Archivo mensual: marzo 2020

Caro Diario. Último cuaderno

Hace casi cuatro años se me ocurrió poner en el Blog, y como reclamo en Facebook, algunos fragmentos de mi Diario de adolescencia y juventud (de los 18 a los 25 años aproximadamente). El interés del asunto era el de observar desde la lejanía del tiempo lo que bullía en aquella mente, que sigue siendo esta que utilizo para pensar y escribir. Interés para mí. Para el lector, o más propiamente lectora, también hubo o creí percibir ciertos gestos de interés. O de curiosidad.

Ahora, se me ha ocurrido transcribir algunos fragmentos o pensamientos del Diario de ancianidad. El interés, para mí, consiste en comparar el joven con el viejo, los sueños de futuro con con lo realmente vivido, las emociones y reflexiones de los primeros pasos, con las emociones (si es que quedan) y reflexiones de los últimos. El interés para la lectora…está por ver.

Porque es evidente que se trata de los últimos pasos. Y es que teniendo en cuenta, el número de páginas del cuaderno en el que escribo, que lo inicié en febrero de 2013, que ya solo anoto de vez en cuando y el dato de mi edad, está claro que éste será el ÚLTIMO CUADERNO.

[Mejor leer antes: Caro Diario. Las citas]

 

8-II-13

Buena fecha para empezar un nuevo cuaderno. Hoy se cumplen 55 años de que inicié el primero.

¡55 años! ¡Y cuántos muertos por en medio! El último, MA. Pero, en fin, es lo normal. “Sabía que era mortal”, dijo Cicerón. Una perogrullada que necesitaba el refrendo de un clásico.

16-II-13

Como varias veces desde que he vuelto a vivir aquí, he pasado por delante de los Maristas. Me he detenido un momento para contemplar el edificio, y he vuelto a sentir ese golpe de nostalgia que me da en tales ocasiones.

¿Soy el mismo? Sí, pero tan lejano… Solo en esos breves instantes siento la extraña emoción de ser todavía y no ser aquel niño. Un “yo” que abarca desde entonces hasta ahora ¿quién es capaz de decir que no existe?

20-VII-13

El abismo que nos sostiene. Buen tema de reflexión para el blog. Buenísimo, si sé desarrollarlo felizmente.

La frase alude a lo siguiente. Por mucha racionalidad que haya en nuestra vida y en nuestros pensamientos, en última instancia todo se apoya en algo irracional e inexplicable. Y esto es aplicable tanto al individuo humano como a la sociedad en su conjunto. Este segundo aspecto está perfectamente ilustrado por el “sueño de nieve” de Hans Castorp de La montaña mágica.

Parece como si toda la luz y claridad del mundo se basase en la siniestra oscuridad del caos. Y a veces, con un paso equivocado, con una mirada de más ¡es tan fácil volver allá!

9-X-13

Memorias literarias, sí, pero de otra manera. Se llamará Los libros de mi vida, y será un repaso, algo melancólico, de mis lecturas – las que más me han influido -, con breves referencias al momento biográfico en que las leí.

Ya he escrito Edmondo De Amicis y Charles Dickens.

20-III-14

Siguiendo con Los libros de mi vida, empiezo el capítulo dedicado a H. Miller. Y, es inevitable, dejo un apunte de cómo lo conocí, a través de R, una de aquellas noches de ajedrez y divagaciones cuando tenía 25 años.

¡Qué perdido estaba entonces! Y sin embargo, tenía muy claro lo único que de verdad me importaba: escribir. Pero también tenía bastante claro que era incapaz de hacerlo como soñaba, y que siempre sería incapaz.

Ahora estoy en mi estudio-habitación de la recuperada vivienda de Roger de Flor. Mientras escribo esto tengo delante una librería-vitrina y, en ella, en un lugar destacado, varios ejemplares de los cinco libros ESCRITOS POR MÍ que se han publicado. Si aquel joven casi desesperado de 25 años pudiese verlo, no se lo creería.

¡Solo han pasado 49 años!

