MÁS DEL «ÚLTIMO CUADERNO» I

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27-III- 20

Tomo este presunto último cuaderno, pero no sé qué escribir. Sobre mí, creo saberlo todo, y no estoy especialmente interesado en indagar lo que no sé (¿o sí?); sobre el mundo… creo que ha perdido todo atractivo para mí.

Entonces, ¿por qué me empeño en volver aquí? Creo que, en el fondo, espero que ocurra algo; que, de pronto, resurja aquel fervor adolescente, tan nihilista a veces, y me ate fuerte a la vida incluso bajo la forma de su negación, como entonces solía ocurrir.

Pero aquel fervor adolescente no resurgirá jamás. Falta el escenario pertinente: el amor, la ilusión por los descubrimientos íntimos, la fuente poética hoy seca. Solo quedan las palabras.

También entonces lo construía todo con palabras. Pero estaban vivas. No como las de ahora, copiadas de mí mismo y de tantos escritores frecuentados.

Hoy solo quedan las palabras, que ni siquiera saben expresar, con fuerza y convicción, la desolación final.

3-XII-20

El pasado sábado 28 de noviembre recibí 15 ejemplares de La ciudad y el reino. Increíble, 32 años para publicar mi primera novela. Seguro que ahora, en muchos aspectos, no la escribiría igual. Y es que hay que tener en cuenta que en realidad no la he escrito yo: la escribió un joven de 48 años por allá los años ochenta.

21-I-21

Vuelvo a este último cuaderno y no sé por qué. Las novedades son:

  • Que, después de casi dos meses de su publicación, La ciudad y el reino no ha tenido ninguna repercusión, excepto las reseñas de las librerías.
  • Que cada vez me siento más físicamente envejecido, sobre todo en la movilidad – es evidente que me muevo como un anciano – y algo también psíquicamente, sobre todo por los brotes de aquella irratibilidad senil, tan lamentable vista desde fuera.
  • La reanudación de Escritoras se vio interrumpida por el fenómeno de la publicación de La ciudad y el reino, y será difícil que pueda continuar – está en su inicio – con la semblanza de Bettina Brentano. Es como si una maldición pesase sobre ella.

Eso es todo.

No: La Pandemia sigue planeando sobre el planeta como el último y definitivo Jinete del Apocalipsis.

 

26-III-21

Hoy nos han dado la segunda dosis de la vacuna. Vacunas al llegar al mundo y vacunas… para salir de él.

 

6-IV-21

A veces me pregunto cuál ha de ser mi tarea principal en el tramo que me queda de vida.

Ahora intento responder.

En la adolescencia y juventud la tarea principal – y me refiero aquí al plano ideal o mental – era hacerme con una visión del mundo lo más clara y estimulante posible y hacerme con los instrumentos necesarios para desarrollar al máximo la personalidad que intuía en mí. La cual habría de manifestarse en unas obras de gran valor.

Pero, a medida que iban pasando los años, o ya desde el principio, veía que sería incapaz de llevar a buen término la tarea. Pero ahí estaba la meta, la alcanzase o no.

Ahora, en la vejez, ¿cuál es la tarea?

Quizá desentrañar el sentido de lo vivido. Si es que la vida ha de tener algún sentido.

Pero no pasando lista de los objetivos soñados y de los logros (o fracasos) alcanzados.

Se trataría más bien de indagar en los posibles significados de cada uno de los acontecimientos decisivos de la existencia; de establecer el hilo (si es que lo hay) que lo une todo y que a todo da sentido. O la ausencia de ese hilo. Y en la construcción de un sentido.

Es decir, se trata de descubrir y describir la geografía de la existencia transcurrida.

O quizá de inventarla.

 

28-VIII-21

Quiero dejar constancia de que, desde hace dos días, vivo y viviré enfrentado al ineludible final. Ya no como tema filosófico o poético, sino como realidad viva y próxima. Esa realidad que acabará conmigo.

El resultado de la última analítica, que aún se ha de corroborar, parece anunciarlo. Yo me siento bien, igual, por lo menos, que meses o incluso años atrás. Pero «los números cantan», dicen, y las ilusiones (de que no sea lo peor) están llamadas a desvanecerse. Más pronto o más tarde.

 

5-X-21

Lo peor ha pasado, de momento. Solo se trata de un déficit de vitamina B12. Tratamiento, aplazamiento…

CONTINÚA

 

 

 

 

 

 

 

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