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Fragmentos y comentarios auténticos sobre la obra de Antonio Priante.

PIRANDELLO. Ser o parecer I

pirandelloImagino que, como hombre de teatro, Luigi Pirandello habría presenciado, o incluso dirigido, muchas audiencias (castings) para la selección de actores. Pero solo a él entre la multitud de hombres de teatro o escritores en general se le había ocurrido realizar audiencias para la selección de los personajes de sus cuentos y novelas, que no habían de encarnarse en un escenario. O así lo afirma en su relato La tragedia de un personaje, escrito en 1911.

Si el genio existe, cosa que muchos niegan dejándolo todo al albur del esfuerzo, la perseverancia, la transpiración, etc., – virtudes de las que no carecía el bobo de Sísifo -, no puede consistir en otra cosa que en la capacidad de descubrir aspectos y relaciones que los adictos a la actividad reglada no pueden de ninguna manera descubrir.

Y con frecuencia esos descubrimientos geniales no son del todo solitarios. En el artículo Pirandello y yo, publicado en 1923 en La Nación, de Buenos Aires, Unamuno escribe:

unamuno

Es un fenómeno curioso y que se ha dado muchas veces en la historia de la literatura, del arte, de la ciencia o de la filosofía, el que dos espíritus, sin conocerse ni conocer sus sendas obras, sin ponerse en relación el uno con el otro, hayan perseguido un mismo camino y hayan tramado análogas concepciones o llegado a los mismos resultados. Diríase que es algo que flota en el ambiente. O mejor, algo que late en las profundidades de la historia y que busca quien lo revele.

El descubrimiento que realizan simultáneamente Pirandello y Unamuno, desconociéndose entre sí, y que provoca la reflexión del último, consiste en la necesaria y radical autonomía del personaje literario de “ficción”. Cierto que esto ya se apunta en Cervantes, quien en el segunda parte del Quijote sitúa a sus dos protagonistas moviéndose libremente entre los lectores de la primera, pero había de llegar la época de la descomposición del yo, que sigue siendo la nuestra, para que la cosa surgiese de manera clara y brillante, desde “las profundidades de la historia”, de la mano de un italiano y un español (o de un siciliano y un vasco), gente poco dada en principio a las elucubraciones de la filosofía, aunque sí a las verdades del arte.

pirandello escribeHablar de “verdad” a propósito de Pirandello parece una incongruencia, porque nadie como él se ha aplicado tanto en profundizar y mostrar las múltiples facetas (¿identidades?) de los seres humanos, de manera que se le puede considerar uno de los adelantados de cierto relativismo hoy tan denostado.

Pero es el caso que sí existe para él una verdad, algo fijo, inalterable, eterno, frente a la inestable, mudable, incoherente, incomprensible, fugaz, inapresable vida humana. Es el arte.

La vida es un flujo continuo e indistinto y no tiene otra forma fuera de la que le vamos dando nosotros, infinitamente varia y constantemente mudable […] Cada uno crea la propia vida; pero esta creación, desgraciadamente, nunca es libre.

Y es que siempre está sujeta a las necesidades naturales, a los fines prácticos que obligan a renuncias y a los deberes que limitan la libertad.

Solo el arte, cuando es verdadero arte, crea libremente: crea una realidad que tiene sus necesidades, sus leyes, su finalidad en sí misma solamente.

Como en todo artista auténtico, el universo creativo de Pirandello gira en torno a unas pocas ideas, presentes siempre de manera casi obsesiva: la contraposición entre la fluidez e inaprehensibilidad de la vida y la fijeza de la forma artística, la imposibilidad de la comunicación con solo el medio abstracto de las palabras, la idea de que la fantasía humana es el instrumento de que se sirve la naturaleza parauno, nessuno proseguir su obra creadora y, la que más a fondo trata en sus obras, la multiplicidad esencial del individuo según sus posibilidades de realización, por una parte, y según la mirada del observador, por otra.

Pirandello, mejor que nadie, ha puesto sobre el papel la terrible angustia del que descubre que su yo imaginado no existe como tal para los demás. En su novela Uno, ninguno y cien mil el protagonista empieza por descubrir que, para su mujer, ni siquiera físicamente es tal como se imagina ser, hasta que llega finalmente a la conclusión de que cada uno de los que le rodean lo ven de distinta manera, de que es tantas personas como miradas se posan en él, de que no es nadie en sí mismo, sino algo que continuamente se crea y se rehace desde fuera.

Pero este individuo casi inexistente, esta no identidad, tampoco puede autoeliminarse, cosa que parecería tan fácil dada su volatilidad esencial. Es lo que se pone de manifiesto en la historia que se narra en la novela El difunto Matías Pascal, en la que el protagonista aprovecha la confusión sobre la identidad de un muerto para iniciar otra vida con otra personalidad. Pero resulta que, sin existencia legal, tampoco puede gozar de existencia física. Y ahí se queda, colgado, entre el no-ser y el ser-imposible.

Pero la obra que más y mejor se adentra en las contradicciones entres ser y parecer, entre realidad y ficción es sin duda Seis personajes en busca de autor. Escritor de cuentos desde muy joven y de algunas novelas, Pirandello entró ya mayor en el mundo del teatro. Y después de escribir y estrenar algunas piezas memorables, en 1921 sorprendió primero a Italia y enseguida al mundo con una obra genial…

Al entrar en la sala el público ve que el telón está alzado y que el escenario no ofrece nada que se parezca a una escenografía; algunos piensan que el espectáculo se ha suspendido o retrasado; unos individuos empiezan a aparecer en escena y a hablar entre ellos, parecen gente de teatro. Entonces ocurre lo increíble, lo imposible, lo escandaloso, lo inaceptable. Seis personas van entrando por el mismo lugar por donde ha entrado el público. Ante la consternación de los espectadores, atraviesan el patio de butacas, hablando y gesticulando de forma grotesca, y se encaran con el que, en el escenario, se dice director de una obra que se está ensayando. ¿Quiénes son esos intrusos? Se pregunta el director y también el público. Son personajes, dice el mayor de ellos, y llevan un drama muy doloroso que desean representar; el autor los ha abandonado y buscan otro que se haga cargo de ellos. Y en la explicación de ese drama y en la interactuación entre los recién llegados, el director y los actores, con la continua confusión entre ficción y realidad, se desarrolla la función.

