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Fragmentos y comentarios auténticos sobre la obra de Antonio Priante.

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. La doncella y el dragón I

sor juana¿Qué más castigo me quiere V.R. que el que entre los mismos aplausos, que tanto le duelen, tengo? ¿De qué envidia no soy blanco? ¿De qué mala intención no soy objeto? ¿Qué acción hago sin temor? ¿Qué palabra digo sin recelo? Las mujeres sienten que las exceda. Los hombres, que parezca que los igualo. Unos no quisieran que supiera tanto. Otros dicen que había de saber más, para tanto aplauso. [] Y de todo junto resulta un tan extraño género de martirio cual no sé yo que otra persona haya experimentado.

Juana Inés tiene poco más de treinta años cuando con estas palabras, y otras de parecida claridad y contundencia, se dirige en una larga carta a su confesor, el núñez de mirandajesuita Antonio Núñez de Miranda, para rebatir la pretensión de éste de que abandone las letras humanas y se dedique en todo caso solo a las divinas. Y es que Juana Inés es ya, en 1682, una celebridad de las letras castellanas, en Nueva España (México colonial) y pronto también al otro lado del Atlántico. Escribe sobre todo poesía, en la estela de Góngora. En gran parte poesía amorosa. Y es monja.

¿Poesía amorosa una religiosa? ¿Poesía erótica, aunque no en el sentido más físico de la palabra, una monja? ¿Es ésta la gran piedra de escándalo que mueve al confesor a exigirle un cambio radical? No exactamente.

Lo es en cierto modo para nosotros. Si no de escándalo, sí de extrañeza o incomprensión. Después de todo, Núñez entendía a su tiempo; nosotros, a primera vista, no podemos entenderlo. Y es que entre aquel tiempo y el nuestro ha ocurrido algo. Escribe Octavio Paz:

Nuestra actitud ante la poesía amorosa es muy distinta a la del siglo XVII. Entre la Edad Barroca y nosotros se interpone la gran ruptura: el Romanticismo, con su octaviopaz2exaltación de la sinceridad y la espontaneidad. La doctrina romántica proclamó la unidad entre el autor y su obra; el arte barroco los distingue y separa hasta el máximo: el poema no es un testimonio sino una forma verbal que es, al mismo tiempo, la reiteración de un arquetipo y una variación del modelo heredado.

Es decir, que, a diferencia de la literatura romántica y de buena parte de la actual, la literatura barroca es arte y solo arte, no confesión pública ni reality show. Los que no saben u olvidan esto – grandes críticos incluidos, durante todo el siglo XIX – han andado buscando en vano quiénes eran en la realidad los Fabio, Silvio, Feliciano o Lisardo que aparecen en los versos de la “enamorada”.

En vano, porque detrás de los poemas amorosos de Juana Inés no hay otra realidad que la enorme cultura literaria y la aguda sensibilidad artística de un mujer extraordinaria, capaz de producir, entre otras cosas, algunos de los versos más bellos de la poesía española.  

( Detente sombra de mi bien esquivo,

imagen del hechizo que más quiero, […]                                          

que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,

poco importa burlar brazos y pecho

si te labra prisión mi fantasía. )

Se suele clasificar la producción poética de Sor Juana en varios grupos: los poemas amorosos, los de circunstancias, los satíricos o jocosos, los religiosos y los filosóficos.

virreyesLos poemas amorosos asumen toda la tradición poética que va desde los trovadores y el petrarquismo hasta el Renacimiento y el mismo Barroco contemporáneo (Góngora, Quevedo), si bien con una novedad fundamental: el sujeto narrador de los lances y los sentimientos amorosos es una mujer.

Relegada hasta entonces al papel de objeto poético, por muy encumbrado que se le situase, como en el caso de la literatura trovadoresca, con Juana la mujer asume el papel de protagonista, de sujeto y narrador (narradora) de los lances y sentimientos. Y no recurre al fácil procedimiento, creo que ya usado con anterioridad, de fingir una voz masculina sino que habla como mujer, y como tal expresa su experiencia amorosa. Todo dentro de la tradición literaria convencional antes aludida, por supuesto, es decir, sin referencia obligada a personas o situaciones realmente existentes o vividas. 

