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Montaigne. Una torre con vistas I

montaigneSuele llamarse escritor al creador de obras literarias. Esas obras tienen un contenido que se presenta con el envoltorio de un estilo, de un modo de escribir. Luego que el escritor ha creado la obra, llega el crítico, reseñista, comentarista o – si han pasado muchos años – erudito, y se aplican a mostrarnos esa obra, a deconstruirla, intentando poner al descubierto el mundo de referencias a menudo ocultas que circulan por su interior, con la finalidad de revelarnos todos los secretos o resortes fundamentales de la obra y de la persona del autor. Porque lo normal es que tengamos ante nosotros por un lado la obra y por el otro el autor, y que sobre la relación entre ambas se pueda construir toda suerte de teorías más o menos acertadas, felices o pintorescas.

Pero ocurre que el escritor que ahora toca presentar, el Señor de Montaigne, tiene un problema, o una peculiaridad, y es que carece de esta dualidad. No diré que no haya obra, sino que no hay tema. El tema es él mismo. Y la obra consiste en la exploración y explicación de él mismo, con lo cual el trabajo del comentarista, que consiste en relacionar obra y autor y tratar de establecer sus correspondencias, resulta superflua, porque aquí obra y autor son lo mismo, y el propio autor es su mejor comentarista.

Hallándome totalmente desprovisto y vacío de cualquier otra materia, me he ofrecido a mí mismo como tema. Es el único libro del mundo en su especie: su propósito es raro y extravagante. Nada hay en este trabajo que sea digno de señalar sino esta rareza

No sabemos si, al escribir esto, es consciente de que está inaugurando un género literario. Para empezar, ni siquiera se considera escritor.

Yo soy cualquier cosa antes que un escritor de libros. Mi cometido es dar forma a mi vida. Esa es mi única vocación, mi única misión.

Como Goethe dos siglos después, no se considera un escritor profesional, sino un artesano, un artista de sí mismo. Y dado que no tiene unas cuantas ideas fijas, ni siquiera una, como suelen tener todas las personas, incluidas las que se consideran escritoras, lo explora todo, lo comenta todo, pero no para ofrecer una obra sólida, sino para exponer sus reflexiones adogmáticas como lo que él cree, no como lo que hay que creer.

Y no lo expone con gran aparato literario, sino que escribe, pretende escribir, tal como se habla. Su pretensión es ser loessais más accesible posible a sus contemporáneos. Por ello, en una época en que todas las obras científicas y filosóficas se escriben en latín, él lo hace en francés, idioma que considera indeciso y cambiante (y lo era entonces) y, por lo mismo, más apropiado a una vigencia efímera, como creía que sería la de sus escritos, y más adaptado al ritmo de la vida que un latín estable (fosilizado, diríamos hoy). Y con un estilo al mismo tiempo simple y expresivo.

Montaigne no tiene una teoría del mundo que presentar y desarrollar y así, del mismo modo que toma su anecdotario de los hechos del presente o de la historia, apoya su pensamiento en el de autores de indiscutible prestigio.

Séneca es el primero, en el tiempo. Pero, con los años, la preferencias de Montaigne van evolucionando. Su enorme pragmatismo y sentido común hacen que pronto le parezca el estoicismo demasiado violento, demasiado poco humano.

¿De qué nos sirve esa curiosidad que consiste en imaginar por adelantado todas las desdichas de la naturaleza humana y de prepararnos con tanto esfuerzo para el encuentro de esas cosas que tal vez no están destinadas a alcanzarnos?

La muerte sí, claro, ha de alcanzarnos. Pero incluso en este caso,

a la mayoría de los sabios la preparación para la muerte les ha dado más tormento que el hecho mismo de la muerte.

Y entonces se aferra, como siempre en el fondo, a una moral familiar, tradicional, simple y práctica, que no necesita de justificaciones ideológicas.
de-rerum-naturaSi de ideologías o de filosofía se trata, lo que se advierte en él en esta segunda fase es un una preferencia por el epicureísmo, que encuentra perfectamente formulado en la obra del poeta Lucrecio, y finalmente por el escepticismo, que conoce y profundiza con la lectura de Sexto Empírico, cuya filosofía se adecua muy bien a su temperamento, ajeno por completo a cualquier extremismo.

Montaigne tiene la sensación de que todo es relativo, de que las cosas tienen muchas caras y de que hay que darles muchas vueltas y examinarlas bien antes de pronunciarse. Y sabe que sus mismas ideas son relativas.

Lo más seguro, en mi opinión, sería ir acomodando nuestras opiniones a las circunstancias inmediatas, sin entrar en una investigación más detenida y sin deducir ninguna otra consecuencia.

Y es que

nada se cree con mayor firmeza que aquello que se conoce menos, ni hay hombres más seguros de lo que dicen que los que nos refieren cosas fabulosas, como los alquimistas, adivinos, quirománticos, astrólogos...

No, él no es un hombre seguro en las ideas, pero sí clarividente, y prudente en los hechos. Su religiosidad, por ejemplo, no consiste en la adhesión entusiasta a una fe determinada, sino en la aceptación de un hecho natural: considera que es católico y no mahometano por la misma razón que es francés y no alemán.

La época que le tocó vivir no era nada propicia para personalidades como la suya. Era un tiempo de violencias, de luchas fratricidas, esta vez al amparo del enfrentamiento de dos versiones de la misma religión, como otras veces al amparo de pretextos geopolíticos, económicos o dinásticos, aunque la oculta razón de todos los pretextos era y ha sido siempre la misma: el afán de poder, de dominio; o de librarse del dominio ajeno.henri

Durante la segunda mitad del siglo XVI se vivieron en Francia varias guerras “de religión”. El protestantismo había prendido en ciertos sectores del país y, entre que no hubo un instrumento para extirparlo de raíz, como el Santo Oficio en España, y que contó con la adhesión de parte de la nobleza, alcanzó una fuerza tal – se calcula que los “hugonotes” sumaban el diez por cierto de la población – que el gobierno católico de París de ningún modo lo quiso tolerar.

Encerrado en la torre de su castillo, Montaigne leía a los filósofos antiguos y escribía sin descanso sobre todo lo humano – lo divino lo dejaba a los que afirman saber  de estas cosas. A veces se asomaba a la ventana y contemplaba el trajín normal de la vida. Pero la suya no era una torre de marfil, sino más bien una torre con vistas desde la que podía contemplar el mundo. Hasta ella llegaba el fragor de los combates (en los que alguna vez se vio compelido a participar) y, en ocasiones, los requerimientos de uno y otro bando para que se sumase claramente a los suyos. Pero él se limitó a hacer de mediador. Leal al rey francés, admirador del líder católico Enrique de Guisa y amistoso con el líder protestante Enrique de Navarra, su acción fue decisiva para el fin pacífico de la cuestión.

