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EDGAR ALLAN POE. La vorágine y el método I

edgar allanExiste-t-il donc une Providence diabolique qui prépare le malheur dès le berceau, — qui jette avec préméditation des natures spirituelles et angéliques dans des milieux hostiles, comme des martyrs dans les cirques? Y a-t-il donc des âmes sacrées, vouées à l’autel, condamnées à marcher à la mort et à la gloire à travers leurs propres ruines?

En 1856 aparece una versión francesa de varios relatos de Edgar Allan Poe. En la introducción el traductor se pregunta si acaso existe una Providencia diabólica que arroja a naturalezas espirituales y angélicas a marchar hacia la muerte y hacia la gloria a través de sus propias ruinas. El que así se interroga es Charles Baudelaire traductor y presentador del escritor norteamericano y uno de los primeros que, en Francia y en el mundo, captó su originalidad y grandeza, que con el tiempo serían universalmente reconocidas.

La pregunta es pertinente si se piensa en la biografía de Poe, en su sensibilidad baudelaireextrema y en la obra que nos dejó, hecha de impulsos nerviosos, de visiones fantásticas y de símbolos indescifrables; y en su mismo final, digno de algunos personajes de sus relatos, que se transforman o se pierden para siempre, arrastrados por una vorágine irresistible.

La vorágine que arrastró a Poe al fondo de no se sabe qué lo dejó moribundo en una calle de Baltimore un día de octubre de 1849.

Después de todo, cosas así es lo que se suele esperar de un poeta romántico. Y Poe era un poeta, y le tocó vivir la época romántica, si bien en un país, los Estados Unidos, joven y emprendedor, poco dado a los devaneos metafísicos. Pero Poe, como siempre ocurre con los grandes, no respondía adecuadamente al tópico.

baud poePara empezar, escandaliza a los defensores de lo románticamente correcto negando la función de la inspiración en la creación de la obra así como la existencia del genio. En sus breves y poco conocidos escritos críticos sobre la creación literaria, expone sus teorías siempre unidas a la práctica de las propias creaciones.

En Método de composición (Philosophy of Composition), publicado en 1846, y Principio poético (Poetical Principle), escrito en 1848 y publicado después de su muerte en 1850, expone que los elementos esenciales de toda composición poética (aplicables también a los relatos) son la extensión, que no ha de ser muy larga, de manera que permita la lectura en una sola sesión; el efecto que se quiere producir, que se ha de tener muy claro desde el principio, y el método, que ha de ser lógico, analítico, en ningún caso abandonado a la espontaneidad. Afirma, por ejemplo, que en la escritura de un relato se ha de partir del desenlace, para ir llegando hasta él de una manera concatenada, causal y necesaria. Y además, niega que un poema tenga otra finalidad que el mismo poema, y en especial que pueda tener una intención moral o ejemplar, pues considera que la mayor herejía que se puede cometer en una obra de arte es la del didactismo.

Proposiciones que, exceptuando quizá la última, forzosamente habían de escandalizar a los románticos formales. El mismo Baudelaire, muy de vuelta de los tópicos y excesos del movimiento, intenta poner las cosas en su sitio en unas líneas que no me resisto a reproducir:

Tenía en verdad un gran genio y más inspiración que cualquier otro, si por inspiración se entiende la energía, el entusiasmo intelectual y la facultad de mantener en alerta las facultades

¿Se declaraba, por una vanidad extraña y divertida, mucho menos inspirado de lo que era en realidad? ¿Minimizaba la facultad natural que había en él para dar una parte mayor a la voluntad? Me siento bastante inclinado a creerlo.

La obra de Poe se compone de poemas, unos sesenta relatos breves y uno más extenso, que puede considerase como novela; además de los ensayos críticos antes mencionados y de algún otro. Empezó por la poesía y de hecho nunca la abandonó. Él se sentía poeta por encima de todo y creía que la poesía era el arte supremo. Y sin embargo, alcanzó el triunfo (es una manera de decir) sobre todo por sus relatos.8-east-coast-usa-holidays-boston-beach-country

Necesidades económicas le empujaron en la nueva dirección: a diferencia de la poesía, que apenas tenía salida, las revistas literarias de la costa Este de Estados Unidos (el resto de la actual geografía del país apenas existía) codiciaban y se disputaban a los buenos cuentistas. He aquí el caso de una vocación muy clara, reconducida por las circunstancias a otro terreno, que resulta ser también muy fecundo. Cosa del genio, tal vez, eso en lo que decía Poe que no creía

El hecho no es nuevo. Tenemos el caso de Hoffmann (en cierto modo antecesor de Poe) a quien, considerándose músico por encima de todo, la necesidad económica empuja a la narrativa, campo en el que triunfa plenamente. (Vaya, ¿otro genio?).