El hecho de disfrutar, durante casi toda la vida, del favor de los virreyes, primero como dama de una virreina, luego, desde el “retiro” de su convento como amiga íntima de otra, favoreció la proliferación de las poesías de circunstancias, la mayoría por encargo, algunas por iniciativa propia, pues las ocasiones abundaban en el entorno de la corte (cumpleaños, nacimientos, bautizos, etc.). Y dentro de esta categoría, o formando otra aparte, que estos distingos no tienen mayor importancia, se podría hablar de poesía amistosa, dentro de la cual cabría destacar las dedicadas a la virreina María Luisa Manrique de Lara (Lisi), en las que manifiesta una amistadhombres necios rendida, con frecuencia en los mismos términos de la poesía amorosa. 

Entre las composiciones satíricas o jocosas, algunas de ellas crueles dardos contra personas concretas, destacan (incluso en la memoria popular) aquellos versos dirigidos a los hombres en los que, con su método razonador a ultranza, les reprocha la incongruencia, la irracionalidad, de su actitud hacia las mujeres.

De poesía religiosa, más bien escasa. Esto no es raro en el barroco, más aficionado a los temas de la mitología clásica que a los cristianos, pero no deja de extrañar en una monja y en una sociedad en la que la Iglesia católica lo ocupaba casi todo.

Pueden considerarse filosóficos unos cuantos poemas de breve extensión y, sin duda, uno más extenso titulado Primero sueño. Es esta una extraña composición, formalmente deudora del Polifemo y las Soledades de Góngora, pero absolutamente original en su contenido e intención. En ella vemos al alma humana (el intelecto) que intenta desentrañar la maquinaria y el sentido íntimo del universo y que, pese a su fracaso final, no reniega del valor de la indagación y la búsqueda. El problema para el lector de hoy es que la autora utiliza en la obra todos los recursos del barroco, en especial una sintaxis dislocada por el uso continuo del hipérbaton, lo que convierte su lectura en una empresa realmente difícil.  

La curiosidad de Sor Juana se extendió también al mundo de la naturaleza y la ciencia, si bien, por la limitaciones derivadas de la situación geográfica y del ambiente social en que vivió, no pudo estar al corriente de la gran revolución científica que por entonces tenía lugar en Europa.los empeños de

También escribió teatro (Los empeños de una casa, Amor es más laberinto) en la órbita de Calderón, pero con su indiscutible sello propio.

Es evidente que Sor Juana Inés de la Cruz fue una mujer extraordinaria. Doncella toda la vida por voluntad propia, religiosa sin vocación religiosa, poeta inspirada y aplaudida, pensadora racional y hasta racionalista, mimada por el poder no clerical… Aunque no todo fueron rosas, ni mucho menos. Y es que, por otra parte, siempre estuvo vigilada, controlada, atemorizada por el otro poder. Pero vayamos al principio. (CONTINÚA)

(De ESCRITORAS)

inquisición méxico

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SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. La doncella y el dragón II

nepantla

A doce leguas de Ciudad de México, casi en la misma falda de dos montes próximos entre sí, uno de ellos volcán famoso, en una hacienda llamada San Miguel de Nepantla, un día de noviembre de 1648 nació una niña a la que bautizaron con el nombre de Juana Inés. El padre, Pedro de Asbaje, militar de origen vasco y la madre, Isabel Ramírez, de familia ya asentada en México, no estaban casados, cosa que los primeros biógrafos callan y que la misma Inés había de disimular toda la vida. El padre desapareció pronto y la madre se unió a otro hombre con el que tuvo más descendencia.

A los tres años, viendo cómo enseñaban a leer a una hermana mayor, Juana Inés quiso aprender ella también. Y pocos años después llegó a considerar seriamente la idea sor juana jovende vestirse de hombre para ir a la universidad de México. Casi toda la infancia la pasó entre los muchos libros que había en casa de su abuelo en la localidad próxima de Panoayán, donde la había colocado la madre, quizá con motivo de la aparición de un nuevo “padre”, y donde permaneció hasta 1656, fecha en que pasó a vivir a la Capital en casa de los tíos Mata (ella, hermana de la madre), al parecer muy bien relacionados con la más alta sociedad, pues es el caso que, un tiempo después, tenemos a la Juana Inés de dieciséis años (según las cronologías más fiables) en la corte virreinal como dama de la virreina.

