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Fragmentos y comentarios auténticos sobre la obra de Antonio Priante.

Caro Diario. Último cuaderno

cuaderno enri

Hace casi cuatro años se me ocurrió poner en el Blog y, como reclamo en Facebook, algunos fragmentos de mi Diario de adolescencia y juventud (de los 18 a los 25 años aproximadamente). El interés del asunto era el de observar desde la lejanía del tiempo lo que bullía en aquella mente, que sigue siendo esta que utilizo para pensar y escribir. Interés para mí. Para el lector, o más propiamente lectora, también hubo o creí percibir ciertos gestos de interés. O de curiosidad.

Ahora, se me ha ocurrido transcribir algunos fragmentos o pensamientos del Diario de ancianidad. El interés, para mí, consiste en comparar el joven con el viejo, los sueños de futuro con con lo realmente vivido, las emociones y reflexiones de los primeros pasos, con las emociones (si es que quedan) y reflexiones de los últimos. El interés para la lectora…está por ver.

Porque es evidente que se trata de los últimos pasos. Y es que teniendo en cuenta, el número de páginas del cuaderno en el que escribo, que lo inicié en febrero de 2013, que ya solo anoto de vez en cuando y el dato de mi edad, está claro que éste será el ÚLTIMO CUADERNO.

[Mejor leer antes: Caro Diario. Las citas]

maristas

 

8-II-13

Buena fecha para empezar un nuevo cuaderno. Hoy se cumplen 55 años de que inicié el primero.

¡55 años! ¡Y cuántos muertos por en medio! El último, MA. Pero, en fin, es lo normal. “Sabía que era mortal”, dijo Cicerón. Una perogrullada que necesitaba el refrendo de un clásico.

16-II-13

Como varias veces desde que he vuelto a vivir aquí, he pasado por delante de los Maristas. Me he detenido un momento para contemplar el edificio, y he vuelto a sentir ese golpe de nostalgia que me da en tales ocasiones.

¿Soy el mismo? Sí, pero tan lejano… Solo en esos breves instantes siento la extraña emoción de ser todavía y no ser aquel niño. Un “yo” que abarca desde entonces hasta ahora ¿quién es capaz de decir que no existe?

20-VII-13

El abismo que nos sostiene. Buen tema de reflexión para el blog. Buenísimo, si sé desarrollarlo felizmente.

La frase alude a lo siguiente. Por mucha racionalidad que haya en nuestra vida y en nuestros pensamientos, en última instancia todo se apoya en algo irracional e inexplicable. Y esto es aplicable tanto al individuo humano como a la sociedad en su conjunto. Este segundo aspecto está perfectamente ilustrado por el “sueño de nieve” de Hans Castorp de La montaña mágica.

Parece como si toda la luz y claridad del mundo se basase en la siniestra oscuridad del caos. Y a veces, con un paso equivocado, con una mirada de más ¡es tan fácil volver allá!

de amicis9-X-13

Memorias literarias, sí, pero de otra manera. Se llamará Los libros de mi vida, y será un repaso, algo melancólico, de mis lecturas – las que más me han influido -, con breves referencias al momento biográfico en que las leí.

Ya he escrito Edmondo De Amicis y Charles Dickens.

20-III-14

Siguiendo con Los libros de mi vida, empiezo el capítulo dedicado a H. Miller. Y, es inevitable, dejo un apunte de cómo lo conocí, a través de R, una de aquellas noches de ajedrez y divagaciones cuando tenía 25 años.

¡Qué perdido estaba entonces! Y sin embargo, tenía muy claro lo único que de verdad me importaba: escribir. Pero también tenía bastante claro que era incapaz de hacerlo como soñaba, y que siempre sería incapaz.

Ahora estoy en mi estudio-habitación de la recuperada vivienda de Roger de Flor. Mientras escribo esto tengo delante una librería-vitrina y, en ella, en un lugar destacado, varios ejemplares de los cinco libros ESCRITOS POR MÍ que se han publicado. Si aquel joven casi desesperado de 25 años pudiese verlo, no se lo creería.el silencio de goethe piel de zapa

¡Solo han pasado 49 años!

9-V-14

Acepto mi posición social y personal actual como consecuencia necesaria de mi debilidad. Hay cosas buenas. Y de las malas – que las hay – no hay otro responsable que yo mismo.

16-VI-16

No sé dónde buscar una lectura estimulante. Como las de antes. Lo malo de ser viejo es que tienes la sensación de haberlo ya visto y leído todo. Supongo que no es así. Pero cuesta encontrar algo “nuevo”.

20-I-18

Últimamente tengo a veces la impresión de que viejas partes de mí mismo van desprendiéndose de mí como costras que se caen por sí solas, sin dolor, sin apenas advertirlo. Costumbres, vicios antes muy activos van perdiendo fuerza y se me van cayendo a trozos. Es el aspecto bueno, supongo, de la inevitable pérdida de fuerza vital.

3-II-18

Esto de Los libros de mi vida me está convirtiendo en algo muy especial, en un íntimo de los genios literarios de todos los tiempos. Como en mis novelas, pero de manera diferente, siento como ellos, pienso como ellos, soy ellos. Es una gran suerte, la más grande que me ha deparado la fortuna: ir siempre acompañado, ilustrado, aleccionado por ciertos seres humanos de categoría superior. Estoy atesorando lo más selecto de la humanidad, haciéndolo mío de alguna manera. ¿Qué más se puede pedir?

escritores18-III-18

Estoy muy satisfecho de cómo me ha salido la primera parte de Pavese. De lo mejor de esta serie. Y el motivo de mi satisfacción radica sobre todo en la sensación de haber superado, vencido, la dificultad del asunto.

Pavese es bastante inaprensible y considero un mérito haber conseguido dar una idea aproximadamente verdadera de él. Y el mérito es mayor si se tiene en cuenta que, para mí, sigue siendo muy difícil de explicármelo.

