalizarse una relación amorosa. Aunque aquí el dilema no se da propiamente entre arte y vida, sino entre arte y matrimonio, que no es exactamente lo mismo.kafka

La idea de la incompatibilidad entre la dedicación al arte y el estado matrimonial viene de muy antiguo. Pero, como es natural, se refuerza con el romanticismo, cuando el artista es considerado como una especie de sacerdote consagrado exclusivamente a la diosa Arte. En esta consideración late la misma idea que impulsó a la Iglesia católica a requerir el celibato de sus sacerdotes: que no se puede servir a dos señores. Y es que ni la entrega total al Arte ni la entrega total a Dios parecen compatibles con las mil y una preocupaciones que impone la vida de familia. Y esto es así, pese a todas las proclamas de los propagandistas de “la familia cristiana”, que ignoran (o pretenden contradecir) lo que el mismo Cristo dice al efecto en Mateo 12, 46-50 y en Lucas 2, 41-50 y 9, 59-62.

Bien, aunque sea de manera aproximada, como lo es todo en esta vida, se puede decir que Baroja y Kafka ilustran el significado que se desprende de la función disyuntiva del “o” situado a la mitad del título de este artículo.voltaire

La otra función, la explicativa de una equivalencia, vendría a aludir a todos aquellos escritores para los que el ejercicio de escribir no es algo aparte o separado de la vida, sino la expresión natural de las propias capacidades vitales. Y pienso en Goethe, naturalmente. Y en tantos otros, en general de raigambre clásica, que no sienten contradicción alguna entre la labor creadora y el normal desarrollo de la vida en sociedad. Desde Cicerón hasta Thomas Mann, pasando por Voltaire. Escritores en los que la letra, la escritura, forma parte de la vida (cuando menos, de su vida) de una manera natural y no conflictiva.

Pero la función explicativa del “o” podría también apuntar a algo muy distinto de lo que acabo de exponer. No se trataría ya de denotar una relación antagónica o armónica entre escribir y vivir, entre poesía y realidad, sino que contendría una proposición más bien metafísica, o fantasiosa (que viene a ser lo mismo), consistente en que la existencia humana no sería más que una ficción que tendría lugar a lo largo de la literatura universal. No es mala idea.

Ninguna idea es mala, si es fecunda. Y ésta lo es, al menos desde el punto de vista del escritor. La literatura, como realidad; la vida, como ficción literaria. Quién sabe. Al fin y al cabo, cuando dentro de miles de años se estudie nuestra civilización, al investigador de turno le costará Dios y ayuda establecer quién tuvo una vida real y quién ficticia, si Cervantes o Don Quijote, si Shakespeare o Hamlet. Del mismo modo que en nuestros días no sabemos si otorgar más realidad a Aquiles o a Homero. Aceptemos que la ficción es un producto de la vida, pero también que la vida es obra de la ficción, de la mente. “El mundo es mi representación”, dice el filósofo. Pero no me he asomado a esta ventana para filosofar, sino para contemplar la vida, la vivida y la imaginada. La vida del escritor.quijote

Escritores, los hay de muchas clases. De tantas como de seres humanos en general. Unos escriben por la mañana temprano (Goethe); otros, por la noche tarde (Kafka). Unos se implican en la vida de su sociedad (Zola); otros cultivan un mundo aparte (Huysmans). Unos están instalados en la razón (Voltaire); otros, en el sentimiento (Rousseau). Unos creen en el más allá (Chesterton); otros, apenas en el más acá (Sartre). Unos se mueven entre la alta cultura (Mann); otros, entre oscuros pueblerinos (Faulkner). Unos son todo espíritu (Tagore); otros, todo sexo (H. Miller). Unos son conservadores (T.S. Eliot); otros, revolucionarios (Alberti). Unas son aristócratas (Pardo Bazán); otras, obreras (Alfonsina Storni). Unos son piadosos (Verdaguer); otros, impíos (Sade). Unas son vitales (De Staël); otras, enfermizas (Woolf)…eliot
Cuánta variedad, cuánta riqueza. Y algunos dicen que leer es aburrido… Bueno, si solo leen a ciertos escritores de aquí y ahora, no seré yo quien les contradiga.

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Por qué se escribe. Destino o libre albedrío (A.E.P. s.e. 4)

EGO.- Puedes estás seguro, Alter, que si un día te dedicas en serio a la literatura y alcanzas cierto nombre, algún entrevistador,  posiblemente más de uno, dejará caer la inevitable pregunta. “Usted ¿por qué escribe?” O quizá en forma finalista “usted ¿para qué escribe?”. Pero que caerá, seguro.

entrevista escritorALTER.- ¿Quieres decir que ya tengo que empezar a preparar la respuesta?

EGO. – No estaría de más. ¿A ver? Probemos. Tú ¿por qué escribes?

ALTER.- Un momento, un momento. No pretendas liarme. Aquí el escritor eres tú. Y seguro que ya tienes preparada la respuesta. Vamos, suéltala. Tú ¿por qué escribes? O si prefieres ¿para qué escribes?

EGO. – Te recuerdo que yo no soy el sujeto de todas las cuestiones que se plantean aquí. Esto no es una entrevista o reportaje sobre mi persona. Además, se trata de una pregunta que admite cualquier tipo de destinatario, siempre que sea escritor, naturalmente.

ALTER.- Pero las respuestas serán distintas, según el preguntado.

EGO.- ¿Y qué? El problema no está en las respuestas sino en la pregunta. Y es que preguntar a un escritor, de los de verdad, por qué escribe es como preguntar a un niño por qué juega.

ALTER.- ¿Quieres decir que se trata de algo natural, irracional, irreprimible? Pues yo recuerdo haber oído algunas respuestas con razonamientos bien argumentados y muy creíbles.

EGO.- Yo también. Pero tengo la impresión de que esas respuestas son en realidad justificaciones a posteriori de algo que, en sí mismo, ni tiene justificación ni tiene por qué tenerla.

ALTER.- Por ejemplo…

EGO. – Entre las más sensatas oídas o leídas en Niños jugandoentrevistas: para crear mundos distintos, porque el real no es suficiente; para ser otro; para luchar contra la muerte; para satisfacer la propia vanidad… y así hasta las más pedestres e inverosímiles, como para hacerse famoso o para hacerse rico.

ALTER.- ¿Y qué tienen de malo esas respuestas? ¿No responden a lo que piensa el escritor en cuestión?

EGO.- Por supuesto, a lo que piensa como justificación o explicación de su actividad. Es lo que te decía antes. Y es que todas esas respuestas no nos informan sobre las razones o causas reales de que una persona se ponga a escribir manejando mundos más o menos reales o imaginarios.

ALTER.-¿Y sabes tú cuáles son esas razones o causas reales?