Tanto el virrey, Antonio de Toledo y Salazar, marqués de Mancera, que inauguraba su mandato en octubre de 1664, como su esposa Leonor Carreto, personas cultas y de talante abierto, quedaron enseguida prendados de la joven Juana Inés, hasta el extremo de que ésta, más que protocolaria dama de compañía fue en realidad compañera inseparable de la virreina. Esta situación no le impidió proseguir susantonio de toledo estudios, siempre en solitario y sin más estímulo que su innato afán de saber, al tiempo que deslumbraba a la corte con sus conocimientos, sus poemitas de circunstancias y sus primeras representaciones teatrales.

La situación no podía ser más favorable, pese a las envidias, los odios y las trabas materiales que situaciones tan favorables suelen concitar.  Pero una mente como la de Juana Inés se tenía que hacer la pregunta: ¿cuál sería su futuro? Los virreyes cambian, tanto como la fortuna en general. En el matrimonio no pensaba, sino para descartarlo. Lo que en realidad le interesaba, el conocimiento y el arte, estaba de hecho vetado para una mujer. Ingresar en un convento podría ser una solución – como para tantas otras mujeres por los más diversos motivos en aquella sociedad – siempre que no fuese incompatible con sus verdaderos intereses. Y lo probó.  

En 1667, todavía bajo el virreinato del Marqués de Mancera, ingresó en el convento de las Carmelitas Descalzas. Salió a los tres meses. No era aquello lo que buscaba. 

Por entonces hizo su aparición el jesuita Antonio Núñez de Miranda, quien se convirtió en su confesor (y en una de las cabezas más visibles del Dragón). Núñez iglesia y virreytenía fama de santo y sabio. Quizá. De lo que no hay duda era que, como pastor muy taimado, desplegaba toda su astucia y energía para mantener las almas en el redil correcto. Y no almas cualesquiera, y es que, como dirigente de una Congregación de la que formaba parte el mismo virrey, no dejaba de velar por la pureza de la doctrina (y el comportamiento debido de las personas principales).

Lo cierto es que Núñez quedó deslumbrado por la sabiduría y la capacidad intelectual de Juana Inés, y se propuso enderezar aquella forma de vida, tan extraña para una mujer. Ella lo tuvo al principio como una ayuda y, en cierto modo, como el padre que siempre le había faltado. Hasta que, harta de las intolerables presiones a que la sometía, lo despidió con cajas destempladas en aquella famosa carta de la que al principio he transcrito un fragmento.

De todos modos, hay que tener en cuenta que, en la época de la carta (1682), Juana Inés se sentía especialmente fuerte. ¿Por qué? Retrocedamos.

Dos años después de la breve estancia en el convento de las Carmelitas, tiempo en el que siguió disfrutando de la protección y estima de los virreyes, Juana Inés, a los veintiún años, profesó como religiosa e ingresó en el convento de San Jerónimo, donde (con todas las comodidades que le interesaban: libros, instrumentos científicos, visitas y tertulias con sabios y personas amigas) permaneció hasta el fin de sus días.celda sor juana

El hecho de que se hiciese monja sin especial vocación religiosa puede parecer raro ahora. Entonces no lo era. En una sociedad en que la Iglesia católica lo ocupaba prácticamente todo, el hecho de militar en ella era, también, un medio de vida o un acomodo para evitar otras situaciones

Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir.

Total negación al matrimonioEsta confesión, además de toda su forma de vida, entonces considerada estrictamente masculina, ha llevado a bastantes estudiosos a considerar que Juana Inés tenía graves problemas de identificación sexual o, en todo caso, que era una personalidad neurótica. No lo creo. Más bien me inclino por la opinión de Octavio Paz, ensayista, poeta y sabio de toda confianza:

Ante las adversidades a que se enfrentó desde su niñez y ante los obstáculos que, en su edad adulta tuvo que vencer, advierto no inestabilidad psíquica sino aplomo, habilidad y buen sentido. No veo a una neurótica: veo a una mujer lúcida y entera.