Montaigne tiene la sensación de que todo es relativo… Montaigne, ¿relativista? No sé. El caso es que, mientras Montaigne escribía, examinando las muchas caras de las cosas, y buscaba la paz, los portadores de valores altos, claros y seguros, se acuchillaban sin piedad en las calles y los campos de Francia.  (Continúa)

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(De Los libros de mi vida. Lista B)

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El suicidio en Roma (sabiduría clásica VI)

No existía en latín clásico (ni siquiera en el medieval) una palabra determinada para significar lo que hoy entendemos por suicidio. Para ello se tenía que recurrir a paráfrasis como mortem sibi consciscere, sibi manu afferre o sui caedere, de la última de las cuales se formó, ya en época moderna, el término actual.lucrecia 3

Pero la gente se suicidaba, naturalmente, tampoco existía una palabra para significar lo que hoy entendemos por “homosexual” (cinaedus era una especie de insulto dirigido al pasivo vicioso), pero la gente hacía lo que podía, naturalmente.

Y el ciudadano romano, ¿qué pensaba del hecho de darse muerte uno mismo, por decirlo a su manera? Aquí, como en el caso de la religión, hay que distinguir entre el ámbito popular y el culto.

La gente común no veía con buenos ojos el suicidio, especialmente el producido por ahogamiento. De hecho, en el antiguo derecho pontifical se negaba la sepultura a los ahorcados. Se conserva una inscripción en que un personaje hace una donación de tierras para cementerio de sus conciudadanos con la condición de que sean excluidos los gladiadores y los que se hubiesen ahorcado. En todo caso estaba claro que, para el pueblo llano, el suicidio no podía ser del agrado de los dioses.

caton suicidioEntre las élites culturales la cosa era distinta. Cicerón se pronuncia de una manera en apariencia ambigua, pero en el fondo, creo yo, muy lógica. La creencia en un mundo coherente regido por la divinidad le lleva a pensar – como más tarde a los teólogos cristianos – que el hombre no es dueño de quitarse la vida; y sin embargo, a diferencia del cristianismo, Cicerón admite excepciones; afirma que hay ocasiones en que el mismo dios que hay en nosotros y que nos prohíbe salir de la vida sin permiso otorga la autorización necesaria.

aquel breve resto de vida que les queda ni han de apetecerlo los ancianos, ni han de renunciar a él sin motivo; y Pitágoras prohibe que sin permiso del general, o sea, de dios, nadie abandone la guardia y el puesto de la vida. (Sobre la vejez, XX, 73-74; trad. Eduardo Valentí Fiol).

¿Y cuándo, en qué casos, se produce esa autorización? Para Cicerón está muy claro: cuando está en juego la libertad o la dignidad de la persona. El ejemplo supremo es el de Catón de Útica, que se quita la vida para no vivir bajo el poder del liberticida Julio César, quien, sin duda, se la habría perdonado.

images (59)Séneca es más expeditivo: no es preciso que ningún dios nos autorice la salida. Si te place, vive; si no, puedes regresar al lugar de donde viniste. Pero el hecho de que no se precise un permiso divino, es decir, una razón moralmente admisible, no significa que todo suicidio merezca la aprobación del filósofo. Y es que si, para el estoico, el hombre ha de ser el artífice, el gobernante de su vida, también el suicidio habrá de responder a un acto de gobierno, no a la presión de una pasión enfermiza.

Aquí, como en todo el pensamiento de Séneca, la idea siempre presente es la dignidad. El varón fuerte y sabio de la vida no debe huir, sino salir, dice. Y nadie más indigno que el que no sabe salir. Y ni siquiera huir. A éste dedica Séneca todo su desprecio.

Viejos decrépitos que mendigan en sus plegarias un suplemento de pocos años, que se fingen jóvenes y que tan placenteramente se engañan como si también engañasen al destino. Pero cuando alguna enfermedad les advierte de su mortalidad, mueren aterrorizados, no como si saliesen de la vida, sino como si fuesen arrancados. (Sobre la brevedad de la vida, XI).

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Séneca, psicólogo (sabiduría clásica V)

seneca sab

Dedicado a la simpática y entretenida tarea de preparar estas entradas sobre lo que llamo “sabiduría clásica”, he hecho un descubrimiento: releyendo lo ya varias veces leído, me he encontrado de pronto con algo en lo que no había reparado pese a que siempre había estado ahí. Y es que, además de político influyente, literato exquisito y moralista profundo, Séneca fue un psicólogo extraordinario. Tan extraordinario que incluso parece haber sugerido temas a cierto maestro de la modernidad psicológica.

A continuación van unos ejemplos. He encabezado las introducciones con los titulares que me han parecido más adecuados. Todas las citas pertenecen a la obra Cartas morales a Lucilio; traducción, Eduardo Sierra Valentí.

cartas a lucilio

Lo peor (como lo mejor) está en la imaginación

Ante la amenaza de un mal no te precipites en sufrirlo. Quizá no sea tan terrible como parece, o nada en absoluto. Procura encararlo tal como es en realidad.

Antes que nada, acuérdate de eliminar en cada cosa cualquier exageración que pudiese rodearla y pronto verás que no hay nada terrible, si no es el propio temor. (III, XXIV).


paisaje mente¿Quién es desgraciado?

Es desgraciado quien se cree desgraciado, como es feliz quien se cree feliz. El mundo es un paisaje de la mente, que se muestra con los colores con que lo pintamos.

Cada hombre es tan desgraciado como cree serlo.(IX, LXXVIII).

                   ¡Cuidado a quién favoreces!

Apenas había pensado en ello y solo lo neron senecahabía leído en Séneca. Existe un extraño mecanismo por el que la persona que recibe un favor puede convertirse en enemigo mortal del benefactor. Y es que cuando alguien no quiere, no puede o no sabe agradecer el favor recibido transforma en odio lo que debería ser agradecimiento.

Es peligrosísimo hacer favores a ciertos hombres, los cuales, porque creen vergonzoso no pagar beneficio, no querrían que existiera aquel a quien tendrían que pagarlo. […] Ningún odio es tan pernicioso como la vergüenza de un beneficio mal correspondido. (X, LXXXI).

El mal que se hace no se desprende del todo del el malhacedor.

El mal que se inflige no solo afecta al objeto sobre el que se lanza, cosa obvia, sino también al mismo sujeto lanzador. El ser humano no es como una máquina que, después de funcionar, queda tal como estaba. Todo lo que hace le transforma de alguna manera.