25-X-18

Ayer saqué la primera de la lista de Escritoras: Sor Juana Inés de la Cruz. No me ha quedado mal.

sor juana jovenUna de las exigencias que me he impuesto en esta serie es prescindir de las palabras: feminismo, género, patriarcado, etc., aunque no siempre de los conceptos correspondientes. Quiero decir, aplicar mi videncia, mi sentido común de siempre evitando el actual enmarañamiento de la cuestión.

1-I-19

Primer día del año. Apenas me lo creo. El otro día imaginaba que, en cualquier momento, podía despertar con 19 años, y que todo lo que aparentemente ha seguido no ha sido más que un sueño.

Y en efecto, todo ha sido un sueño. Un sueño que no se repetirá; que, bueno o malo, está concluido, acabado.

¿Qué significa todo esto? Eterna pregunta. La cita de Mathilda, de Mary Shelley, es la respuesta más certera posible. No hay más.

[No sabemos lo que todo este vasto mundo significa; esa extraña mezcla del bien y del mal. Pero fuimos colocados aquí y se nos ordena vivir y esperar. No sé lo que tenemos que esperar; pero hay un bien que no alcanzamos a ver y debemos buscarlo; esa es nuestra tarea en la tierra.]

3-V-19

Siempre ha sido así; mi debilidad de carácter me ha impulsado a someterme a lasmary shelley fuerzas que escoltan y determinan mi vida. Solo en mi imaginación he sido independiente y libre…pero es ahí donde se edifica todo lo que realmente me interesa.

16-VI-19

Me pregunto cuál ha sido el sentido de mi vida. Y me respondo que no ha sido otro que realizar mis sueños. Pero estos sueños apenas se han realizado, es decir, se han cumplido solo en una parte pequeña y casi ridícula. Y además, solo en su aspecto formal: ser escritor. Pero no en su contenido: develar el misterio y la esencia del mundo, llegar a comprenderlo todo. Demasiado ambicioso, se dirá. Además, los que han llegado al cumplimiento de algo parecido pocas veces parecen razonablemente felices. ¿Entonces? ¿Es tan importante eso? ¿Para qué sirve?

3-IX-19

Ayer tarde, en la soledad de un sillón encarado al exterior de la Biblioteca SF, me sorprendí pensando esto: ¿qué pretende esa inquietud interior, subterránea, que nunca cesa? ¿A qué obedece? ¿Puede apaciguarse con algo? Difícil saberlo. Por lo general, ni siquiera soy consciente de que esa inquietud no cesa de agitarse en mi interior. Pienso que todo lo que necesito para alcanzar la paz perfecta es acallarla. O satisfacerla. ¿Pero con qué?

22-XI-19

Otra decepción. Creía que CJ aceptaría Ovidio y Wilde para la filial de H en Madrid. Y resulta que no. ¿Es mi destino?

enoch soamesEs como funciona el mundo. Aquí no entra el destino. O sí. Cuando aquél dijo “el destino es el carácter” lo dijo todo. Si mi carácter fuese como el de los que saben venderse, las cosas serían muy distintas.

¿Y el valor objetivo de las obras? Sí, esto suele determinarse más o menos acertadamente tras el paso de décadas o siglos. Y mientras, los que por su carácter no supieron acceder al nivel de selección de los buenos ¿qué pasa con ellos? Nada, que no existen. Eso es todo.

Y ahora pienso en Enoch Soames, de Beerbohm. El ingenio más agudo aplicado a la literatura.

En la vida y en el arte – dijo – todo cuanto importa tiene un final inevitable.

29-II-20

Después de semanas investigando sobre Sylvia Plath parece que voy a llegar a la conclusión de que no, de que no es un personaje que me motive lo suficiente. Quizá no la entiendo bien; quizá sí entiendo que se trata de una persona supersensible y bastante desequilibrada, que tiene la habilidad de sylvia plathescribir versos para dar un atisbo de sus temblores inexplicables. Pero todo eso no constituye una escritora que me motive lo suficiente. La dificultad de entrar en sus poemas, por mi parte, no se debe solo al problema del idioma, pues esta dificultad debiera darse igualmente en Dickinson, y no se da. Total, que ya veremos. Pero estoy a punto de sacarla de la lista.

Observo además por mi parte una especie de cansancio. Alarmante. Pues es el tipo de cansancio que me sobrevino hace un tiempo a propósito de las novelas y que amenaza ahora con extenderse a toda la creación literaria. ¿Qué sería de mí entonces?

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CARMEN LAFORET. Nada y los demonios I

carmen laforet 2El Premio Eugenio Nadal de Novela, creado por la barcelonesa Editorial Destino en 1944, fue, en sus primeras décadas de existencia, un referente importante de la novelística en lengua española. El prestigio que pronto alcanzó se vio confirmado por el “descubrimiento” que fue haciendo de ciertos escritores que con el tiempo se revelaron de valor seguro (Miguel Delibes, Ana María Matute, José María Gironella, entre otros). El primero de los galardones se concedió el 6 de enero de 1945. La ganadora fue una mujer de 23 años de la que nadie sabía nada. Nada era el título de la novela.

Poco después del fin de la guerra civil (¿un año?¿dos?), Andrea, de 18 años, llega a medianoche, en tren, a la estación de Francia de Barcelona. Huérfana, viene del pueblo donde ha estado a cargo de una prima, con intención de estudiar en la Universidad. Por dificultades imprevistas no ha podido avisar del cambio del horario anunciado y ningún familiar la espera.

No está asustada. Al contrario, una dulce felicidad la invade. Con el coche de caballos que se le ofrece – medio de transporte resucitado por las necesidades de la posguerra – va atravesando la ciudad antigua, encantada por las luces y el ambientepremio nadal un poco fantasmal de las calles semivacías. Tras pasar por delante del edificio de la Universidad, el coche enfila por la calle Aribau arriba y a la segunda travesía se detiene. Es ahí, en el piso del que guarda vagos recuerdos de la primera infancia, donde sus parientes la esperan: la abuela, dos tíos y una tía.