Pero volvamos a la historia.

(CONTINÚA)

(De ESCRITORAS

 

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SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. La doncella y el dragón III

Tras unos años de interregno en los  que ejerció el mando del virreinato el arzobispo de México, en 1680 tomó posesión el nuevo virrey Tomás Antonio de la Cerda, Marqués tomas antoniode la Laguna. Sor Juana Inés compuso el poema de bienvenida (Explicación del Arco) y ya desde el primer momento, la relación entre la monja y los virreyes, superó en cordialidad la habida con los marqueses de Mancera. Especialmente entre Juana Inés y la virreina, María Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, la Lisi de los vibrantes poemas, con tonos directamente amorosos, que le dedicaba la amiga monja.

Amorosos, ¿hasta dónde? Esto es algo que siempre ha preocupado a los  modernos etiquetadores. Por suerte, también aquí tenemos al amigo Octavio para arrojar alguna luz. Así, en su pormenorizado estudio sobre la escritora, después de dedicar un buen número de páginas al tema, concluye, refiriéndose a los encendidos poemas octavio paz fcede amistad o amor, que “no es posible hablar de safismo, salvo en el sentido sublimado de la tradición platónica renacentista“.

Los años de mandato del Marqués de la Laguna (1680-86) fueron sin duda los más felices y literariamente productivos de la vida de Juana Inés. Confortada y amparada por la amistad de los virreyes, en especial por el cariño o amor de la virreina, persona al parecer muy culta, que hizo publicar toda la obra de Juana Inés a su regreso a Madrid, se sentía tan al abrigo de envidias y asechanzas que incluso no dudó en despachar a su confesor, el poderoso Núñez Miranda. Pero el Dragón no solo tiene una cabeza. Y alguna hasta puede ofrecer un aspecto amable.

Manuel Fernández de Santa Cruz era por entonces obispo de Puebla, la segunda diócesis en importancia después de la de México. Dice un biógrafo que tenía dos obsesiones: la teología y las religiosas. Sobre teología escribió densos trabajos obispo de pueblatratando de conciliar los aspectos inconciliables de la Biblia. En cuanto a las religiosas, fundó colegios de monjas y las visitaba, instruía y sermoneaba de continuo. Admiraba sinceramente a Sor Juana Inés y la relación entre ambos fue más bien amistosa. Hasta el extraño giro final.

Francisco Aguiar y Seijas, arzoobispo de México, se nos aparece como la cabeza más siniestra del Dragón, lunático, de devoción obsesiva y de una misoginia extrema incluso en el contexto, estructuralmente misógino, de aquella sociedad. Y se dice que existía una hostilidad soterrada entre él y el obispo de Puebla.

Es el caso que Sor Juana Inés escribió una especie de carta, que envió al obispo de Puebla, en la que rebatía ciertos puntos de una exposición teológica del famoso jesuita portugués Vieira, quien contaba con la admiración absoluta del arzobispo dearzobispo méxico México. La carta, que no estaba destinada a su publicación, la publicó en 1690 el de Puebla (quizá pensando en la ira que le iba a provocar en el de México), acompañada de un largo escrito firmado por Sor Filotea de la Cruz, pseudónimo del mismo obispo Manuel Fernández, dirigido a Sor Juana. En la carta, no se muestra el prelado contrario a que la mujer sea letrada. Lo que reprocha a Sor Juana es su dedicación casi exclusiva a las letras humanas en vez de a las divinas y le insta enérgicamente a que cambie sus actuales intereses y modo de vida por los propios de una religiosa.

Era principios de 1691. Hacía ya cuatro años que el Marqués de la Laguna había sido sustituido y que había regresado a Madrid con su esposa, dejando a Juana Inés privada de su amiga del alma y de la segura protección del supremo poder de Nueva España. Pero en la actitud de Sor Juana no se advierten cambios importantes.