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Pirandello tuvo que salir por la puerta de servicio para evitar los insultos y las agresiones de muchos espectadores. Y es que hoy parece que ya lo hemos visto todo, pero cien años atrás la transgresión inteligente era transgresora de verdad (no esa especie de comedia asumida por unos y otros, que suele darse ahora) y, por tanto, inaceptable para el público normal, es decir, para el consumidor de un arte normalizado. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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PIRANDELLO. Ser o parecer II

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Luigi Pirandello nació el 28 de junio de 1867 en Girgenti, durante décadas llamada Agrigento (Italia), o más exactamente, en una pequeña localidad situada entre esta ciudad y Porto Empedocle, adonde se había trasladado la madre para evitar el cólera que invadía la zona. Se llamaba Cavasu, nombre que el mismo Pirandello imaginaba derivado del griego Caos, lo que le resultaba especialmente significativo.

Los padres, Stefano y Caterina, pertenecían a la clase media acomodada. Stefano había luchado con los garibaldinos por la unidad de Italia contra los últimos Borbones de Nápoles. Era además un hombre de negocios práctico y enérgico, a diferencia del hijo, concentrado y soñador, contraste de caracteres que Luigi sentiría como una especie de amenaza, si bien las relaciones entre ambos nunca fueron demasiado malas.

Después de cursar estudios primarios con profesores privados y en el instituto local y tras un breve intento de colaborar con el padre en el negocio del azufre, a los 18 años marcha a Palermo para iniciar estudios universitarios de filología y derecho (lo último, que pronto abandona, en atención al padre).

Tras una breve estancia en Girgenti con la familia, en 1886 se traslada a Roma para estudiar filología románica. Por poco tiempo, porque un encontronazo con unpir joven.jpg profesor le obliga a abandonar la universidad, y se traslada a Bonn (Alemania), donde prosigue sus estudios y se licencia con una tesis sobre el habla de Girgenti. En Bonn se encuentra cómodo, gracias, entre otras cosas, a la relación con la joven Jenny Schulz-Lander, más tarde reconocida escritora, a quien se negaría a ver cuando reapareció por carta muchos años después.

En 1892 (a los 25 años), se establece en Roma, decidido a seguir la carrera literaria. En los primeros años solo consigue dar a la luz, en publicaciones de corto alcance, algunos poemas y relatos, hasta que en 1901 publica su primera novela, La excluida, en la que ya plantea su relativismo cognitivo, la convicción de la imposibilidad de que la verdad de una persona sea cabalmente comprendida por otra.

Pirandello se va introduciendo en el ambiente literario de Roma, gracias, sobre todo, a Luigi Capuana. Vive bien, mediante la asignación mensual que le llega del padre,maria antonietta dependencia que, sin embargo, le es especialmente molesta. Hasta que, a finales de 1893, el padre le comunica que hay un buen partido para él, con una dote muy importante. Luigi vuelve rápido a Girgenti, donde es presentado a la familia de Calogero Portolano, colega comercial de Stefano y a la hija Antonietta. No se lo piensa mucho. En enero del año siguiente se casa en Girgenti, y poco después regresa a Roma, con la esposa, la dote (que de momento le administra el padre) y la esperanza de una vida holgada y tranquila que le permita desarrollar sin trabas su universo literario.

antoniettaEn los cinco primeros años de matrimonio nacen tres hijos: Stefano (con el que siempre estará muy unido), Lietta y Fausto. Y mientras, la madre vive ausente del mundo literario del padre y poco a poco parece que del mundo en general. Asoma la inestabilidad mental, que recibirá el golpe definitivo con la desgracia que cae de repente sobre la familia.

En 1903 una inundación destruye todas las existencias de azufre en las que se basa la economía de las dos familias, llevándose también gran parte de la dote, que el padre Stefano había comprometido en el negocio. Luigi se queda sin más ingresos que los escasos que le aporta su trabajo de profesor de “lingüística y estilística” en el Instituto Superior de Magisterio femenino. Intenta entonces cobrar por sus escritos, difíciles todavía de colocar.

Pero lo peor ocurre en la cabeza de Antonietta. Se instala la paranoia, en especial los celos, potenciados por la actividad del marido, profesor de adolescentes, en la que por cierto mostró una resistencia ejemplar ante el acoso femenino (“todas estaban – estábamos – enamoradas del profesor”, según afirman testigos y afectadas).

Pirandello cuidó personalmente de su mujer, – en cuya mente cabe imaginar que vería asomarse el mundo de algunos de sus personajes- , hasta que, en 1919, por consejo médico, fue recluida en un manicomio.

En 1904 se publica El difunto Matías Pascal, novela sobre la imposibilidad de huir, de ser otro, el primero de sus grandes éxitos. Continúa escribiendo y publicando el difunto Marelatos y algunos ensayos como Arte y Ciencia y El humorismo (1908), en el que expone su visión, ya plenamente formada, de la función de la literatura y de las características del humor moderno, tan importante en sus obras. Y sigue escribiendo y publicando novelas, como Los viejos y los jóvenes (1913) y Cuadernos de Salvatore Gubbio, operador (1915).

