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Dante o la alta fantasía I

dante 1Es tan grande la fuerza del arte verdadero que no hay barrera, muro o medio hostil que no pueda traspasar. Solo eso explica que una obra, una larga historia originariamente en verso y en un idioma en formación, por fuerza mal traducida, que cuenta hechos históricos oscuros de personajes en su mayoría desconocidos, con una prosa de difícil comprensión, llegue a cautivar a un adolescente de quince años, de manera que éste no pueda dejar el libro hasta leer la frase final : “el amor que mueve el sol y las demás estrellas”.

El libro estaba en la modesta librería familiar – sería exagerado llamarla biblioteca – junto a los de autores tan heterogéneos como O. S. Marden, Henry Ford, Palacio Valdés, Jacinto Benavente, Conan Doyle… Era de tapas duras, formato casi cuadrado, superficie algo granulada, de color anaranjado; de letras bastante claras con alguna ilustración al final de cada Canto. Eso es todo lo que puedo recordar – con algún error, supongo – sobre la forma. Porque el libro ni lo poseo ni sé qué fue de él. Con el tiempo, he leído otras versiones – también el italiano original – y cantidad de artículos y comentarios sobre el autor y la obra. Pero en aquella primera lectura alentaba todo lo que después supe.dante florencia

Supe enseguida que el autor, a los nueve años, se había enamorado de una niña de la misma edad, experiencia similar a la que yo había sufrido, si bien las respectivas historias siguieron caminos muy diferentes. El autor, Dante Alighieri, no solo conservó aquel amor a lo largo de toda la vida, sino que elevó a aquella mujer – muerta a los veinticinco años – a las alturas del cielo de la teología. Y de la poesía, donde permanecerá eternamente.

La Divina Comedia narra en primera persona el viaje que el mismo Dante realiza por el mundo de ultratumba de la teología católica. A través del Infierno y del Purgatorio le acompaña Virgilio, admirado poeta de la antigüedad; a la entrada del Cielo le aguarda Beatriz, la mujer que amó, que le acompañará e ilustrará en su ascensión por el Paraíso. No se trata ahora de describir la topografía y otras características de cada uno de esos mundos. Solo quiero destacar algunos rasgos de la obra, como claras muestras de la fantasía, la profundidad y el ingenio poético del autor.

A los condenados en el Infierno apenas se les ve sufrir por la acción de los demonios. Sufren porque, violando el orden moral, se han convertido en aquello que deseaban. El filósofo George Santayana comenta este aspecto de un modo tan agudo que no me resisto a reproducir sus palabras:

dante paoloEl castigo, parece entonces decir (Dante), no es nada que se agrega al mal: es lo que la pasión misma persigue; es el cumplimiento de algo que horroriza al alma que lo deseó.

Así, Paolo y Francesca, los amantes adúlteros, vagan abrazados, eternamente empujados por un viento constante. ¿No es esto lo que deseaban?, cabe preguntarse. Sí, y en su cumplimiento eterno consiste el castigo. Porque

el amor ilícito – sigue Santayana – está condenado a la mera posesión, posesión en la oscuridad. Sin un ambiente. Sin un futuro. […] Entrégate, nos diría Dante, entrégate completamente a un amor que no sea más que amor, y estarás ya en el Infierno. Solo un poeta inspirado podría ser tan penetrante moralista. Solo un profundo moralista podría ser tan trágico poeta.

Borges, por su parte, se fija en un aspecto, en un momento, que tiene más que ver con el misterio de la creación literaria que con cualquier dilema moral o filosófico. Cuando en el Canto XXX del Purgatorio, a las puertas del Paraíso, Dante ve aparecer a Beatriz junto a una extraña procesión de figuras alegóricas, una profunda emoción le embarga. Por una parte, llora porque se ha de separar de su amado guía Virgilio; por otra, ve ante sí al antiguo y constante amor que le ha de mostrar el Paraíso. Pero Beatriz, severa, le advierte que no ha de llorar porque Virgilio se vaya, porque habrá de hacerlo por otra herida

(Dante, perché Virgilio se ne vada,

non pianger anco, non pianger ancora,

ché pianger ti conven per altra spada).