Lo que va a parar a los demás es la parte más pequeña de la maldad; lo que contiene de peor y, por así decirlo, de más fangoso, permanece en su propia casa y oprime a su propio dueño. (X, LXXXI)

freud

Libido moriendi, un anticipo freudiano

No siempre se desea la vida. Frente a la voluntad de vivir existe también una pulsión de muerte, como “descubrió” Freud, y el hombre…

ha de saber evitar aquella pasión que ha dominado a tantos: el afán de morir [libido moriendi]. Porque, querido Lucilio, existe también, como para otras cosas, una inclinación desordenada hacia la muerte. (III, XXIV)

baudelaire

Tedium vitae, el spleen del siglo I

Freud catalogó la melancolía, esa tristeza oscura sin razón aparente, como una forma grave de depresión. En la literatura romántica y posromántica suele recibir el nombre de spleen, término de origen inglés que difundieron ciertos poetas franceses. La sola palabra nos evoca el nombre de Baudelaire. Pero muchos siglos antes…

con harta frecuencia ha dominado, ya a varones generosos e incorruptibles, ya a hombres cobardes y muelles; aquellos menosprecian la vida, estos la encuentran poco llevadera. A algunos entra la desgana por tener que ver y hacer siempre las mismas cosas; no es un odio, antes un aburrimiento de la vida [tedium vitae](III, XXIV)

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Religión, dioses, mente divina II (sabiduría clásica IV)

Que los romanos cultos no participasen de la fe infantil del pueblo llano en los dioses no significa que fuesen inmunes a las tentaciones metafísicas. En los escritos de muchos pensadores hay pruebas evidentes de ello. Pero no se espere encontrar nada comparable a un Platón o un Aristóteles. Y es que, a diferencia de la griega, la cosecha latina de escritores apenas produjo filósofos.platon

Un pueblo tan práctico como el de Roma podía dar – y dio en abundancia – juristas, arquitectos, ingenieros, administradores, soldados, pero no filósofos. Y en mi opinión, no hay excepciones. Porque, si consideramos los nombres que enseguida vienen a la mente, tendremos que reconocer que Cicerón fue solo un divulgador de la filosofía griega y que tanto Séneca como Marco Aurelio cultivaron casi exclusivamente el aspecto más utilitario de la filosofía, la ética, es decir, cómo comportarse en la vida.marco aurelio

Los interesados en la metafísica o, simplemente, en hacerse con una visión del mundo (una Weltanschauung, se diría siglos después) se adscribían de hecho a una de las dos grandes corrientes: la epicúrea, materialista, negadora de toda trascendencia humana, y la estoica, que había acogido algunos aspectos del platonismo y del aristotelismo, y que creía en una divinidad reguladora del cosmos al mismo tiempo que en una necesidad o fatalidad del devenir humano y universal, pues, como dice Séneca:

Una cadena irrompible, que esfuerzo alguno lograría alterar, ata y arrastra todas las cosas. (Cartas a Lucilio, IX, 77; trad., Eduardo Sierra Valentí)

Cicerón, que no se consideraba estoico ni epicúreo, pero que estaba mucho más próximo de lo primero que de lo segundo, escribe:

todos obedecen al orden que reina en los cielos, al principio divino que anima el mundo, y al Dios todopoderoso, de suerte que el universo entero debe ser considerado como la patria común de los dioses y de los hombres. (Sobre las leyes, I, 23; trad., José Guillén).acueducto

En Séneca ese Dios regulador se nos presenta, además, como algo más próximo, más intimo:

Dios se halla cerca de ti, está contigo, está dentro de ti. Sí, Lucilio, un espíritu sagrado reside dentro de nosotros, observador de nuestros males y guardián de nuestros bienes, el cual nos trata como es tratado por nosotros.(Cartas morales a Lucilio, IV, 41; trad. Eduardo Sierra Valentí).

Esta creencia en un orden divino, generalmente admitida excepto por los epicúreos, no supone necesariamente, como en otras religiones, la fe en la pervivencia o inmortalidad del alma individual. Sobre esto las posiciones son diversas.

catulo juan petit

El poeta Catulo, que al parecer hasta cree en los dioses tradicionales, afirma:

los soles pueden ponerse y volver a salir; pero nosotros, una vez se apague nuestro breve día, tendremos que dormir una noche eterna.(V ; trad. Juan Petit)

Séneca resulta un poco contradictorio en este tema, o quizá es que no lo entendemos muy bien, porque en unas ocasiones defiende la inmortalidad personal, y en otras parece que no.

Cicerón, con su típica mentalidad jurídica, plantea la cuestión de manera que no quede ningún cabo suelto:

Que si yerro al creer que las almas humanas son inmortales, gustosamente yerro, y no quiero que me arranquen, mientras viva, este error en el que me complazco; ahora, si después de muerto no he de sentir nada, como piensan ciertos filósofos insignificantes, no temo que los filósofos difuntos se burlen de este error mío. Que si no hemos de ser inmortales, es con todo deseable que el hombre se extinga a su debido tiempo; pues la naturaleza ha puesto un límite a la vida como a todas las demás cosas. (Sobre la vejez, XXIII, 85; trad. Eduardo Valentí Fiol)alma

En conclusión, con inmortalidad del alma o sin ella, para los mejores pensadores romanos todo está movido, animado y regulado por la mente divina,

            omnia iam cernes divina mente notata

dice Cicerón en uno de los pocos versos suyos que se conservan, y que apenas precisa traducción.                                     

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El tiempo que pasa (sabiduría clásica II)

La necesidad de aprovechar el tiempo es una de las principales preocupaciones de Séneca. Ya la primera carta a Lucilio la dedica a este tema:reloj2

El tiempo que hasta hoy te han estado tomando, te han estado robando o que te ha huido, recógelo y aprovéchalo. Persuádete de que es tal como te lo estoy escribiendo; unas horas nos han sido tomadas, otras nos han sido robadas, otras nos han huido. La pérdida más vergonzosa es, sin duda, la que acontece por negligencia. Y si te fijas bien, la mayor parte de la vida la pasamos entregados al mal; otra parte, y no menguada, sin hacer nada, y toda la vida haciendo lo que no deberíamos hacer. […] Asegura bien el contenido del día de hoy, y así será como dependerás menos del mañana. Aunque aplacemos las cosas, la vida nos huye. Todas las cosas, Lucilio, en realidad nos son extrañas, solo el tiempo es bien nuestro. (Cartas morales a Lucilio, I, trad. Jaume Bofill i Ferro)

En varias ocasiones sostiene Séneca que la vida no es breve, que somos nosotros los que no la sabemosseneca epistolas aprovechar. ¿Y cómo la desaprovechamos? Dedicando nuestro tiempo a actividades absurdas que nos van alejando de la posibilidad del verdadero goce de la vida.

Larga es la vida si la sabemos aprovechar. A uno detiene la insaciable avaricia, a otro la cuidadosa diligencia de inútiles trabajos; uno se entrega al vino, otro con la ociosidad se entorpece; a otro fatiga la ambición pendiente siempre de ajenos pareceres, […] Hay otros que en veneración no agradecida de superiores consumen su edad en voluntaria servidumbre, […] Pequeña parte de la vida es lo que vivimos: porque lo demás es espacio, y no vida, sino tiempo. (De la brevedad de la vida, I ; trad. Pedro Fernández Navarrete).

