El llano de Barcelona a finales del siglo IV

[Inicio de descripción por Paulino, el coprotagonista de La ciudad y el reino, pág. 41]

Querido amigo, esta ciudad es casi más bella ahora que entra el verano que bajo las suaves luces del otoño. Y más que en la ciudad, aprisionada entre una murallas tan impresionantes como desproporcionadas para el tamaño de la población, la belleza estalla en los campos próximos, en los montes no lejanos y en el vecino mar, un mar de un azul tan intenso como el de las aguas que bañan las costas de Campania. El cielo, con ser muy azul, parece pálido sobre estas aguas, y en algunos lugares un verde deslumbrante baja a confundirse con el intenso color marino. Pero la ciudad, como te digo, está encerrada por unas espesas y sombrías murallas -sólo en los crepúsculos, resplandecientes de un rojo encendido-, y cuando llega este tiempo, sus habitantes sienten la necesidad de escapar. Unos se dedican a la pesca. Otros se instalan en sus huertas y tierras de cultivo, adonde el resto del año sólo acuden para las labores necesarias. Ya ves, sigo tu consejo. Me dedico a la descripción geográfica.

La ciudad está situada en el centro geométrico de una casi semicircunferencia de montañas, desde cuyas faldas el terreno, surcado por un número indefinible de riachuelos, va descendiendo suavemente hacia el mar…

(De LA CIUDAD Y EL REINO)

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