Y a continuación la mujer

con ironía le pregunta cómo ha condescendido a pisar un sitio donde el hombre es feliz. El aire se ha poblado de ángeles: Beatriz les enumera, implacable, los extravíos de Dante. Dice que en vano ella lo buscaba en los sueños pues él tan bajo cayó que no hubo otra manera de salvación que mostrarle los réprobos. Dante baja los ojos, abochornado, y balbucea y llora…” (Borges: Nueve ensayos dantescos).dante beatriz

Borges opina que nada hacía presagiar en la obra que el anhelado encuentro se hubiese de desarrollar de tal manera, sufriendo Dante la mayor humillación de su vida. Y es que, al encontrarnos con el pasaje citado, tenemos la impresión de que el autor-personaje ha tenido que aceptar algo no previamente imaginado. Y así es. Porque ese algo, esa terrible escena estaba ahí, esperándole, con independencia de la voluntad consciente del propio “creador”.

Dante Alighieri nació en Florencia en 1265. La familia pertenecía a la pequeña nobleza, políticamente próxima a los güelfos, enfrentados a los gibelinos. Se cree que estudió con los franciscanos y los dominicos y que, hacia los veintidós años, frecuentó la universidad de Bolonia, aunque no consta que realizase estudios regulares. Muy joven, destaca como poeta, pero no es hasta la publicación de la Vita dante firenzeNuova, colección de poemas escritos hasta sus veinticinco años, que, con la aprobación del ya famoso Guido Cavalcanti, se considera digno de pertenecer a los Fedeli d’Amore, grupo de poetas cultivadores del dolce stil nuovo, corriente poética que se caracterizaba, entre otras cosas, por cantar a la mujer no como a la señora distante de los provenzales sino como al ser angélico que preside y alienta el mundo espiritual del propio poeta. En la Vita Nuova, obra en que se alternan la prosa y el verso, Dante relata su amor por Beatriz y, al llorar la muerte de la joven, concluye con la promesa de crear una gran obra con la sola intención de ensalzarla. Él quizá aún no lo sabía, pero nosotros sabemos que esa obra se conocería con el nombre de la Divina Comedia y que su redacción le ocuparía los últimos quince años de su vida. (continúa)

(De Los libros de mi vida)

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Los dioses. Un capricho neoclásico

… es una carta de amor y de reproches, como la mayoría, la que Dido, reina de Cartago, dirige a Eneas, su enamorado ferviente hasta que un dios le recuerda su misión política (nada menos que fundar un reino que dará origen a la futura Roma). El episodio lo trata también Virgilio en la Eneida – y está claro que Ovidio lo tiene en cuenta –, pero lo curioso es que en ambos poetas (el “oficial” y el luego maldito por el poder), la visión de la historia es casi idéntica. El idilio perfecto se rompe porque, de pronto, el enamorado recibe el aviso divino que le recuerda su destino. El hombre ha de partir, olvidando promesas y ternuras. La mujer, incrédula (más en La Eneida), pone en duda que los dioses se ocupen de esas cosas. Pero el hombre tiene que construir la historia…

dido y en

Cortada y pegada de mi ensayo Ovidio y Wilde, dos vidas paralelas, esta es la sinopsis mínima que se puede dar de la historia de Dido y Eneas. Contada por Virgilio y Ovidio es una historia sencilla, clara, en torno a tres personajes: Eneas, el héroe troyano que arriba a Cartago, donde queda prendado y entretenido una temporada en brazos de la reina Dido y casi olvida su sagrada misión; Dido, la reina que acoge al viajero y del que cae perdidamente enamorada, y Anna, hermana de Dido, mujer de gran personalidad y que parece destinada a ser el eje en torno al cual gira la historia.