EGO.- Bueno, aquí hay que distinguir entre la causa eficiente y la final, aristotélicamente hablando. La causa final de la actividad literaria la puede elegir cada cual a su gusto, por ejemplo, kafka padreentre las que antes he mencionado. Pero la causa eficiente, el porqué, nadie la conoce, ni el propio escritor interpelado, por mucho que pontifique sobre sí mismo, y ni siquiera el crítico o psicólogo que lo estudia; acabo de leer la opinión de un psicólogo sobre las razones de Kafka: escribía para contrariar a su padre. ¿Qué te parece? ¡Asunto zanjado!… ¿Sabes qué te digo? Que en realidad ningún escritor sabe por qué ni para qué escribe, y es que los impulsos básicos que dirigen la trayectoria vital de las personas permanecen siempre fuera del foco de la conciencia.

ALTER.- Me gusta esa frase. Traducida al lenguaje normal, quiere decir que uno no sabe por qué se dedica a escribir, que es su destino y punto, ¿no?

EGO.- Bueno, es otra manera de decirlo.

ALTER.- Ego, ¿tú crees en el destino?

EGO.- No me gusta nada esa manera de preguntar.

ALTER.- Perdona, maestro, he hecho una pregunta como otra cualquiera, educadamente…

EGO.- Disculpa, no va contigo la cosa, sino en general. Me molesta esa manera de preguntar, porque es generadora de confusión. ¿Crees en el destino? ¿Crees en el amor? ¿Crees en la inspiración? ¿Crees en la política? ¿Acaso estamos obligados a contestar con un sí o un no? El destino, el amor, la inspiración, la política, la libertad, la amistad, la educación, la ciencia, el arte, la experiencia, ¿son artículos de fe, son códigos cerrados que hay que aceptar o rechazar de una vez por todas? No he visto mayor absurdo. Y sin embargo, son muchos los que, de buenas a primeras, se apuntan a un sí o a un no sin distingos ni matices.

ALTER.- De acuerdo. De todos modos, me gustaría oír tu opinión sobre el tema que te he propuesto tan groseramente. O sea, si tienes algo que decir sobre eso que se comenta por ahí de que hay una fuerza llamada destino, que guía inexorablemente nuestra vida o sobre eso otro de que no existe tal fuerza y que todo depende de la libre decisión de cada cual.

EGO.- Como circunloquio te ha salido bastante forzado y poco elegante, pero, bueno, aprecio el esfuerzo. Para los antiguos griegos y romanos el destino era una evidencia. No se puede afirmar que “creían” en él: lo tenían ahí. Como no se puede decir que uno cree senecaen el sol. Séneca resume perfectamente esta actitud al hacer suya una sentencia de uno de los antiguos sabios griegos: ducunt volentem fata, nolentem trahunt, el destino conduce al que quiere y arrastra al que no quiere. En la Edad Media, con el cristianismo, el destino desapareció del horizonte y sus funciones pasaron a ser ejercidas, en parte, por el Dios único. Y digo en parte, porque los teólogos elaboraron un extraño y difícil equilibrio entre la Providencia Divina y el libre albedrío. Más adelante, con la modernidad, se fue insistiendo en la soberana e indeterminada libertad del individuo, tendencia que culminó en el delirio existencialista. Pero, al mismo tiempo, los descubrimientos de la ciencia, al ponerlo todo bajo el mecanismo de la causalidad, abrían la sospecha de si el ser humano no sería un elemento más de la naturaleza sujeto a causas (que él llama motivos) y efectos y, por lo tanto, que todo estaría ya escrito en el código genético con que cada cual se presenta al mundo, de manera que, dadas unas circunstancias concretas y el carácter congénito del individuo, éste no podría tomar otra decisión que la que toma.

ALTER.- Entonces, del libre albedrío, nada de nada.

einstein dadosEGO.- Bueno, siempre hay esperanza para el que la desea. Y así muchos pensadores han encontrado en la física cuántica un nuevo apoyo para reforzar la postura antideterminista, pues el baile incontrolado, imprevisible, de las partículas elementales, el principio de incertidumbre o indeterminación y todo eso corrobora, según ellos, la libertad radical con que se mueve el universo y la conciencia humana.

ALTER.- A ver, a ver si he entendido algo… Libertad radical con que se mueve… pero eso supondría la imposibilidad de establecer leyes y por lo tanto del conocimiento científico.

EGO. – En efecto. Einstein, con su enorme sentido común lo vio muy claro: Dios no juega a los dados.

ALTER.- Ego, no te molestes, pero la conclusión que yo saco de todo esto es que, para ti, bajo una u otra forma, el destino existe.

EGO.- ¿Existe? ¿Qué significa “existe” cuando hablamos de ideas o conceptos? En este campo existe todo lo que se percibe como existente.

ALTER.- Como también el libre albedrío, entonces. Para sus defensores.

EGO.- Por supuesto. El problema que tengo con el concepto de libre albedrío es que no sé qué entienden exactamente por tal sus defensores. ¿El poder de tomar decisiones con desconexión total de lo que constituye el animal humano, desde la carga genética hasta el ambiente en que nace y vive? Eso es algo imposible, a no ser que nos refiramos a alguna especie de ser angélico. Y es curioso que, incluso los más acérrimos defensores del libre albedrío prescinden de su doctrina cuando se trata de enjuiciar a los demás. Por ejemplo, saben muy bien que, en una situación determinada, el individuo tal, dado su carácter, historia y todo lo que conocemos de él, actuará de una forma concreta y no de otra. Solo él, el que enjuicia, se cree capaz de decidir con libertad absoluta…

ALTER.- Como un ser angélico.angel-volando-en-anunciacion

EGO.- Sí, como un angelito.

(De Alter, Ego y el plan)

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De aquí y ahora. El tema de la literatura (A.E.P.13)

EGO.- Mira, quizá será cosa de la edad, pero yo tengo la impresión de que todo lo bueno que puede dar la literatura… lo ha dado ya. De hecho, hace tiempo que no leo nada actual, y últimamente me dedico a releer libros que leí hace muchos años.

ALTER.- ¿No te interesa nada de lo actual, de lo contemporáneo?

EGO.- Apenas nada.

gombrowiczALTER.- Perdona que te lo diga, pero ese desinterés, ese desprecio por los escritores de hoy no habla muy bien de ti.

EGO.- ¿Por qué?

ALTER.- Para empezar, esa actitud es reveladora… de una falta de fe en el progreso.

EGO.- En el arte no hay progreso. Lo vimos en la primera lección.

ALTER.- De miedo a equivocarte al juzgar nuevos valores.

EGO.- Miedo a perder el tiempo, más bien.

ALTER.- De insolidaridad con los colegas de tu generación.

EGO.- A ningún creador verdadero le interesa la obra de sus contemporáneos más próximos. Lo descubrió Gombrowicz.

ALTER.- Supongo que fue otro gran insolidario.

EGO.- Supones bien. Y has de tener en cuenta que la palabra “solidaridad” no pertenece alaep2 kafka léxico del arte…. Aunque a otro nivel, mucho más profundo, nadie hay más solidario que el verdadero artista. Todas las noches, en su humilde habitación de escritor, Kafka realizaba una labor infinitamente más solidaria que la del más diligente agitador de masas.