La guerra europea, que estalla en 1914, le arrebata al hijo Stefano, que permanece prisionero en Austria durante tres años y con el que mantiene una extensa correspondencia epistolar.

En 1918 reúne en Máscaras desnudas sus textos teatrales, pero no será hasta Seis personajes en busca de autor (1921) cuando se adentre definitivamente en el género que había de reportarle enorme reconocimiento internacional. El escándalo del estreno en Roma fue satisfactoriamente corregido por el éxito sin fisuras que obtuvo en Milán y, a continuación, en todo el mundo.

En 1922 estrenó Enrique IV, con el tema de la locura, real o fingida, en el centro del drama, como en cierto modo también estaba en el centro de su vida. Le siguieron, hasta poco antes de su muerte, una serie de obras que acabaron por consagrar a su autor – como si no fuesen suficientes las dos anteriores – como el genio indiscutible del teatro de su tiempo. Y de otros muchos. Entre ellas, La vida que te di, Cuando se es alguien, El hombre de la flor en la boca, Cada cual a su manera, Esta noche se improvisa, Los gigantes de la montaña (no acabada). A las que habría que añadir algunas anteriores a esta época, como, de 1917, Así es (si así os parece). Pero no por ello, abandona el género novelístico; en 1926 publica Uno, ninguno y cien mil, fábula sobre la incognoscibilidad y la vaporosa identidad del ser humano.

En 1924 se produce un hecho decisivo en su vida: conoce a la joven actriz Marta Abba, con la que permanecerá ligado hasta el fin de sus días en lo profesional y en lo afectivo. El mismo año se afilia al Partido Fascista (Pirandello ¿fascista?), con marta abbacuyo universo mental no tenía – y siguió sin tener – el menor punto de contacto. La decisión puede deberse al interés de captarse a las altas jerarquías para la creación de un teatro estatal, sueño que no llegó a cumplirse, y puede explicarse por su apoliticismo radical, rara condición que suele producir monstruos. De todos modos hay que tener en cuenta que el fascismo italiano de los años veinte, con importante respaldo popular (sobre todo de los “apolíticos”),  no sonaba lo mismo que el llamado fascismo en nuestros días.

En diciembre de 1934 Pirandello recibe el Premio Nobel de literatura “por su audaz e ingeniosa renovación del arte del drama y de la escena”.

A principios de 1936, desilusionado por el fracaso de sus tentativas ante el poder (solo obtuvo una pequeña subvención para su compañía), emprende una gira por Europa y América para a promocionar a Marta Abba.

El 10 de diciembre del mismo año se acaba la representación: muere Luigi Pirandello, nacido en Caos y llamado por los dioses a convertir el Caos viviente en Forma inmortal.

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(De Los libros de mi vida. Lista B)

 

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Arte y poder

banquete-romano…las sociedades, por mucho que difieran entre sí, no pueden ser tan dispares como para no conservar determinadas constantes que en cierto modo las asemejan. Una de estas, que siempre se ha dado y siempre se dará – por lo menos en lo que se ha venido entendiendo como civilización occidental- consiste en la relación que se establece de hecho entre el artista y el poder. Y cuando digo “artista”, me refiero al creador y en especial al escritor-poeta. Y cuando digo “poder” me refiero a la instancia suprema – humana – que controla la actividad de los individuos, llámese príncipe, monarca (absoluto o no), comité revolucionario, dictador, presidente constitucional, etc.

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Las relaciones entre el artista y el poder nunca han sido tranquilas. O el vasallaje o el enfrentamiento. En determinadas épocas y sociedades el artista era una especie de criado, un criado honorable que hacía su trabajo bajo la sombra o protección de los grandes; en otras sociedades más modernas también hay artistas que hacen de criados, pero fingiendo que son libres, es decir, de una manera nada honorable.

Cuando no es o no hace de criado, el artista es un verdadero incordio para el poder.Y no porque se lo proponga – los que se lo proponen no suelen llegar a la categoría de artista -, sino porque hay algo consustancial en la naturaleza del arte: molestar a quien no puede controlarlo como controla los demás aspectos de la vida social.

Está además el problema de la incomprensión. Y no me refiero al tópico romántico del artista “incomprendido”. Sino a la verdad empíricamente demostrada de que el ámbito del poder es incapaz de comprender lo que alienta en el ámbito del arte. Es verdad que en muchas ocasiones lo utiliza, y se viste con sus galas para deslumbrar al propio pueblo o al del vecino, porque tiene comprobado que el verdadero arte da prestigio y enaltece cualquier obra humana. Pero no lo comprende, es decir, no llega a entender en qué consiste esa extraña actividad, de la que, sin embargo, si es astuto, sabe muy bien aprovecharse.

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Una cosa está clara: arte y poder han nacido para no entenderse. Cierto que, en ocasiones, van de la mano y hasta parece que se sonríen como discretos enamorados. Pero se trata de una apariencia falsa. En el fondo, el poder solo piensa en cómo utilizar al arte o, por lo menos, cómo controlarlo. Y éste solo aspira a desembarazarse de ese abrazo que aprieta hasta la asfixia, para poder desplegarse en plena libertad.

Este enfrentamiento radical tiene su explicación en la misma naturaleza y actividad de una y otra instancia.

La actividad del artista consiste en captar la realidad profunda de las cosas, materiales e inmateriales (las famosas Ideas), y reelaborarla de manera que, en forma de obra de arte, pueda ser recibida y disfrutada por las personas que necesitan algo más que lo que proporciona la vulgar visión utilitaria. Y es que, necesidad ovidiomediante el goce del arte, el individuo se olvida por unos momentos de que es un ser de necesidades para sentirse en un mundo de libertad en comunión con la esencia misma del universo.

