Archivos de la categoría Diari Sant Cugat

Selecció d’articles publicats al Diari de Sant Cugat.

VIDA ADULTA EN VALLDOREIX VI

MUSEU VERDAGUER - A+M_arquitectes

el poeta

Desde la estación de Valldoreix hasta la de Vallvidrera, el ferrocarril de la Generalitat te deja en menos de diez minutos. Una vez allá, subes unos escalones y, si es domingo, te encontrarás una pequeña  explanada, llena  de  paradas del ayuntamiento (bocadillos, bebidas, información) excursionistas y chiquillería. Continuarás subiendo por un camino empedrado, intentando esquivar la tropa de excursionistas que bajan blandiendo los  largos bastones, que más bien parecen palos de esquí, y llegarás a otra explanada.

Ahí, unos monitores están enseñando a cantar en nuestra lengua catalana a un grupo de  niños de diferentes países de todo el mundo, mientras los padres y madres los contemplan embobados, los excursionistas suben y bajan con los bastones y una mujer se quita una piedra del zapato sentada sobre la acera.

En la parte alta de la explanada está el centro de información Collserola. En la parte baja, una antigua casa señorial. Entro en la casa, y de repente me sorprende el silencio. Aquí vivió el poeta, enfermo, las dos últimas semanas de su vida. Además del suelo, las ventanas y las paredes conservan recuerdos de aquella época, incluidos algunos personales del poeta: escritos autógrafos, fotos, recortes de prensa, libros y algunos  plafones explicativos. Es un museo.

Aparte de  los escritos autógrafos,  lo que más impresiona son las fotos antiguas. La del joven de veinte años, con todas las ilusiones intactas en la mirada. Y la del viejo de cincuenta y cinco, con las huellas de un largo y amargo sufrimiento.  También está la foto de un señor grueso, de cara redonda y pose ufana:  fue un obispo poderoso. Este obispo coronó con laurel al escritor proclamándolo poeta nacional de Catalunya. Pocos  años  después lo descoronó y  lo coronó  de espinas. Era un obispo poderoso, ya  lo he dicho.

El poeta murió pobre en casa de un amigo. Esa misma casa, ahora rodeada de chiquillos, excursionistas y canciones. Quiero pensar que algunas de las canciones que aprenden esos niños de todo el mundo la escribió el poeta.

Por qué no.  Él creía en los milagros.

DIARI DE SANT CUGAT

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VIDA ADULTA EN VALLDOREIX V

(Se habla mucho de la Memoria)

La Memoria
De un tiempo a esta parte se habla mucho de la memoria. Y es natural, porque la memoria es una cosa muy importante en todas sus variantes. La memoria histórica, por ejemplo. Y ahora que lo pienso, este tipo de memoria no existía cuando yo era joven. Es curioso. Se inventó durante la Transición. De la misma manera que se inventaron otras palabras o expresiones que entonces no existían y que ahora nos parece imposible que no hubiesen existido siempre.
Por ejemplo «franquismo». En aquel tiempo, nadie decía «franquismo» o «franquista». Entre nosotros, los no adictos decían «Dictadura», y los adictos, «Régimen». Recuerdo que, cuando veraneaba en Valldoreix, todos los padres de mis amigos eran adictos al «Régimen» (en diferentes grados, eso sí, desde los convencidos hasta los partidarios del mal menor). De hecho, hasta que no fui a la universidad no conocí ninguna persona respetable que no fuese adicta al Régimen en algún grado. Y es extraño porque, iniciada la Transición, empezaron a salir no franquistas (entoces ya se decía) de todas partes, incluidas la prensa del Movimiento, los sindicatos verticales, los clubs de fútbol y los ayuntamientos, donde se dieron casos de alcaldes que, después de haber ostentado el cargo muchos años gracias  al dedo del dictador, continuaron como representantes de un partido bien democrático y bien nuestro (= catalán).
Recuerdo el caso de un amigo de veraneo que, cuando ya era mayorcito, se me presentó como acérrrimo defensor de la Dictadura y que, pocos años después, se me apareció como candidato de un partido socialista.
No quiero ser mal pensado, no quiero creer que que todas esas metamorfosis fuesen fruto del oportunismo o la mala fe. Porque en la evolución personal también cuenta el misterio de la gracia divina.
Pero es extraño que nadie se acuerde de todo eso, y que nos obstinemos en presentarnos (los catalanes) como un pueblo que luchó unido contra una dominación que se nos imponía desde fuera.
Quizá sí que convendría un poco de memoria histórica.