ALTER.- ¿Pero de verdad no te interesa nada de lo que se escribe aquí y ahora?

EGO.- Esa es la palabra: no me interesa. Lo cual no supone ningún juicio de valor sobre las obras, sino, en todo caso, algún defecto de mi aparato receptor. Puede haber cosas magníficas…en ese caso, ya me llegarán. No he de ir yo a buscarlas. Siempre ha sido así: todo lo bueno que me ha dado la literatura me “ha llegado”, de una u otra manera. Quiero decir que, del mismo modo que en ningún momento me dije “voy a ponerme a leer literatura germánica”, literatura que, no sé por qué, ha resultado ser la que más he leído y la que más satisfacciones me ha proporcionado, tampoco pienso decirme “voy a leer literatura de aquí y ahora”. Si algo me ha de llegar, ya me llegará.

ALTER.- No me creo que, a tu edad, no te haya “llegado” nada de nuestros contemporáneos. Porque, si eso fuese cierto, significaría, una de dos, o que hay un fuerte prejuicio por tu parte o que la literatura española actual no vale una mierda.

EGO.- No hay que irse a los extremos, ni en los planteamientos ni en el lenguaje. Yo no he dicho que no me haya llegado nada en absoluto de nuestros contemporáneos…

ALTER.- Un nombre, por favor…

EGO.- Imposible. Va contra las normas.

ALTER.- ¿Se puede saber en qué consiste exactamente esa norma?

EGO.- No nombrarás autores españoles vivos.

ALTER.- ¿Latinoamericanos tampoco?

sabato por extrañoEGO.- Bueno…se podría hacer alguna excepción. De hecho ya he nombrado a Sábato más de una vez. Y hubiese sentido mucho no poder hacerlo. Para mí, Sábato es todo un clásico.

(Téngase en cuenta que este fragmento se escribió en 2004)

ALTER.- Me vienen ahora a la cabeza los nombres de dos autores españoles fallecidos hace poco, los dos nacidos en Barcelona. ¿Tienes algo que decir de ellos?

EGO.- Nada. Aquí hablamos de literatura en mayúsculas.

ALTER.- Pues dame un nombre de entre los fallecidos en los últimos cincuenta años. Mira que te lo pongo fácil…

EGO.- Sí, la pregunta es fácil…lo difícil es la respuesta. Y es que la inmensa mayoría de las obras de esos autores no me ha “llegado”. Y seguro que algo bueno me he perdido…problemas de mi aparato receptor, ya te lo decía…El único que puedo mencionar con pleno conocimiento de causa es Ramón J. Sender. Su Crónica del alba, especialmente la primera parte, es una obra absolutamente deliciosa, ah, y Teresa Chacel, por las Memorias de Leticia Valle…y La familia de Pascual Duarte, de Cela.de aqui sender

ALTER.- Y…

EGO.- Y para de contar.

ALTER.- Es un balance bastante pobre, ¿no?

EGO.- Es lo que hay. Pero quiero que quede bien claro lo que antes ya he apuntado: que mis opiniones son sólo mis opiniones, y que, si no hay manera de que me llegue nada de la literatura actual, el problema debe de estar en mí.

ALTER.- En tu aparato receptor.

EGO.- Sí, en mi aparato receptor…Y que sólo me pronuncio sobre las cosas que conozco y que, por lo tanto, es imposible que me pronuncie sobre la literatura actual. ¿Está claro? Reconozco mi ignorancia y asumo la responsabilidad. Y nadie tiene que darse por ofendido. Después de todo, yo no soy nadie.

ALTER.- Eso es una gran verdad.

EGO.- Y tú, menos que nadie.

ALTER.- Touché…Pero entonces, ¿qué somos?

EGO.- Meros pretextos para que tomen forma estos diálogos, supongo.

ALTER.- Yo también lo supongo. Pero es muy triste oir que uno es un mero pretexto para…

EGO.- Quién sabe si toda la humanidad no lo es.

ALTER.- Los seres humanos meros pretextos, simples medios, quieres decir…¿para qué?

EGO.- Ahí puedes poner lo que quieras: la sociedad comunista, el progreso infinito, la utopía perfecta, el superhombre…porque, desde el momento en que el individuo concreto que nace, karl marxvive y muere no puede gozar personalmente de alguna de esas dichosas culminaciones, queda reducido a la condición de simple escalón para el ascenso de las generaciones futuras. Y eso, considerando sólo las filosofías optimistas, porque, si nos atenemos a las otras, el individuo ya ni siquiera es escalón, sino un rápido destello que se agota en sí mismo, cuando no una pieza absurda, condenada con el todo a la eterna e inmisericorde repetición de los ciclos. Para mí, la única visión realmente optimista, y además concreta, es la que ofrece el cristianismo: la salvación al mismo tiempo personal y colectiva.

ALTER.- ¿Cristiano, pues?

EGO.- He dicho que es la mejor oferta, no que responda a una realidad.

ALTER.- Y alguna de las otras, ¿sí responde?

EGO.- Lo ignoro. Como lo ignora el más sabio de los filósofos…por muchos libros que escriba.

ALTER.- ¡Qué panorama tan sombrío! ¿Cómo hemos venido a para aquí?

EGO.- La literatura actual nos ha traído, y mi crasa ignorancia sobre el tema. Pero podemos corregir el derrotero.

ALTER.- Estupendo. El otro día leí esta frase: “El tema de la literatura es el sufrimiento humano”. ¿Qué opinas?

EGO.- Que es cierto. El tema de la literatura es el sufrimiento humano. Y el gozo y el dolor y el placer y el amor y el odio y la esperanza y la desesperación. Todo lo que afecta al ser humano constituye el tema de la literatura. Así que el que escribió esa frase dijo una gran verdad, pero se olvidó de otras verdades no menos grandes. Es lo malo de las sentencias rotundas: que dejan muchas cosas fuera. Y sin embargo…en cierto sentido…

ALTER.- En cierto sentido ¿qué?

EGO.- Estaba pensando que, según se mire, sí que hay una relación muy especial entre literatura y sufrimiento humano.

ALTER.- ¿Más que entre literatura y felicidad, por ejemplo?

EGO.- Sí, más, mucho más. Si lo piensas bien, todo relato literario, incluidos el cuento deimages (33) hadas y la novela rosa, trata de las dificultades, los sinsabores, los sufrimientos de unas personas que, explícitamente o no, buscan la felicidad. Cuando el sufrimiento se acaba, el relato termina. A partir del momento en que se escribe “y se casaron y fueron felices” ya no hay literatura posible.

ALTER.- Podría funcionarles mal el matrimonio…

EGO.- Sí, pero entonces ya no serían felices, con lo que volvería a haber materia literaria.

ALTER.- Es curioso…¿Y a qué crees que se debe eso?

EGO.- La respuesta, como en tantas otras cuestiones, nos la da el Filósofo. Para él, sólo el dolor es real, positivo, mientras que la dicha no tiene entidad propia, es un concepto negativo, que se define por la ausencia de dolor. En coincidencia plena con esta idea Larra escribe “Lo malo es lo cierto. Sólo los bienes son ilusión”.