Entre los poemas de Poe hay dos que alcanzaron tanta popularidad como sus mejores relatos: Annabel Lee y, sobre todo, El Cuervo (The Raven). Ambos destacan tanto por el tono melancólico y mórbido como por la musicalidad, aspecto en el que hay que notar, en El Cuervo, la tétrica insistencia del estribillo formado por una sola palabra: Nevermore  (Nunca más). Adelantada a su tiempo, la poesía de Poe había de alcanzar un mayor reconocimiento por parte de los simbolistas y modernistas de décadas después.casa usher

Toda la obra narrativa de Poe está impregnada de ciertas características entre las que unas predominan sobre otras según el efecto a conseguir en el relato en cuestión: lo extraordinario, es decir, lo no habitual o aparentemente increíble, nadie como él ha narrado tan magistralmente las excepciones de la naturaleza humana; el poder de atracción de la lectura, como si nos atrapase un torbellino del que no pudiéramos escapar; la gravedad del asunto, que desde el primer momento se impone, aunque no se sepa de qué va a ir; la intriga, basada por lo general en las deducciones del narrador, de una lógica sorprendente, casi paranoica (ejemplos, El doble crimen de la calle Morgue y El escarabajo de oro); y, en algunas, un simbolismo hermético que quizá ni el mismo autor nos podría descifrar (Manuscrito encontrado en una botella y Las aventuras de Arthur Gordon Pym).

Para dar una idea llana y directa: puedo afirmar con seguridad que los que no han leído los relatos de Poe se han perdido una de las experiencias más vigorosas, diría que de naturaleza física, que puede proporcionar la literatura de cualquier tiempo y país. Pero… no hay que preocuparse,

cuervo 

¡aún estáis a tiempo! ……….

 

(continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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Necesidad de la literatura. Hoffmann. ¿Solo escribir? (A.E.P.16)

EGO.- ¿Es necesaria la literatura?

ALTER.- Esa es una pregunta tan brutal que forzosamente ha de conducir a una respuesta falsa.

ALTER.- ¿Brutal?

necesidad historia literaturaEGO.- Sí, tosca, primaria. La pregunta me ha recordado a cierta persona, muy respetable por cierto, un hombre que, partiendo de la nada, había alcanzado una posición económica relativamente acomodada. Cuando veía a sus hijos adolescentes entregarse a la lectura, se ponía nervioso. “Libros, novelas, tonterías. Ahí no aprenderéis la realidad de la vida. Ya veréis, ya, si yo falto“. Para hombres como él la literatura no sólo no es necesaria, sino que puede resultar perjudicial. Y de hecho lo es, en el sentido de que puede favorecer la evasión ante los problemas inmediatos, ante “la realidad de la vida”.

ALTER.- Bendita evasión, comparada con otras, ¿no?

EGO.- Sí, pero su carácter de medio de evasión es sólo uno de sus aspectos. Porque en otro nivel, bastante más elevado, resulta evidente que la literatura, el arte, no sólo no es evasión, sino que apunta a la profundización del ser humano.

ALTER.- Profundización que también sería inútil, para el hombre de tu anécdota.

EGO.- Inútil para la lucha por la vida, seguro. Pero muy útil para adquirir conciencia de uno mismo y del mundo.

ALTER.- Y sin embargo, la mayoría de los seres humanos pasa por la vida sin probar la literatura ni el arte en general.

EGO.- La mayoría de los seres humanos pasa por la vida sin poder dedicarse a otra cosa que a mantenerse vivos. Prueba evidente de que aún estamos en la prehistoria de la humanidad.necesidad joven lee

ALTER.- Una prehistoria que quizá no se continúe en ninguna historia.

EGO.- Está por ver. Aunque no seremos nosotros quienes lo veamosni siquiera tú.

ALTER.- Gracias. Concluyendo, que para ti la literatura, más que necesaria, es útil para los que tienen el pan asegurado.

