VIDA ADULTA EN VALLDOREIX VI

MUSEU VERDAGUER - A+M_arquitectes

el poeta

Desde la estación de Valldoreix hasta la de Vallvidrera, el ferrocarril de la Generalitat te deja en menos de diez minutos. Una vez allá, subes unos escalones y, si es domingo, te encontrarás una pequeña  explanada, llena  de  paradas del ayuntamiento (bocadillos, bebidas, información) excursionistas y chiquillería. Continuarás subiendo por un camino empedrado, intentando esquivar la tropa de excursionistas que bajan blandiendo los  largos bastones, que más bien parecen palos de esquí, y llegarás a otra explanada.

Ahí, unos monitores están enseñando a cantar en nuestra lengua catalana a un grupo de  niños de diferentes países de todo el mundo, mientras los padres y madres los contemplan embobados, los excursionistas suben y bajan con los bastones y una mujer se quita una piedra del zapato sentada sobre la acera.

En la parte alta de la explanada está el centro de información Collserola. En la parte baja, una antigua casa señorial. Entro en la casa, y de repente me sorprende el silencio. Aquí vivió el poeta, enfermo, las dos últimas semanas de su vida. Además del suelo, las ventanas y las paredes conservan recuerdos de aquella época, incluidos algunos personales del poeta: escritos autógrafos, fotos, recortes de prensa, libros y algunos  plafones explicativos. Es un museo.

Aparte de  los escritos autógrafos,  lo que más impresiona son las fotos antiguas. La del joven de veinte años, con todas las ilusiones intactas en la mirada. Y la del viejo de cincuenta y cinco, con las huellas de un largo y amargo sufrimiento.  También está la foto de un señor grueso, de cara redonda y pose ufana:  fue un obispo poderoso. Este obispo coronó con laurel al escritor proclamándolo poeta nacional de Catalunya. Pocos  años  después lo descoronó y  lo coronó  de espinas. Era un obispo poderoso, ya  lo he dicho.

El poeta murió pobre en casa de un amigo. Esa misma casa, ahora rodeada de chiquillos, excursionistas y canciones. Quiero pensar que algunas de las canciones que aprenden esos niños de todo el mundo la escribió el poeta.

Por qué no.  Él creía en los milagros.

DIARI DE SANT CUGAT

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