ALTER.- ¡Larra, influido por Schopenhauer!

de aqui el doncelEGO.- Imposible. Aunque son contemporáneos, en los años en que Larra escribe, el Filósofo (por cierto, te has saltado el pacto) es un perfecto desconocido, incluso en su país. En cambio, éste sí que lee a Larra, y hasta cita una frase suya, sacada de El doncel de don Enrique el Doliente.

ALTER.- Una frase muy profunda, supongo.

EGO.- Juzga tú mismo: “El que no ha tenido un perro no sabe lo que es querer y ser querido”

ALTER.- No sé si profunda o no, pero, desde luego, de lo más pesimista que he oído en mi vida.

EGO.- Esa es una visión antropocéntrica. Piensa que, para el perro, la frase es muy gratificante.

ALTER.- Por supuesto…Pero estábamos en que… ¿de verdad crees que no hay ninguna obra literaria que trate directamente de la felicidad?

EGO.- Ninguna, ni siquiera la novela rosa, como antes hemos visto. Bueno, todas tratan de la felicidad, pero en cuanto aspiración o meta, no en cuanto materia de descripción. Porque, como razonaba el de Danzig e intuía el de Madrid, sólo el sufrimiento tiene existencia real, susceptible de convertirse en materia literaria, mientras que la dicha, que no es más que ausencia de sufrimiento, carece de contenido narrable.

ALTER.- No sé…Yo creo que, si nos pusiésemos a pensar, daríamos con alguna obra que trata directamente de la felicidad.

EGO.- Pues pongámonos a pensar.

ALTER.-…

EGO.- ¿Qué?

ALTER.- Estoy pensando. Y tú, ¿no piensas?

EGO.- Sí, estoy pensando.

ALTER.-…

EGO.- ¿Qué?

ALTER.- Bueno, ya sabes que mi cultura literaria no es muy amplia. Pero estoy seguro que tú, si obras de buena fe, puedas dar con lo que buscamos.

EGO.- Pues yo creo que no, que no hay manera. No hay literatura que tenga por tema la descripción de la felicidad…y sin embargo…sí hay algo…

de aqui san juanALTER.- En qué quedamos. ¿Sí o no?

EGO.- Sí hay algo, pero no en la narrativa, sino en la poesía y en la literatura mística. Son pequeños fragmentos que aluden a instantes únicos. Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, San Juan de la Cruz, son los nombres que se me ocurren ahora.

ALTER.- Luego la felicidad sí puede ser objeto de la literatura.

EGO.- Sí, pero no de la narrativa, no de la novela. La novela consiste en el desarrollo de una historia, y la felicidad no tiene desarrollo, no tiene historia, por eso sólo puede ser captada por la mirada instantánea de la poesía…o de la mística, que a estos efectos son lo mismo.

ALTER.- Y además, se me ocurre ahora que una historia feliz de principio a fin carece de todo interés, excepto si es la tuya propia.

EGO.- Sí, ocurre como en las relaciones humanas: es más fácil compartir las penas de los amigos que sus alegrías.

ALTER.- ¿Oscar Wilde?

EGO.- Seguro. De todos modos, aún prescindiendo del componente cínico de la frase, esoscar fumando cierto que en la ostentación de la propia felicidad hay siempre algo de impudicia…y de trampa. El que se empeña en vendernos su felicidad nos produce la misma impresión que el que pretende vendernos su crecepelo milagroso. Goethe capta perfectamente ese sentimiento cuando dice “una persona que se estima feliz y exige a los demás que también lo sean, siempre nos sume en cierto malestar”.

ALTER.- Viniendo de quien viene, la observación es doblemente valiosa, ¿no?

EGO.- Sí, porque el poeta no habla desde el otro extremo, ni mucho menos, ya que, con mayor contundencia, abomina de los que pretenden convencernos de que este mundo no es más que un valle de lágrimas.

ALTER.- Resumiendo, que la felicidad no es materia de la literatura.

EGO.- Resumen mal formulado. Porque la felicidad tiene mucho, muchísimo que ver con la literatura, como tiene que ver con cualquier otra actividad humana, nadie actúa para ser más desgraciado, al menos conscientemente. Nuestra conclusión deberías formularla así: La descripción de la felicidad no es materia propia de la narrativa literaria.

ALTER.- Dala por formulada, maestro.

(De  Alter, Ego y el plan)

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Página en blanco. Idea y plan. Schopenhauer. (A.E.P.3)

página en AEP3.htm heminALTER.- ¿Y qué opinas del terror ante la página en blanco?

EGO.- ¿Qué es eso?

ALTER.- Vaya, ya has opinado. De todos modos, me gustaría oírte decir algo más explícito.

EGO.- Opino que es una mala señal, un mal presagio, un anuncio cierto de la esterilidad del presunto escritor.

ALTER.- ¿No eres demasiado duro? Dicen que es un fenómeno muy corriente.

EGO.- Por supuesto, yo también lo sufrocuando no sé qué escribir. Porque el problema es ése. Cuando uno tiene algo verdadero que decir, lo dice, y, si es artista, no le faltarán medios, y la hoja en blanco nunca será instrumento de terror sino el soporte necesario para el feliz desarrollo de la idea. Pero cuando uno no tiene nada verdadero que decir, la hoja en blanco es, en efecto, el espejo de la propia esterilidade intentar llenarla como sea es sin duda un crimen contra el arte.

ALTER.- ¿Qué entiendes por algo “verdadero”?

EGO.- Algo no buscado, sino hallado. El que busca suele equivocarse sobre el valor de lo que va encontrando; el que halla no se equivoca nunca. Hemingway decía que, para escribir, hay que empezar siempre por una frase verdadera.

ALTER.- O sea, que al principio ha de estar la idea y luego, la acción de escribir.

EGO.- Sí, aunque habría que matizar eso. Refiriéndose a los filósofos, Schopenhauer decíapágina en AEP3 schop que hay dos clases de escritores: los que escriben porque han pensado y los que piensan para escribir. Por mi parte creo que hay dos clases de literatos: los que se vacían en la página en blanco y los que van vacíos a la página en blanco. Basta con leer una pocas páginas para saber a qué clase pertenece un autor.

ALTER.- Así que, según tú, cuando uno se pone a escribir ha de tener previamente una idea, quizá un plan.

EGO.- No, el plan no es necesario, y tampoco basta con una idea cualquiera. Lo que ha de tener es la idea, es decir, el principio seminal que ha de engendrar la obra. Luego, durante el desarrollo, se irá perfilando la estructura de la obra, la forma, que no podrá ser otra que la que corresponda a la idea. Forma y contenido son aspectos, indisociables entre sí, del desarrollo de la idea.

ALTER.- Dices que el plan previo no es necesario, pero sabes muy bien que hay muchos escritores que, antes de empezar, se trazan el plan detallado de la obra.