EGO.- Y también necesaria, para ir avanzando a contracorriente de los rígidos esquemas mentales que toda sociedad impone.

ALTER.- Para crecer por dentro, como dicen los manuales de autoayuda.

EGO.- Pero sobre todo es necesaria para los que no pueden pasar sin ella.

ALTER.- Que, en una sociedad sana, habrían de ser todos, ¿no crees?

EGO.- No sé. Quizá en una sociedad sana, utópicamente perfecta, no haría falta ninguna clase de arte. Sobre todo si se considera el arte como la respuesta a una carencia, a un vacío que de alguna manera hay que llenar.

ALTER.- Pero, según eso, el hombre sin problemas, sin frustraciones, no necesitaría del arte para nada. Qué quieres que te diga, me parece una visión meramente negativa del asunto.

EGO.- Y lo es. Pero hay otras.

hoffmann elixiresALTER.- Por ejemplo

EGO.- La que quierasSiempre hay otra visión, otra manera de considerar las cosas.

ALTER.- Ego, ¿por qué en vez de divagar sin rumbo, no nos centramos en un autor? ¿Por qué no intentamos centrarnos en el tema literario?

EGO.- ¿Por qué no? Pero da tú la entrada. ¿Qué es lo último que has leído?

ALTER.- Los elixires del Diablo, de Hoffmann.

EGO.- Enhorabuena. Creí que ibas a mencionar la última novedad de la literatura contemporánea. Te felicito por la elección. Hoffmann es un autor mucho más importante de lo que pueden imaginar los que sólo han leído algunos de sus relatos cortos.

ALTER.- Es una novela apasionante. La complejidad de la trama, el ritmo de la intriga, generalmente in crescendo, y sobre todo ese juego de duplicidad del monje protagonista te provoca una sensación casi de vértigo. De hecho, la he leído dos veces seguidas. Sobre todo porque en la primera lectura no me quedó bastante claro el entramado de los personajes. Pero lo curioso es que, en la segunda lectura, he vuelto a tener la misma sensación de vértigo.

EGO.- Sí, en Los elixires Hoffmann empieza a darle a la manivela del torbellino del yo. Su gran hallazgo, fundamental para la historia de la literatura, es la figura del doble, el Doppelgänger, ese ser fantasmal, construido como proyección autónoma del individuo real, que se convertirá en uno de los motivos típicos del romanticismo. Con lo cual, y según autorizados estudiosos, se inicia el proceso de fragmentación del yo.

ALTER.- Yo creo que pocos autores producen una impresión tan directa, tan física como Hoffmann.

EGO.- Soy de tu opinión. Si clasificamos a los escritores por la clase de objetivos que alcanzan con su arte, y estoy hablando en términos balísticos, podríamos decir que unos dan necesidad hessepreferentemente en la inteligencia (Musil), otros en el sentido estético (Mann), otros en el ético (Hesse), otros en el sentimental (Dickens), pero la clase de objetivo que alcanza Hoffmann con su arte es difícil de nombrar. Yo diría que se trata de ese punto neurálgico del ser humano donde cohabitan la luz y las sombras, la vigilia y el sueño, la calma y el estremecimiento, la claridad y el delirioel mismo punto donde nace la música.

ALTER.- ¿La música?

EGO.- La música, sí. Piensa que, para Hoffmann, la música es el arte esencial, es su arte. Desde el principio tuvo la convicción de que había nacido para músico. Durante un tiempo pudo ejercer como director de orquesta en una pequeña ciudad alemana y llegó a componer una ópera y creo que alguna sinfonía. La influencia familiar le había empujado a estudiar leyes, pero, para ganarse la vida en ciertas épocas de inactividad forzosa, se dedicó a escribir relatos. Escribía con gran facilidad y con un derroche de imaginación nada corriente. Pero su pasión fue siempre la música. En homenaje a Mozart, cambió su tercer nombre de pila por Amadeus, y en algunas de sus obras aparece un personaje concebido como el alterego de él mismo (una especie de Doppelgänger positivo): el músico Kreisler.

hoffman kreislerALTER.- Es curioso eso de las vocaciones falsas, ¿no? A veces, uno cree que ha nacido para una cosa, y se empeña en mantenerlo a pesar de que los hechos van demostrando que en realidad sirve para otra muy distinta.