DIARI DE SANT CUGAT

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VIDA ADULTA EN VALLDOREIX III

(A veces, sorpresas te da la vida)

                                          Respiro

Además de denominar el acto físico de respirar, la palabra significa tregua, alivio de una fatiga, de una pena. Por eso, me extrañó verla el otro día en un contexto insólito. Se ha inaugurado en Valldoreix una residencia de… ¿la tercera edad?…¿ancianos?… ¿personas mayores?…¿geriátrica?… Las denominaciones son variadas e imaginativas, y se pueden acuñar muchas más siempre que no aparezcan  palabras groseras o de mal gusto, como por ejemplo viejos o asilo. Bien, todo el mundo sabe a qué me refiero: esos establecimientos donde tenemos concentrados a los viejos, especie de reservas étnicas provistas de sillas y de píldoras. Pues bien, en la publicidad de la residencia se ofrece entre otras cosas «respiro familiar». ¿Qué quiere decir eso? Mi amigo August me lo ha explicado muy bien.

Mira, en este caso, respiro familiar significa que, si tú tienes una persona mayor en casa y has de ir de viaje o simplemente deseas descansar de oir toses y batallitas, dejas a la persona en la residencia para que te la guarden por el tiempo que sea necesario. Es un sistema práctico. De hecho hace tiempo que existe. Si bien con otros objetos: muebles, ropa, perros. El problema es que estas cosas no se sabe nunca cómo acaban.

Había una vez un hombre que tenía suegra, esposa, perros  y niños. Andaba un poco aturdido, el pobre. Un día decidió tomar un respiro del perro. Y lo envió a la perrera; entonces comprendió que quien molestaba era la suegra, y la envió a una residencia; pero un día se dio cuenta de que el follón lo armaban en realidad los niños, y los envió a estudiar al extrangero. Quizá, llegó a pensar, si prescindía de la mujer, el respiro sería completo, y la presentó a un amigo rico y bien plantado, con el que se fue más feliz que unas pascuas.

Ya solo y muy deprimido, una mañana, de repente, se encontró ante el espejo.

¿Y tú? ¿Qué haces aquí?, exclamó seriamente cabreado.

 

DIARI DE SANT CUGAT

 

 

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VIDA ADULTA EN VALLDOREIX II

(Algunos seres delicados son víctimas de nuestros bandazos económicos)

Fantasmas

Es sabida la preferencia que sienten los fantasmas por las casas vacías. A veces, no tienen más remedio que habitar una ocupada, ya sea porque el fantasma es antepasado de los que ahora viven ahí  – y en estos casos ninguna de las dos partes tiene la obligación de irse -, o porque quien vendió la casa no la dejó bien limpia. Pero, si de ellos depende, siempre se mueven en casas vacías y cerradas.

Pasaba la otra tarde por delante de una de estas – quiero, decir, vacía y cerrada – cuando vi una cosa blanquacina que se movía por el jardín. Era casi oscuro y todo estaba en silencio. Me apoyé en la verja, y la «cosa», con movimientos suaves y elegantes, se me acercó.

– ¿Quién eres? – le pregunté, nada seguro de obtener respuesta.

– Soy el fantasma de la casa, y estoy desesperado.

– ¿Y pues?

 – Señor, esta es una de las casa más antiguas de Valldoreix. Tiene casi cien años, y hace más de cuarenta que está abandonada. Y ahora resulta que la han de derribar. ¡Ay, Dios mío! Ayer estuvieron aquí unas personas y hablaban de derribarla y de hacer varias casas en su lugar. Todas hablaban a la vez, pero ninguna pensó en mí. ¿Qué puedo hacer, señor? No quedan casas vacías en Valldoreix. No puedo irme al bosque como un jabalí cualquiera. Los fantasmas somos muy caseros, y además yo soy de muy buena familia.