En cierto momento, Cicerón, hablando por boca de su personaje Catón el Viejo, opina que la longitud del tiempo es indiferente; que, una vez transcurrido, no importa si fue largo o corto, porque, al pasar, da muerte por igual a todo lo que en su escenario ocurre:

No me parece duradero nada que tenga un término; en efecto, en el mismo momento de llegar éste, se desvanece todo lo que ha pasado. (Sobre la vejez, XIX, LXIX; trad. Eduardo Valentí Fiol).

Quizá quien con más acierto y contundencia expone el rasgo fundamental del tiempo que pasa sea un poeta, Publio Ovidio Nasón, y lo hace con solo tres palabras, que vale la pena recordar en su versión original: tempus edax rerum:

El tiempo, devorador de las cosas. (Metamorfosis, XV, 234)tempus edax

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El cuidado del cuerpo (sabiduría clásica I)

A medida que la influencia de la cultura griega se afianza en Roma, se va despertando entre los varones un interés antes desconocido: el cuidado del cuerpo, no ya como necesario entrenamiento para la guerra, sino con fines exclusivamente narcisistas, se podría decir.

Séneca, en carta a su supuesto amigo Lucilio, advierte y aconseja:

atleta romanoNosotros, es menester confesarlo, tenemos un amor innato a nuestro cuerpo, del cual nos ha sido confiada la tutela. No niego que debamos tratarlo bien, pero sí que debamos servirle, pues servirá a muchos dueños quien sirva a él, quien se ocupe demasiado en él, quien todo lo refiera a él. Es menester que nos comportemos no como aquel que tiene que vivir para el cuerpo, sino como aquel que no puede vivir sin el cuerpo. Un amor excesivo a éste nos inquieta con temores, nos carga de afanes, nos expone a afrentas. (Cartas morales a Lucilio, XIV)

………….

hombres que reparten su tiempo entre el óleo y el vino y tienen el día por bienaseo romano
aplicado cuando han sudado suficientemente, y para reparar el líquido que de esta manera perdieron han ingerido ya en ayunas mucha bebida para que penetre más adentro. Beber y sudar constituye la vida..
.(CML, XV)

Y  le recuerda que, no solo estas costumbres, sino otras que se consideran más normales, como el baño diario, eran desconocidas entre los antepasados:

Y aun, para que lo sepas, no se lavaban cada día, pues, según dicen aquellos que nos han trasmitido la relación de las costumbres antiguas, se lavaban cada día los brazos y las piernas, que se ensuciaban con el trabajo; lo demás del cuerpo solo lo hacían los días de mercado. (CML, LXXXVI). 

(traducciones, Jaume Bofill i Ferro)  

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Sabiduría clásica

La antigüedad clásica – y me refiero a la romana, que es la que conozco un poco – contiene un cúmulo de tesoros hoy en día ignorados. Incluso aquellas personas que sienten cierta inclinación por ella, si no la han minervaabordado mediante estudios mínimamente serios, pueden convertirse sin darse cuenta en víctimas de una de las muchas mixtificaciones o falsificaciones que hoy nos asedian.

Todo lo que el ciudadano medio – incluidos individuos supuestamente cultos – conoce de esa civilización y cultura es lo que se expone en películas, series televisivas y novelas “históricas”. No quiero decir que algunos de esos productos no sean dignos y hasta acertados – me rondan uno o dos títulos, que no diré –, pero en general poseen unos rasgos o características que, a mi juicio, los inhabilita como honestos transmisores de las realidades y valores de aquella civilización.

Por ejemplo, el exotismo y su contrario el actualismo. Entiendo por exotismo la pretensión de presentar la antigua sociedad romana como algo muy alejado de la normalidad humana actual, como algo curioso, fantástico, increíble. Lamento que el único ejemplo que ahora recuerdo sea precisamente una película por otra parte admirable: Satiricón, de Fellini.satiricon

Por actualismo entiendo el intento de presentar aquella sociedad como un espejo malintencionado de la nuestra, es decir, de llevar al espectador a la idea de que nada ha cambiado en los seres humanos, de que todo es siempre lo mismo. Parte de verdad hay en ello. Lo malo es que se fuercen los parecidos y se trasluzca la intención, como tantas veces ocurre.

Pero el verdadero elemento distorsionador de una posible comprensión de la antigüedad romana a travésviolencia en roma de esos productos “artísticos” consiste en lo que podríamos llamar el morbo de la violencia y el sexo, la obsesión por estos aspectos, y no desinteresada por cierto, sino alentada por la conocida capacidad de convocatoria comercial de tales ingredientes. Tanto es así que en la imaginación de los consumidores de esos productos, la antigua Roma no es más que un conglomerado de violencia física y de actividad sexual de toda clase: incestos, violaciones, excesos sexuales. No puede haber Roma sin luchas sangrientas de gladiadores, espadas que traspasan cuerpos o seccionan cuellos, envenenamientos, cuerpos de todos los sexos que se amontonan en orgías sin fin, etcétera.

No pretendo acabar con esa visión “mediática”. Tampoco podría. Solo aspiro a dejar constancia – como contrapartida – de las cimas intelectuales y espirituales que aquella sociedad alcanzó por medio de sus mentes más preclaras. Unos cuantos escritores me acompañarán en el intento: Cicerón, Séneca, y alguno más.ciceron grande

  1. El cuidado del cuerpo
  2. El tiempo que pasa
  3. La política: gloria y miserias
  4. Religión, dioses, mente divina I y II
  5. Séneca, psicólogo
  6. El suicidio en Roma
  7. Cultura y poder  
  8. La vejez    

NOTA: Me había pasado por la cabeza incluir la versión original latina de cada cita. Pero luego he pensado que la exhibición interesaría a pocos y espantaría a muchos. Así que los muy interesados podrán encontrarla en el lugar correspondiente de este estupendo compendio de la literatura latina:  http://www.thelatinlibrary.com

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Por qué se escribe. Destino o libre albedrío (A.E.P. s.e. 4)

EGO.- Puedes estás seguro, Alter, que si un día te dedicas en serio a la literatura y alcanzas cierto nombre, algún entrevistador,  posiblemente más de uno, dejará caer la inevitable pregunta. “Usted ¿por qué escribe?” O quizá en forma finalista “usted ¿para qué escribe?”. Pero que caerá, seguro.

entrevista escritorALTER.- ¿Quieres decir que ya tengo que empezar a preparar la respuesta?

EGO. – No estaría de más. ¿A ver? Probemos. Tú ¿por qué escribes?

ALTER.- Un momento, un momento. No pretendas liarme. Aquí el escritor eres tú. Y seguro que ya tienes preparada la respuesta. Vamos, suéltala. Tú ¿por qué escribes? O si prefieres ¿para qué escribes?

EGO. – Te recuerdo que yo no soy el sujeto de todas las cuestiones que se plantean aquí. Esto no es una entrevista o reportaje sobre mi persona. Además, se trata de una pregunta que admite cualquier tipo de destinatario, siempre que sea escritor, naturalmente.

ALTER.- Pero las respuestas serán distintas, según el preguntado.

