Goethe, poesía y verdad I

goethe jovenDe muchacho, lo elegí sin conocerlo.

Esta primera frase del prólogo de la biografía escrita por Emil Ludwig podría ser también la primera del capítulo que ahora dedico al poeta alemán. Y de hecho, ya lo es. Y es que también yo lo había elegido sin conocerlo cuando, en un libro de literatura de bachillerato, leí un párrafo de una de sus obras más famosas. Ignorando entonces casi todo de la obra y del autor, aquellas líneas fueron como el anuncio de algo muy especial que un día se me había de revelar.

El día había llegado. Me lo confirmaron unas palabras del mismo poeta (de una carta escrita en su juventud), citadas ya en las primeras páginas de la biografía:

Todos nuestros placeres están en nosotros mismos. Nosotros somos nuestro propio demonio, nosotros mismos nos expulsamos de nuestro paraíso.

Ése era el Hombre, ése era el Poeta. Pero ¿cómo fue el encuentro?

En la modesta biblioteca familiar, entre las biografías de grandes hombres no faltaba la de Goethe. Dos tomos elegantemente encuadernados, de Editorial Juventud. Era un día de julio de 1958. Yo había terminado el primer curso de derecho y tenía ante mí tres mesesemil ludwig goethe largos de vacaciones, que no pensaba malgastar en extraños trabajos remunerados – como algunos de mis compañeros que, por familia, no lo necesitaban – sino en leer y vivir.

Lo de leer venía solo. Lo de vivir era más complicado. Por supuesto, ya no era el verano de los juegos infantiles, aunque el escenario fuese en parte el mismo. Y es que, si bien pasábamos los largos fines de semana en Valldoreix, el resto de los días permanecíamos en la ciudad con la obligación teórica, apenas nunca concretada, de echar una mano en la empresa familiar. Y fue así cómo una de aquellas tardes ciudadanas, abrí el primer tomo de la biografía de Goethe y empecé a leer.

Ignorante del mundo cultural y social de la Alemania del siglo XVIII y un poco desconcertado por el estilo del biógrafo (por otra parte, cautivador cuando se entra en él), la lectura no resultó fácil al principio. Así que procedí a base de pequeñas dosis y, como solía hacer, compaginándola con otras lecturas de naturaleza muy diversa.

valldoreix-02-201118Además, el verano estaba allá afuera, magnífico, esplendoroso. Había que cerrar el libro y abandonarse a los placeres de aquellas penúltimas vacaciones trimestrales de nuestra historia. Los juegos de guerra y otros de la infancia habían dado paso a actividades propias del ocio juvenil: paseos en bicicleta, excursiones a pie por los bosques próximos, actividades deportivas, reuniones, bailes y… en fin, que aquel mismo mes de julio me enamoré.

La muchacha era bella, culta, de carácter noble, alegre y con cierto sentido del humor; tenía muchos hermanos, más jóvenes que ella, y estaba comprometida en secreto con uno del grupo de amigos. O sea, que si le quitamos lo de “en secreto”, el cuadro se parecía de modo alarmante al del Werther de Goethe. Lo raro es que yo aún no había leído esa obra – cosa que haría dos meses después -, o sea, que ni siquiera inconscientemente podía haber montado ese escenario. Este misterio solo se explica si se repara en la curiosa costumbre que tiene la vida de imitar al arte.

En casa también tenía el Fausto, en una edición en rústica en la que por ningún lado aparecía el nombre del traductor, cosa que ya entonces juzgaba de pésimo gusto. Leí la primera parte y me pareció como un cuento medieval con fondo filosófico; leí luego la segunda y no entendí nada, aunque me encantaron aquellas escenas no sé si llamarlas superbarrocas o supersurrealistas ante las que uno tenía la impresión de que se ocultaba-mostraba un secreto decisivo, sobre todo en los últimos versos. Una eminencia de la crítica literaria de nuestros días ha calificado la segunda parte de Fausto como la obra máxima de la literatura universal. Quizás.