Tardan un rato en abrir. Cuando abren – una mujer pequeñita, borrosa y que parece no estar en este mundo –, solo con el ambiente, el olor espeso de la casa, todo el encantamiento de minutos antes se desvanece. La abuela la confunde al principio con una nuera. Aparecen enseguida, como espectros en la penumbra, el resto de personajes: tío Juan, de rostro desencajado y aire malhumorado, su esposa Gloria, que parece maltratada por la noche y el abandono; tío Román, alto, delgado y con cierto atractivo, y tía Angustias, brusca y autoritaria, que la reprende por llegar a esas horas. Y finalmente Antonia, la criada, de aspecto tan sucio y lamentable como calle aribauel perro que se asoma con ella. Este es el cuadro escénico con el que Andrea tendrá que convivir hasta el verano.

La casa no se ofrece menos oscura y triste que sus habitantes. Andrea, apenas superado el brutal desencanto, asume que ha de aprender a vivir en ese mundo de odios cruzados. Porque todos, menos la abuelita bondadosa y un poco ya en otro mundo, se odian y se hieren cordialmente.

Con frecuencia me encontré sorprendida, entre aquellas gentes de la calle de Aribau, por el aspecto de tragedia que tomaban los sucesos más nimios, a pesar de que aquellos seres llevaba cada uno un peso, una obsesión real dentro de sí, a la que pocas veces aludían directamente.

Juan maltrata y golpea con frecuencia a Gloria, Angustias hace ostentación de un rigorismo moral, que se complace en aplicar a la sobrina Andrea, controlándola en todos los aspectos, control que Andrea va aprendiendo a eludir desde el primer momento; Juan y Román se insultan con el menor pretexto y suelen llegar casi a lasuniversidad manos.

Es en Román en quien Andrea cree haber encontrado algo especial, un algo de misterio que le diferencia del resto de la familia. Román se ha arreglado una especie de pequeño estudio en el último piso del edificio, y allí suele retirarse con su violín (fue músico de cierta fama, se sabe después) y sus cigarrillos. Y en ocasiones invita a Andrea a fumar y a cambiar impresiones, es decir, a intentar sonsacarse o confesarse mutuamente. De la última visita, Andrea escapa asustada: ha comprendido que Román está tan loco como Juan y como toda la familia.

La otra cara del tenebroso piso de la calle Aribau es la Universidad, tan cerca y tan lejos. Entre los compañeros y compañeras, sobre todo en el romántico Patio de Letras, Andrea gusta de algo de la vida que había pensado que viviría en Barcelona. Pero no se adentra definitivamente en la comunidad estudiantil hasta que no conoce y consigue hacerse amiga de Ena, bella,  amable, distinguida, y de su círculo de amigos, entre ellos Pons, tímido y cortés, quien no puede ocultar su inclinación por Andrea.patio de letras

Andrea participa en las salidas y actividades del grupo, incluso conoce y simpatiza – como ellos por su parte – con los padres y el novio de Ena. Pero el cuadro no es perfecto. En una ocasión, invitada por los padres de Pons a una fiesta social, Andrea, con su indumentaria sencilla, se siente avergonzada, casi humillada por el mundo de los anfitriones.   

Ella no lo dice, pero el lector comprende que ahí se ejemplifica la diferencia, el abismo que separa la sociedad alta (los Pons y su mundo), que ha salido indemne o muy beneficiada de la guerra, de la clase media no ya empobrecida sino burguesía barhundida tras la contienda cualquiera que hubiese sido el bando elegido (o impuesto), representada por los moradores del piso de la calle Aribau. 

De todos modos, Ena significa para Andrea la aportación de afecto que necesita y la puerta segura y necesaria a la vida  inteligente, noble y luminosa de la ciudad tal como la había soñado. Por ello precisamente, pone especial empeño en no permitir de ningún modo que los dos mundos se toquen: el de Ena y el de la calle Aribau.

Pero una cosa son los deseos y otra los giros inesperados que da por su cuenta la vida. Y he aquí que ocurre algo que podría ser tachado de folletinesco, aunque yo no lo haré: Ena descubre que hubo una antigua relación entre su madre y el tío Román, de la que la mujer salió muy malparada, y decide vengarla de alguna manera. 

Termina el curso en la Universidad. El mundo de la calle Aribau acaba en tragedia. Las dos amigas, que se han distanciado, se reconcilian. Andrea acepta el ofrecimiento del padre de Ena para trabajar en su empresa de Madrid, adonde ha de trasladarse toda la familia.

Se abre una vida nueva. ¿Qué quedará del extraño mundo de la casa de la calle Aribau? Nada, piensa Andrea. Pero esto no es verdad, intuye el lector. Y quizás ella misma. placa aribau(CONTINÚA)

(De ESCRITORAS

(Ver NEL MEZZO DEL CAMMIN)

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CARMEN LAFORET. Nada y los demonios II

gran canariaCarmen Laforet nace en Barcelona en 1921. Antes de cumplir dos años, la familia se traslada a la isla de Gran Canaria, donde el padre, arquitecto, ha sido contratado como profesor de la Escuela de Peritaje Industrial.

La madre cuida amorosamente de la familia – a Carmen le siguen otros dos hijos – mientras el padre se dedica al trabajo y a alternar con la buena sociedad de la isla, además de a alguna que otra relación extra matrimonial. A los diez años Carmen inicia el estudio del bachillerato en la escuela pública, donde conoce a la primera de las varias mujeres que influyeron decisivamente en su vida: la profesora Consuelo Burell, que le abre al mundo de la literatura y del arte en general.

La infancia y los primeros años de la adolescencia son tiempos felices, siempre en contacto con la naturaleza de la isla en sus paseos solitarios y baños en el mar, más tarde en compañía del joven Ricardo Lezcano, su primer “novio”. Pero aquella felicidad sencilla se rompe pronto.