La actividad del poderoso (sea hombre, sistema o monstruo), consiste por encima de todo en mantenerse en el poder, es decir, en ejercer, a ser posible indefinidamente, su dominio sobre personas y sociedades sin permitir el más leve respiro de lo que podría ponerlo en peligro. El poderoso todo lo supedita a esos fines. Para él el universo no tiene otra esencia ni otro sentido que el de permitir el despliegue de su poder, y los seres humanos no son más que piezas sin alma, oscuros peones de un juego despiadado.

Visto el panorama, lo normal es que la pugna sea continua, sin más descanso que las fases de aparente entendimiento mutuo a que antes he aludido. Y como en toda lucha, siempre hay uno que gana y otro que pierde. A corto plazo, vence siempre el poder (debido a su fuerza física, por supuesto), pero a la larga es la fuerza del arte lo que se impone, aunque por entonces el artista haya perdido toda materialidad corpórea. Victoria póstuma.

reina victoria

Entre la infinidad de casos que en la historia del arte y de la política pueden encontrarse, he elegido dos. Dos artistas cuyas vidas, separadas por diecinueve siglos, guardan similitudes sorprendentes. No así las sociedades respectivas, no así la clase de poder que en una y otra gobernaba. En la más antigua, una sola persona ostentaba el poder supremo; en la más reciente, ese poder, igualmente férreo y despiadado, lo detentaba la cúpula de la sociedad y se ejercía a través de una serie de gestores sabiamente coordinados. Pero la historia es la misma. Por eso se puede decir que las vidas de los dos artistas aludidos corren paralelas. Basta repasarlas para comprobarlo.

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(De Ovidio y Wilde, dos vidas paralelas)

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OSCAR WILDE. La profundidad de la superficie I

oscar fumandoLa vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida.

Nada que merezca la pena conocer se puede enseñar.

La acción… es el último recurso de los que no saben soñar.

Cuando el hombre actúa es una marioneta. Cuando describe es un poeta.

Nunca el hombre es menos él mismo que cuando habla en su propia persona. Dale una máscara y te dirá la verdad.

Cuando los demás están de acuerdo conmigo siempre creo que estoy equivocado.

Amarse a sí mismo es el principio de un idilio que durará toda la vida.

El egoísmo no es vivir como uno quiere, es pretender que los otros vivan como uno quiere que vivan.

El deber es lo que esperamos que hagan los otros.

En el mundo solo hay dos tragedias: una, no obtener lo que se quiere; la otra, obtenerlo.

No soy lo bastante joven para saberlo todo.

La cara de un hombre es su autobiografía; la de una mujer es su obra de ficción.

Bigamia es tener una mujer de sobra. Monogamia es lo mismo.

Todo en el mundo se refiere al sexo excepto el sexo. El sexo se refiere al poder.

Una idea que no sea peligrosa ni siquiera merece llamarse idea.

Es a través de la desobediencia y la rebelión que se ha hecho el progreso.

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Con solo estas frases, cualquier persona medianamente leída es capaz de identificar a su autor.

Oscar Wilde, por supuesto.

Es fácil, sí. Lo difícil es identificar a Oscar Wilde, es decir, descubrir quién era, cómo era, esa persona tan especial, ese escritor tan original que elevó el arte de la paradoja hasta profundidades insondables.

Y es que no solo sus frases son paradójicas y aparentemente absurdas; también lo fueron su personalidad y su vida.

Hijo de una familia acomodada de clase media. Educado con esmero primero en su Irlanda natal, luego en la metrópoli inglesa, pocos indicios había de que fuera a triunfar en el mundo de las letras. En el que sí triunfa desde el primer momento es en el de la buena sociedad.

Ya en su época de estudiante en Oxford se convierte en centro de atención de alumnos y profesores, por su palabra siempre brillante y por la excentricidad de los detalles, tanto en la indumentaria como en la decoración de su habitación del College. Y es que, aunque artista por naturaleza, más que en la sociedad literaria le interesa triunfar en la sociedad distinguida, cuanto más aristocrática, mejor.

oxfod magdaleineY lo consigue, hasta el extremo de que se produce el extraño fenómeno – hoy nada extraño, por cierto – de convertirse en una celebridad, en un famoso, antes de aportar nada concreto. El de Wilde quizá sea el único caso de la historia de la literatura (la de verdad) en el que la fama precede a la obra.

Pero, ¿quién es en realidad Oscar Wilde, ese famoso que se convierte en escritor aplaudidísimo y que, en el cenit de la fama y de la gloria literaria, es lanzado al abismo por la misma sociedad que le aplaude y le ríe las gracias?

No es fácil responder a esta pregunta, porque hacerlo con un mínimo de seriedad supone haber tenido en cuenta y en parte haber descifrado las claves de su personalidad, ocultas bajo una superficie de aparentes contradicciones y brillantes frases paradójicas: esteta que no soporta la visión de la pobreza, pero hechizado por la figura histórica de Cristo; autor fascinado por el mundo aristocrático y elegante, pero crítico hasta el sarcasmo con ese mismo mundo; defensor del arte por el arte y de la necesaria amoralidad del artista, pero autor de obras de moraleja evidente; triunfador en una de las sociedades más clasistas de Europa, pero partidario del socialismo (sui generis, por supuesto)…

Sus primeras obras – dos piezas teatrales y un par de colecciones de poemas – nothe happy prince consiguieron que el escritor adelantase en méritos y fama al hombre de mundo. No fue hasta 1888, con la aparición de El Príncipe Feliz y otros cuentos, que empieza a destacar como escritor, fama que se afianza con la publicación de unos ensayos en los que destaca el ingenio y la exposición paradójica de su peculiar credo estético (La decadencia de la mentira, El crítico como artista) y social (El alma del hombre bajo el socialismo).