EGO.- ¿Y qué? El problema no está en las respuestas sino en la pregunta. Y es que preguntar a un escritor, de los de verdad, por qué escribe es como preguntar a un niño por qué juega.

ALTER.- ¿Quieres decir que se trata de algo natural, irracional, irreprimible? Pues yo recuerdo haber oído algunas respuestas con razonamientos bien argumentados y muy creíbles.

EGO.- Yo también. Pero tengo la impresión de que esas respuestas son en realidad justificaciones a posteriori de algo que, en sí mismo, ni tiene justificación ni tiene por qué tenerla.

ALTER.- Por ejemplo…

EGO. – Entre las más sensatas oídas o leídas en Niños jugandoentrevistas: para crear mundos distintos, porque el real no es suficiente; para ser otro; para luchar contra la muerte; para satisfacer la propia vanidad… y así hasta las más pedestres e inverosímiles, como para hacerse famoso o para hacerse rico.

ALTER.- ¿Y qué tienen de malo esas respuestas? ¿No responden a lo que piensa el escritor en cuestión?

EGO.- Por supuesto, a lo que piensa como justificación o explicación de su actividad. Es lo que te decía antes. Y es que todas esas respuestas no nos informan sobre las razones o causas reales de que una persona se ponga a escribir manejando mundos más o menos reales o imaginarios.

ALTER.-¿Y sabes tú cuáles son esas razones o causas reales?

EGO.- Bueno, aquí hay que distinguir entre la causa eficiente y la final, aristotélicamente hablando. La causa final de la actividad literaria la puede elegir cada cual a su gusto, por ejemplo, kafka padreentre las que antes he mencionado. Pero la causa eficiente, el porqué, nadie la conoce, ni el propio escritor interpelado, por mucho que pontifique sobre sí mismo, y ni siquiera el crítico o psicólogo que lo estudia; acabo de leer la opinión de un psicólogo sobre las razones de Kafka: escribía para contrariar a su padre. ¿Qué te parece? ¡Asunto zanjado!… ¿Sabes qué te digo? Que en realidad ningún escritor sabe por qué ni para qué escribe, y es que los impulsos básicos que dirigen la trayectoria vital de las personas permanecen siempre fuera del foco de la conciencia.

ALTER.- Me gusta esa frase. Traducida al lenguaje normal, quiere decir que uno no sabe por qué se dedica a escribir, que es su destino y punto, ¿no?

EGO.- Bueno, es otra manera de decirlo.

ALTER.- Ego, ¿tú crees en el destino?

EGO.- No me gusta nada esa manera de preguntar.

ALTER.- Perdona, maestro, he hecho una pregunta como otra cualquiera, educadamente…

EGO.- Disculpa, no va contigo la cosa, sino en general. Me molesta esa manera de preguntar, porque es generadora de confusión. ¿Crees en el destino? ¿Crees en el amor? ¿Crees en la inspiración? ¿Crees en la política? ¿Acaso estamos obligados a contestar con un sí o un no? El destino, el amor, la inspiración, la política, la libertad, la amistad, la educación, la ciencia, el arte, la experiencia, ¿son artículos de fe, son códigos cerrados que hay que aceptar o rechazar de una vez por todas? No he visto mayor absurdo. Y sin embargo, son muchos los que, de buenas a primeras, se apuntan a un sí o a un no sin distingos ni matices.

ALTER.- De acuerdo. De todos modos, me gustaría oír tu opinión sobre el tema que te he propuesto tan groseramente. O sea, si tienes algo que decir sobre eso que se comenta por ahí de que hay una fuerza llamada destino, que guía inexorablemente nuestra vida o sobre eso otro de que no existe tal fuerza y que todo depende de la libre decisión de cada cual.

EGO.- Como circunloquio te ha salido bastante forzado y poco elegante, pero, bueno, aprecio el esfuerzo. Para los antiguos griegos y romanos el destino era una evidencia. No se puede afirmar que “creían” en él: lo tenían ahí. Como no se puede decir que uno cree senecaen el sol. Séneca resume perfectamente esta actitud al hacer suya una sentencia de uno de los antiguos sabios griegos: ducunt volentem fata, nolentem trahunt, el destino conduce al que quiere y arrastra al que no quiere. En la Edad Media, con el cristianismo, el destino desapareció del horizonte y sus funciones pasaron a ser ejercidas, en parte, por el Dios único. Y digo en parte, porque los teólogos elaboraron un extraño y difícil equilibrio entre la Providencia Divina y el libre albedrío. Más adelante, con la modernidad, se fue insistiendo en la soberana e indeterminada libertad del individuo, tendencia que culminó en el delirio existencialista. Pero, al mismo tiempo, los descubrimientos de la ciencia, al ponerlo todo bajo el mecanismo de la causalidad, abrían la sospecha de si el ser humano no sería un elemento más de la naturaleza sujeto a causas (que él llama motivos) y efectos y, por lo tanto, que todo estaría ya escrito en el código genético con que cada cual se presenta al mundo, de manera que, dadas unas circunstancias concretas y el carácter congénito del individuo, éste no podría tomar otra decisión que la que toma.

ALTER.- Entonces, del libre albedrío, nada de nada.

einstein dadosEGO.- Bueno, siempre hay esperanza para el que la desea. Y así muchos pensadores han encontrado en la física cuántica un nuevo apoyo para reforzar la postura antideterminista, pues el baile incontrolado, imprevisible, de las partículas elementales, el principio de incertidumbre o indeterminación y todo eso corrobora, según ellos, la libertad radical con que se mueve el universo y la conciencia humana.

ALTER.- A ver, a ver si he entendido algo… Libertad radical con que se mueve… pero eso supondría la imposibilidad de establecer leyes y por lo tanto del conocimiento científico.

EGO. – En efecto. Einstein, con su enorme sentido común lo vio muy claro: Dios no juega a los dados.

ALTER.- Ego, no te molestes, pero la conclusión que yo saco de todo esto es que, para ti, bajo una u otra forma, el destino existe.

EGO.- ¿Existe? ¿Qué significa “existe” cuando hablamos de ideas o conceptos? En este campo existe todo lo que se percibe como existente.

ALTER.- Como también el libre albedrío, entonces. Para sus defensores.

EGO.- Por supuesto. El problema que tengo con el concepto de libre albedrío es que no sé qué entienden exactamente por tal sus defensores. ¿El poder de tomar decisiones con desconexión total de lo que constituye el animal humano, desde la carga genética hasta el ambiente en que nace y vive? Eso es algo imposible, a no ser que nos refiramos a alguna especie de ser angélico. Y es curioso que, incluso los más acérrimos defensores del libre albedrío prescinden de su doctrina cuando se trata de enjuiciar a los demás. Por ejemplo, saben muy bien que, en una situación determinada, el individuo tal, dado su carácter, historia y todo lo que conocemos de él, actuará de una forma concreta y no de otra. Solo él, el que enjuicia, se cree capaz de decidir con libertad absoluta…

ALTER.- Como un ser angélico.angel-volando-en-anunciacion

EGO.- Sí, como un angelito.