9-V-14

Acepto mi posición social y personal actual como consecuencia necesaria de mi debilidad. Hay cosas buenas. Y de las malas – que las hay – no hay otro responsable que yo mismo.

16-VI-16

No sé dónde buscar una lectura estimulante. Como las de antes. Lo malo de ser viejo es que tienes la sensación de haberlo ya visto y leído todo. Supongo que no es así. Pero cuesta encontrar algo “nuevo”.

20-I-18

Últimamente tengo a veces la impresión de que viejas partes de mí mismo van desprendiéndose de mí como costras que se caen por sí solas, sin dolor, sin apenas advertirlo. Costumbres, vicios antes muy activos van perdiendo fuerza y se me van cayendo a trozos. Es el aspecto bueno, supongo, de la inevitable pérdida de fuerza vital.

3-II-18

Esto de Los libros de mi vida me está convirtiendo en algo muy especial, en un íntimo de los genios literarios de todos los tiempos. Como en mis novelas, pero de manera diferente, siento como ellos, pienso como ellos, soy ellos. Es una gran suerte, la más grande que me ha deparado la fortuna: ir siempre acompañado, ilustrado, aleccionado por ciertos seres humanos de categoría superior. Estoy atesorando lo más selecto de la humanidad, haciéndolo mío de alguna manera. ¿Qué más se puede pedir?

18-III-18

Estoy muy satisfecho de cómo me ha salido la primera parte de Pavese. De lo mejor de esta serie. Y el motivo de mi satisfacción radica sobre todo en la sensación de haber superado, vencido, la dificultad del asunto.

Pavese es bastante inaprensible y considero un mérito haber conseguido dar una idea aproximadamente verdadera de él. Y el mérito es mayor si se tiene en cuenta que, para mí, sigue siendo muy difícil de explicármelo.

25-X-18

Ayer saqué la primera de la lista de Escritoras: Sor Juana Inés de la Cruz. No me ha quedado mal.

Una de las exigencias que me he impuesto en esta serie es prescindir de las palabras: feminismo, género, patriarcado, etc., aunque no siempre de los conceptos correspondientes. Quiero decir, aplicar mi videncia, mi sentido común de siempre evitando el actual enmarañamiento de la cuestión.

1-I-19

Primer día del año. Apenas me lo creo. El otro día imaginaba que, en cualquier momento, podía despertar con 19 años, y que todo lo que aparentemente ha seguido no ha sido más que un sueño.

Y en efecto, todo ha sido un sueño. Un sueño que no se repetirá; que, bueno o malo, está concluido, acabado.

¿Qué significa todo esto? Eterna pregunta. La cita de Mathilda, de Mary Shelley, es la respuesta más certera posible. No hay más.

[No sabemos lo que todo este vasto mundo significa; esa extraña mezcla del bien y del mal. Pero fuimos colocados aquí y se nos ordena vivir y esperar. No sé lo que tenemos que esperar; pero hay un bien que no alcanzamos a ver y debemos buscarlo; esa es nuestra tarea en la tierra.]

3-V-19

Siempre ha sido así; mi debilidad de carácter me ha impulsado a someterme a las fuerzas que escoltan y determinan mi vida. Solo en mi imaginación he sido independiente y libre…pero es ahí donde se edifica todo lo que realmente me interesa.

16-VI-19

Me pregunto cuál ha sido el sentido de mi vida. Y me respondo que no ha sido otro que realizar mis sueños. Pero estos sueños apenas se han realizado, es decir, se han cumplido solo en una parte pequeña y casi ridícula. Y además, solo en su aspecto formal: ser escritor. Pero no en su contenido: develar el misterio y la esencia del mundo, llegar a comprenderlo todo. Demasiado ambicioso, se dirá. Además, los que han llegado al cumplimiento de algo parecido pocas veces parecen razonablemente felices. ¿Entonces? ¿Es tan importante eso? ¿Para qué sirve?