La madre, a la que Carmen se siente muy unida, muere a los 33 años, cuando ella tiene trece. Al poco tiempo el padre se casa con otra mujer, con la que al parecer ya tenía relaciones, la cual se apresura a borrar cualquier recuerdo o huella de la barcelona-fuente-de-canaletas-en-las-ramblas-frente-al-bar-nria-y-canaletas-ao-1940-P7EXYCanterior esposa. Esto llena de amargura a la adolescente Carmen, quien además contempla atónita cómo los cuentos infantiles tienen razón, pues aquella mujer,

a pesar de todas mis resistencias a creer en los cuentos de hadas, me confirmó su veracidad, comportándose como las madrastras de esos cuentos. De ella aprendí que la fantasía siempre es pobre comparada con la realidad.

Profundamente decepcionada por la conducta del padre, Carmen llega a un acuerdo con él: a finales de 1939 marcha a Barcelona a estudiar Filosofía y Letras. Allá, en el viejo piso de la calle Aribau, donde había nacido y cuyo recuerdo había recuperado en una breve visita con toda la familia a la edad de nueve años, vive parte de los tres cursos que dura su estancia en compañía de unos familiares, en un ambiente quizá no tan deprimente como el descrito en su primera novela, que ella siempre alegará como de absoluta ficción en cuanto a los personajes.

En 1942, alentada por la amiga Linka (la Ena de Nada), se traslada a Madrid. Inicia la carrera de Derecho, que tampoco terminará, y se enfrasca en la redacción de la obra que bullía en su mente desde que dejara Barcelona. Concluída, intenta su publicación. El manuscrito llega, entre otros, al periodista y editor Manuel Cerezales, católico más o menos liberal, que dirige la editorial Novelas y Cuentos. Queda fascinado. Aunque entiende que no encaja en su propia editorial, propone presentarla al recién creado Premio Nadal.

jurado premio nadalÉxito absoluto y sorprendente. La novela Nada, de la joven desconocida Carmen Laforet, obtiene el Premio Nadal, al ser finalmente preferida por el jurado incluso por delante de obras de algunos escritores influyentes, como César González Ruano, periodista famoso, viejo militante de Falange Española, sector cínico.

Pero el éxito, cuando no es fruto de un largo proceso de maduración personal, suele tener consecuencias indeseables. Cierto que nadie se atreve a negarle talento a la autora, y algunas reacciones son entusiastas, y halagadoras viniendo de quienes vienen: Juan Ramón Jiménez, Azorín, Ramón J. Sender. Pero al mismo tiempo surgen reticencias. ¿Habrá tenido alguna ayuda?¿Se ha limitado el papel de CerezalesCerezales a simple presentador de la obra? Y sobre todo, ¿qué está preparando ahora? ¿Para cuándo la próxima novela?

Para cuándo la próxima novela. Esta es la cuestión que le amargará toda la vida, incluso cada vez que llega a escribir y publicar alguna. Y no falta el gracioso de turno, en forma de escritor más o menos consagrado, con su hiriente sarcasmo: Después de Nada, nada.

Pero, de momento, la vida parece muy bien encaminada. Al año siguiente de obtener el premio se casa con Manuel Cerezales. Tiene cinco hijos y ningún disgusto relacionado con ellos, lo cual no es mucho, sino muchísimo. Otra cosa es la relación matrimonial, que al parecer se va deteriorando poco a poco – más que nada por el irreprimible deseo de libertad de ella – hasta la ruptura final en 1970.

Y la nueva preocupación parece tener un respiro. En 1952 se publica La isla y los demonios. Pero, resulta que la novela confirma en sus sospechas a los suspicaces: no está a la altura en absoluto de Nada; se trata de una novela “regionalista” . De hecho, está ambientada en la isla canaria donde la protagonista, adolescente, vivelaforet familia su ansia de libertad y sus sueños en plena naturaleza, sin que falte la figura de los parientes conflictivos. Nada que valga la pena, según sabios críticos, aunque otros, más sabios que críticos, como el hispanista Gerald Brenan y el escritor Ramón Sender, la encuentran llena de cualidades. Al mismo tiempo, y hasta el final de su vida activa, escribe relatos, y artículos para varias publicaciones, principalmente Destino y ABC.

En 1951 se inicia su relación con Lilí Álvarez, famosa tenista, que la lleva por el camino de la conversión hacia el catolicismo más rancio. La experiencia da el fruto, poco brillante, de la novela La mujer nueva (1955), donde se relata un proceso de laforet tanger 2conversión de forma nada autobiográfica. La obra obtiene el Premio Menorca de novela y nada menos que el Premio Nacional de Literatura (1956), en agradecimiento (precipitado) a su ingreso en el nacionalcatolicismo oficial, lo que conlleva el obligado rechazo de la intelectualidad criptoizquierdista.

Liberada de la extraña influencia, vuelve a ser la misma niña de siempre, contemplativa, abierta a los encantos de la naturaleza y a la comprensión desprejuiciada de las formas cambiantes de la vida  humana. Y así, con esta nueva faz, que es la suya verdadera, pasa unas temporadas en Tánger, donde Cerezales dirige el diario España, y comparte tertulias y hasta un poco de vida bohemia con escritores como Paul Bowles, Hemingway, Truman Capote y otros.

En 1963 publica La insolación, que había de ser la primera novela de una trilogía que no se llegó a cumplir. Solo se publicó la segunda, Al volver la esquina, póstuma, en 2004. Con La insolación, que narra el despertar a la vida de tres adolescentes, recupera la autora parte del antiguo prestigio, aunque el milagro de Nada sigue quedando, lejos, en el recuerdo.

En 1965, invitada por el Departamento de Estado, recorre los Estados Unidos dandosender conferencias y teniendo encuentros con estudiantes en varias universidades. Conoce a Ramón J. Sender, con quien al regreso inicia una correspondencia que se extenderá durante una década y en la que se muestra la cálida amistad surgida entre los dos, acosados por sus respectivos demonios: el dolor del exilio y de la vejez en él; la creciente asfixia del perfeccionismo y la inseguridad como escritora en ella.

A finales de 1970 se produce la separación “amistosa” del marido y emprende una vida que puede calificarse de nómada. Cambia continuamente de residencia, en viviendas alquiladas, en casas de amigos, de hijos, tanto dentro como fuera de España, principalmente en París y en Roma, donde frecuenta a los escritores Alberti y María Teresa León y a los actores Rabal y Asunción Balaguer, que se convierten en sus consuegros.