(De Alter, Ego y el plan)

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Filosofía en porciones. Tres “pensadores”. (A.E.P.15)

EGO.- Cada persona tiene su filósofo, lo sepa o no, y la metafísica atea del nuestro corresponde a quienes ni abdican de la razón ni piensan que, con ella, todo ha de ser de color de rosa.

schop mainALTER.- Pero ha llovido mucho desde entonces. ¿Por qué esa fijación en un filósofo de hace siglo y medio? En filosofía, ¿tampoco hay progreso?

EGO.- No hay manera de saberlo. Pero, en realidad, lo que no hay es filosofía.

ALTER.- ¿En siglo y medio? Tú bromeas…

EGO.- Hay porciones. Un poco de estética por aquí, otro de ética por allá, unos tomos de teoría del conocimiento, otros sobre hermenéutica, un curso sobre el lenguaje, otro sobre semiótica en general…

ALTER.- Pero nadie se atreve a dar una visión de conjunto…

EGO.- Esa es la palabra, nadie se atreve. Y es que a algunos no les faltan ganas, pero, después de cien años de hablar de la imposibilidad de un saber total, de la desaparición de la misma totalidad ante la fuerza disgregadora de las particularidades, de la disolución o fragmentación del individuo, de la “anarquía de los átomos”, que subvierte tanto la jerarquía de lo real cuanto el discurso que debiera imponerle un orden…después de aceptar todo eso como artículo de fe del pensar hoy homologable, quién se atreve a montar un sistema, una explicación global del mundo, cosa que ha sido la tarea propia del filósofo hasta mediados del siglo XIX…Schopenhauer y Marx fueron los últimos herederos de la ilustre saga que se inició con Platón y Aristóteles. A partir de Nietzsche se rompen no sólo los esquemas, sino hasta la posibilidad de trazar cualquier esquema global.

ALTER.- Pero esa imposibilidad ¿es cierta o no?

EGO.- En la esfera de la mente, es cierto lo que se tiene por cierto. Y, salvo rarísimaslo más natural Niet excepciones, todo pensar se acomoda al dogma de la época, por muy “transgresor” que se imagine. Así, que habrá que esperar la llegada de ese genio rarísimo, de la talla de un Kant, quiero decir, para ver si se puede dar la vuelta a la caótica dispersión inaugurada por Nietzsche.

ALTER.- No te cae simpático Nietzsche…

EGO.- No se trata de si…no, no me cae simpático, nada simpático. Verás, para empezar, lo que me ocurre con Nietzsche es que no lo entiendo. No quiero decir que no entienda lo que dice, no, lo que no entiendo es el sentido que pueda tener, para la comprensión del mundo y de mí mismo, el conjunto de lo que dice. En su obra, el pensar riguroso ha sido sustituido por la erupción anárquica de ideas, algunas geniales pero casi todas gratuitas. Su escritura es la de un adolescente en estado de exaltación maníaca. Como poeta, podría pasar. Y es que la locura no está reñida con la poesía, pero sí con la filosofía.

ALTER.- ¿Has pensado que tu diatriba indignará a tanto nietzscheano como corre por ahí?

EGO.- Y qué. También ellos me indignan a mí. Creo firmemente que si Nietzsche no hubiera existido, en el mundo habría menos confusión. Y eso sin tener en cuenta a tanto nazi-tarado que, sin haberlo leído ni por el forro, lo utiliza para justificar sus fechorías. Pero en fin, a lo mejor tienen razón en atribuírselo sin haberlo leído, porque, como decíamos antes, cada persona tiene su filósofo, lo sepa o no.

ALTER.- Ego, me gustaría que hablásemos de literatura…

EGO.- Sí, tienes razón. Ésa era la idea central de estos diálogos…pero, sin olvidar los otros mundos, recuerda. Además, Nietzsche es básicamente literatura. Pero, de acuerdo, yo también prefiero dejarlo.

ALTER.- Creo que ya ha quedado claro lo principal, según tú: que no es un pensador de tu agrado. También en su momento quedó claro qué otro pensador sí es de tu agrado. Y a propósito de esta palabra tan curiosa, “pensador”, es raro ¿no?, recuerdo ahora que, hace una jornadas, apuntaste que, allá hacia el final de tu adolescencia, tres “pensadores” te despertaron de tu sueño dogmático. ¿Estamos ya en condiciones de saber quiénes son?

papiniEGO.- Ningún problema. Son, o mejor dicho, fueron Papini, Séneca y Unamuno.

ALTER.- Curiosa combinación, ¿no? ¿Tienen algo en común?

EGO.- ¿Algo en común? La verdad es que no lo había pensado. A ver… para mí lo que más claramente tienen en común es… que los leí, los descubrí, al mismo tiempo, entre los 17 y los 18 años, primero Papini y a continuación los otros dos. Por lo demás, a parte de que los tres priman la ética sobre la estética y que, para los tres, la operación de pensar es un ejercicio personalísimo, nunca sujeto a autoridades incuestionables, no creo que tengan gran cosa en común.

ALTER.- De Papini apenas sé nada. ¿Fue filósofo?

EGO.- No, “pensador”. En realidad fue un literato, autor de relatos cortos, de biografías muy personales, como las de Cristo y Dante, y de fantasías sobre el mundo contemporáneo y sus fantasmas, como El Libro Negro y Gog. Empezó a escribir hacia el 1900 desde una posición vagamente anarquista, muy del gusto de los transgresores de la época (era el momento de la muerte y ascensión de Nietzsche), luego participó en el movimiento futurista y finalmente se convirtió, o reconvirtió, al catolicismo. Como figura muy respetada, vivió estupendamente los años del fascismo, y murió en 1956, justa e injustamente olvidado.

ALTER.- Así, con esos cuatro trazos, no parece una biografía muy ejemplar, aunque sólo sea por su connivencia con el fascismo.

EGO.- ¿Lo acabas de leer en un artículo periodístico eso de “su connivencia con el fascismo”? Por favor, prescindamos de las frases hechas…y no seamos demasiado estrictos en eso de querer encajar los avatares vitales y profesionales con los de la política del país. O apliquemos la misma vara a todo el mundo. ¿Te has detenido a pensar cuántas celebridades de este país vivieron estupendamente, como figuras muy respetadas, durante los años del franquismo?escritor fran

ALTER.- Sí, tienes razón, desde Cela, entre los ya muertos, hasta…

EGO.- ¡Por favor, respetemos la norma!

ALTER.- De acuerdo, me callo…. Pero, ¿qué es lo que te atrajo en Papini?