No sabemos (no sé) cómo fueron las relaciones con el nuevo virrey, Conde de Galve. Parece que ni mal ni demasiado bien. En todo caso, en la carta de Respuesta  a Sor Filotea de la Cruz (es decir, al obispo de Puebla) queda claro que sus ideas, sus intereses, su voluntad y su determinación son las mismas de siempre.

La Respuesta constituye una astuta combinación (para algunos críticos, en ocasiones no bien resuelta) entre la autojustificación y la defensa a ultranza de sus ideas sobre los derechos de la mujer.

Desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprensiones –que he tenido muchas–, ni propias reflejas –que he hecho no pocas-, han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí.

respuestaEl hecho de haberse dedicado a la literatura profana en vez de a la sagrada lo atribuye al gran respeto que le infunde la teología y a que entiende que, para llegar a tal nivel, primero había de estudiar todas las ciencias. No es seguro que ella misma se creyese esta argumentación.

En lo que sí que se muestra tan certera como segura es en la defensa del derecho de las mujeres a acceder al conocimiento (ciencia y artes) en la misma medida que los hombres. Y a tal extremo llega su empeño que no duda en poner como ejemplo de mujeres sabias a la antigua Hipatia (filósofa asesinada por monjes cristianos) y a la gnóstica Eunoia. Recurso más bien sorprendente en una religiosa católica.

Toda la carta, bastante extensa, expresa una seguridad y una convicción en la legitimidad de su modo de vida, que no admiten la menor duda.

Dos años después, se produce un cambio radical. Se desprende de sus libros, instrumentos musicales y científicos; lo entrega todo al siniestro arzobispo de México, yo la peorsu nada oculto perseguidor; llama a su antiguo confesor Núñez, al que había despedido tan decididamente, y escribe una especie de confesión o autoinculpación que firma como “yo, la peor de todas”.

Poco después, en 1695, se contagia de la peste que se había declarado en México al cuidar (sin cuidado propio) a sus hermanas religiosas. Y muere, puede decirse que como una santa.   

¿Qué había ocurrido? ¿Fueron las presiones insoportables del Dragón lo que determinaron aquella decisión que pretendía anular toda su brillante vida anterior? ¿O hubo algo más, algo más decisivo? Escribe un comentarista: “Una mujer que luchó tan incansablemente durante tantos años para defender sus derechos no se hubiese doblegado si a ello no le hubiese inclinado un convencimiento íntimo“. 

Parece que el Dragón alentaba también dentro de la Doncella.

(De ESCRITORAS)

dragon

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ESCRITORAS

ch. bronte

Hace tres meses, en un intento (no muy afortunado) de llamar la atención sobre mis escritos, publiqué en el Blog un Ensayo de prólogo para en su día en el que daba cuenta de la finalización de las series sobre escritores tituladas Los libros de mi vida y Los libros de mi vida. Lista B, que había estado escribiendo desde hacía unos cuatro años.

En el penúltimo párrafo de dicho Ensayo anunciaba mi intención de corregir una anomalía que en la segunda de las referidas series había observado a destiempo. Ha llegado el momento.

Inicio ahora una serie sobre escritoras. La composición de la lista no la tengo decidida, todavía. Han de ser 21, por supuesto. Pero ¿quiénes?

Y es que una cosa está muy clara, para mí. Para formar parte de mis listas no basta con que la persona en cuestión escriba bien. Ni siquiera que escriba muy bien. Ni tampoco que sea el autor o autora más famoso de la historia de la literatura.  Ha de ser, además de artista, una persona especial; una persona que, por ciertas cualidades que me resulta difícil precisar, merezca mi especial simpatía y veneración.

Muy subjetivo, lo reconozco. Pero, quien no le guste, que no lo tome. Al fin y al cabo, si no de otras cosas, yo soy dueño de mi mundo.

En todo caso, está fuera de duda que la escritora que encabeza la lista cumple con creces mi requisito.

 

1. SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. La doncella y el dragón

2. MARY SHELLEY. La vida monstruosa

3.