Solo escribió una novela, El retrato de Dorian Gray. Publicada primero en una revista, apareció en forma de libro en 1891. Cuenta con todo lujo – nunca mejor dicho – de detalles la historia de un joven hermoso que, seducido por las doctrinas cínicas y hedonistas de un dandy aristócrata, se lanza a una vida de placer y desenfreno, para tormento del artista que le ha retratado en un cuadro y que le idolatra. Misteriosamente, el deseo formulado por el joven se cumple: él se mantiene joven y bello mientras que el retrato va envejeciendo y registrando en el rostro todas la huellas del vicio y la depravación. La novela, pese a su adscripción de hecho a la corriente decadentista, con su esteticismo amoral y su refinamiento extremo, es en dorian grayrealidad un apólogo moral donde se demuestra que “todo exceso y toda renuncia llevan su propio castigo”, en palabras del mismo autor.

Y sin embargo, los voceros del puritanismo victoriano – algunos periódicos de Londres – solo vieron en la obra inmoralidad e incitación al vicio, llegando a decir que parecía destinada a ser leída “por los miembros más depravados de las clases criminales e ignorantes”. A lo que nuestro autor responde que las clases criminales e ignorantes no leen otra cosa que periódicos.

Wilde triunfó especialmente en el teatro con unas cuantas obras que hicieron las delicias del público de aquel tiempo y de los posteriores. Y resulta sorprendente que, más de un siglo después, cuando de aquella sociedad prácticamente no queda nada, se sigan representando y atrayendo al público – también en versiones cinematográficas – casi como el primer día. Bastaría esto para otorgar al autor, sin ninguna duda, el calificativo de clásicoteatro wilde

Wilde también llegó a brillar en el campo de la poesía. No por los poemas de juventud antes aludidos, sino por una obra de madurez, preciosa y emocionante. Pero antes tenían que pasar algunas cosas terribles. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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OSCAR WILDE. La profundidad de la superficie II

oscar as a childOscar Wilde nació en Dublín, Irlanda, en 1854. El padre, Sir William Robert, de raíces holandesas y religión protestante, era un médico famoso. La madre, Jane Francesca Elgee, era una irlandesa en ejercicio, que había participado en los movimientos nacionalistas de los años 40, si bien, una vez casada, cambió su papel de patriota activa por el de intelectual con salón abierto

La primera enseñanza la recibió en el propio hogar, pero a los diez años lo tenemos ya lejos de la familia, internado en la escuela Portora, de la norteña localidad de Enniskillen, donde destaca en algunos de los aspectos que habían de definir al joven artista: una memoria prodigiosa, un gran entusiasmo por las lenguas clásicas y un claro horror por la actividad física. El Oscar adolescente vive en el Trinity College de Dublín la segunda etapa de sus años de aprendizaje. La tercera y última la pasa en la universidad de Oxford.

Trinity-College-Dublin

En 1878 termina la carrera con sobresaliente en Bachelor Arts, al mismo tiempo que obtiene el Premio Newdigate por el poema Ravenna, con lo que su nombre suena por primera vez – muy poco – en la sociedad literaria. A continuación se instala en Londres, con medios escasos, pero con el convencimiento sobrado de que conquistará el mundo.

Aplicado en forjarse una fama sobre la base del refinamiento, las extravagancias, y la explotación de los recursos estéticos aprendidos de sus mentores universitarios Pater y Ruskin, lo va consiguiendo, hasta el extremo de que un empresario le monta una gira por los Estados Unidos para dar conferencias sobre el “renacimiento de las artes en el Reino Unido”. Un éxito de público.

A su regreso, después de una breve estancia en Francia, donde conoce a algunos de los grandes de las letras francesas, reorganiza su vida. En mayo de 1884 se casaConstance Wilde con Constance Lloyd, una buena, bella y adinerada mujer, hija de un jurista de prestigio. Por entonces, Wilde escribe en algunas revistas y durante dos años dirige la publicación para mujeres Woman’s World, lo que le permite mantener intensos contactos con la crema de la sociedad femenina.

Pero no es de ahí de donde le viene el impulso decisivo para su creciente éxito social, sino de otro grupo… mejor reproduzco las palabras de Frank Harris, uno de sus más fieles amigos:

… una pequeña banda de admiradores apasionados lo aclamó, lo rodeó. Estos constituyen el factor constante de su elevación progresiva”… “al apoyo apasionado de esa gente debió Oscar su notoriedad y primeros triunfos”…”la perversión sexual es la escala de Jacob de la mayor parte de los triunfos del Londres de nuestros tiempos”.

Palabras que constituyen una denuncia en regla de lo que hoy llamarían algunos “la mafia rosa”.

El caso es que Oscar ama a su esposa y tiene con ella dos hijos – los etiquetadores rígidos hablarán de “tapadera”, por supuesto. Y a los hijos dedica parte de los cuentos que empieza a publicar en 1888, con los que se inicia la verdadera ascensión en su carrera literaria, junto con los varios ensayos que publica en los años inmediatamente posteriores.

Al mismo tiempo, se deja llevar por su indudable preferencia erótica, con el cuidado imprescindible en una sociedad que castiga penalmente las conductas bosie oscar 2homosexuales. Robert Ross es su primer amante conocido por los biógrafos, creo, y a la vez excelente persona y fiel amigo hasta los últimos momentos. Y la verdad es que, a pesar de las contradicciones y dificultades que uno puede imaginar, Wilde sigue controlando su vida. Hasta el fatídico año de 1891.