EGO.- La fuerza de su escritura. Me causó un impacto enorme. Por primera vez no estaba leyendo aventuras más o menos interesantes o clásicos más o menos fosilizados, sino algo que parecía escrito con la sangre del propio autor. Palabras y sangre era precisamente el título del conjunto de relatos que me lo descubrieron. Ya con la lectura del primero, Tres de septiembre, se me reveló de repente la posibilidad que el dogma oficial me había ocultado: la posibilidad de que la existencia humana no tenga ningún sentido. Papini es un escritor con una gran fuerza y una gran carga de profundidad. Pero esa profundidad no se refiere a unas ideas o conceptos determinados, sino que está en su misma fuerza, en esa manera al mismo tiempo directa y poética de desnudar al ser humano y abandonarlo ante las últimas cuestiones…que quizá no tienen respuesta.

ALTER.- Pero él sí eligió una respuesta.

EGO.- Podría no haberlo hecho, como no lo hizo al principio, y sin embargo su fuerza fue siempre la misma.

ALTER.- Pasemos a Unamuno.

EGO.- A diferencia de Papini, y de Séneca, Unamuno no fue por mi parte una elección o descubrimiento solitario. Ya estaba en el ambiente. Era el curso 57-58. A punto de irrumpir en el mundo no oficial universitario el marxismo y el existencialismo (como ves, hasta en la heterodoxia íbamos retrasados), lo más anti que corría por ahí era Unamuno y algún otro de la Generación del 98.

ALTER.- ¿Y qué sentido tenían esos autores en esa época?unamuno

EGO.- Yo creo que ninguno. Pero cierto falangismo no oficial los había puesto de moda.

ALTER.- ¿Qué relación hubo entre el falangismo y Unamuno?

EGO.- Yo creo que Unamuno, en algunas formulaciones del falangismo, ve reflejadas sus preocupaciones “nacionales” esencialistas. Pero lo que sí es cierto es que el falangismo bebió bastante de la fuente unamuniana. Hasta el extremo de que en la actualidad suelen confundirse algunas citas, como aquello de “me duele España”, que más de una vez he visto atribuido a José Antonio, cuando en realidad fue Unamuno el padre del invento.

ALTER.- Acabó mal con el franquismo, ¿no?

EGO. Acabó casi antes de empezar, y con una dignidad ejemplar, que le redimió de cualquier simpatía precipitada que pudiera haber tenido por el “Alzamiento”. Y su muerte casi inmediata nos impide comprobar que él no hubiera sido de los que vivieron estupendamente bajo el franquismo…Pero todo esto es el contexto de mi descubrimiento. Nada tiene que ver con lo que me atrajo de él.

ALTER.- ¿Y qué fue lo que te atrajo?

EGO.- Su sinceridad. Una sinceridad que consiste en ponerse él mismo como tema, y, a través de todas sus dudas e inquietudes, tratar de llegar al fondo de la cuestión, fondo que, precisamente por su sinceridad y honradez, no llegará nunca a alcanzar. Lo único que a cada cual importa y, por lo tanto, lo único que debe importar a la filosofía, viene a decir, es el hombre concreto, el individuo de carne y hueso que vive, goza, sufre y sabe que ha de morir. Lo único que de verdad conocemos es la experiencia de la vida, nuestra existencia concreta, que se manifiesta como un esfuerzo sostenido por seguir viviendo, por no dejar de ser…Pero, además, Unamuno no es tan “listo” como para echar por la borda la razón y subirse al carro del irracionalismo gratuito, y ahí el problema, ahí el conflicto que se desarrolla a lo largo de toda su obra. Por una parte, su experiencia interior, acorde con un hondo sentimiento religioso, le mantiene en el anhelo ferviente de una vida eterna. Por otra, los datos de la ciencia y el ejercicio de la razón reducen ese anhelo a la categoría de ilusión. Si hubiese sabido prescindir de la razón, como un auténtico irracionalista, no habría habido agonía (lucha) unamuniana; si hubiese sabido prescindir de su anhelo de eternidad, de su sed de fe, como un auténtico racionalista, tampoco. Pero su hambre de eternidad le impedía aceptar un racionalismo reduccionista, y su sano raciocinio le impedía abandonarse ilusamente a la “fe del carbonero”. Esta era su tragedia.

ALTER.- Se le ha considerado un precursor del existencialismo…

EGO.- Con toda justicia. El fue, después de Kierkegaard, quien puso en el centro de la filosofía el individuo en su existir concreto, su angustia de saberse un ser para la muerte. Angustia que, para él, sólo la fe podría apaciguar… pero hacía ya tiempo que la fe había sido inmolada en el altar de la Razón.

ALTER.- ¿Puede decirse de Unamuno que fue un filósofo?

EGO. – No sé.  Yo creo que el calificativo que mejor le va es el de pensador.

ALTER.- Por supuesto…Te gusta la palabreja, ¿no?

EGO.- Es la que mejor se acomoda a ciertos casos. Me refiero a esos escritores que no seseneca limitan a la creación estrictamente literaria, artística, sino que además suelen abordar a través de sus ficciones temas considerados del dominio de la filosofía. En Goethe tenemos el ejemplo más claro. ¿Quién osaría decir sin faltar a la verdad que, además de poeta, novelista y científico, Goethe fue filósofo? Y sin embargo, ha sido una de los grandes pensadores de la humanidad.

ALTER.- A Séneca sí que le va el calificativo de filósofo…

EGO.- No lo creas. Has de tener en cuenta que, a diferencia de los griegos, los romanos no se interesaron por la filosofía. De hecho, no produjeron ningún filósofo original. Cicerón no fue más que un divulgador de la filosofía griega, Séneca sólo nos ofrece una ética, tomada de los estoicos (griegos), y otro tanto puede decirse de Marco Aurelio. Y creo que no se podría nombrar ninguno más. Compara esto con la enorme abundancia de la filosofía griega.

ALTER.- Eran gente muy práctica los romanos, ¿no?

EGO.- Sí, con una actitud muy pragmática. Temas tales como de qué está hecho el mundo y qué posición ocupa en él el hombre no les interesaban gran cosa. En cambio, desarrollaron el derecho como instrumento para garantizar el orden social, y de la filosofía sólo cultivaron su aspecto más práctico, es decir, aquel que nos puede ayudar a discernir cómo hemos de actuar: la ética.

nerónALTER.- Se ha dicho que la ética de Séneca es muy parecida a la cristiana y, por otra parte, es sabido que fue consejero de Nerón, incluso en la época de los grandes excesos de éste. ¿Cómo se compagina lo uno con lo otro?

EGO.- Cómo se compagina la teoría con la práctica, la idea con la vida. Este es el dilema que todos hemos de sufrir y que muy pocos saben resolver. Lo normal es que los ideales o, dicho más modestamente, las buenas intenciones, queden muy malparadas en su confrontación con los imponderables de la vida práctica. Pero hay que reconocer que el de Séneca es, o parece, un caso extremo.

ALTER.- Ensalzaba la pobreza y era poseedor de una inmensa fortuna, ¿no?