Se le veía seriamente angustiado. Yo algo había de decir.

– No se preocupe, señor fantasma – empecé -, el mundo no se acaba en Valldoreix. Muy cerca de aquí, de hecho en el mismo término municipal, se levanta Sant Cugat. Cuando yo lo conocí era un pueblecito, pero desde hace precisamente cuarenta años no ha dejado de crecer.  Hasta que, hace unos meses, eso de la construcción se detuvo de repente, y ahora hay miles de casas acabadas y sin habitar. Estoy seguro de que encontrará su lugar, señor fantasma.

– ¿Es verdad eso?¿Tantas casas hay? Avisaré a mis primos, que están por todo el mundo, iremos a Sant Cugat y habitaremos un barrio de fantasmas.

– No tenga la menor duda – dije, contento de haber acertado. 

La verdad es que se le veía muy ilusionado.

                                                         Diari de Sant Cugat

 

 

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noviembre 22, 2025 · 7:29 am

VIDA ADULTA EN VALLDOREIX I

Entre 1995 y 2012 viví en Valldoreix, entidad municipal descentralizada perteneciente al ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès. Ahí tuve ocasión de colaborar con el Diari de Sant Cugat publicando unos artículos sobre casi nada. En catalán. Aquí ofrezco una versión castellana para los que tengan interés o curiosidad.

 

                 (Algunos fantasmas no son conscientes de su condición)

Los invisibles de Valldoreix

Puede decirse que nací en Valldoreix. Aún no andaba cuando mis padres decidieron comprar aquí una casa, donde pasé el primer verano de mi vida.Y todos los siguientes, hasta el final de la adolescencia. Eran unos veranos mágicos, llenos de experiencias maravillosas, de aquellas que solo los niños y los adolescentes pueden experimentar. La vida normal, quiero decir áspera, dura, exigente, tenía lugar en la ciudad, en Barcelona. Valldoreix era el espacio del veraneo. De la magia.

Quizá la primera vez no le presté atención. Pero la segunda, la tercera… Ya no había ninguna duda: cuando salía de casa me hacía invisible. Sí, en cuanto salgo de casa, cuando camino por las calles de Valldoreix soy invisible.

Avanzo por la acera y veo que se me acerca una persona en dirección contraria. «Buenas tardes», le digo cuando nos cruzamos. Pero la persona no me oye, no me ve, continúa su camino. Quizá iba muy metido en sus preocupaciones. Ahora viene otra, también ha de pasar muy cerca de mí. La línea de su mirada enfila mi persona. Esta sí, esta sí que me verá y oirá.  «Buenas tardes». Silencio. Su mirada traspasa mi cuerpo. Pero no me ve. Soy invisible. Es la magia de Valldoreix.

Mi amigo August piensa de otra manera.

«Estos que no saludan cuando se cruzan con una persona por las calles desiertas de Valldoreix son gente de ciudad. Vivían en Barcelona hasta que un día comprendieron que su estatus les permitía mejorar de residencia. Y aquí se trasladaron, con todos sus muebles físicos y mentales. Esta gente no sabe lo que es la vida de pueblo, ni tampoco ha conocido, por supuesto, los veraneos de la edad de la pérgola y el tenis. Solo conocen la ciudad y sus costumbres. Entre otras, la de no saludar a  gente desconocida por la calle. Norma my sabia, por cierto, aplicada a las ciudades. Pero esta gente habría de saber que no es lo mismo caminar por unas Ramblas abarrotadas que cruzarse con un ser humano en el desierto de Kalahari o en las calles de Valldoreix.»

He de decir que August es un racionalista algo cínico. Por mi parte, prefiero pensar que Valldoreix conserva su magia, y que yo, y otras personas, cuando salimos a la calle, somos perfectamente invisibles.