EGO.- Sí, ocurre a veces. Lo importante es darse cuenta a tiempo. Pero en todo caso, más pronto o más tarde, la fuerza del destino acaba imponiéndose. Aunque el de Hoffmann es un caso muy especial, pues yo no considero que estuviese equivocado cuando se sentía músico por encima de todo, porque en realidad lo era, y la naturaleza de su literatura lo corrobora. Lo que ocurrió fue que, a base de escribir, finalmente quedó patente que aquello que su genio pugnaba por dar al mundo se manifestaba más fácil y naturalmente a través de la escritura.

ALTER.- Es curiosa esa variedad de actividades: músico, escritor, jurista…

EGO.- Curiosa, pero no rara. Suele darse. Yo diría que lo raro, al menos desde una perspectiva histórica, es lo contrario: el escritor que sólo se dedica a escribir. En la antigüedad podríamos encontrar algunos casos, como Virgilio, Ovidio, Catulo, pero la mayoría compaginaban la literatura con otras actividades más bien delicadas. Piensa en Cicerón, César, Séneca y tantos otros. Naturalmente que entonces, y hasta bastante después de la invención de la imprenta, no se podía vivir de la literatura, como no fuese gracias al favor de algún príncipe o mecenas.

ALTER.- ¿Y ahora se puede?

EGO.- Tampoco…como no sea gracias al favor de las masas debidamente conducidas.

ALTER.- Pero hay excepciones.

EGO.- Claro que hay excepciones. Desde Goethe – que, por cierto, no sólo vivía denecesidad garcia marquez la literatura, aunque hubiese podido- hasta García Márquez. A veces se produce el milagro de que el verdadero talento conecta directamente con el gran público. ¿Cómo? No lo sé. Sólo sé que es algo realmente excepcional, y que es importante no confundirlo con el caso del escritor para “masas conducidas”.

ALTER.- ¿Y tú crees que siempre es fácil distinguirlos?

EGO.- Para el que tiene criterio, sí. Para el que no está seguro de su criterio literario, no tanto. Pero hay un sistema infalible: que deje pasar, si puede, cincuenta o cien años y todo quedará perfectamente claro. El tiempo no sólo es el devorador de las cosas, tempus edax rerum, como escribió Ovidio, sino también el gran depurador o seleccionador de las obras humanas.

ALTER.- Pero dejando el aspecto histórico y centrándonos en el actual y práctico, tú crees que es bueno para el escritor mantener otro oficio o actividad, ¿o es mejor que se dedique exclusivamente a la literatura?

EGO.- No me atrevería a dar una receta universal. Primero de todo hay que tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, dedicarse a otra actividad es necesario para subsistir, ya que, como hemos visto, no se puede vivir de la literatura mas que en las raras circunstancias que hemos mencionado. En cuanto al hecho en sí, yo creo que es bueno para el escritor tener alguna otra actividad u oficio.

ALTER.- Pero eso le distrae de su arte.

necesidad ovidioEGO.- Dudoso. Lo que sí es cierto es que eso le liga más con la vida. Y el arte, por autónomo o exquisito que sea, no ha de perder su contacto con la vida. A la larga, no hay nada tan angustioso como quedar reducido entre los límites de una sola actividad, por exquisita que sea. No puedes estar escribiendo todo el tiempo, y si lo haces, y no has perdido el buen criterio en tan absurdo empeño, te verás obligado a desechar montañas de hojarasca.

(De Alter, Ego y el plan)

Sin que se conozcan las razones, un día de abril de 2004 estos diálogos quedaron interrumpidos en este punto. No se espera que haya continuación. O quizá sí.

Sí hubo continuación.

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Hoffmann, el espanto y la música II

hoffmann bambergEn Bamberg, la realidad no es tan bella como se anunciaba. El trabajo tiene poco que ver con su vocación. Pero las nuevas amistades serán providenciales : Carl Friedrich Kunz, negociante de vinos y editor, decisivo para el nuevo rumbo hoffmaniano, el doctor Marcus y su tio el doctor Speyer, que avivan e ilustran el interés de Hoffmann por los misterios y patologías de la mente.

