Archivo mensual: abril 2017

Un anciano reciente

Escena en un autobús urbano.

Personajes: Anciano Reciente, Mujer de Mediana Edad.

autobus2

MUJER – (levantándose de su asiento) Siéntese, por favor.

ANCIANO – No, gracias.

M. – ¿No quiere sentarse? Vamos hombre, siéntese.

A. – No, no quiero sentarme.

M. – De todas maneras, yo ya me he levantado y no me volveré a sentar.

A. – Haga lo que quiera. A lo mejor alguien lo puede aprovechar, algún anciano, inválido o idiota.

M. – Es usted un poco raro, perdone que se lo diga.

A. – Usted me ha llamado viejo.

M. – Yo no le he llamado nada. Solo le he cedido el asiento.

A. – Ah, ¿sí? ¿Y por qué no le ha cedido el asiento al joven ese de los cables que le cuelgan de las orejas? ¿O a esa chica de los pantalones destrozados? No, claro, me lo ha cedido a mí porque piensa que soy viejo. Y no solo lo piensa, sino que me lo pantalones destrozados2dice en la cara con ese gesto tan e-du-ca-do de levantarse para cederme el asiento. Estoy harto, ¿sabe qué le digo? Que estoy harto, harto de tanta amabilidad fingida, de tanta atención dulzona. No es mi caso… todavía, pero ¿se ha fijado cómo trata el personal sanitario a los ancianos? “Ven ricura; haz esto cariño; sé bueno y tómate esto… muy bien, abuelo, así se hace”…Pero ¿qué es esto? ¿Es así como se trata a un adulto? ¿O creen que con la edad nos volvemos tontos? Bueno, algunos sí, pero aunque así sea, ¡un respeto!, todo el mundo merece un respeto. Y eso, los que supuestamente van con buenas intenciones, porque para la mayoría de individuos los ancianos son simples obstáculos, gente que amarga la vida de los demás con su sola presencia. ¿Ha visto con qué desfachatez, con qué prepotencia los jóvenes y no tan jóvenes ciclistas circulan a toda velocidad por las aceras, sorteando los palos de slalom que somos los simples peatones? ¿Sabe que en poco tiempo ya han derribado tres de esos palos, vamos que se han cargado a tres ancianos? Y la lista de actitudes desaprensivas, despreciativas, ofensivas es larga, muy larga…bici acera

M. – Sí, sí, ya le entiendo. Y le doy la razón en todo eso, pero su reacción no es…

A.- ¿No es qué? ¿Usted me ha mirado, señora?

M. – Bueno, ya está bien, no sé adónde quiere ir a parar, y no sé si me interesa seguir…

A. – ¿Usted me ha mirado? Porque si me ha mirado bien, habrá visto que tengo dos piernas, y que me sostienen perfectamente, y dos brazos con dos manos en óptimas condiciones, que pueden agarrarse a la barra o a cualquier sitio si conviene. Si me hciclista por aceraa mirado bien habrá visto que me muevo sin ninguna dificultad, que avanzo sin problemas entre toda esta gente y que no necesito ayuda de nadie. Pero, claro, quizá ha observado el pequeño detalle de que tengo algunas arrugas, que soy calvo (lo soy desde los treinta años), que voy un poco encorvado (así he ido toda la vida) y se ha dicho “ahí tenemos al pobre viejo desgraciado, habrá que cederle el asiento”. Pues le comunico que de viejo desgraciado, nada, que soy más fuerte y me siento más seguro que toda esta gente del autobús…

M. – Un poco de pena sí que da.

A.- ¿Cómo ha dicho?

M. – Digo que es una pena que un hombre como usted, por lo que parece inteligente y hasta culto, no sepa asumir correctamente el paso del tiempo y todo lo que significa. Es una pena que, a la menor alusión, se revuelva histéricamente como una fiera herida; que no sepa aceptar la realidad; que no tenga la más mínima sabiduría para darse cuenta de dónde está y de cuál es su relación actual con el mundo.

A.- ¡Vaya con la sabia! No será usted psicóloga…

M.- Sí, soy psicóloga, ¿algún problema?

A.- No, nada…Solo que…entonces pienso que no solo tengo razón en todo lo que le he dicho sino que, además, ha actuado usted con la máxima crueldad, plenamente consciente del daño que me podía hacer llamándome viejo.

M. – Yo no le he llamado viejo, sólo le he cedido el asiento.

A. – Ya… Tendríamos mucho que hablar de eso.

M. – Cuando quiera. Yo ahora me apeo, pero mire, aquí tiene mi tarjeta. Me llama y tomamos un café… Hasta luego.

A. – Adiós….Encantado… Y usted per…

M. – ¡Y no olvide el bastón!baston

A. – ¡Hija de…!

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