Pero el soñado viaje hacia la luz va tomando cada vez más el aspecto de un viaje hacia las sombras. Tras nuevas visitas a universidades de Estados Unidos entre roberta johnson1981 y 87, patrocinados por su nueva amiga Roberta Johnson, parece que la oscuridad crece. Arteriosclerosis cerebral, dictaminan. En 1988 llega la afasia y con ella la (aparente) separación del mundo. Hasta 1995 vive primero con su hija Cristina y después con su hijo Agustín. Finalmente, en diversos centros de salud. Muere en  Madrid en 2004.

Una mujer tan excepcional, ¿qué nos ha dejado? Nada, diría ella. Nada, dirá la literatura universal. Cierto, y a quien lo ponga en duda, al incrédulo yo le diría “toma y lee”:

Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie.

Era la primera vez que viajaba sola, pero no estaba asustada; por el contrario, me parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche. La sangre, después del viaje largo y cansado, me empezaba a circular en las piernas entumecidas y con una sonrisa de asombro miraba la gran estación de Francia y los grupos que se formaban entre las personas que estaban aguardando el expreso y los que llegábamos con tres horas de retraso. El olor especial…nada

 (De ESCRITORAS)

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NEL MEZZO DEL CAMMIN

nell mezzoHallándome en la mitad de la serie de semblanzas de escritoras, me asaltan varias dudas y problemas.

La idea era proseguir la obra en la misma línea de la anterior – Los libros de mi vida. Lista B-, donde presentaba a los autores por riguroso orden cronológico, procurando no olvidar los canónicamente aceptados, aunque con las salvedades – que a algunos debieron parecerles inaceptables – de aquellos que me son inaccesibles por el veto particular de mi gusto o el de mi ignorancia. Y así, empecé por el romano Ovidio y concluí con el argentino Cortázar (la actualidad más rabiosa nunca he llegado a dominarla).cortazar jazz

Pero este esquema se me ha roto solo al empezar la nueva serie. Y es que esta se inicia con Juana Inés de la Cruz, escritora que vivió y escribió en la segunda mitad del siglo XVII. Y resulta que las hay más antiguas; el problema es que de ellas apenas conozco poco más que el nombre. Y no quiere ser este un trabajo de indagación literaria sino de simple divulgación, es decir, de ofrecer al público – y en cierto modo a mí mismo – algunas divagaciones sobre aquello que conozco o que puedo conocer mediante el mismo ejercicio de recopilación de datos e impresiones que he dado en llamar “semblanzas”.

El caso es que, de un salto, pasé de la poeta novohispana y barroca a las románticas de finales del siglo XVIII y principios del XIX, como la franco-suiza Madame de Staël y las inglesas Mary Shelley, Jane Austen (poco romántica, por cierto), Charlotte Brontë, hasta dar con la inclasificable norteamericana Emily Dickinson.mary mayor

Con Pardo Bazán y más con Alfonsina Storni me he adentrado en el siglo XX; con Anaïs Nin y Natalia Ginzburg me he situado de pleno en él. Y tengo claro que de ahí no pasaré.

O sea, que la manía cronológica queda superada: nada antes del Barroco y nada después del único fin du siècle que he vivido. Y asumo también las pequeñas irregularidades cometidas en la ordenación cronológica de las escritoras mencionadas.

Y aquí me encuentro, después de Natalia Ginzburg: dispuesto a elegir y presentar las once autoras que faltan (han de ser veintiuna, como todo el mundo sabe).natalia g

Y aquí aparece el problema principal: ¿cómo, con qué criterios elegir? Problema que ya se me presentó en la segunda serie de escritores (no en la primera ya que, al consistir esta en una rememoración de los autores y obras que más me han influido desde la infancia, no admitía impugnación alguna), y que resolví mediante un tácito compromiso entre lo canónico y lo subjetivo.

Ahora, son varias las voces que desde mi propio interior de escritor viejo me susurran consejos correctísimos: “habrías de dar cabida a más escritoras de nuestra lengua”, “y también a algunas de tu segunda lengua”, “tratándose de mujeres, no podrán faltar los grandes iconos del feminismo combativo”…Un momento, un momento.simene de B

Los escritores son como las personas. Con sus simpatías, sus antipatías, sus filias y sus fobias. Cierto que en el caso de las personas, esta actitud tan primitiva debe reprimirse en lo posible en aras de la paz social. Pero no ocurre así con los escritores, que tienen la facultad de volar siempre en libertad, y me refiero a los de verdad, por supuesto, no a los que se dedican a husmear tendencias o a consultar con el editor antes de ponerse a escribir.

Así, que nada de consejos correctísimos ni de estrategias para quedar bien. Once amigas me están esperando. Todas de la talla artística y humana por lo menos de las ya publicadas. Aparece primero aquella que se dio a conocer muy joven con una novela perfecta, cuyo relato se inicia con la llegada, a medianoche, a la estación central de una gran ciudad, de una jovencita que viaja sola por primera vez y que no encuentra a nadie esperándola.estacion francia

Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie.

La precisión y la elegancia de un principio de novela de antología. A los veintidós años. Así son ellas. Las elegidas.

(De ESCRITORAS)

      

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NATALIA GINZBURG. La familia, los monstruos y el tiempo I

natalia gMi padre, siempre que oía de uno de nosotros que estaba decidido a casarse, montaba en una cólera espantosa, cualquiera que fuese la persona elegida. Siempre encontraba un pretexto. O bien decía que la persona elegida era de poca salud, o que no tenía dinero, o que tenía demasiado, y en todos los casos mi padre nos prohibía que nos casásemos. Sin conseguir nada. Porque todos igualmente nos casábamos.

Cinco hijos: Gino, Paola, Mario, Alberto, Natalia. Es la pequeña, Natalia, la que, muchos años después, describe la anatomía y fisiología de la familia en su Léxico familiar, relato verídico que, según la misma autora, debe leerse como una novela.