 

 

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¿Quién es la gente? / Qui és la gent ?

La peor soledad que hay es el darse cuenta de que la gente es idiota.

Hace unos días me encontré con esta frase, atribuida a un escritor español de los buenos. Con un pasado falangista, es cierto, pero ya superado y olvidado. O casi. Porque todavía en sus últimos años, mostraba algún que otro ramalazo. Por ejemplo, a propósito del asunto de los documentos catalanes guardados en Salamanca, afirmó que ahí se habían de quedar “por derecho de conquista”.

Pero yo no quería hablar de ese señor en concreto, sino de la manía, el tic, de tantos señores como ése de considerarse náufragos solitarios en un mar infinito de estupidez. Ese mar consiste en la gente, por supuesto. Pero, ¿quién es la gente? ¿qué es la gente?

Iba a divagar un poco sobre el tema cuando he recordado que hace unos años ya lo hice para el Diari de Sant Cugat. Así que me limito a reproducir aquí el artículo. Y quizá algún día lo rehaga o amplíe (es muy cortito) en castellano. Porque está en catalán. Los que lean esta lengua que lo disfruten; los que no, que n’aprenguin, como dicen en mi pueblo.

 

                                                          LA GENT 

Qui és la gent? On és la gent? Com és la gent? Fa temps que em faig aquestes preguntes. I és que sento parlar molt de la gent. Però, pel que sento, no aconsegueixo fer-me una idea de quin tipus de cosa és. Els seus trets essencials semblen més aviat negatius. “La gent és informal”, “la gent no sap el que vol”, aquestes són dues de les afirmacions que més sovint he sentit dir de la gent.

De vegades sembla que amb aquesta paraula s’al·ludeix a la majoria d’una població determinada, no a tota, com quan es diu “a Sant Cugat la gent no és participativa”. Altres cops és evident la intenció de no excloure ningú, com quan es diu “la gent és desagraïda”. En tot cas, queda clar que la gent és una mena de massa estúpida que ens envolta i que mai no estarà a la alçada de la no-gent. Malgrat que algun eixelebrat pugui dir coses com ara “la gent és estupenda”, no el creieu, sempre hi ha un radical disposat a aixafar una bona teoria.

La veritat és que la gent és mal educada, la gent és mesquina, la gent és xafardera, la gent és barroera, la gent és dolenta. En resum, que està molt clar quina cosa és la gent. La dificultat rau en saber qui és la gent, qui en forma part.

Després de rumiar-hi molt he arribat a la conclusió que per a esbrinar-ho s’ha de fer el següent. Un mateix s’ha de dir: sóc jo informal? sóc desagraït? o mesquí?, o barroer?, o dolent? Oi que no? Doncs bé: la gent són els altres. Ben fàcil.

(Diari de Sant Cugat, 22 de gener de 2010)

 

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Autoplagio

No sé si está permitido o no, si es de buena educación o no, si puede considerarse un fraude o no: el caso es que me he plagiado a mí mismo. En la última entrada de Los libros de mi vida, dedicada a Julio Verne y las aventuras infantiles, los párrafos dedicados a los juegos de guerra están fielmente traducidos de un artículo en catalán que publiqué en el Diari de Sant Cugat.

Sí, lo confieso. Y sin propósito de enmienda, porque confieso también que estoy a punto de plagiarme de nuevo en el capítulo que ahora voy escribiendo, y que pienso seguir haciéndolo recurriendo en determinados momentos a los párrafos oportunos de mis obras, publicadas o no. Y sin avisar, ni identificar la fuente. Como excepción, esta vez y para los lectores en catalán facilito el artículo que fue objeto de este primer autoplagio confeso.

                           LES GUERRES DE VALLDOREIX

No les trobareu a cap llibre d’història, ni a cap crònica local, i tanmateix van succeir. A la primera meitat de la dècada dels anys cinquanta del segle passat hi havia a Valldoreix un regne molt poderós. Les relacions entre el rei i la reina, però, no eren molt bones. Fins que acabaren en ruptura, no només del matrimoni sinó també del regne, el qual es va escindir en dos, donant així origen a un seguit de guerres que romanen en la memòria de tots aquells que les varen fruir.

