Desde que a cierto filósofo de la antigüedad le dio por decir que el hombre es un animal racional la humanidad no ha dejado de intentar demostrarlo o desmentirlo. Los que más empeño han puesto en el asunto han sido precisa y obviamente los filósofos: unos, admirados ante el orden y continuo progreso de la humanidad; otros, espantados ante el desorden y deterioro continuo de la humanidad.
El caso es que, ni siquiera ante la visión o inmersión en la realidad, unos y otros, optimistas y pesimistas, se ponen de acuerdo.
Más difícil, por supuesto, es que lleguen a un consenso, a una aproximación siquiera en cuanto a la solución del enigma que a continuación planteo:
El funcionamiento o desarrollo de la sociedad humana global, la sucesión de avatares que en la historia se produce ¿es obra de la actuación anárquica de los componentes de la misma sociedad, la cual con su actividad egoísta, produce el resultado que todos conocemos? ¿O existe un poder oculto que dirige la historia en cierto sentido, para alcanzar determinados fines? Y ese poder oculto, si es que existe, ¿es transcendente, con lo que entraríamos en el territorio de la religión, o inmanente, con lo que se abriría un campo magnífico a los elucubradores de todas clases?
Dejemos la religión aparte porque, por su propia naturaleza, todo lo que ella dice o afirma “va a misa”, con lo cual el ejercicio intelectual no tiene campo en el que desarrollarse y ni siquiera sentido.
anarco-egoísmo
Todo lo contrario ocurre con la opción que podríamos llamar anarco-egoísta, es decir, con la idea de que el mundo, la historia de la humanidad, se va configurando como resultado aleatorio de las acciones descoordinadas de sus actores. De manera que resulta ridícula o absurda la pretensión de encontrar un sentido a la historia humana, cuando ésta no es otra cosa que el resultado de la acción sin plan y sin sentido de los individuos y grupos que, ignorantes, la construyen y la padecen.
poder oculto inmanente
Por el contrario, la posibilidad de existencia de un poder oculto inmanente ofrece un amplio, amplísimo, abanico de oportunidades para desplegar toda la capacidad investigadora de historiadores, sociólogos y curiosos en general. Y aunque los resultados son muy variados, todos tienen algo en común: la creencia de que no son los líderes políticos ni los estados los que dirigen el mundo, sino ciertos grupos de personas que, desde la oscuridad, imponen los medios que han de posibilitar alcanzar determinados fines.
masonería
A primera vista la masonería, puede ser considerada como uno de esos grupos que, desde la oscuridad… etc., etc. Pero si se escarba un poco, se comprende que no. Lo que ocurre es que su modo secretista de actuación le ha concitado toda clase de enemigos, un poco como le ocurriera al cristianismo en sus primeros tiempos.
Además, desde la aparición de la masonería, la Iglesia católica, por entonces el primer poder espiritual (y bastante temporal), le declaró odio eterno por oponerse a sus sagrados dogmas, con lo que la reputación de lo masónico se ha visto seriamente dañada hasta ahora mismo.
Pese a que se le suele atribuir un origen antiquísimo, la masonería nació en verdad en Inglaterra a principios del siglo XVIII, o poco antes. De hecho, es un producto típico de la Ilustración, con su obediencia a la Razón, al orden natural dirigido por el Gran Arquitecto, dios creador no reconocido sin embargo como tal por ciertos sectores, y con su anhelo de perfección moral individual y de fraternidad universal.
De Mozart a Goethe, a ella se acercaron las personalidades más relevantes de la primera época, con la idea de participar en la construcción de un mundo mejor, siempre en el ámbito de un secretismo y de un ritual inventado ad hoc. Bastante teatrero, por cierto.
Pero con el tiempo, las cosas se fueron torciendo. Desde fuera, por la furia que mostraron sus enemigos con acusaciones falsas y hasta imposibles (alianzas varias con sionistas, socialistas, bolcheviques, capitalistas). Desde dentro, por el proceso de degradación natural de las sociedades más o menos secretas, que acaban convirtiéndose en asociaciones de ayuda mutua (mafias) con intereses principalmente económicos y políticos; así, la participación de cierto grupo masónico en la política italiana (décadas 1970-80) como fuerza de extrema derecha en la sombra.
El Asesor Nacional, Henry Kissinger, dio órdenes a Licio Gelli (un agente fascista italiano de la logia masónica Propaganda Due-P2), para que llevara a cabo ataques terroristas e intentos de golpe de Estado. (Fuente: Ctxt) (CONTINÚA)