EGO.- Eso no sería lo peor. Después de todo, lo que decía era que las riquezas habían de servir al hombre, no el hombre a las riquezas, Reflexión elemental que hoy sigue tan vigente, y desoída, como en su época. Lo peor eran los métodos que, al parecer, utilizaba para acumular riquezas y, por supuesto, sus turbias relaciones con el poder. Como consejero de Nerón parece que, al principio, trató de encauzar al joven emperador de acuerdo con sus propios principios éticos. Pero la cosa no fue fácil. Pronto Nerón empezó a mostrarse como lógicamente se ha de mostrar un adolescente débil de carácter, adulado por todos y que tiene todo el poder. Y sin embargo, Séneca no dejó de figurar a su lado. De hecho, era su ministro principal junto con Afranio Burro. Y a su lado estaba cuando, entre otras fechorías, Nerón hizo matar a su propia madre. ¿Aprobaba Séneca los crímenes del emperador? ¿Aguantaba en su puesto para intentar reprimirle en lo posible? ¿Era un adulador interesado? ¿O un honrado consejero humillado y resignado?

ALTER.- Podía dimitir.

EGO.- No, no podía. Incluso esta decisión había de contar con el beneplácito del tirano…Pero dimitió. Cuando Burro murió, sintiéndose sin fuerzas para luchar contra los que pretendían desalojarle del poder, comunicó al emperador su decisión de abandonar. Nerón no lo aceptó, pero él igualmente se retiró.

ALTER.- Con lo cual firmó su propia sentencia de muerte, ¿no?

EGO.- Bueno, al principio pareció como si Nerón se hubiese olvidado de él. Hasta que, tres años después, el descubrimiento de la conjuración de Pisón llevó al amedrentado emperador a buscar conspiradores bajo las piedras…y entonces se acordó de Séneca y…fin de la historia.

ALTER.- Se puede decir que la dignidad de su muerte le redimió de la ambigüedad de su vida.

EGO.- Sí, se puede decir. Pero, como comprenderás, no es su biografía lo que me atrajo de él.

ALTER.- Lo supongo. ¿Te hago la pregunta? ¿Qué es lo que te atrajo de Séneca?

EGO.- De hoc alio die.

(De Alter, Ego y el plan)

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Borges o la invención del laberinto I

borges

El universo (que otros llaman la literatura) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de obras y autores. Algunos nos acompañan unos momentos; otros son fieles amigos durante toda la vida. Alguien lleva mucho tiempo con nosotros, pero desconocemos el momento en que apareció.

No sabría decir donde o cuando oí o leí por primera vez el apellido del escritor Borges, o tuve ante mis ojos por vez primera un texto suyo. Hubo una época, unos años en torno a los treinta de edad, que dejé en suspenso – ignoro por qué – la buena costumbre de fechar los libros que compro.

De todos los que conservo de Borges el primero que lleva fecha (22-VII-76) es Otras inquisiciones (Alianza-EMECE). Siguen siete libros datados, el último el 10 de julio de 1986 (extraña simetría). De los tres que conservo sin fecha y, por tanto, necesariamente anteriores, deduzco que el másotras inquisiciones antiguo es una colección de relatos con el título de uno de ellos (El Aleph), editado en España en 1969. No es insensato aventurar que conocí a Borges, como lector, en una fecha imprecisa situada entre 1961 (cuando, con la obtención del Premio Internacional de Editores, alcanzó fama mundial) y 1970. Advierto sin asombro que estoy siendo poseído por la prosa borgiana. Intento corregirlo.

Lo que quería decir es que Borges se introdujo en mi vida de lector de una manera imperceptible. Y luego, ha sido como si siempre hubiese estado ahí.

Borges ha sido uno de los escritores más destacados del siglo XX. Si no obtuvo el Premio Nobel fue por confesadas razones políticas. En realidad, en esos premios, tanto en los otorgados como en los denegados, han jugado razones políticas. O sea que, en esto, Borges no ha sido una clamorosa excepción. Lo que sí resulta excepcional es que un escritor como él, de ficción (entre otras cosas) y de una imaginación más que notable, no haya dejado ni una novela escrita. Sus ficciones son pequeños relatos en los que sobre todo destaca el título, la geometría de la trama y, en muchas ocasiones, el golpe final. Uno tiene la impresión de que su omisión de la novela se debe a cierta pereza que le impide complicarse la vida con largos desarrollos. O a cierto sentido de la economía artística. Si en dos páginas se dice lo que interesa y se consigue el efecto deseado, ¿para qué doscientas?

Borges o la brevedad, un aspecto sobre el que quizá no se ha estudiado lo suficiente. Hay otro aspecto que solo es relevante para el que escribe esto: de los autores de mi vida tratados hasta ahora suicidio rom– doce, con este – Borges es el primero que se aparta de la corriente romántica. Y es que, por extraño que parezca, finalizado el siglo XX, la cultura occidental aún no ha conseguido despegarse del magma romántico. La literatura, el cine, el teatro, la música popular, diría que el noventa por ciento de la producción artística se mueve todavía en la esfera del romanticismo, donde se rinde pleitesía a lo inconsciente, lo irracional, la exaltación, la inspiración, la genialidad, la sinceridad (raro concepto aplicado al arte), l’amour fou, la noche y la muerte. Cierto que entre los doce aludidos están Séneca y Goethe, pero no es menos cierto que el romano puede considerarse como el más romántico de los clásicos y que el alemán fue las dos cosas sucesivamente, o al mismo tiempo.

Con Borges por primera vez se presenta ante mí el escritor frío, cerebral, mesurado, artesano del lenguaje por encima de todo, manipulador de símbolos, riguroso administrador de palabras, aunque a veces se exceda en la insistencia de algunos adverbios y adjetivos.

Además de relatos de ficción, escribió una especie de ensayos, a veces también de ficción, sobre autores inexistentes, por ejemplo, con lo que las fronteras entre los géneros se desdibujan. Y aún más si tenemos en cuenta su poesía, que también escribió, de tonos épicos y lenguaje entre llano y pedante.

Pero no hay duda de que lo más relevante de su producción literaria son los relatos. Solo mencionaré – porque recuerdo que esto no es un estudio literario, sino una recopilación de impresiones personales – algunos que se destacan en mi memoria. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, enaleph que relata el proceso de conversión de un mundo imaginario en una provincia de la geografía real; Pierre Menard, autor del Quijote, ensayo-ficción sobre la imposibilidad de leer una obra con los mismos ojos del autor y de la época en que se escribió; La lotería de Babilonia, donde se describe la institucionalización del azar que domina nuestras vidas; La Biblioteca de Babel, donde imagina el universo como una biblioteca infinita en la que se contiene absolutamente todo, incluidos los catálogos de lo falso y lo inexistente; Emma Zunz, impresionante historia de una venganza en la que tanto juegan la astucia como el autosacrificio; El Aleph, que narra el descubrimiento de un punto material en el que se puede ver “sin superposición y sin transparencia” todas y cada una de las cosas existentes en el universo; El jardín de los senderos que se bifurcan, relato de la acción final de un espía, que consigue enviar la información mediante la sola comisión de un acto criminal. (continúa)

(De Los libros de mi vida)

 

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