Y Julia Mark, niña de trece años, de quien nuestro músico se enamora como un loco. Durante el día le da clases de música y canto, como a otras hijas de las familias principales, y mantiene, en lo posible, largas conversaciones con ella. Por la noche, la obsesión llena de garabatos su diario íntimo, y de frases como gritos, algunas escritas con caracteres griegos para evitar los celos de la esposa. El idilio – unidireccional, pues ella no se entera de nada hasta el estallido final – dura hasta aquel día de tres años después en que se presenta el pretendiente oficial de la joven. Hoffmann reacciona como un demente, protagoniza una escena deplorable y se despide de Bamberg. Pero siempre conservará a Julia. En el corazón y en las notas cifradas del diario secreto. La sombra de la amada también estará presente en algunos de sus relatos.hoffmann gluck

Y mientras sigue persiguiendo la gloria musical, además de reseñas de conciertos empieza a escribir relatos que enseguida publica Kunz y alcanzan el favor inmediato del público: El caballero Gluck, el primero, al que sigue un volumen de cuentos fantásticos (Fantasías a la manera de Callot), prologados nada menos que por Jean-Paul.

Pero él es músico – insiste – y aquellas historias son puro entretenimiento para sacar a pasear a sus fantasmas y para allegarse ingresos que por otro lado no llegan. Y como músico, pasa dos años entre Dresde y Leipzig, componiendo, dirigiendo y estrenando cuando puede y sufriendo los desastres de la guerra, que le alcanzan de pleno en Dresde, donde en mayo de 1813 presencia la llegada de Napoleón. Precisamente en esta ciudad y mientras silban las granadas a su alrededor concibe y escribe una de sus obras más brillantes y originales: El caldero de oro, donde realidad y fantasía se combinan con la misma naturalidad que las personalidades de algunos de sus personajes, como Lindhorst, archivero y salamandra al mismo tiempo.

hoffmann napoleonEn 1814 consigue establecerse en Berlín, donde la vida empieza a adquirir los vivos colores con que siempre la había soñado. Pero con otros matices. Resulta que ya se ha convertido en un célebre… escritor. Conoce a los grandes hombres de letras del momento: Tieck, Fouqué, Chamiso, Contessa, Brentano; participa en todas las tertulias y visita asiduamente ciertas tabernas donde también se encuentra con actores y otros personajes de la bohemia, y bebe, bebe mucho. Mucho vino y mucho ponche. Nunca cerveza, pues Hoffmann pertenece al selecto círculo de alemanes odiadores de la cerveza (como, por los mismos años, Schopenhauer). Escribe sin parar. Y además, reingresa en la judicatura y desempeña su trabajo de manera más que correcta. Magistrado de día, músico de noche. Archivero y salamandra.

hoffmann fouqueLas tertulias que mantiene con los amigos le sugieren una nueva forma de presentar sus cuentos. Varios de ellos, agrupados bajo el título Los hermanos de Serapión, aparecen narrados y comentados por unos tertulianos ficticios cuyos nombres encubren a los de sus amigos. El contenido de los diálogos es de lo más sustancioso y, sin embargo, hasta hace relativamente poco los editores en español los han ignorado.

La cumbre de su carrera musical – no tan alta como él había soñado – se sitúa en agosto de 1816 con el estreno de la ópera Ondina, sobre un cuento de la Motte-Fouqué, con libreto de este mismo.

                https://www.youtube.com/watch?v=iz8ZwPOjkFU

En cuanto a la carrera jurídica, otra contrariedad se produce hacia el final de su vida. De nuevo la lealtad, pero no solo al estado prusiano sino a la propia conciencia, lo enfrenta esta vez a los que quieren convertirlo en un simple peón de la lucha del poder contra los “demagogos”, como son llamados los que se oponen a la política reaccionaria implantada por la Santa Alianza. Hasta que su mayor enemigo, el jefe de policía Kamptz, ridiculizado como el personaje Knarrpanti del relato Maese Pulga, consigue que se la abra un expediente… que la muerte se encargará de cerrar.

Consumido por las enfermedades, ósea, hepática y otras, pasa los últimos días escribiendo o dictandohoffmann taverna sin descanso, visitado por los amigos y contemplando la vida desde la ventana de su casa del centro de Berlín tal como lo explica en La ventana de mi primo, uno de sus últimos relatos.

La mañana del 25 de junio de 1822, su mujer, la siempre fiel Mischa, le oye decir estas palabras: “También hay que pensar en Dios” (Man muss doch auch an Gott denken). Poco después muere.