EGO.- Pues si así se sienten más cómodos, perfecto. Pero si son escritores de verdad, ese plan preconcebido no será diferente del que habría surgido del mismo proceso de desarrollo de la idea. Lo que quiero decir es que lo importante es la idea, hasta tal punto que, por página en AEP3 el procesodeterminadas circunstancias, el plan puede incluso no existir o no realizarse. En las novelas de Kafka hay una idea, fuerte, poderosa, pero es evidente que no hay ningún plan, y el hecho de que quedasen truncadas, excepto, tal vez, El proceso, nos impide conocer si el resultado final hubiese traslucido la existencia de algún plan.

ALTER.- Se me ocurre que eso que dices de Kafka podría entenderse también como metáfora del problema del ser.

EGO.- Explícate, te estás poniendo muy profundo.

ALTER.- Que quizá también en la naturaleza, en el universo, hay una idea, pero no un plan.

EGO.- No está mal eso. Y si a esa idea le damos un nombre más concreto, la llamamos, por ejemplo, “voluntad”, habremos caído de pleno en la filosofía de Schopenhauer.

ALTER.- Dichoso Schopenhauer, ¡cuántas veces lo has citado ya!

EGO.- No lo sé, pero lo seguiré citando cuantas veces haga falta o se me antoje, aunque sólo sea como pequeña reparación por los desprecios y olvidos que sufrió y sigue sufriendo.

ALTER.- Como muchos, ¿no?

EGO.- Sí, pero su caso es bastante especial.

ALTER.- ¿Por qué?

EGO.- Porque ejemplifica a la perfección cómo puede ser maltratado un creador, un genio, cuando comete el pecado de ser radicalmente libre, cuando no se adscribe ni de lejos a ningún grupo o capilla, ni está dispuesto a participar en los festejos oficiales de la cultura.

ALTER.- La cosa promete. Cuenta, cuenta

EGO.- Schopenhauer escribió su obra fundamental, El mundo como voluntad y representación, entre los 30 y los 34 años de edad. Se publicó casi inmediatamente, a finales de 1818. Sólo se vendieron ciento cincuenta ejemplares y no tuvo ningún eco en el mundo depágina en AEP3 parerga la filosofía. Esta situación se prolongó a lo largo de más de treinta años, hasta que, gracias al “descubrimiento” que de él hizo un filósofo inglés, al éxito que tuvieron sus Parerga y Paralipómena, conjunto de obritas de tono divulgativo, y, sobre todo, a la labor de un pequeño grupo de admiradores, su obra empezó a ser conocida y apreciada (no precisamente entre los filósofos), hasta el extremo que, a su muerte, ocurrida en 1860, se había convertido en el filósofo alemán más popular del momento.

ALTER.- Pues la historia no acaba nada mal.

EGO.- No, porque aún no he entrado en los detalles del antes y el después de ese breve momento de gloria. Durante el largo tiempo en que su obra fundamental fue ignorada, Schopenhauer llegó a aceptar resignadamente que, en efecto, sus ideas no habían llegado a ninguna parte sin embargo, lo cuenta él mismo en La voluntad en la naturaleza, en cierta ocasión, leyendo una obra de un científico danés, quedó totalmente asombrado, y se dijo “gran verdad debe ser mi doctrina cuando un científico, que sin duda la desconoce en absoluto, llega, mediante la observación de la naturaleza, a las mismas conclusiones que yo he llegado con mi filosofía”. Cuál no sería su sorpresa cuando, poco después, tras la muerte del científico, transcendió que entre sus principales libros de consulta estabaEl mundo como voluntad y representación. Algo parecido le ocurrió con el científico vienés Rosas. Es decir, que al tiempo que se le ignoraba, silenciándose su nombre, se le saqueaba impunemente. Y esta situación no ha variado mucho hasta nuestros días.

ALTER.- ¿En nuestros días? ¡Pero si es un clásico de la filosofía!

página AEP3 GaarderEGO.- Te equivocas, es un clásico de la literatura aforística, y nada más. Para empezar, los filósofos nunca le han reconocido. Ni entonces, ni después, ni ahora. El desprecio que siempre manifestó hacia los filósofos “profesionales”, hacia los profesores y catedráticos que cobran del estado, ha sido ampliamente correspondido. Un ejemplo reciente: en la obra del “profesor” Gaarder, El mundo de Sofía, donde se supone que se da un repaso, en plan divulgativo, a las principales filosofías, el nombre de Schopenhauer simplemente no aparece. Para mí, es como si no se mencionase a Cervantes o a Shakespeare en una historia de la literatura.

ALTER.- Quizá el problema es tuyo, quiero decir, que quizá eres tú el que lo ha colocado demasiado alto.

EGO.- Quizá. Pero en esto no estoy sólo, ni mucho menos.

ALTER.- Pero yo me pregunto, si los filósofos nunca le han reconocido, ¿de dónde le viene su fama de filósofo?

EGO.- A eso iba. Del lector común, inteligente y sin prejuicios, que busca la verdad sin tener en cuenta modas ni sanciones oficiales, y sobre todo de los artistas.

ALTER.- ¿De los artistas?

EGO.- Sí, de los artistas, sobre todo músicos y escritores. Porque su obra, constituye entre otras cosas una apasionada historia de amor entre el pensamiento y el arte. Creo que es el único filósofo que ha dado con las claves de la naturaleza, el significado y la función del arte.

ALTER.- Y al menos los artistas le habrán reconocido

EGO.- Sí, y con generosidad en muchos casos. Ya en su tiempo, la lectura de su obra fue para Wagner un verdadero golpe de gracia, produciendo en él una especie de conversión espiritual. En su correspondencia se le manifestó siempre como seguidor devoto y llegó apágina AEP3 wagner dedicarle dos de sus óperas. Lamentablemente no fue correspondido: el filósofo de sus amores prefería Mozart y Rossini. Entre los escritores han sido bastantes los que han reconocido explícitamente la benéfica influencia de nuestro filósofo. Thomas Mann en muchas ocasiones; Borges, con su estilo oblicuo (“Schopenhauer, que acaso descifró el universo”), en no pocas; Gombrowicz, el escritor polaco-argentino-francés, llega a decir que no entiende cómo uno, después de haber leído a Schopenhauer, puede no estar de acuerdo con él, y seguro que, si me pusiese a buscar, obtendría un larguísimo etcétera, además de los que, sin mencionarloNo te sabría decir si Kafka lo menciona en algún momento, pero es evidente que nuestro filósofo alienta en toda la obra del praguense.

ALTER.- Lo de Wagner me ha llegado al alma. Es terrible no ser comprendido, correspondido, por la persona que amas, por el genio que admiras.

EGO.- Lo es, sin duda. Y lo curioso del caso es que el mismo Schopenhauer había padecido esta situación.

ALTER.- ¿Con quién?

EGO.- Con Goethe. (continuará)

(De Alter, Ego y el plan)

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Democracia. Progreso. Transgresión (A.E.P.2)

aep2 davidALTER.- Pero, ¿de verdad hay individuos excepcionales? ¿No estamos hechos todos de la misma materia?