Leí a continuación Las desventuras del joven Werther, novela en la que quise verme retratado hasta cierto punto, y Las afinidades electivas, fino ejercicio de psicología de las parejas, que en su época había causado escándalo por su aparente planteamiento materialista: las personas se comportan como los elementos químicos, con análogas acciones y reacciones en sus combinaciones.wilhelm meister

Quizá la obra que más y mejor me dio a conocer la personalidad del autor fue Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, seguida de los Años de viaje, célebres ejemplos de la denominada Bildungsroman, invento típicamente germánico que consiste en novelar la evolución sentimental, intelectual y cultural del protagonista.

Sobre el resto de las obras que recuerdo haber leído (Egmont, Stella, Tasso, Hermann y Dorotea, Conversaciones de emigrados alemanes, Viaje a Italia), otorgo la mayor importancia a Poesía y verdad, detallado repaso de sus vivencias que, por desgracia, se detiene antes de los treinta años de edad. Aunque no escrito directamente por él, otro libro fundamental para el conocimiento del poeta es Conversaciones con Goethe, de Eckermann, en el que se da una visión espléndida del Goethe magnífico de la última época, que no deja de contener a todos los goethes de su larga trayectoria, libro, por cierto, que suelo releer cada diez o quince años aproximadamente.conversaciones con goethe

No por casualidad fueron estos dos últimos, junto los Wilhelm Meister (fábulas que a través de la ficción tratan también de él mismo) los que más me interesaron, y es que, como se ha dicho suficientes veces, de todas las producciones de Goethe la verdadera obra maestra es su propia vida. Y esto es en definitiva lo que me interesa de cualquier creador, el misterio de su personalidad, interés que en este caso se veía potenciado al encontrarme no ya con un creador de obras de arte, sino con alguien que, además, es creador de sí mismo. (continuará)

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7 comentarios

Archivado bajo Opus meum

7 Respuestas a “Goethe, poesía y verdad I

  1. Gracias Antonio por compartir este conocimiento. Veo que eres un experto en la vida y obra de Goethe, por lo que quería ver si me podrías ayudar en la siguiente duda: Hay un frase que dice “trata a un hombre como lo que es y seguirá siendo lo que es, trata a un hombre como lo que debe y puede llegar a ser y se convertirá en lo que debe y puede llegar a ser” que en todas las citas que aparecen en Internet se atribuye a J.W. von Goethe, pero en ningún lado dice la fuente de esa frase. Podrías tú confirmarme si esta frase es realmente de Goethe y si es así en qué libro se encuentra,
    Muchas gracias y un saludo
    Guillermo

    • La frase la recuerdo, no sé si leída directamente de un texto de Goethe o citada por ahí. Pero no te puedo confirmar nada. Además, no he leído toda la obra de Goethe, ni mucho menos. Y la verdad es que no soy un experto en la obra y la vida del poeta: en mis escritos sobre él solo intento trasmitir algo de la riqueza que me ha aportado. Saludos.

  2. Hyalino

    Leer a J. W. von Goethe es sin lugar a dudas, toda una aventura intrínseca. Hay algunos hombres que marcan la historia porque sencillamente tocan con su meñique el alma de necesitados. Uno, así fuera.

    Gracias Antonio por dedicarte a escribir algo sobre ti en Goethe. Me recuerdas nuevamente que tengo una deuda bastante morosa.

  3. “,La verdad siempre vive escondida, como la liebre en matorral. Si los perros la huelen la persiguen…”

  4. Alguien dijo cierta a vez: «la Filosofía es el detalle». Acaso pueda decirse lo mismo de la literatura, si es que, como quería Borges, no son ya lo mismo.

    Yo destaco este detalle: «Lo de leer venía solo. Lo de vivir era más complicado.»

    ● PD: Gracias, Antonio, por prodigar literatura y tomarte la molestia de comprender mis obsesiones.

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