Y yo me pregunto: ¿puede alguien ser a la vez músico excelente, escritor fascinante, pintor, caricaturista chispeante y jurista honrado y competente, además de bebedor impenitente? Y me respondo: sí, pero solo si se llama Ernst Theodor Wilhelm (o Amadeus) Hoffmann y ha nacido en Königsberg en 1776.

  hoffmann final

           https://www.youtube.com/watch?v=zak283twYgc

(De Los libros de mi vida)

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Hoffmann, el espanto y la música I

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(Mantén fija la mirada en los ojos de este autorretrato…y quizá te llegue algo del alma del artista)

Al establecer la lista de los escritores de mi vida anuncié que irían ordenados por orden de aparición ante mis ojos de lector o de repentina asunción de importancia. Hoffmann es un ejemplo perfecto de este segundo caso.

Ya en la lejana juventud leí algunos de sus relatos, entre los que no faltaron El magnetizador y El hombre de la arena, ejemplos máximos de lo siniestro en literatura. Y con eso me había quedado, con la idea de un escritor que, como Poe, con todas las diferencias, sabía sembrar el espanto en el corazón del lector.

Pero, muchos años después, me dio por leer más. Y, además de algunos relatos del tipo de los mencionados, busqué y leí las novelas Los elixires del Diablo y Las opiniones del gato Murr (en ejemplares que conservo fechados por mi mano en el verano del año 2000). Es entonces cuando se produce la revelación de que Hoffmann no es un escritor más; sobre todo, que no es solo un escritor.

hoffman kreislerSu alter ego ocasional, el músico Kreisler, divide a las personas en dos grupos: los músicos y la buena gente. La buena gente, que a veces son también malos músicos, van por el mundo enamorándose de algunos objetos para apropiárselos y completar así su coja existencia; los músicos saben que esos objetos no son el cielo de la vida, por mucho que se los apropien y les pongan un anillo en el dedo, sino el símbolo de la luz que arde siempre en el corazón del artista donde, a la vista del objeto-símbolo, se puede desencadenar una íntima conflagración total. Esto, que puede parecer confuso y mal explicado, y que en efecto lo es, aparece magistralmente expuesto en el diálogo que mantiene Kreisler con la princesa Hedwiga en cierto pasaje de Opiniones del gato Murr, en mi opinión la novela más fascinante de la historia de la literatura.

Murr es un gato delicado, instruido y algo pedante que convive con el profesor Abraham, maestro en artes extrañas y amigo del músico Kreisler; está escribiendo sus propias experiencias al estilo de la típica Bildungsroman (novela de formación), que se desarrollan en el escenario formado por la propiahoffmann gato murr casa y las azoteas vecinas, donde sopla el viento de la auténtica vida, con sus gatitas encantadoras y sus patrullas perrunas de represión. No se sabe cómo, hace que se imprima su obra, pero, comoquiera que la envía a la imprenta mezclada con otras hojas que contienen momentos de la vida de Kreisler, el resultado es el extraño libro que tiene en sus manos el lector, donde se van intercalando la autobiografía de Murr con la historia del músico Kreisler, la cual, además, no aparece en riguroso orden cronológico.

Kreisler es un músico un poco loco, maestro de capilla en la corte de un príncipe, cuyo principado, como tantos minúsculos estados alemanes de principios del siglo XIX, había dejado de existir (era tan pequeño que “se dice que el príncipe Irenäus había perdido su país en un paseo por la frontera”). Todos los personajes que se mueven por esa corte particular aparentan tener extraños pasados, a veces interrelacionados, que el lector no llega a descifrar, con lo que se mantiene siempre la intriga: el príncipe, que ha reproducido en su residencia la corte del principado perdido por un descuido; su hijo, el débil mental Ignaz; el maestro Abraham, con un pasado que también afecta a alguno de los otros personajes; la intrigante consejera Benzon, probable antigua amante de alguno de los mencionados; la joven princesa Hedwiga, con brotes histéricos, que quizá no es hija de quien se supone; su amiga íntima Julia, de juvenil encanto; el maestro de capilla Kreisler, a quien todos admiran pero también temen porque desde su posición de artista, pero sobre todo cuando se abandona a sus locuras y a su sarcástico humor, pone en evidencia la falsedad y vaciedad de aquella sociedad… La novela es complicada y confusa, sí, pero posee un encanto que lamento no poder trasmitir. Convertida en literatura, se contiene en ella el alma musical del autor.

hoffmann elixiresEl alma atormentada, siempre al borde de la locura, presa del espanto y del terror se contiene en Los elixires del Diablo, novela gótica donde la posesión diabólica o enajenación mental presiden un relato delirante y, por momentos, incomprensible, con la aparición, quizá por primera vez en la literatura, del inquietante doble de uno mismo (Doppelgänger). En mi opinión, ambas novelas (junto con El caldero de oro) ejemplifican a la perfección la dualidad esencial del escritor… Pero Hoffmann no quería ser escritor.