EGO.- Sí, la materia es la misma, pero los resultados pueden ser muy diferentes, tan diferentes como lo son entre sí un enano de jardín y el David de Miguel Angel.

ALTER.- Antes has hablado de jerarquías, ahora de individuos excepcionales. No sé creo advertir en tus posturas cierto tufillo antidemocrático.

EGO.- ¿No pensarás acusarme de semejante herejía? La democracia es el dogma de nuestra época, y no me entiendas mal. Lo que quiero decir es que ninguna persona civilizada puede manifestarse en contra, del mismo modo que en la Edad Media nadie podía manifestarse contra el dogma de la religión revelada. No, sinceramente, no estoy en contra de la democracia política.

ALTER.- En el adjetivo “política” creo advertir un pero.

EGO.- Por supuesto. Y es que hay una enorme confusión en todo esto, que convendría aclarar. Para empezar, hay que dejar claro que la igualdad no significa que todos seamosaep2 david.jpg urna iguales, cosa que contradice la evidencia, sino que todos hemos de tener iguales oportunidades. Y la democracia no significa que todas las opiniones valgan lo mismo, cosa que también contradice la evidencia, sino que en los asuntos públicos, en la administración de las cosas comunes, ha de prevalecer el criterio de la mayoría, siempre controlada por las minorías. Ir más allá supondría, de hecho supone, un empobrecimiento espantoso del espíritu humano.

ALTER.- Quieres decir que la democracia no cabe en el arte, por ejemplo.

EGO.- Ni en el arte, ni en la ciencia, ni en la filosofía, ni en la religión ni en ninguna actividad que requiera formación, sensibilidad y un esfuerzo constante por ensanchar los límites del ser humano. La masa tiende a lo fácil y primario, por eso se le puede dejar la “administración de las cosas”, porque es una tarea de simple sentido común, aunque a veces no lo parezca. Pero si se le permite que decida en cuestiones de arte, nos conduce directa y rápidamente a la basura.

ALTER.- Pues si no la mayoría, ¿quién entonces ha de decidir en cuestiones de arte?

aep2 juan ramónEGO.- La “inmensa minoría”, de que hablaba Juan Ramón Jiménez, y por supuesto, la posteridad.

ALTER.- De la posteridad ya hemos hablado, pero eso de la inmensa minoría, cómo hay que entenderlo.

EGO.- Yo lo entiendo como el conjunto de personas, de lectores en este caso, que tienen una sensibilidad y unos intereses afines a los del artista creador. Creo que el poeta pensaba en esto cuando acuñó la expresión. Claro que lo de “inmensa” se ha de entender en números absolutos, no relativos, porque ¿cuántas personas crees que hay interesadas en la poesía en todo el mundo? Algún millón, sin dudalo que representan menos del uno por mil de la población mundial. Pero son esas personas las que constituyen la auténtica aristocracia de la humanidad, los únicos jueces válidos en cuestiones artísticasLo que no impide que sus fallos sobre los contemporáneos sean con frecuencia erróneos, y tengan que ser corregidos por el tribunal supremo de la posteridad.

ALTER.- Pero tú hablas del fallo de la posteridad como de algo definitivo, inalterable, cuando lo cierto, o al menos me lo parece, es que, con el paso del tiempo, esos fallos se van modificando, a veces radicalmente.aep2 Shakespeare

EGO.- En efecto, y yo mismo te pondré un ejemplo. Para los dramaturgos franceses de los siglos XVII y XVIII Shakespeare era un bárbaro; uno o dos siglos después, para los dramaturgos románticos Shakespeare era un dios, mientras que los franceses mencionados eran considerados auténticos peñascos. Pero en estas variaciones, más que la calidad, interviene la moda, los gustos de la época. De todos modos, está claro que el fallo no puede darlo una sola generación, sino el conjunto de varias generaciones.

ALTER.- Si quieres que te diga la verdad, todo eso me parece bastante problemático y subjetivo.

EGO.- Y  lo es, naturalmente.

ALTER.- Así que, según tú, no existe un criterio objetivo para valorar el arte.

aep2 BoileauEGO.- Para detectarlo, para reconocerlo, sí. Está la prueba de la catarsis, de que antes hemos hablado. Pero la valoración propiamente dicha, es decir, la tarea de jerarquización será siempre subjetiva. La ciencia posee métodos objetivos para comprobar el acierto de sus investigaciones, y cada acierto constituye un progreso, que prepara el terreno para futuras investigaciones. Pero en el arte no hay progreso.

ALTER.- Dices que en el arte no hay progreso, pero un escritor ¿no aprende de sus antecesores? ¿No va mejorando con el tiempo sus modos de expresión? Yo entiendo que a eso se le puede llamar progreso.

EGO.- Lo que quiero decir es que, a diferencia del científico, el artista no necesita apoyarse en los logros de sus antecesores, otra cosa es que lo haga por razones de modas o tendencias. Cada obra de arte es autónoma y válida en sí misma. La astronomía moderna constituye un progreso frente a la astronomía de Tolomeo, pero El Castillo de Kafka no constituye unaep2 tolomeo progreso frente a la Divina Comedia de Dante: ambas son obras cumbre de la literatura mundial, sin que el tiempo ni los “descubrimientos” que median entre una y otra tengan ninguna relevancia en sus respectivos méritos artísticos. Y entiendo que cada obra de arte es autónoma y válida en sí misma porque no ha de responder ante ninguna verdad o realidad ajena a ella misma. Su único deber es ser fiel a la verdad que ella crea.

ALTER.- Pero hay un arte realista que pretende

EGO.- No, no hay ningún arte realista stricto sensu. Todo arte inventa su propia realidad. La literatura que pretende describir la realidad “tal cual es” está creando otra realidad distinta de la que afirma describir. Ni siquiera el reportaje documental o periodístico es mera reproducción de la realidad. Esto los lectores de periódicos lo sabemos muy bien.

ALTER.- Pero no me negarás que una novela sobre personas de nuestro tiempo con aep2 divina comediaproblemas de nuestro tiempo ha de mantenerse en los límites del realismo y la verosimilitud.

EGO.- Ha de mantenerse en los límites de su propia verdad, ha de mantener la coherencia interna. Por otra parte, has de tener en cuenta que realidad y verosimilitud no suelen corresponderse. Por ejemplo, no hay nada más inverosímil que una carta de amor auténtica.

ALTER.- Nos hemos desviado.

EGO.- Como siempre.

ALTER.- Estábamos en que en el arte no hay progreso.

EGO.- En efecto. Y por eso, la manida frase “eso está superado” no tiene ningún sentido en cuestiones de arte.

ALTER.- Pero siempre hay quienes alardean de ser artistas de nuestro tiempo, de crear obras innovadoras, transgresoras.

