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Séneca, psicólogo (sabiduría clásica V)

seneca sab

Dedicado a la simpática y entretenida tarea de preparar estas entradas sobre lo que llamo “sabiduría clásica”, he hecho un descubrimiento: releyendo lo ya varias veces leído, me he encontrado de pronto con algo en lo que no había reparado pese a que siempre había estado ahí. Y es que, además de político influyente, literato exquisito y moralista profundo, Séneca fue un psicólogo extraordinario. Tan extraordinario que incluso parece haber sugerido temas a cierto maestro de la modernidad psicológica.

A continuación van unos ejemplos. He encabezado las introducciones con los titulares que me han parecido más adecuados. Todas las citas pertenecen a la obra Cartas morales a Lucilio; traducción, Eduardo Sierra Valentí.

cartas a lucilio

Lo peor (como lo mejor) está en la imaginación

Ante la amenaza de un mal no te precipites en sufrirlo. Quizá no sea tan terrible como parece, o nada en absoluto. Procura encararlo tal como es en realidad.

Antes que nada, acuérdate de eliminar en cada cosa cualquier exageración que pudiese rodearla y pronto verás que no hay nada terrible, si no es el propio temor. (III, XXIV).


paisaje mente¿Quién es desgraciado?

Es desgraciado quien se cree desgraciado, como es feliz quien se cree feliz. El mundo es un paisaje de la mente, que se muestra con los colores con que lo pintamos.

Cada hombre es tan desgraciado como cree serlo.(IX, LXXVIII).

                   ¡Cuidado a quién favoreces!

Apenas había pensado en ello y solo lo neron senecahabía leído en Séneca. Existe un extraño mecanismo por el que la persona que recibe un favor puede convertirse en enemigo mortal del benefactor. Y es que cuando alguien no quiere, no puede o no sabe agradecer el favor recibido transforma en odio lo que debería ser agradecimiento.

Es peligrosísimo hacer favores a ciertos hombres, los cuales, porque creen vergonzoso no pagar beneficio, no querrían que existiera aquel a quien tendrían que pagarlo. […] Ningún odio es tan pernicioso como la vergüenza de un beneficio mal correspondido. (X, LXXXI).

El mal que se hace no se desprende del todo del el malhacedor.

El mal que se inflige no solo afecta al objeto sobre el que se lanza, cosa obvia, sino también al mismo sujeto lanzador. El ser humano no es como una máquina que, después de funcionar, queda tal como estaba. Todo lo que hace le transforma de alguna manera.

Lo que va a parar a los demás es la parte más pequeña de la maldad; lo que contiene de peor y, por así decirlo, de más fangoso, permanece en su propia casa y oprime a su propio dueño. (X, LXXXI)

freud

Libido moriendi, un anticipo freudiano

No siempre se desea la vida. Frente a la voluntad de vivir existe también una pulsión de muerte, como “descubrió” Freud, y el hombre…

ha de saber evitar aquella pasión que ha dominado a tantos: el afán de morir [libido moriendi]. Porque, querido Lucilio, existe también, como para otras cosas, una inclinación desordenada hacia la muerte. (III, XXIV)

baudelaire

Tedium vitae, el spleen del siglo I

Freud catalogó la melancolía, esa tristeza oscura sin razón aparente, como una forma grave de depresión. En la literatura romántica y posromántica suele recibir el nombre de spleen, término de origen inglés que difundieron ciertos poetas franceses. La sola palabra nos evoca el nombre de Baudelaire. Pero muchos siglos antes…

con harta frecuencia ha dominado, ya a varones generosos e incorruptibles, ya a hombres cobardes y muelles; aquellos menosprecian la vida, estos la encuentran poco llevadera. A algunos entra la desgana por tener que ver y hacer siempre las mismas cosas; no es un odio, antes un aburrimiento de la vida [tedium vitae](III, XXIV)

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Mayerling, una tragedia con decorado de opereta III

escudo austriaEl caso es que el emperador-padre llamó a comparecer ante su presencia al heredero Rodolfo la mañana del 26 de enero. No hubo acuerdo. Y es que, aun viviendo bajo el mismo techo palaciego, dos mundos tan distintos no tienen posibilidad de encuentro. Es de suponer que el padre exigiría al hijo un cambio radical de vida y que el hijo le contestaría que su vida era suya y que hacía con ella lo que quería, como muy bien habría de demostrar poco después. Finalizada la entrevista, el emperador fue hallado sin sentido bajo el efecto de un síncope. La conmoción que el encuentro produjo en el príncipe no fue menor: salió convencido de que sólo había una salida, la definitiva. Y así lo expresó en carta a un amigo.

Es de imaginar que el choque (más que diálogo) con el padre fue la confirmación de que aquel muro que se levantaba ante él y que, desde siempre, le había impedido el disfrute de la vida no caería jamás. Sigmund Freud, psicólogo y sobre todo fabulador eminente, una de lasfreud incontables celebridades surgidas en aquella Viena finisecular, sostenía que cuando uno sueña con el rey o el emperador se está en realidad refiriendo al padre. ¡Pobre Rodolfo, que había de soportar en la misma persona a significante y significado!

La última gestión de la condesa Larisch había de ser especialmente delicada. (Abriendo un paréntesis, quizá sería interesante dar algunos rasgos de tan curioso personaje. A la condesa, no sólo le movía el afecto por su amiga María, sino también, o sobre todo, las compensaciones económicas que le llegaban de su primo Rodolfo. O sea, que hablando en castizo, actuaba como una perfecta alcahueta. Lo económico – quizá avaricia, quizá necesidad – pesó mucho para ella. Años después del desenlace de esta historia, estuvo a punto de publicar unas memorias en que lo contaba todo, pero llegó a tiempo el enviado del emperador y le pagó una gran cantidad para evitarlo; este hecho se repitió exactamente igual pocos años después. De todos modos, trasladada a Estados Unidos, publicó en 1913 My Past, donde entre mentiras, falsedades e inexactitudes, dicen, revelaba supuestos secretos del entorno imperial. Durante los años veinte y treinta se paseó como atracción de circo (¡auténtica sobrina de la emperatriz Sissí!) por cierta sociedad larisch marianorteamericana, incluso parece que tuvo amistad con el poeta T.S. Eliot. Finalmente, regresó a Europa y murió en Baviera en 1940, sumida en la pobreza que durante toda su vida había intentado evitar).

Lo delicado de la gestión de la condesa consistía en que esta vez Rodolfo no se contentaba con una cita de unas horas, sino que pretendía pasar dos días con sus noches con su amada, o así se lo vendió a la prima. De manera que ésta no halló otra solución, frente a la familia, que decir que, mientras la acompañaba en una de sus gestiones, María había desaparecido. (Continuará)

(De Del suicidio considerado como una de las bellas artes )

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