Però què t’empatolles ara? Es pot saber de què parles?”, diu l’August.

M’oblidava de dir que els protagonistes i subjectes d’aquells regnes i d’aquelles guerres érem canalla, infants d’entre nou i catorze anys que havíem organitzat un món paral·lel al de la història i el cinema dels grans. Era aquell un món emocionant, fascinant, màgic. No hi faltava de res: les armes (inofensius projectils i espases de fusta), les lleis, la moneda, les batalles a camp obert, els setges dels castells, les corredisses, els empresonaments, les fugides, els tractats de pau, les traïcions, els espies, les execucions, i fins i tot les relacions dels fets, que escrivia un cronista de dotze anys i que malauradament sembla que s’han perdut.

Para, para! Et sembla bé fer l’apologia dels jocs de guerra? No és molt educatiu tot això. Què en deia la pedagogia de l’època?”

Si he de dir la veritat, no tinc ni idea del que deia la pedagogia d’aquella època, ni la d’aquesta. El que sé és que aquestes preocupacions no eren a l’ambient. El joc era el joc i a ningú amb un dit de seny se li acudia confondre’l amb la realitat. I encara menys als infants.

Però aquests jocs poden contribuir a desenvolupar actituds violentes, agresives, diuen”.

Això és una bestiesa, dic. I ho dic amb coneixement de causa. El nombrós grup d’amic que ens reuníem els estius gaudíem com a boixos jugant a guerres. I cap ni un d’aquells petits, avui ben grans, no ha desenvolupat tendències violentes o bel·licistes. Tots som perfectament pacifistes. O, si més no, pacífics. I el mateix puc dir de la generació següent, la del meu fill i nebots, amants de petis dels jocs de guerra i avui que no els esmentin el Bush. El joc és un art i els infants són els artistes més grans del món. Saben crear la ficció, saben representar-hi el seu paper com a perfectes actors i saben treure’s la màscara i deixar-la a banda quan s’ha d’interrompre la batalla perquè és l’hora del berenar. No tinc records més feliços que els d’aquells jocs infantils. L’art, amb tot el seu poderós efecte catàrtic, el creàvem i el consumíem nosaltres mateixos. Vull dir que nosaltres i només nosaltres érem els autors i els protagonistes dels nostres jocs. Podran dir el mateix els infants d’avui?

Antonio Priante      Diari de Sant Cugat, 22 de febrer de 2008

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El caso del traductor invisible

Iba escribir «El extraño caso…». Pero enseguida he pensado que no, que no tiene nada de extraño. Que lo más normal es que el traductor sea bastante invisible. Cuando no, del todo.

Cierto que en la mayoría de los libros traducidos aparece su nombre en algún rinconcito de las primeras páginas, pero no es menos ciertos que cuando se cita o se trabaja con un texto que originalmente estaba en otro idioma, se suele pasar por alto el hecho de que, si ese texto lo estamos leyendo en nuestra idioma, es porque alguien lo ha traducido.

Las razones de ese ninguneo sistemático de la labor del traductor pueden ser varias.  Trataré de enunciar algunas.

La falta de imaginación. Esto se refiere sobre todo al lector, al público en general que, cuando lee un texto en su propio idioma, aun sabiendo que el autor es extranjero, no se le ocurre pensar que alguien tuvo que encargarse de la delicada tarea de pasarlo de un idioma a otro.

La inercia. La labor del traductor nunca ha sido valorada. Tengo varios ejemplares de obras clásicas (en rústica, es cierto) editadas a principios del siglo XX, donde el nombre del traductor no aparece ni en el rinconcito habitual. Y si esa labor nunca había sido valorada, ¿por qué había de serlo ahora?

La ignorancia. Es lo que claramente revela lo que una vez oí de cierta persona no totalmente inculta: «Hombre, si uno conoce el idioma en cuestión, traducir no tiene ningún mérito».