EGO.- Todo artista lo es de nuestro tiempo, pero en ese “nuestro tiempo” están contenidos todos los tiempos, y esto es algo que suelen olvidar los apóstoles de la modernidad a ultranza. En cuanto a la “innovación”, la única que reconozco es la que, con menores medios, consigue un mayor efecto catártico. Pero con frecuencia, cuando se habla de innovación se piensa sólo en aspectos formales, mientras que habría que recordar, por ejemplo, que la gran innovación que representa la obra de Kafka se realiza con una prosa muy tradicional.aep2 kafka

ALTER.- Y de los transgresores, qué dices.

EGO.- No debería decir nada.

ALTER.- ¿Por qué?

EGO.- Porque se me escapa la risa. Yo no he visto nada transgresor en los últimos tiempos, excepto la misma palabra repetida una y mil veces en las solapas de los libros, en los programas de mano y en los artículos de algunos críticos papanatas. ¿Qué es lo que supuestamente se pretende transgredir? ¿Los valores de nuestra sociedad? ¡Pero si nuestra sociedad no tiene valores! El único que queda es ese democratismo de que antes hemos hablado, y no sé de ninguna obra que lo ponga seriamente en solfa. No, para nuestros “transgresores” la transgresión tiene que ver únicamente con el sexo (sadismo, masoquismo, bestialismo, coprofilia), con la droga o con el mal gusto y los malos modos, pero en especial con el espectáculo y el lenguaje del sexo. Es el tipo de transgresión del niño de tres años que te espeta con descaro: caca, culo, pis. Yo no veo en todo eso nada verdaderamente transgresor.

ALTER.- Y, según tú, qué es lo que sería verdaderamente transgresor.

EGO.- No sé…quizá una obra… una obra de tales características que de ningún modo pudiese ser premiada o patrocinada por la Fundación del Banco Tal o por el Grupo de Empresas Cual. Ese es el tipo de transgresión que echo en faltaPero, en fin, todo esto no son más que cosas anecdóticas sugeridas por el uso actual de la palabreja, porque la verdad es queque

ALTER.- ¿Qué?

aep2 th. wilderEGO.- Que todo arte verdadero es transgresor, en el sentido de que derriba los muros que nos cercan, de que rompe la cáscara que nos encierra y nos permite asomarnos a una realidad más alta…o más honda, como quieras llamarla. Mira, en la obra de teatro Nuestra ciudad, Thornton Wilder, con un estilo a la vez sencillo y poético, propina una tremenda sacudida al público, enfrentándole directa y casi brutalmente a esta cuestión: ¿Qué estáis haciendo con vuestras vidas? ¿No veis que estáis desperdiciando el don supremo que se os ha concedido? Eso es transgresor, eso es arte.

ALTER.- Wilder, el autor de El puente de San Luis Rey.

EGO.- El mismo.

ALTER.- Es una novela muy curiosa. La he leído dos veces en no mucho tiempo.

EGO.- ¿Por algún motivo especial?

ALTER.- Quería comprobar si se cumple lo que el narrador dice que se propone con el relato: que hay una especie de hilos mágicos que conectan personas y sucesos aparentemente ajenos, que todo está íntimamente relacionado, que nada ocurre por casualidad.

EGO.- ¿Y se cumple?

ALTER.- Aún no lo he descifrado.

EGO.- Mejor así. El arte no ha de probar nada; ha de limitarse a mostrar, y a mostrar de tal manera que conmueva y despierte las conciencias. Si esa conmoción provoca de súbito en el lector una fe determinada, no es culpa de la obra de arte, sino de su mala digestión. Por mi parte creo que lo que hace Wilder en esa novela es apuntar la misma idea que por aquellosaep2 el puente de años pergeñaba el psicólogo Jung: que la casualidad no existe, ni las coincidencias fortuitas, que todo está perfectamente tramado. Pero la verdad es que, como todo buen artista, Wilder no pretende darnos respuestas. Al contrario, en cierta ocasión manifestó explícitamente que, en esa novela, él sólo pretendía plantear la cuestión de la manera más clara y correcta posible, con la esperanza de que otros la condujesen a buen puerto. El gran mérito de Wilder consiste en su habilidad para despertarnos a la realidad más obvia y profunda del ser humano con la limpia poesía de su prosa. ¿Recuerdas el final de El puente de San Luis Rey? Es una frase preciosa que, además, condensa el sentido de toda la obra del autor: There is a land of the living and a land of the dead and the bridge is love, the only survival, the only meaning.

ALTER.- Sí, “hay un país de los vivos y un país de los muertos y el puente es el amor, lo único que permanece, lo único que importa.”

(De  Alter, Ego y el plan)

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Kafka, el profeta inconsciente II

 

kafka americaLo que Kafka nos ha dejado cabría clasificarlo en tres grupos: diarios y escritos personales, entre los que se incluirían las cartas; relatos cortos – alguno no tan corto, como La metamorfosis- que constituyen la mayor parte de su producción y, en su mayoría, lo único que le fue publicado en vida, y novelas: América (El desaparecido), interrumpida tras los primeros capítulos, El proceso, la única que se podría considerar terminada, y El castillo, claramente inacabada.

Todo el universo, a la vez real y extrañamente onírico, que se condensa en sus cuentos se extiende y se desarrolla en las dos últimas novelas citadas. En El proceso – historia de un hombre al que se acusa de no se sabe qué por no se sabe quién y que será condenado por no se sabe quién o qué -, destaca la extraña intensidad de las situaciones en cada uno de los intentos del protagonista de desentrañar la trama, situaciones que oscilan entre lo onírico, lo surrealista, lo expresionista y hasta lo humorístico, reservándose para lo auténticamente trágico una crueldad glacial, como se evidencia en las páginas finales.kafka el proceso

En El castillo el protagonista, un agrimensor supuestamente contratado por la autoridad del lugar, recorre un laberinto sin fin para dar con esa “autoridad”, pero solo se encuentra con funcionarios que parecen remitir a otros funcionarios, trámites que parecen remitir a otros trámites, y extraños personajes con actitudes de figuras de pesadilla, como los dos “ayudantes”, increíblemente cómicos, absurdos o agobiantes, de los que no consigue desprenderse. Novela inacabada, no consigo imaginarme que pudiera tener un final, pues su esencia es la descripción de la búsqueda infinita de algo que la lógica más elemental dice que ha de existir, pero que quizá no exista.

Cierto crítico con criterio ha escrito que “es un error trasladar mecánicamente la atmósfera opresiva de algunas de sus obras a la vida privada del escritor”. En efecto, la existencia de Kafka poco o nada tuvo de “kafkiana”. Nacido en 1883 en Praga en el seno de una familia judía acomodada, tuvo una infancia feliz, tal vez solo nublada por las especiales relaciones con el padre (sendos caracteres eran polos kafka infanciaopuestos), quizá magnificadas por él mismo y por cierta crítica literaria. Como por eliminación de otras carreras, estudió derecho y hasta obtuvo el doctorado, lo que tiene su mérito si se piensa que la materia en cuestión no le entusiasmaba en absoluto. Después de trabajar una breve temporada en una empresa de seguros italiana, ingresó en el semioficial Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia. Como letrado del Instituto se mostró competente y efectivo, al mismo tiempo que sensibilizado por el problemático mundo laboral que asomaba por los expedientes. Tenía un horario cómodo, sólo por las mañanas. Era muy bien valorado por superiores y compañeros y alcanzó un puesto directivo, como subdirector de un departamento integrado por unas setenta personas. En 1922, a los 39 años tuvo que retirarse por enfermedad.

