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Anacronía: Ausonio sobre Trump

A veces dudo que los hombres sean seres inteligentes. Y me pregunto qué es lo que empuja a tanto ilustre personaje a cometer las estupideces que no cometería un niño. ¿Es realmente el afán de poder tan fuerte en algunas personas que llega a nublarles la vista y todos los sentidos? Parece que sí. Yo, que he ejercido parcelas de poder con el mismo cuidado y entrega que he dedicado a la actividad profesoral o literaria, no he podido nunca comprender cómo, en lo que se relaciona con el poder, cualquier desalmado, necio o ignorante puede entrar a saco en esos dominios y desbaratar todo lo que espíritus inteligentes y preparados han ido edificando con paciencia y cordura. A nadie se le ocurre hacerse pasar por un gran profesor, si no lo es; o por un hombre de letras, si es analfabeto. Pero cualquiera, desde el soldado menos despierto, como Arbogasto, hasta el profesor más mediocre, como Eugenio, se cree capacitado para la dificilísima tarea de mandar y organizar. ¿Cuál es la sustancia del poder, capaz de obrar tales prodigios? Quizá esta pregunta no nos lleve a ninguna parte; quizá la clave del asunto haya que buscarla en otra dirección: en la falta de sustancia de cuantos, sin merecerlo, aspiran al poder; en la vaciedad de esas personas que, no consiguiendo llamar nuestra atención por ningún mérito propio, pretenden subirse a lo más alto para, por la fuerza, exigirnos adoración. Siempre acaban mal. Pero, mientras duran, pueden realizar una obra devastadora. 

De La ciudad y el reino

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Tal día como hoy

EGO – Tal día como hoy, hace cuatro años, se inauguró el Blog de Antonio Priante.

ALTER – ¿Y…?

 

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Otra vez agosto

Hace un año, este blog llevaba dos meses de existencia. Había nacido con brío, pero, adentrado el verano, tuve que ralentizarlo a fin de que mis breves apuntes no se perdiesen en el desierto. Y entonces, fui publicando una serie de encuentros entre famosos (histórico-literarios, se entiende) sacados de mis obras.

También ahora voy a reducir la marcha, y también ahora, para que el desierto no sea absoluto, voy a recurrir a mis propias obras. Pero esta vez no serán breves fragmentos. Tampoco obras completas, nadie se asuste. He elegido dos relatos de los ocho que componen (por ahora) el invento que lleva por título Fantasías a la manera de Hoffmann.

El primero, La máquina del doctor Kusev, trata de las extrañas y terribles relaciones  que pueden establecerse entre cierta quimera científica y la realidad. En el segundo, El Mosén, asistimos al curioso comportamiento de una persona sensible y delicada, que se sueña en un papel muy diferente del que le ha tocado vivir.

Aparecerán, divididos en cuatro entradas cada uno de ellos, a razón de dos entradas por semana, lo que da para dos quincenas…

¡Feliz agosto! 

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Agosto: encuentros en la historia-ficción

Agosto es un mes extraño. Por lo menos en esta zona del planeta donde vivo y desde donde escribo. La hierba deja de crecer, los árboles dan sus últimos frutos, la noche empieza a ganarle terreno al día, las sombras se alargan, las oficinas se vacían, los pequeños comercios y talleres proclaman “cerrado por vacaciones”, hombres y mujeres suspenden sus tareas habituales y van de aquí para allá en busca de sensaciones nuevas, de tranquilidad o de otras cosas que tampoco existen, se incuban divorcios, caen las primeras hojas de los árboles, toda actividad se ralentiza.

Visto el panorama, no tiene sentido que este blog, que nació con tanto ímpetu, mantenga el mismo ritmo durante un mes en el que todo languidece. Además, el vaciado de oficinas al que antes he aludido dicen que tiene como consecuencia una drástica reducción de la actividad en las redes sociales y resto de internet. Así que, adelantándome al posible desierto en el que mis palabras podrían perderse, he decidido prescindir de entradas originales durante todo el mes.

No obstante, para mantenerlo vivo, publicaré una o dos veces por semana pequeños fragmentos de mis obras, editadas o no. Y, para darle cierta unidad o coherencia al invento, he pensado en recurrir a los encuentros entre ciertos personajes de la historia, que se recrean en ellas.