Ernest Theodor Wilhelm Hoffmann nació en Königsberg, Prusia, en 1776. Más tarde se cambió el Wilhelm por Amadeus, manifestando así su preferencia por Mozart frente a Shakespeare. Pero al destino no se le engaña tan fácilmente.

Educado entre mujeres – el padre había abandonado a la madre – convivía también con un tío que practicaba la música, aunque no pasaba de ser buena gente. De las dos tradiciones familiares, la musical y la jurídica, se vio empujado a seguir la “seria”, y así, aunque también estudió música e incluso empezó a componer muy joven, se formó en leyes con resultados brillantes. En la literatura, ni pensaba.

También se dedicó desde joven a la pintura y al dibujo. Precisamente esta afición, unida a su temperamento inquieto, humorístico y burlón, le procuró la primera contrariedad de su vida profesional. Y es que, en Posen, ciudad polaca donde ejerce, el juez Hoffmann se dedica a caricaturizar los rostros y figuras de aquella gente tan seria que le rodea, es decir, a poner de manifiesto en cuatro trazos la fealdad y vulgaridad de las fuerzas vivas del lugar. Descubierto, se le destina a un villorrio polaco sin más compañía que su reciente esposa Mischa (también polaca, y católica; no alemana y protestante como mandan los cánones) y los extraños personajes que empiezan a poblar su imaginación. Expiada la culpa, ocupa plaza en Varsovia, donde puede llevar una vida más acorde con sus aficiones artísticas: participa en tertulias, escribe reseñas musicales, compone e incluso dirige conciertos.hoffmann caricatures

La segunda contrariedad tiene una causa tan ajena a su voluntad como es la guerra. En noviembre de 1806 las tropas francesas entran en Varsovia. Polonia ha sido ocupada por los vencedores del país ocupante. Todos los funcionarios prusianos son destituidos. Hoffmann marcha a Berlín, sin nada a la vista. Pocos meses después se le presenta una oportunidad: las autoridades francesas han decidido recuperar a los ex funcionarios prusianos siempre que juren fidelidad al nuevo régimen napoleónico. No se lo piensa dos veces. La lealtad está en él por encima de las preferencias políticas (si es que tiene alguna) e incluso de las necesidades vitales. Rechaza la oferta y permanece en Berlín, donde vivirá el año más duro y amargo de su existencia.

Gracias a la ayuda de algún amigo fiel, y a su propia e incesante búsqueda de una ocupación acorde con su vocación y experiencia, va superando el trance. A mediados de 1808 recibe una oferta para dirigir el teatro de Bamberg, ciudad católica y barroca del sur de Alemania.(continuará)

                    (De Los libros de mi vida)

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Kafka, el profeta inconsciente I

kafka

Saber que esto no es un tratado de literatura ni un intento de demostración de sabiduría crítica me tranquiliza enormemente. Saber que se trata solo de una recopilación de las impresiones que me han causado ciertas lecturas a lo largo de la vida me facilita mucho la tarea. De otro modo, ahora mismo quedaría paralizado ante la idea de tener que abordar a un escritor como Kafka.

kafka sombreroY es que Kafka es un escritor único. No quiero decir que sea el más grande, ni el que mejor escribe, ni el que más luz ha aportado al caminar del ser humano sobre la tierra. Quiero decir lo que he dicho: que es único.

Hace tiempo se me ocurrió, para mi uso particular, dividir a los escritores, a los artistas en general, en dos grandes grupos: los artesanos y los profetas. Los artesanos son aquellos que, juntando los materiales adecuados en el orden más conveniente, construyen una obra de valor estético; los profetas son los que, quietos en su rincón, esperan que la verdad se les revele y pacientemente tratan de expresar con palabras los signos siempre cifrados de esa revelación. Como se ve, no otorgo a la palabra “profeta” el significado vulgar de vidente del futuro – en este caso lo sería Verne, cuando es solo un artesano – sino el más correcto de persona que se comunica con la divinidad.