Es entonces cuando conoce a un joven aristócrata llamado Alfred Douglas (Bosie), que ha de ejercer una influencia nefasta sobre él. Bosie es arrogante, testarudo, temerario y hasta despótico. Pero tiene a su favor, además de la belleza y de la sensibilidad artística, el hecho de ser hijo del Marqués de Queensberry, una de las familias de más rancio abolengo de Inglaterra. Demasiado para que el bueno de Oscar pudiera resistirse.

Todo lo malo que supuso aquella relación para Wilde está expuesto con absoluta clarividencia en De profundis, extensa carta dirigida a Bosie y publicada años después. Al leer tal lista de quejas y reproches, tal recopilación de vejaciones y humillaciones, seguidas de rupturas y reconciliaciones, uno se pregunta cómo es posible que una persona tan lúcida y creativa se dejase arrastrar por una personalidad tan mezquina. El amor, sí.

Lo extraño es que, pese a las quejas de Wilde en este sentido, los cuatro años de relación continua coincidieran con la época de mayor creatividad y de grandessalomé triunfos del escritor: sus obras teatrales (El abanico de Lady Windermer, Una mujer sin importancia, Un marido ideal, La importancia de llamarse Ernesto) fueron escritas y representadas (no Salomé, a causa a la censura) entre 1891 y 1895, año éste en se inicia la tragedia que tiene por protagonista al mismo Oscar Wilde.

Un mal día Wilde se siente injuriado por el padre de Bosie, que en una nota lo ha calificado de “sodomita” y, contra el consejo de todos los amigos excepto el mismo Bosie, que odia cordialmente al padre, entabla acción penal por calumnia. Y pierde el proceso, por lo que lógicamente la calumnia no es tal, y es procesado por conductas indecentes. Y condenado. Dos años de trabajos forzados, que le derrumban casi definitivamente, como escritor y como persona.

trial wildeAl salir de la prisión, Wilde se establece en el pueblecito francés de Berneval, cerca de Dieppe, donde, a modo de canto del cisne, crea la obra poética más lograda de toda su carrera de escritor: La balada de la cárcel de Reading, una composición inspirada y conmovedora en la que, sobre el lúgubre ambiente de la cárcel, planea la extraña y magnética presencia de un hombre condenado a muerte por haber matado a su mujer.

Constance, la esposa, había marchado a Italia con los hijos. Pero estaba pendiente de Oscar y no dejó de enviarle dinero. Parecía posible un arreglo, pero reapareció Bosie, al que el escritor era incapaz de rechazar. La cosa acabó muy mal.

Residente en un mediocre hotel de París, visitado de vez en cuando por algunos de los pocos amigos que le quedaban, maltratado por la enfermedad (que había hotel alsacecontraído en la cárcel) y la melancolía, Oscar Wilde muere el 30 de noviembre de 1900.

En los últimos momentos, ya casi inconsciente, un amigo, interpretando su voluntad, llama a un sacerdote católico y, acogido en la Iglesia, le son administrados los últimos sacramentos. Y es que en más de una ocasión Wilde había afirmado que el catolicismo es religión para santos y pecadores, mientras que para la gente respetable ya está bien el anglicanismo. Y él se consideraba un pecador, por supuesto, un pecador con un amor desordenado y culpable por el arte y por la vida.

Siempre clarividente, predijo la forma de justicia poética que le dispensaría el futuro. En efecto, ya en su exilio francés, repasando con su amigo Harris adónde habían llegado algunos de sus antiguos compañeros de estudios – uno de ellos, Curzon, nada menos que a virrey de la India –, concluyó:

La espantosa injusticia de la vida me vuelve loco. Después de todo, ¿qué han hecho ellos en comparación con lo que yo he hecho? Supón que muriésemos todos ahora: dentro de cincuenta o de cien años nadie se acordará de Curzon o de Wyndham o de Blunt. Su vida, lo mismo que su muerte, no importará a nadie en absoluto. En cambio, mis comedias, mis cuentos y La balada de la cárcel de Reading serán conocidos y leídos por millones de personas, y hasta mi mismo infortunado destino despertará una simpatía universal.

Amén. Quiero decir que así ha sido. 

oscar fin

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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HUYSMANS. La estética de la fe I

huysmans huysComo no puede ser de otra manera, siempre hay cierta correspondencia entre la vida de un escritor y su obra. En unos esa correspondencia es manifiesta; en otros, permanece oculta, como si no existiera. Como ejemplos extremos pondría, de los primeros, a Goethe o Henry Miller; de los segundos, a Balzac o Jules Verne.

Lo habitual es que la conexión íntima entre vida y obra no se muestre a primera vista, sino que se vaya descubriendo sin mucha dificultad a medida que el curioso lector va indagando en una y otra.

Poca indagación requiere el caso de Huysmans. Escribe un crítico:

A través de todos sus libros, Huysmans estaba en realidad escribiendo un único libro, es decir, el Libro del sentido espiritual y humano de su vida.

Toda la producción literaria de Huysmans, desde la primera hasta la última novela, desde la primera hasta la última crítica de arte, constituye el acompañamiento o comentario de la evolución de su pensamiento y, sobre todo, de su visión del mundo. O quizá sería mejor decir que su pensamiento o visión del mundo se fue formando mediante el trabajo de la producción artística. Evolución que tiene su momento central y decisivo – cuando se agota una senda y se está en trance de iniciar otra – en los primeros años de la década de 1880, es decir, hacia los 35 años de edad.