Por las tardes llevaba una vida social bastante activa: practicaba la natación, se relacionaba con escritores, artistas ekafka playa intelectuales, como Oskar Baum, Max Brod, Franz Werfel, y tuvo también contactos con Martin Buber, Rudolf Steiner, Robert Musil y otros, y en alguna ocasión se organizaron lecturas de alguno de sus relatos. Aunque su lengua materna y literaria era el alemán, hablaba también checo y se interesó por esta literatura nacional, así como por el teatro yiddisch.

Por la noche, a partir de las diez y hasta muy avanzada la madrugada, se encerraba en su habitación a la espera de que llegase el mundo para hacerse desenmascarar. Escribía.

No era religioso, aunque sí místico a su manera. Del judaísmo le interesaba el aspecto cultural e histórico. Sólo hacia el fin de su vida, empezó a sentirse atraído por el sionismo.

En la vida sentimental sí se puede decir que fracasó. Sólo al final, con Dora Dyamant, pareció que iba a alcanzar lo que hasta entonces quizá él mismo se había negado. Pero se acababa el tiempo. Murió en 1924, de tuberculosis, a los 41 años de edad.

(De Los libros de mi vida)

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Kafka, el profeta inconsciente I

kafka

Saber que esto no es un tratado de literatura ni un intento de demostración de sabiduría crítica me tranquiliza enormemente. Saber que se trata solo de una recopilación de las impresiones que me han causado ciertas lecturas a lo largo de la vida me facilita mucho la tarea. De otro modo, ahora mismo quedaría paralizado ante la idea de tener que abordar a un escritor como Kafka.

kafka sombreroY es que Kafka es un escritor único. No quiero decir que sea el más grande, ni el que mejor escribe, ni el que más luz ha aportado al caminar del ser humano sobre la tierra. Quiero decir lo que he dicho: que es único.

Hace tiempo se me ocurrió, para mi uso particular, dividir a los escritores, a los artistas en general, en dos grandes grupos: los artesanos y los profetas. Los artesanos son aquellos que, juntando los materiales adecuados en el orden más conveniente, construyen una obra de valor estético; los profetas son los que, quietos en su rincón, esperan que la verdad se les revele y pacientemente tratan de expresar con palabras los signos siempre cifrados de esa revelación. Como se ve, no otorgo a la palabra “profeta” el significado vulgar de vidente del futuro – en este caso lo sería Verne, cuando es solo un artesano – sino el más correcto de persona que se comunica con la divinidad.

No es necesario que salgas de casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.images (69)

Profeta es Shakespeare, que comparte con Dios la facultad de crear seres humanos auténticos; profeta es Hoffmann, testigo de cómo lo siniestro – y lo luminoso – aflora en sus páginas sin apenas esfuerzo o intención; profeta es Sabato que describe pasiones y obsesiones tan reales como los sueños. Son sólo tres ejemplos. De los artesanos no hace falta hablar: son mayoría.

¿Pero en qué sentido Kafka es un escritor-profeta único? Shakespeare sabe que está dando a luz toda una galería de caracteres tan vivos como los seres vivos; Hoffmann contempla asustado cómo se mueven, gesticulan ante él, los engendros de una fantasía incontenible; Sabato intuye que sus creaciones tienen el valor de sus sueños y que ambos responden a la manera de ser o estar del ser humano.

Kafka no sabe lo que tiene entre manos.

Todas las noches se encierra en su habitación. Y escribe.

kafka escribeExtraño, misterioso, tal vez peligroso, tal vez redentor consuelo de la actividad literaria: esta acción de salirse de las filas de los asesinos, la observación de los hechos. Observación de los hechos al crear una forma superior de observación…

Curiosa imagen: para dedicarse a la observación de los hechos y, sobre todo, para crear esa forma superior de observación hay que salirse de las filas de los asesinos. Imagino que los “asesinos” deben de ser la gente normal que se dedica a vivir (¿y a matar?), ajena a las obsesiones de los que escriben.

Y me pregunto – porque estoy discurriendo en primer término para mí – ¿en qué consiste esa forma superior de observación que Kafka crea y nos ofrece? ¿Cómo se consigue? ¿Qué clase de resultados da?

Uno de los momentos en que Kafka se sintió en la plenitud de su tarea o misión fue al escribir uno de sus primeros relatos: La condena. Fue una noche de setiembre de 1912. Tenía 29 años. Lo explica en su Diario (las negritas las he puesto yo):

Esta narración, La condena, la he escrito de un tirón, durante la noche del 22 al 23, entre laskafka la condena diez de la noche y las seis de la mañana. Apenas si podía sacar las piernas de debajo de la mesa, entumecidas por haber permanecido sentado tanto tiempo. La tensión y la alegría terribles con que la historia se iba desplegando ante mí, y cómo me iba abriendo paso entre las aguas. […] Cómo todas las cosas pueden decirse, cómo para todas, para las más extrañas ocurrencias, hay preparado un gran fuego en el que se consumen y renacen. […] Sólo así se puede escribir, sólo con esa cohesión, con esa apertura total de cuerpo y alma.

Es evidente que estas palabras no son las de un artesano de la literatura. Es evidente que son las de un profeta. Pero un profeta que ignora la naturaleza y el sentido del mensaje que trasmite; que está embriagado por el camino, y sabe que ese camino lo ha de conducir a alguna parte, pero ignora adonde. E incluso intuye que no le será dado llegar.

En Ante la ley, relato breve, cuenta la historia de un hombre que aspira a entrar en la “ley”. La puerta está abierta, pero hay junto a ella un guardián de aspecto temible, que no le autoriza la entrada. Las súplicas del hombre son continuamente rechazadas por el guardián. El hombre espera paciente meses y años ante la puerta. Ya anciano, pregunta al guardián cómo se explica que, habiendo tantos seres humanos que aspiran a la ley, sólo él esté ahí. El guardián le responde: “Nadie podía pretenderlo, porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla”.

kafka ante la leyTengo la impresión de que, al término de su vida, Kafka se sintió como el hombre ante la entrada abierta pero infranqueable. La inseguridad sobre el valor de su obra, salvo alguna excepción, el perfeccionismo, la renuencia a que se publicase lo que no consideraba dignamente acabado – que para él era casi todo -, nos hablan de una actitud religiosa, de una fe en una revelación que no acaba de producirse, de un infinito trabajo de paciencia ante la entrada que no consigue finalmente traspasar. Aunque sabe que está abierta. Y que era solamente para él. (continúa)

 (De Los libros de mi vida)

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