Solo el párrafo transcrito puede dar una idea del tono de la escritura. Un humor fino, casi invisible; un amor contenido, casi soterrado, por todos y cada uno de los miembros de la familia; una discreción absoluta por parte de la autora, quien, siendo parte de la misma familia, apenas se muestra más que como sujeto narrador, sin destacar del conjunto de los personajes, hasta superada la mitad del relato.

El relato tiene varios centros. Uno de ellos es el padre – primero omnipresente, luegolevi diluyéndose en el tiempo -, Giuseppe Levi, científico relevante, hombre autoritario y enérgico, sujeto a manías fácilmente ridiculizables – ya se sabe que las manías son las costumbres de los otros – , cuya autoridad y energía suele írsele por los gestos y la voz atronadora, sin alcanzar el presunto objetivo, al menos en el ámbito familiar.

La madre, Lidia Tanzi, educada en ambiente culto y progresista – su padre era amigo de Turati, uno de los fundadores del partido socialista italiano -, lee a Proust, estudia ruso y practica el piano, además de lidiar con ejemplar templanza con los cinco hijos y el en apariencia prepotente marido.

El escenario es Italia entre los años veinte y cincuenta del pasado siglo, centrado sobre todo en las dos décadas largas de dictadura del fascismo mussoliniano. Hacia la mitad del texto leemos

el fascismo no tenía el aspecto de acabar pronto. Más bien parecía que no iba a acabar nunca,

palabras que provocan claras resonancias en la memoria del lector español de cierta edad.

A los hijos – los hermanos de la narradora – se les describe mediante breves trazos, en especial apuntado sus relaciones mutuas y los giros, a menudo sorprendentes, que fascismovan tomando las vidas respectivas. Sorprendentes sobre todo para el padre, quien no cesa de proclamar que no espera nada bueno o grande de ellos. El caso más destacado es el de Mario, meticuloso, reservado, esteticista, siempre enfrentado con su hermano Alberto, desde las peleas terribles de la infancia.

Pero un buen día, llega a los padres la noticia: Mario ha sido sorprendido por la policía en la frontera Suiza transportando en el coche gran cantidad de propaganda antifascista, pero se ha salvado saltando al río y nadando, vestido, hasta la orilla suiza.

La noticia causa sensación y preocupación en la familia. Sobre todo en el padre, que no puede ocultar su sorpresa, y su orgullo, por la actuación del hijo. Y es que tanto el padre, judío y liberal, como la madre, de tradición ilustrada y progresista, aunque antifascistas, nunca se han comprometido activamente.

Pero las consecuencias del hecho no se hacen esperar. El padre y Alberto son detenidos y pasan una breve temporada en la cárcel. No se habla de duros interrogatorios ni de torturas. Estamos todavía en la era de los monstruos menores.adriano ol 2

Y el relato sigue avanzando por los eventos de la vida familiar y los sobresaltos propios de la situación política.

Entre los primeros, la boda de la hermana Paola con Adriano Olivetti y el ingreso del hermano ingeniero Gino en la potente empresa del cuñado. Entre los segundos, la huída del célebre Turati, oculto en casa de los Levi, que el mismo Adriano organiza.

Y es por entonces, al tiempo que la narradora cobra cierto protagonismo, cuando aparece Leone Ginzburg, joven sabio de origen ruso, profesor de literatura eslava y comprometido hasta las cejas en la lucha antifascista. Durante una de sus estancias en la cárcel (junto con uno de los hermanos Levi) se escribe con Natalia. A continuación, la narradora, o sea Natalia, lo presenta como partícipe junto con otros ex alumnos del Instituto D’Azeglio, Pavese entre ellos, en la creación leonede la que sería la famosa editorial Einaudi, nombre que no se menciona.

La objetividad y pretendida frialdad de la autora, narradora y narrada llega al extremo de lo siguiente: después de dedicar una página a levantar acta (podría decirse), de una manera neutra, de las características de la persona llamada Leone, empieza el siguiente párrafo: Ci sposiamo, Leone ed io.

Se casan, sí, con la previsible e inútil oposición del padre (quien, por cierto, conoce y admira a Leone). No tiene una posición segura, alega. Por supuesto que no: en cualquier momento puede volver a la cárcel, reconoce la narradora y ya esposa.

Pero al cabo de poco tiempo lo que toca es el confinamiento o destierro. Casi tres años en un pueblecito de los Abruzos, con toda la familia – Natalia ya tiene dos hijos y da a luz a un tercero. Con el cambo de la situación política (no de la militar), Leone se decide a abandonar el destierro, y reanuda en Roma la actividad clandestina. Poco después se le une la familia. Conviven pocas semanas:

lo detuvieron veinte días después de nuestra llegada, no lo volví a ver más.

Y prosigue el relato. Acabada la guerra con la derrota definitiva de los monstruos mayores, se abre un período extraño, lleno de esperanzas y de incertidumbre.

Era la posguerra un tiempo en el que todos creían ser poetas, todos creían ser políticos […] Pero ocurrió que la realidad se reveló compleja y secreta, indescifrablepci y oscura, no menos que el mundo de los sueños

En las últimas páginas vemos cómo se va adaptando la vida a la nueva normalidad: otras amistades, nuevo matrimonio de la narradora, intentos de ésta de participar activamente en la política. Y termina el relato con una breve conversación entre padre y madre en la que recuerdan detalles, en apariencia banales, de la vida familiar y de sus extensiones. Es decir, de la vida.

Natalia Ginzburg escribió varias novelas, ensayos y obras de teatro, pero creo que es en Léxico familiar (1963) – junto  con los breves ensayos íntimos que constituyen Las pequeñas virtudes (1962) -, donde mejor se puede captar la rara peculiaridad de su estilo: una escritura concisa, exacta, austera, neutra en apariencia, y con toda la carga poética que lleva en sí la contemplación distanciada – estoica – del devenir humano.