En 1884 se publica À rebours (traducible por Al revés, A contrapelo, huysmans a rebourscontracorriente, Contra natura). Una novela ciertamente extraña, sobre todo porque carece casi por completo de acción. Ahora ya estamos acostumbrados a todo, pero creo que, por entonces, esta originalidad aún no se conocía. Toda la acción de la novela se reduce a la estancia de Des Esseintes, aristócrata cultísimo, decadente y esteticista, en la casa adonde se retira huyendo de la vulgaridad del mundo moderno. Ahí, rodeado de libros, joyas, piedras preciosas, cuadros, perfumes, tapices y otros objetos más o menos artísticos o exóticos, se abandona a sus ensoñaciones. Pero no consigue la paz espiritual que al parecer busca, sino que, al contrario, su neurastenia se acrecienta hasta extremos insoportables. Y la obra acaba con una angustiosa llamada de ayuda dirigida a un Dios en el que no cree.

Tampoco Huysmans creía en Dios. Todavía, según afirma en el prólogo de una edición posterior de la novela. Y del dios en el que creía descreyó definitivamente con la creación de À rebours. Me refiero a Émile Zola, gran maestre del naturalismo.

zolaEl naturalismo era aquella corriente literaria que vino a dar la última estocada al viejo romanticismo. Aunque lo cierto es que el romanticismo, por viejo que sea, nunca muere del todo, pues su alma pervive en tendencias sucesivas que llegan hasta nosotros: el simbolismo, el decadentismo, el modernismo, el existencialismo… y lo que queda.

El naturalismo se dedicaba a describir las vidas corrientes de la gente corriente en ambientes corrientes, sin más trasfondo de los comportamientos humanos que la fisiología, la herencia y otros determinantes materiales.

Huysmans formó parte del llamado grupo de Medan, integrado por varios escritores reunidos en torno a Zola, y participó con un relato en la publicación del grupo Las veladas de Medan. Durante esta época escribió algunas novelas dentro de los cánones del naturalismo (Marta, historia de una muchacha, Las hermanas Vatard), que merecieron los elogios de Zola. Pero con la publicación de A la deriva (1882) parece que se anuncia un giro: asoma el simbolismo, recibe los elogios de Mallarmé.

La gran ruptura se produce con la publicación de À rebours, obra que provoca la indignación, y hasta la ira, del pontífice del naturalismo. Y es que una novela que tiene como único personaje a un aristócrata elitista es la misma negación del credo naturalista. 

en route

Pero Huysmans sigue su nuevo camino, que le llevará, en lo artístico, al simbolismo y al decadentismo y, en lo personal e íntimo, a la aceptación de una fe antigua que, en todas sus manifestaciones, parece finalmente saciar su sed de estética sublime: el catolicismo.

El camino hacia la conversión lo relata minuciosamente en la novela titulada precisamente En Route, publicada en 1895. Pero antes de pasar a la biografía (sumaria, como siempre en esta serie) del escritor, convendría divagar un poco sobre un hecho curioso.

La conversión religiosa de un intelectual, de un artista, como Huysmans, no fue un hecho aislado. En Francia, desde mediados del siglo XIX – y sobre todo en su último tercio – hasta los años treinta del siglo siguiente, toda una serie de escritores y artistas abandonaron la incredulidad o la indiferencia de que partían para echarse en brazos no ya de la fe cristiana, sino concretamente de la Iglesia católica.

¿Qué había pasado? Quizá el aburguesamiento general de la vida, el racionalismo extremo impuesto en todo el ámbito intelectual, el cientificismo, el laicismo combativo de la tercera república, el ateísmo dominante junto con la idea de progreso sin fin (ni sentido) habían contribuido a crear un ambiente irrespirable para muchos artistas ansiosos de emprender aventuras intelectuales y espirituales propias. Y empezaron las migraciones desde la modernidad racionalista hacia la antigua fe.

He tomado algunos nombres que recordaba, he comprobado datos y he hecho unajammes pequeña lista adjuntando entre paréntesis el año de conversión (o reconversión, pues algunos ya habían participado de la fe años atrás).

Barbey d’Aurevilly (1846), Léon Bloy (1869), Paul Claudel (1886), Huysmans (1893), Francis Jammes (1905), Charles Peguy (1908), Max Jacob (1909), François Mauriac (1928).

Y una observación muy personal. Creo que en la mayoría de esos conversos domina más el interés por la estética, por el dogma y por la conducta íntima (ah, los pecados de la carne) que la conciencia social, o caritativa, o solidaria. Cristiana en definitiva. Es decir, que más que conversiones al cristianismo quizá se tendría que hablar de ingresos en la Iglesia católica.

No todos, por supuesto. Y, entre los que no, brilla por encima de todos Francis Jammes, con su poesía clara y sencilla, traspasada de una sensibilidad hondamente cristiana. Como en La prière. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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HUYSMANS. La estética de la fe II

huysmans2Joris-Karl Huysmans nació en París en 1848, hijo de un pintor de procedencia holandesa. Tenía ocho años cuando murió el padre; un año después se volvió a casar la madre. Tras cursar estudios primarios y secundarios en la escuela pública, inició estudios de derecho, que pronto tuvo que abandonar para ganarse la vida. En 1868 entró como funcionario en el Ministerio del Interior, y allí siguió hasta su jubilación treinta años después.

Está demostrado que el trabajo de funcionario de nivel medio (como cualquier otro que no suponga llevarse las preocupaciones a casa) es bueno para el escritor.  Sobre todo para aquellos que saben utilizar tiempos de la jornada laboral para sus tareas creativas particulares, los cuales pueden entonces considerarse escritores subvencionados por el Estado, malgré lui.

Huysmans se sintió escritor desde siempre, y sobre todo devoto del arte. El trabajo funcionarial – no obstante ser reconocida y apreciada su labor – fue para él solo un medio de vida.