4.

5.

6.

7.

8.

9.

10.

11.

12.

13.

14.

15.

16.

17.

18.

19.

20.

21.

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MEFISTOFÉLICAS

(Extraídas de Mundo, Demonio y Fausto)

mefisto

Nada mejor para los mortales que un buen sueño. Cuando están despiertos creen que su actividad mueve las cosas, imaginan que el mundo es algo ajeno, agradable u hostil, según los casos. Sólo cuando duermen regresan a la verdad.

                                                             *

Hoy la magia es solo una rama del comercio.

                                                            *

La belleza de la mujer no existe; es solo un prejuicio de los hombres, un prejuicio instintivo y cósmicamente necesario. A una mujer no la deseas porque sea bella; te parece bella porque la deseas.

                                                            *

Por muy arriba que asciendas seguirás pegado a tu culo.

                                                            *

Ser compasivo es como vivir al borde del abismo.

                                                            *

Me encantan estos tiempos. Si no fuese por ese déficit de inteligencia que observo en todas partes, diría que representan el triunfo definitivo de mi estilo de vida.

                                                            *

Siempre ha sido así: el que defiende su dignidad está dispuesto a morir; el que ve amenazados sus privilegios no duda nunca en matar.

                                                            *

Nadie puede destruir la realidad. Se trata de descubrir dónde está.

                                                            *

Descubrirás que el ser humano no tiene instrumentos para captar la cosa en si, suponiendo que eso exista, y por lo tanto que todo lo que se forma en tu mente no está en otra parte más que en tu mente.

                                                           *

El mal no es ninguna potencia terrible la inicial de cuyo nombre haya de escribirse en mayúscula; el mal, señor mío, es sólo la manifestación de la miseria intelectual humana. Yo lo llamo chapuza.

                                                           *

Pese a lo que proclama la más ñoña literatura empresarial, todo el mundo sabe que la desconfianza es la base de los negocios y del progreso. Los pueblos generosos, cálidos y hospitalarios siguen apacentando sus cabras y camellos.

                                                           *

Deberías saber que antes y después del instante presente no hay nada.

                                                          *     

Lamento comunicarte que todos los mundos son iguales. Es verdad que las apariencias pueden ser muy diversas, pero si rascas un poco, siempre encuentras lo mismo. Un mundo diferente es sólo una mirada diferente del observador.

                                                          *

El espíritu germánico cala muy hondo: donde vosotros solo veis risas, él adivina llantos.

                                                          *

(Atención, asoma la tolerancia, arranca el relativismo, se inicia el declive de la Iglesia…¿adónde iremos a parar? ¡Peligra mi propia existencia!)

                                                         *

Llegará un tiempo en que las palabras se habrán quedado secas, sin jugo, sin sustancia, y ya nadie dirá “el espíritu del mal”. Entre otras cosas porque por entonces reinará un mal sin espíritu.

                                                         *

Los tratados de teología no son la Biblia. Ni siquiera la Biblia es la Biblia.

                                                         *

Halagar las vanidades colectivas no sirve para nada. […] Cierto que, cuando gana su equipo de fútbol, el hombre se va a dormir mucho más feliz que cuando pierde… Pero todos los despertares son igual de amargos.

                                                         *

Todos los jóvenes de veinte años se parecen.

                                                         *

Desde que aparece la reflexión, las razones se necesitan para vivir, no para morir.

                                                         *

La vida siempre es plena, amigo, pero se la acaba destruyendo con la imaginaria no-vida de los deseos quiméricos.

                                                         *

Hombre, si nos ponemos así…El amor un engaño, la vida un espejismo, un sueño. Bueno, y qué. También una novela es un engaño, ¿y acaso no disfrutas leyéndola? ¿No se puede disfrutar lo mismo con la propia vida que con una buena novela?

                                                                        *

¿Qué derechos adquirieron los hombres al nacer, qué promesas se les hizo de felicidad o inmortalidad fuera de las que va urdiendo su propia imaginación?