La mala fe. Atribuible, como es obvio, al mundo editorial. Es sabido que el de traductor es uno de los oficios peor pagados. Si se destacase como debiera la labor traductora, resultaría raro que el nombre correspondiente quedase casi oculto en aquel rinconcito de las primeras páginas y, más raro aún, que se pagase con la miseria con que se paga. Así, que mejor mantener al traductor o traductora en el casi anonimato.

Seguro que hay más razones. Si a alguien se le ocurre alguna, adelante.

[A continuación reproduzco un artículo que sobre el tema, y en relación con un hecho concreto, publiqué en el Diari de Sant Cugaten catalán]

                                                     EL CAS DEL TRADUCTOR INVISIBLE

Estació de Sant Cugat dels FGC. Mentre executo, a la màquina expenedora de bitllets, les complicades operacions dissenyades per mantenir àgils les ments dels jubilats, veig que, molt a prop, hi ha exposada una sèrie de fullets. M’hi acosto. No dubto en l’elecció: Joseph Roth, per Déu, un dels meus escriptors preferits (no confondre amb el Philip). L’agafo.

És un fullet elegant i allargat. Al capdamunt de la portada, un imperatiu: “tasta’m”. Aleshores recordo que hi ha endegada una campanya pública per promoure la lectura. Molt bona idea. Abans de començar el viatge enceto el llibret. Fascinat, l’acabo abans d’arribar a destí, és tan curtet! I està tan ben escrit! I això no és només mèrit de Roth, penso, perquè ell escrivia en alemany i jo l’he llegit en català. Doncs vegem qui és la persona que ha fet el miracle.

Busco la informació al lloc habitual, i hi trobo: nom de l’autor, de l’editorial, del Departament de la Generalitat que promociona la cosa, de la Conselleria de les Illes que la co-promociona, de tres dissenyadors gràfics (jo ja m’ensumava que això del disseny és sagrat, però… una trinitat?). Després, posats en vertical, en un equilibri gairebé inestable, vuit jocs de sigles majúscules de vuit ens col.laboradors, entre els quals alguns de tan coneguts com RENFE o FGC i altres perfectament desconeguts (si més no, per a mi)…

Però, i el traductor? Si us plau, vull el nom del traductor! Doncs no, ara vénen tres llargs noms d’associacions que alguna cosa tindran a veure amb el producte. I ja està: dipòsit legal i una declaració (“edició no venal”) pensada per què el lector faci ús del diccionari. Molt bé, però, i el traductor o traductora? I el nom de la persona que ha fet possible que jo hagi llegit el Roth en perfecte català? Res. Invisible.

Com s’entén això? ¿Com gosen dir que promocionen la lectura unes persones que menyspreen una traducció ben feta fins a l’extrem de negar-ne l’existència? Quines mans (o potes) maneguen la cultura?

( Diari de Sant Cugat, 24 desembre 2008)

 

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Tempus edax rerum

No és veritat que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. La veritat és que en qualsevol temps passat érem més joves. I la joventut té el valor afegit de l’esperança, és a dir, la idea que hi ha temps per davant, la il·lusió que tot es solucionarà i s’arribarà a una situació feliç. La vellesa no té aquest tresor (aquest miratge), per a ella l’esperança és cada cop més insignificant, fins que arriba a no ser res. El temps va devorant les coses, convertint-les en passades (fantasmes que vagaregen per la ment), i alhora va reduint el futur.

He pensat en tot això tan poc engrescador, contemplant, des de cert punt de Valldoreix, el paisatge que s’obra cap el nord. A l’esquerra, Montserrat; enfront, Sant Llorenç de Munt; a la dreta, un seguit d’aquells simpàtics turons, tres dels quals fan una serra (“com el Vallès no hi ha res”). A llarga distància, tot igual.