En 1874 publica su primera obra, Le Drageoire aux épices, poemas en prosa en los que se advierte la influencia de Baudelaire. En 1876 y 1879, publica respectivamente las novelas Marta, historia de una muchacha y Las hermanas Vatard, que implican su adscripción de hecho a la corriente naturalista que encabeza Zola. Pero esto nobaudelaire supone un punto de llegada para el escritor, que siempre está en marcha en busca de algo, que todavía no sabe exactamente lo que es.

En la novela En Ménage (1881) asoman claramente esas preocupaciones espirituales o existenciales que empezaban a acosar al autor. Preocupaciones que vuelven a aparecer en À veau-l’eau (A la deriva) (1882), y en forma tan angustiosa que su protagonista ha llegado a ser considerado como un precedente del de La náusea de Sartre.

El arte es su otra forma de intentar hallar un sentido a la existencia. El arte como crítico. En 1883 publica en el volumen titulado L’Art Moderne varios artículos de críticas sobre exposiciones de pintura realizadas en París en los años inmediatamente anteriores. Artículos en los que pone de manifiesto su rechazo del arte burgués entonces dominante y su preferencia por los nuevos pintores, moreauimpresionistas o independientes, como Pissarro, Monet, Degas y otros, además de los simbolistas o inclasificables Odilon Redon y Gustave Moreau.

La ubicación de la literatura de Huysmans en la corriente naturalista fue algo circunstancial y no de fondo. Radicaba en la forma, en la precisión y exactitud del relato, más que en el fondo, pues nunca se sintió cómodo dentro del determinismo cientificista de la escuela. De sus aspiraciones más profundas hablaban sus preferencias, como Baudelaire y Verlaine, tanto como su amistad y admiración por Villiers de l’Isle-Adam, antimaterialista por excelencia y, más tarde, por Mallarmé, primer referente del movimiento simbolista.

El caso es que, con À rebours, se culmina la ruptura. Ya no habrá vuelta atrás. Cierto que el camino que tiene por delante no se le presenta nada claro. Convertido, sin pretenderlo, en exponente máximo de la sensibilidad decadentista, él sigue avanzando no sabe adónde. Como corolario, o no, de las exquisiteces decadentistas va a centrar su interés en las experiencias ocultistas y en el antiguo satanismo. Fruto de este interés es la novela Là-bas (Allá lejos) (1891), que gira en torno de las investigaciones teóricas y prácticas del mundo demoníaco que lleva acabo el escritor Durtal, personaje que reaparecerá en novelas posteriores, con pinceladas sobre la vulgaridad de la sociedad actual y algún ingrediente erótico. A este respecto, he de señalar que Huysmans se mantuvo soltero toda la vida, si bien tuvo algunas compañeras sucesivas (y en algún caso, solapadas) hasta que consiguió coronar su obstinado celibato con la castidad total, creo, propia del místico.

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Las investigaciones demoníacas le llevan a interesarse por la religión y en concreto por la Iglesia católica, de modo que llega a pasar unas temporadas recluido en los monasterios benedictinos de Igny y Ligugé, experiencia que utiliza para su siguiente novela. En efecto, en En Route (En camino) (1895), el mismo protagonista de la anterior, Durtal, se plantea abiertamente abandonarse a la fe católica y, tras unos capítulos de dudas y escrúpulos monjiles, decide pasar unos días en un monasterio trapense, donde, entre piadosas conversaciones y bellísima liturgia, se prepara el camino de la conversión definitiva. 

Estas tres novelas constituyen a mi entender una especie de progresión dialéctica, en el sentido hegeliano de la palabra. En À rebours tenemos la tesis: la angustia generada por una existencia vacía, que ni siquiera el arte más exquisito puede llenar; en Là-bas tenemos la antítesis: el paisaje que la realidad ofrece como abanico abierto entre la abyección sin sentido del satanismo y la sublimidad sin sentido de la fe del campanero; en En Route tenemos la síntesis: el arte (la música, la arquitectura, las preces y toda la liturgia exquisita de la Iglesia) da sentido a la fe, y la fe da sentido al arte.abadia-solesmes-23186_w300

En 1896, Huysmans pasa unos meses en la abadía de Solesmes. Un año despuès, viaja por Bélgica y Holanda para conocer los lugares que habitó la mística Lydwine de Schiedam, cuya biografía escribirá y publicará cuatro años después. En 1898 publica La Catedral, especie de novela en la que, aplicando su experta mirada de crítico de arte, expone y analiza el simbolismo de las artes medievales sobre el magnífico ejemplar de la catedral de Chartres.

Entre los varios escritos que publicó en los años siguientes (última década de su vida) destacan la ya mencionada biografía de santa Liduvina (1901) y Las multitudes de Lourdes (1906), curiosa crónica de su estancia en el centro mariano, en la que pone cara a cara la más espantosa fealdad, como la arquitectura del santuario, con la fe más sublime de la gente sencilla. La conclusión es que Lourdes es “un lugar a la vez repulsivo y divino”. 

A los cincuenta años, tras treinta de ejemplar carrera funcionarial, se jubila y a continuación se instala en una casa situada junto a la abadía de Ligugé. Pero no abandona del todo sus relaciones mundanas (literarias): el 6 de abril de 1900 preside la primera reunión de la Academia Goncurt.huysmans cruz

En 1901 entra como oblato en la abadía de Ligugé. En setiembre del mismo año, la marcha de los benedictinos de Francia, obligados por la política anticlerical del gobierno, le mueve a trasladarse a París, donde residirá el resto de sus días.

En 1906 se le descubre un cáncer en la boca; el 12 de mayo de 1907 muere, quizá alcanzando aquello que durante toda la vida había estado buscando. Es enterrado en el cementerio de Montparnasse. 

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    (De Los libros de mi vida. Lista B)

 

       

 

 

 

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