                                                         *

La verdad es que…por un momento me he visto en el otro lado…me he visto como un vulgar ser humano, con sus ilusiones, sus tristezas, sus sufrimientos. ¿Y sabes qué te digo? Que no es divertido, nada divertido…es como un castillo de fuegos artificiales que se consume porque sí, por nada y para nada…Sólo hay una manera de que ese personaje, tan vulgar y tan extraño, siga tirando con cierta alegría: que asuma todo eso como un juego divertido, como una farsa que tiene lugar en un plató animado por inocentes luces artificiales…lejos de la luz verdadera…

                                                                                  *

Mundo, demonio y carne

son nuestros enemigos…

Al mundo no hago caso

ni al diablo con su pincho

pero lo que es de carne,

me hincho, me hincho.

Qué os parece, es un viejo cuplé que oí cantar a la abuela de una amiga mía.

                                                     *

Preferir el ser al no ser es el pecado, corderitas y corderitos míos. Pero una vez aquí, apuntémonos a todos los banquetes.

                                                    *

¿Todavía hay quien lo duda? Fuera de la farsa no hay salvación.

        mefisto goethe

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Ensayo de prólogo para en su día

Hace pocos años, ya en este tramo de mi vida situado sin duda hacia el final, tuve la idea, en realidad, sentí la necesidad, de convocar a todos aquellos escritores que me habían acompañado, confortado e iluminado a lo largo de mi existencia. Y fueron apareciendo.cervantes etc

Primero, aquellos que desde la infancia me han ido despertando a la realidad del mundo y de las ideas o me han acompañado (coincidido) en momentos especiales de la vida. A ellos dediqué la primera serie – con breves apuntes autobiográficos – a la que puse por título Los libros de mi vida.

Apenas cerrada esta serie, compuesta por semblanzas de 21 escritores, caí en la cuenta de que muchos de los considerados “grandes” habían quedado fuera. Era natural, puesto que se trataba de una selección confesadamente personal y subjetiva. De todos modos, quise enmendar en lo posible el fallo convocando a otros escritores que, aun no habiendo tenido un significado especial en mi vida, contaban con toda mi admiración. Y así redacté 21 semblanzas más de escritores y titulé la serie Los libros de mi vida. Lista B.

Apenas cerrada esta segunda serie caí en la cuenta de que algo muy importante y muy serio había quedado fuera. Me propuse enmendar en lo posible el fallo, pero la cosa ha sido tan reciente que, como se dice, aún no he puesto manos a la obra. Y no quiero hablar de proyectos no materializados. Así, aunque se espera una tercera serie – si hay vida y fuerzas – estas son lo que ahora hay.

Lo que ahora hay en mi blog, que es donde se ha desarrollado la historia que acabo de contar. Pero ocurre que, como hombre de mi generación, prefiero los libros con todos sus atributos físicos. Y …

[Quedo a la espera de un final feliz]

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JULIO CORTÁZAR. La alegría de escribir I

cortazar1Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Típico de los cronopios, siempre imprevisibles y desmesurados. A los famas, muy formales, no les ocurre nada parecido. Y a las esperanzas, según y como, porque las esperanzas son el vivo ejemplo del ser indeciso e influenciable.

Cuando un cronopio canta, las esperanzas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados.Cronopios En medio del corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.

Los cronopios se le aparecieron a Julio Cortázar una tarde en el auditorio de un teatro desierto por el intermedio. A continuación surgieron los famas y las esperanzas. Y poco tiempo después Julio empezó a escribir sobre las aventuras y las maneras de tan curiosos personajes. El resultado fue el libro publicado en 1962 con el título de Historias de cronopios y de famas .

¡Fantasías! exclamaron todos los famas instalados en los ministerios, consejos de redacción y secretarías de los partidos. Con los problemas que tienen en Latinoamérica y viene este cronopio emigrado a confundirnos a todos con sus fantasías sin sentido. Evasión, pura evasión, sentenciaron. Y las esperanzas también sentenciaron evasión, porque las esperanzas son muy sensibles a las sentencias de los famas.cortazar cuba1

Y es que el autor de estas historias tiene una particularidad: que no distingue muy bien entre la llamada realidad y la llamada fantasía. Y no es que se haga un lío entre una y otra. Al contrario, en su proceso de creación una se apoya en la otra para construir una realidad más alta, esa de la que da cuenta el arte.