Es curioso, porque no fue premeditado: resulta que, en todas mis novelas «históricas», hay un momento en que se produce el encuentro entre dos personajes,  en ocasiones registrado por la historia, y se desarrolla un cambio de impresiones entre ambos, que en ningún caso la historia nos ha transmitido… pero que yo he adivinado (y dudo de que se me pueda demostrar lo contrario).

Estos son los personajes enfrentados, las novelas y los contextos, en dos líneas:

Ausonio, poeta paganizante, que no consigue digerir el cristianismo, y Ambrosio, obispo de Milán, figura máxima de la Iglesia, capaz de imponerse al mismo emperador Teodosio. LA CIUDAD Y EL REINO.

Catulo, poeta apasionado y lúcido, y Julio César, líder político inteligente y ambicioso.  LESBIA MÍA.

Cicerón, intelectual sólido y político dubitativo, y Julio César, tan pragmático, amigable y ambicioso como siempre. LA ENCINA DE MARIO.

Petronio, escritor, esteta y cortesano de Nerón, y Séneca, filósofo moralista y consejero de Nerón. CONVERSACIONES CON PETRONIO.

Schopenhauer, filósofo de la vida, y Goethe, poeta de la vida. EL SILENCIO DE GOETHE O LA ÚLTIMA NOCHE DE ARTHUR SCHOPENHAUER.

Larra, escritor romántico y Dolores, burguesa romántica. EL CORZO HERIDO DE MUERTE.

Dante, poeta, político y sabio, y Bonifacio VIII, soberano de Roma y sumo pontífice de la Iglesia católica. LA ALTA FANTASÍA.

Quizá en algún caso haga un pequeño recorte (perdón), dada la larga extensión de algunos fragmentos. Aunque creo que, a estas alturas, ya ha quedado claro que los seguidores de este blog son lectores de verdad, no simples usuarios del medio.

Gracias por la atención (suponiendo que no todo sea desierto de agosto).

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El sentido de este blog

Preguntarse por el sentido de un Blog es arriesgado. Es como preguntarse por el sentido de la vida. Las respuestas, o no existen o son falsas. Por otra parte, solo los animales racionales nos hacemos este tipo de preguntas. Los animales simples no se las plantean. Por eso no hablan ni escriben ni tienen blogs, aunque pueden disfrutar tanto o mejor que nosotros de todos los placeres de la vida, que, bien contados, son dos o tres.

Cierto que también existen los placeres superiores, a los que los simples animales no tienen acceso: el arte y… para de contar, porque en éste están contenidos todos. La literatura es un arte y, si no puede ser considerada como tal, será simple escritura, como la lista de la compra o el manual de autoayuda. Yo he nacido para transitar por la literatura, como lector y como autor, del mismo modo que otros han nacido para toreros – y aquí hay que aclarar que eso de “he nacido para” es un eufemismo por “solo sirvo para”, a cuya luz queda plenamente justificada la equiparación literato-torero. En realidad todo el mundo hace lo que puede y como puede, pero esta es una reflexión que da mucho de sí y mejor dejarla para otra ocasión.

El caso es que, al hilo de estas breves divagaciones, se me ha ocurrido que, si algún sentido podrá tener este blog, será el de dar salida a las cavilaciones que no tienen otra puerta de escape: comentar de vez en cuando aspectos de la propia obra, así como de las de otros escritores, preferiblemente muertos; colgar algunos de los artículos (en catalán) ya publicados en el Diari de Sant Cugat y a los que solo tuvieron acceso los no muy numerosos lectores de la publicación; colocar alguna meditación de profundidad variable y de extensión superior a los 140 caracteres, y hasta comentar algun aspecto de la actualidad, siempre que no sea muy rabiosa. Eso es todo. Faltan los agradecimientos, es cierto. Pues aquí están.

Agradezco a Seleucus (cuyo nombre auténtico no sé si estoy autorizado a pronunciar) su parte de culpa de haberme introducido finalmente en la red, a August Becker sus denodados y no muy felices esfuerzos por propagar mi nombre y mi obra y muy especialmente a l’estimada Eulàlia, dona del meu fill i mare del meu nét, per haver-me donat l’empenta i les eines necessàries per a aquesta estranya navegació.

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