Con el Barroco, la cosa se complica, naturalmente. En la ópera de Purcell, por ejemplo,  aparecen una brujas que lo van enredando todo.  http://www.youtube.com/watch?v=uQ8r3J85rwE . El caso es que entre los siglos XVII y XVIII el tema alcanzó una popularidad enorme, como lo demuestra el hecho de que el libreto que escribió Pietro Metastasio fuera utilizado por unos setenta compositores.  http://www.youtube.com/watch?v=_PK_Kdfnrzo

dido purcell

Pero yo, no sé por qué, me imaginé la historia en formato neoclásico, al estilo de Racine. Y en esta línea, me dio por escribir la tragedia en cinco actos que creo que debería haber escrito el francés. No está en la lista de mis obras que figuran en este Blog, porque siempre la juzgué un mero entretenimiento quizá indigno de salir a la luz. Pero hace unos días, al releer las escenas finales me dije ¿por qué no?

Así que he escogido precisamente el final de la tragedia para mostrarla al mundo (al reducido pero selecto mundo de mis lectores), porque creo que en ese fragmento se da una idea cabal del  contenido, el tono y la intención de la obra.  En él aparecen Anna, en el intento, que sabe imposible, de retener a Eneas, y éste, definitivamente embriagado, alienado, por la importancia de su misión.

La tragedia lleva por título LOS DIOSES. No la juzguéis severamente. Solo es un capricho. Un capricho neoclásico.

Próximamente, aquí mismo.

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Ovidio, poeta de la mujer

safo[Heroídas] es una obra compuesta por veintiuna cartas, en verso elegíaco, supuestamente escritas en su mayoría por diversas mujeres de la mitología (heroínas), una de la historia (Safo) y tres por personajes masculinos, también mitológicos.

Aunque había precedentes, sobre todo en el teatro, corresponde a Ovidio el mérito de haber profundizado y perfeccionado aquel recurso consistente en que el personaje se presente, sienta y hable por sí mismo. Desde él mismo. La mayoría de las protagonistas-autoras de esas cartas poéticas son mujeres y el tema es siempre el amor. Pero no el amor algo frívolo y más bien mecánico de Amores o Ars amatoria, sino aquel sentimiento profundo e invencible que han cantado, con distinto acento, todos los poetas de todos los tiempos y lugares: el amor-pasión. Cierto que algunos sabios pensadores decidieron que ese tipo de amor sólo se da en Europa y en determinados siglos como resultado de la represión cristiana del instinto sexual; pero no es menos cierto que, como ya he observado en alguna ocasión, el fluir natural de las cosas no siempre obedece a los esquemas dibujados por los sabios pensadores.

ariadnaAriadna ha sido abandonada en una isla desierta por Teseo, que le había jurado amor eterno. Desde lo alto de una roca, su mirada busca en el horizonte marino la silueta de la nave que se lleva al traidor que la ha dejado sola, sin patria, sin familia. Y llora no sólo por todo lo que ha de sufrir, sino también por todo lo que puede padecer cualquier mujer abandonada (sed quaecumque potest ulla relicta pati). Y así, la primera persona del singular del texto de Ovidio llora por el inmenso plural de todas las mujeres engañadas y maltratadas. Algo parecido expresaba Catulo en un poema sobre el mismo tema -que sin duda Ovidio conocía- aunque en aquél se adivina además una curiosa transmutación: la desesperación de la mujer engañada y abandonada es en realidad la del mismo Catulo, víctima del juego perverso de la amante.

También es una carta de amor y de reproches, como la mayoría, la que Dido, reina dedido buena Cartago, dirige a Eneas, su enamorado ferviente hasta que un dios le recuerda su misión política (nada menos que fundar un reino que dará origen a la futura Roma). El episodio lo trata también Virgilio en la Eneida – y está claro que Ovidio lo tiene en cuenta –, pero lo curioso es que en ambos poetas (el “oficial” y el luego maldito por el poder), la visión de la historia es casi idéntica. El idilio perfecto se rompe porque, de pronto, el enamorado recibe el aviso divino que le recuerda su destino. El hombre ha de partir, olvidando promesas y ternuras. La mujer, incrédula (más en La Eneida), pone en duda que los dioses se ocupen de esas cosas. Pero el hombre tiene que construir la historia. Y la mujer, ante el hundimiento de aquel amor que ella creía sabiamente construido, dirige al traidor sus últimas palabras, que no dejan de ser de amor.

(De Ovidio y Wilde, dos vidas paralelas)ovidio 2

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