La fantasía, lo fantástico, lo imaginable que yo amo y con lo cual he tratado de hacer mi propia obra es todo lo que en el fondo sirve para proyectar con más claridad y con más fuerza la realidad que nos rodea.

continuidad parquesLa amenaza que pensamos situada en un mundo distante o imaginario puede en un momento saltar a nuestro mundo y acabar con nosotros. Continuidad de los parques. El hombre sentado en la butaca de terciopelo verde lee una novela de pasión y celos. En el relato, un individuo avanza hacia la gran casa empuñando un puñal. Entra, sube las escaleras y ataca por la espalda al hombre sentado en la butaca verde que lee una novela.

No es seguro que la vida sea vida y que el sueño sea sueño, porque quién sabe si el sueño es la vida y la vida el sueño. La noche boca arriba. Un motociclista corre por las calles de la gran ciudad entre altos edificios y paseos arbolados, hasta que un accidente hace volar la moto y él queda debajo. Trasladado al hospital… se ve, indio moteca, corriendo por la selva, huyendo de los enemigos aztecas… tendido boca arriba, personas de batas blancasaztecas se inclinan ante él…vuelve a dormirse, cree, y es finalmente apresado por los aztecas y conducido al lugar del sacrificio… despierta y el personal médico sigue atento sobre él, no quiere dormirse otra vez… pero ahora se ve sujetado sobre el altar del sacrificio y entiende que ésa es, era, su vida, no el sueño absurdo en el que corría sobre un pájaro de metal entre altos y extraños edificios.

Sucede a veces que un poder sin rostro y sin nombre nos expulsa del mundo que ha sido nuestro. Casa tomada. Dos hermanos, hombre y mujer, viven en la antigua casa heredada. Un día, tienen la sensación clarísima de que una presencia extraña ha ocupado una habitación. La cierran y siguen la vida prescindiendo de ese espacio. Pero la ocupación se extiende paulatinamente a otra habitación y a otra y a una sala y a otra, y ellos las van cerrando y se acomodan a vivir en el resto de la casa. Pero aquello avanza. Finalmente quedan reducidos al recibidor. Hasta que tienen que salir y cierran con llave la casa.

Los cuentos de Cortázar son así. Y de otras muchas maneras según la idea que domina en cada uno de ellos. Por ejemplo, la distorsión o estiramiento del tiempo (La isla al mediodía), la fatalidad o destino (El ídolo de las Cícladas), la potenciación del absurdo de una realidad (La autopista del sur). Los cuentos, junto con su gran novela, constituyen la obra más característica de Cortázar.

rayuelaLa gran novela se titula Rayuela y, en mi opinión, es digna de figurar en el elenco de las obras más logradas y definitorias del siglo XX, junto a Ulises, La montaña mágica,  Bajo el volcán, y quizá alguna más. La voluntad transgresora, innovadora del lenguaje, que en los cuentos ha tenido que contener el autor para que no oscurezca el efecto deseado, se manifiesta en Rayuela con toda libertad.

Cuenta el autor que hacía tiempo que tenía escrito un capítulo y que un buen día se puso a escribir todo lo anterior (los episodios de París) hasta enlazar con lo escrito y luego siguió con más episodios y otras cosas añadidas un poco a la manera de un collage. Además advierte que el libro se puede leer de manera tradicional hasta el capítulo 56 y que a partir de ahí puede dejarse, o leerse en su totalidad empezando por el capítulo 71 y siguiendo en el orden, quizá arbitrario, que propone.

La novela contiene una doble tentativa: por una parte, de modificación de la relación entre autor y lector en busca de una mayor participación activa de éste; por otra, de negación de la realidad cotidiana como única instancia y de admisión de otras realidades siempre latentes.

Publicada en 1963, en poco tiempo convirtió a su autor en el escritor argentino de su generación más leído y admirado. Pero Cortázar no había nacido en Argentina. (CONTINÚA)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

  

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