3-IX-19

Ayer tarde, en la soledad de un sillón encarado al exterior de la Biblioteca SF, me sorprendí pensando esto: ¿qué pretende esa inquietud interior, subterránea, que nunca cesa? ¿A qué obedece? ¿Puede apaciguarse con algo? Difícil saberlo. Por lo general, ni siquiera soy consciente de que esa inquietud no cesa de agitarse en mi interior. Pienso que todo lo que necesito para alcanzar la paz perfecta es acallarla. O satisfacerla. ¿Pero con qué?

22-XI-19

Otra decepción. Creía que CJ aceptaría Ovidio y Wilde para la filial de H en Madrid. Y resulta que no. ¿Es mi destino?

Es como funciona el mundo. Aquí no entra el destino. O sí. Cuando aquél dijo “el destino es el carácter” lo dijo todo. Si mi carácter fuese como el de los que saben venderse, las cosas serían muy distintas.

¿Y el valor objetivo de las obras? Sí, esto suele determinarse más o menos acertadamente tras el paso de décadas o siglos. Y mientras, los que por su carácter no supieron acceder al nivel de selección de los buenos ¿qué pasa con ellos? Nada, que no existen. Eso es todo.

Y ahora pienso en Enoch Soames, de Beerbohm. El ingenio más agudo aplicado a la literatura.

En la vida y en el arte – dijo – todo cuanto importa tiene un final inevitable.

29-II-20

Después de semanas investigando sobre Sylvia Plath parece que voy a llegar a la conclusión de que no, de que no es un personaje que me motive lo suficiente. Quizá no la entiendo bien; quizá sí entiendo que se trata de una persona supersensible y bastante desequilibrada, que tiene la habilidad de escribir versos para dar un atisbo de sus temblores inexplicables. Pero todo eso no constituye una escritora que me motive lo suficiente. La dificultad de entrar en sus poemas, por mi parte, no se debe solo al problema del idioma, pues esta dificultad debiera darse igualmente en Dickinson, y no se da. Total, que ya veremos. Pero estoy a punto de sacarla de la lista.

Observo además por mi parte una especie de cansancio. Alarmante. Pues es el tipo de cansancio que me sobrevino hace un tiempo a propósito de las novelas y que amenaza ahora con extenderse a toda la creación literaria. ¿Qué sería de mí entonces?

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¡EGOÍSTA!

Si alguna vez te dicen “eres un egoísta”, sobre todo en el ámbito de tus personas más cercanas y queridas, no debes preocuparte demasiado. Es una muestra, un tanto desviada o pervertida, de afecto; una manifestación, por vía de reproche, de que eres muy importante para la persona que así se expresa, quien desearía que constantemente tuvieses puesta la atención en ella.

Y es que, después de todo, ¿en qué consiste ser egoísta? ¿En poner la propia persona por encima o por delante de las otras? Pero esto es inevitable. Desde que nace, uno respira por sí mismo, come por sí mismo y realiza todas las funciones biológicas por sí mismo, y nadie más puede hacerlas por él. Incluso piensa por sí mismo; pero esto, no siempre

Es verdad que hay casos extremos en los que el mote “egoísta” parece obedecer a una característica objetiva, pero no son esos los que motivan mi comentario, sino aquellos otros que seguramente la mayoría de los lectores conoce. Y es que el verdadero egoísmo, el extremo, como lo acabo de adjetivar para diferenciarlo del meramente dialéctico, es otra cosa. Consiste no en hacer la propia voluntad, cosa justa y necesaria para seguir viviendo, sino en forzar la voluntad de los otros.

Como siempre, la enorme clarividencia de Oscar Wilde dio en el clavo:

Egoísta no es el que hace lo que quiere, sino el que pretende que los otros hagan lo que él quiere.

Así que ya lo sabes, si alguien te dice “eres un egoísta”, sobre todo en el ámbito de tus personas más cercanas y queridas, no debes preocuparte demasiado. Esa persona solo está ejemplificando la definición dada por Ambrose Bierce, escritor norteamericano más ácido que el amable irlandés antes citado.

Un egoísta es una persona que piensa más en sí misma que en mí.

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