Ausonio (el personaje de la novela La ciudad y el reino) se define

¿Qué habrá después? Nadie lo sabe. Quizá, como afirman los creyentes cristianos, nos espera una unión gloriosa con el Padre eterno. Quizá el espíritu particular que albergó tantos mundos se reintegre en el espíritu universal, conservando o no la conciencia de su individualidad. O quizá no quede nada en absoluto. Me inclino por alguna de las dos últimas posibilidades. Y es que la resurrección de los muertos – cuerpos incluidos – es un hueso bastante difícil de roer.

Ante estas afirmaciones mías, Paulo me pidió que le aclarase de una vez si soy o no soy cristiano. ¡Vaya dilema! El hombre es un universo. En todo caso, es mucho más que sus adjetivos. Y aquél que aspira a ensanchar al máximo los límites de su conciencia no puede dejarse encerrar en las estrecheces de una doctrina.

No se pueden poner las ideas por delante y pretender acomodar a ellas nuestra personalidad. Primero está la vida, rica, variada, multiforme. Y según vivimos, somos. Así que, ante la capciosa pregunta de Paulo, sólo se me ocurre una respuesta: que, como poeta, soy politeísta; como pensador, soy panteísta; como ser moral, soy cristiano. Y con esto dejo zanjada toda cuestión trascendente.

(De LA CIUDAD Y EL REINO)

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