(CONTINÚA)

(De ESCRITORAS)   

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NATALIA GINZBURG. La familia, los monstruos y el tiempo II

torinoNatalia Levi (más tarde, Ginzburg) nació en Palermo en 1916. El padre, Giuseppe, natural de Trieste y perteneciente a una familia judía ilustre e ilustrada, era un biólogo especializado en histología, que habría de alcanzar fama y prestigio por su labor y por haber sido maestro de tres premios Nobel. Cuando nació Natalia, ejercía como profesor contratado en Palermo. La madre, Lidia Tanzi, era cristiana, de educación católica y ambiente burgués y progresista. En 1919 la familia se trasladó a Turín donde había de transcurrir toda la infancia y adolescencia de los hijos.

Natalia era la más pequeña de cinco hermanos, condición que la mantenía siempre en la posición de espectadora más que en la de actora: dice que, cuando todos hablaban, ella nunca tenía ocasión de intervenir, e insinúa que esto, entre cosas, la impulsó a ir poniendo sus pensamientos e impresiones por escrito.

A los dieciocho años publica sus primeros cuentos en la revista Solaria, e inicia el estudio de humanidades clásicas en la Facultad de Letras, aunque no se gradúa. Inmersa en el mundo de la familia y de las amistades familiares, en gran partesolaria judías, la hazaña del hermano Mario y sus consecuencias le abren  definitivamente a la dura realidad de la sociedad bajo el fascismo (suele acompañar a su madre a llevar la muda para el padre y el hermano Alberto a la cárcel). A través de los hermanos, conoce a Leone Ginzburg, con quien se casa en 1938, y también a varios colaboradores de la incipiente editorial Einaudi, de la que ella misma había de ser figura destacada.

Desterrado Leone con toda la familia (ya tienen dos hijos) a una pequeña localidad de los Abruzos (1940), Natalia escribe en la nueva “residencia” su primera novela, El leone y natalia 2camino que va a la ciudad, que se publica primero con seudónimo y en el 45 con su propio nombre.

El 25 de julio de 1943 cae Mussolini, y se firma el Armisticio. A pesar de que el nuevo gobierno y los aliados aún no controlan la zona, Leone da por terminada la condena y marcha a Roma, también en poder de los nazi-fascistas. Poco después le sigue Natalia con los hijos, que ya son tres (en el destierro ha tenido una hija). Pero la convivencia de la familia dura solo veinte días. El 20 de noviembre Leone es detenido por la policía fascista en su imprenta clandestina. Comprobada su condición de judío, se le pasa a la sección alemana de la cárcel Regina Coeli, donde es torturado hasta morir.

armisticio

Tras la liberación de Roma producida unos meses después, Natalia decide permanecer en la ciudad y confía los hijos a su familia, en Florencia primero y luego en Turín. Es seguramente el período más triste de su vida. Supera la depresión realizando trabajos para la sede romana de la editorial Einaudi, hasta que, un año después, se traslada a Turín donde se reúne con los hijos y los padres.

En 1947 publica la novela Y esto es lo que pasó, en la que relata las durasmorte leone 2 experiencias de una mujer en la sociedad dominada por el fascismo. El mismo año recibe el premio Tempo de literatura e ingresa en el Partido Comunista con el que colabora con la mejor voluntad hasta que, aburrida de la cotidianidad de la política en democracia, confiesa, lo deja en 1952.

En 1950 se casa con Gabriele Baldini, profesor de literatura inglesa con el que tendrá dos hijos. En el 52 publica la novela Todos nuestros ayeres y recibe el premio Viareggio. En el 56 Baldini es nombrado director del Instituto Italiano de Cultura en Londres, donde ella lo acompaña hasta el regreso de ambos en el 61.

En 1962 publica Las pequeñas virtudes, colección de breves ensayos o semblanzas en la que se incluye un recuerdo emocionado (dentro de su estilo austero) de su amigo Cesare Pavese, muerto por suicidio doce años atrás, y escribe Léxico familiar, la gran obra en la que puede decirse que se contiene toda su vida hasta aquel momento. Se publica al año siguiente y es galardonada con el Premio Strega.

Colabora en Il Corriere della Sera y participa en diversas actividades culturales (interpreta el papel de María de Betania en la película de Pasolini El Evangelio según san Mateo).

estrategia deTras la muerte de Baldini, en 1969, aumenta su interés por la política activa, estimulada por la situación creada en Italia con la llamada “estrategia de la tensión” (atentado de piazza Fontana de Milán): sucesión de acciones terroristas urdidas por la extrema derecha para frenar el auge de los comunistas. 

En los años 70 y 80, además de escribir y publicar varias novelas traduce, entre otros, a Proust, sin abandonar el interés por la política activa: en 1983 es elegida diputada por el Partido Comunista en cuya lista se presenta como independiente. Muere en 1991.

Natalia Ginzburg es la escritora de los pequeños detalles que conforman la vida, que van marcando el paso de un tiempo que unas veces se encoge y otras se detiene o semaria de bet alarga, como se advierte bien en Léxico familiar; es la novelista de la mujer víctima por partida doble de la sociedad y del régimen político; es un ejemplo perfecto de artista y de luchadora política, que sabe no confundir lo uno con lo otro. Una lucha que no tenía otro objetivo que posibilitar la plena realización del ser humano, librándolo de cadenas físicas y de mitos alienantes (¿qué objetivo suelen tener ahora las luchas políticas? cabe preguntarse hoy).