El que ha canviat és el territori que es desplega des del punt d’observació fins a aquell últim decorat muntanyenc. On són els bosquets, els rierols, les vinyes, els camps de blat, les cases de pagès? On és tot allò? El temps s’ho ha empassat. És veritat que, al seu lloc, ara hi ha autopistes, hospitals, centres comercials, urbanitzacions, tanatoris, fàbriques, bancs, empreses d’assegurances, hípiques, benzineres, universitats, supermercats, gardens, col·legis, discoteques… Però jo, amb la nostàlgia que correspon a la meva edat, preferia tot allò que ja no hi és.

I a més, tot això, vull dir, el que ara hi és, també s’ho empassarà el temps, si no en cinc dècades, en cinc segles, tant hi fa. És el que vol dir la frase llatina que encapçala l’article. És d’Ovidi, un escriptor romà que primer s’ho va passar molt bé i que després li van anar tan mal dades que esdevingué un poeta trist i melancòlic. Però les seves reflexions sobre les vivències i els sentiments humans són ben encertades.

Sí, el temps ho devora tot. Que cadascú que hagi arribat a certa edat faci inventari de totes les coses, des de les essencials fins a les decoratives, que van omplir la seva vida. I dirà amb l’Ovidi: tempus edax rerum. I potser afegirà: mehercule, quam magnum ventrem! (redéu, quin estómac!)

                                                                                                                                                                        Diari de Sant Cugat, 29 agost 2008

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El Fidel i la Françoise

Corria l’any 1962. Jo tenia vint-i-dos anys i ella divuit. Era petita, morena, amb ulls foscos d’esguard profund i veu greu i acaronadora. Havia vingut amb els seus pares i les seves germanetes a passar uns dies a Valldoreix. Residien a l’aleshores Hotel Rusiñol. Eren francesos d’Algèria.

Recordo el pare, la seva constitució forta, el seu gest enèrgic, potser brutal. De seguida el vaig identificar: un feixista de l’OAS, l’organització terrorista que lluitava per què França no abandonés Algèria. Potser no ho era. Però, ah la Françoise! La Françoise era un encant, d’intel.ligència i de dolçor. I de esprit

Va formar part de la colla, de les reunions i de las ballades que en qualsevol moment organitzàvem. Recordo tenir-la abraçada al ritme potser de l’Aznavour, potser dels Platters, mentre parlàvem de coses molt serioses (com si no fos seriós allò que sentíem en aquell moment!). I recordo que, de sobte, li vaig sentir dir “le comunisme, c’est le pire des esclavages” (“el comunisme és el pitjor dels esclavatges”, como ja hauran entès els coneixedors d’aquella llengua antiga i quasi oblidada).

Va ser com una ofensa, gairebé com un insult. Com podia dir allò una noia com aquella? Tan maca, tan intel.ligent. Tan francesa! I ràpidament vaig reparar el meu desencís amb el raonament correcte. Aquesta noia –em vaig dir- no expressa un concepte objectiu. Les seves paraules són mera ideologia, és a dir, idees de la classe dominant, fruit de la mateixa alienació burgesa, conseqüència de les relacions de producció del sistema capitalista: ara per ara, no pot pensar d’altra manera.

I em vaig quedar tan ample. I vam continuar abraçats (ballant, és clar), mentre mentalment comptava, tot melancòlic, els pocs dies que restaven. I el dia va arribar. I ella se’n va anar. I jo em vaig quedar amb el cor trencat i amb el cap ple d’aquelles paraules del Gilbert Bécaud que sens dubte també havíem ballat: Et maintenant, que vais-je faire?… maintenant, que tu es partie?  

Anys després, recordant aquella frase de la Françoise, que m’havia esfereït al bell mig del romàntic escenari, no vaig tenir més remei que donar-li la raó, si més no, pensant en la versió estalinista i fins i tot leninista de l’assumpte. I ara, aquests dies, tot llegint la premsa, m’han vingut al cap unes altres paraules de la Françoise, potser dites en aquell mateix moment, potser en un altre. Malauradament, aquestes no les recordo en la seva versió original, però venien a dir el següent: “Això del Fidel Castro és una pallasada. No durarà ni un any.”

Us he dit que corria l’any 1962? Bé, no sempre l’encertava, la Françoise.

       Diari de Sant Cugat, 28 març 2008       

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