En este sentido, es significativo que algún comentarista le haya reprochado que, a diferencia de en El jardín de los Finzi-Contini, de Bassani, no se destaque en su obra su condición de judía, así como la injusticia que se cometía con los de su raza (que solo lo era por parte de padre). Y es cierto. Porque lo que hay en su obra es la aspiración, de raíz cristiana, a una liberación del ser humano sin distinción alguna de condición o de raza. O, si se quiere, una aspiración humanista; claro reflejo de la actitud del padre – judío y ateo – quien, habiendo sufrido física y moralmente bajo los monstruos, en la cima de su prestigio como científico, advertía en una entrevista con el presidente de la república, Sandro Pertini: 

              tenemos que acordarnos de no odiar a los alemanes

hitler y cia

 (De ESCRITORAS)       

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ANAÏS NIN. La seducción del Minotauro I

anais ninÚltima mirada a Barcelona y últimos pensamientos. Las montañas se alzan con belleza majestuosa. El Sol poniente muestra sus últimos pálidos rayos. Aquí y allá nubecitas blancas penden del cielo. Mientras contemplo el paisaje, los pensamientos se precipitan en mi mente. Vamos a dejar Barcelona, a dejar este hermoso país. Nunca más veré este cielo azul que tanto me gusta. Nunca más podré rozar con mis labios el dulce rostro de mi queridísima abuela…

Quien esto escribe es una niña de once años. Está embarcada, con madre y hermanos, en el vapor Montserrat, que zarpa rumbo a Nueva York. Es el 25 de julio de 1914. Falta el padre. Pensando en él escribe. Y no dejará de escribir ni de pensar en él hasta que arribe al umbral de la muerte, incluso después de haberlo recuperado, de extraño modo, y de haberse vengado de él, de rara manera.

Solo hace un año vivían todos juntos en Arcachon (Francia), aunque el padre, como siempre, pasaba temporadas ausente debido a sus compromisos artísticos. Eldescargajoaquin nin padre, Joaquín Nin, pianista, compositor, musicólogo; refinado, culto, cautivador, hedonista, donjuan, narcisista. Nacido en La Habana, de padre español (catalán) y madre cubana. La madre de la niña, Rosa Culmell, cantante de ópera, nacida en La Habana de padre danés (embajador en Cuba) y madre de origen francés, había dejado su carrera artística para acompañar al marido y cuidar de los hijos.

Pero el marido se perdía de vez en cuando en brazos de alguna admiradora o alumna. Hasta que la separación en Arcachon se convirtió en definitiva. Y el dolor que aquello infligió a la niña de once años persistió en el tiempo, primero como plegaria continúa a Dios para que le retornase el padre, y después – Dios también ausente – trasformado en indagación continua de sí misma y del mundo de los sentimientos a través de la creación artística.

Porque la niña Anaïs tuvo claro desde el principio que había de ser una gran escritora, de celebridad merecida, cuya tarea consistiría en desenredar, en clave poética, el mundo de los sentimientos. Pero esa celebridad deseada no la alcanzaría nin feministahasta la última fase de la vida. Y además se le presentaría un poco torcida y desfigurada en relación con lo soñado.

Y es que en el último tramo de su vida Anaïs se convirtió (la convirtieron) en adalid de la libertad de la mujer y del erotismo sin complejos. Y lo fue, sin duda, pero fue muchas cosas más por encima de las etiquetas que le iban poniendo. Y eso, no obstante las aclaraciones pertinentes que iba dejando en sus escritos.

Creo en la pareja, no en la abolición de las diferencias

Las feministas [radicales, precisaríamos hoy, a la vista del conjunto de su obra y vida] manifiestan una falta de humanidad propia de revolucionarios, como si estuviesen dispuestas a guillotinar a toda persona que tenga las uñas limpias

Contra el odio, el poder y el fanatismo, los sistemas y los planes, yo pongo el amor y la creación, una y otra vez, a pesar de la locura del mundo.

El caso es que la tan esperada celebridad se inició de repente en 1966 con la publicación de parte de su Diario. Pero, a pesar de la nube de vibrantes elogios que le dedicaron comentaristas que hasta entonces la habían ignorando, apenas nadie señaló la esencia real de la fuerza de Anaïs Nin.

Lo que hace indestructible a Miller es lo mismo que me hace indestructible a mí. En los dos, lo esencial es el artista, el escritor. Y es precisamente en nuestra obra como podemos reunir los fragmentos, volver a crear la unidad.

La obra de Anaïs la componen varias novelas, unos relatos cortos, una obranin diarios directamente porno-erótica, surgida en circunstancias especiales, y sobre todo el Diario.

Aquel cuaderno donde iba vertiendo la nostalgia y desolación de la niña fue el preludio de lo que, con los años, se convertiría en la obra magna de una mujer. Quizá, o con seguridad, la primera mujer que ha desarrollado por escrito todo el relato de su vida, exterior e interior, sin omitir nada, ni las fantasías, ni los sueños ni los detalles más escabrosos de la realidad.

Una vida que transcurrió en escenarios diversos. La infancia en Europa (París, Berlín, Bruselas, Arcachon, Barcelona). La adolescencia, en Estados Unidos y Cuba. La mujer casada, en París, primero como la señora burguesa que entonces era, aunque siempre indagando en el mundo y en sí misma a través del Diario, y luego, en cuanto dio con el acceso preciso (una obra: Women in love; un hombre: Henry Miller), como personaje integrante (compañera, amante, autora, “musa”) de la mítica bohemia de París de los años veinte y treinta del pasado siglo.

Y la última etapa, forzada por el estallido de la guerra en Europa, otra vez en Norteamérica, donde finalmente y con mucho esfuerzo alcanzó el deseado reconocimiento como escritora y el no tan esperado como icono de la liberación de la mujer y como figura destacada de la contracultura  americana (underground).

Además, fue paciente y oficiante del nuevo culto del psicoanálisis. Tenía que pasar por ahí para profundizar en la búsqueda de su propia alma, para restañar la herida otto rankdel abandono paterno, para absolverse por el extraño modo de vengarse del verdugo. Seduciéndolo. Y así, se confesó con el psicoanalista Allenby, al que también sedujo, y luego con el psicoanalista Otto Rank, al que  sedujo también y del que además se convirtió en alumna, ayudante, y oficiante del psicoanálisis durante pocos meses. Unos meses que pasó en Nueva York, intercalados en su etapa parisina. Pero, enseguida que consideró cumplida y superada la experiencia, Anaïs regresó  a París, escenario de los mejores años de su vida.

Y es que, aunque como literata escribió siempre en inglés (podía hacerlo también en francés, que dominaba, o en español, que también dominaba), se consideraba por encima de todo francesa.

Casualmente, Anaïs Nin había nacido en Francia.

(CONTINÚA)

(De  ESCRITORAS) 

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