No es necesario que salgas de casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.images (69)

Profeta es Shakespeare, que comparte con Dios la facultad de crear seres humanos auténticos; profeta es Hoffmann, testigo de cómo lo siniestro – y lo luminoso – aflora en sus páginas sin apenas esfuerzo o intención; profeta es Sabato que describe pasiones y obsesiones tan reales como los sueños. Son sólo tres ejemplos. De los artesanos no hace falta hablar: son mayoría.

¿Pero en qué sentido Kafka es un escritor-profeta único? Shakespeare sabe que está dando a luz toda una galería de caracteres tan vivos como los seres vivos; Hoffmann contempla asustado cómo se mueven, gesticulan ante él, los engendros de una fantasía incontenible; Sabato intuye que sus creaciones tienen el valor de sus sueños y que ambos responden a la manera de ser o estar del ser humano.

Kafka no sabe lo que tiene entre manos.

Todas las noches se encierra en su habitación. Y escribe.

kafka escribeExtraño, misterioso, tal vez peligroso, tal vez redentor consuelo de la actividad literaria: esta acción de salirse de las filas de los asesinos, la observación de los hechos. Observación de los hechos al crear una forma superior de observación…

Curiosa imagen: para dedicarse a la observación de los hechos y, sobre todo, para crear esa forma superior de observación hay que salirse de las filas de los asesinos. Imagino que los “asesinos” deben de ser la gente normal que se dedica a vivir (¿y a matar?), ajena a las obsesiones de los que escriben.

Y me pregunto – porque estoy discurriendo en primer término para mí – ¿en qué consiste esa forma superior de observación que Kafka crea y nos ofrece? ¿Cómo se consigue? ¿Qué clase de resultados da?

Uno de los momentos en que Kafka se sintió en la plenitud de su tarea o misión fue al escribir uno de sus primeros relatos: La condena. Fue una noche de setiembre de 1912. Tenía 29 años. Lo explica en su Diario (las negritas las he puesto yo):

Esta narración, La condena, la he escrito de un tirón, durante la noche del 22 al 23, entre laskafka la condena diez de la noche y las seis de la mañana. Apenas si podía sacar las piernas de debajo de la mesa, entumecidas por haber permanecido sentado tanto tiempo. La tensión y la alegría terribles con que la historia se iba desplegando ante mí, y cómo me iba abriendo paso entre las aguas. […] Cómo todas las cosas pueden decirse, cómo para todas, para las más extrañas ocurrencias, hay preparado un gran fuego en el que se consumen y renacen. […] Sólo así se puede escribir, sólo con esa cohesión, con esa apertura total de cuerpo y alma.

Es evidente que estas palabras no son las de un artesano de la literatura. Es evidente que son las de un profeta. Pero un profeta que ignora la naturaleza y el sentido del mensaje que trasmite; que está embriagado por el camino, y sabe que ese camino lo ha de conducir a alguna parte, pero ignora adonde. E incluso intuye que no le será dado llegar.

En Ante la ley, relato breve, cuenta la historia de un hombre que aspira a entrar en la “ley”. La puerta está abierta, pero hay junto a ella un guardián de aspecto temible, que no le autoriza la entrada. Las súplicas del hombre son continuamente rechazadas por el guardián. El hombre espera paciente meses y años ante la puerta. Ya anciano, pregunta al guardián cómo se explica que, habiendo tantos seres humanos que aspiran a la ley, sólo él esté ahí. El guardián le responde: “Nadie podía pretenderlo, porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla”.

kafka ante la leyTengo la impresión de que, al término de su vida, Kafka se sintió como el hombre ante la entrada abierta pero infranqueable. La inseguridad sobre el valor de su obra, salvo alguna excepción, el perfeccionismo, la renuencia a que se publicase lo que no consideraba dignamente acabado – que para él era casi todo -, nos hablan de una actitud religiosa, de una fe en una revelación que no acaba de producirse, de un infinito trabajo de paciencia ante la entrada que no consigue finalmente traspasar. Aunque sabe que está abierta. Y que era solamente para él. (continúa)

 (De Los libros de mi vida)

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Otra vez agosto

images (10)Hace un año, este blog llevaba dos meses de existencia. Había nacido con brío, pero, adentrado el verano, tuve que ralentizarlo a fin de que mis breves apuntes no se perdiesen en el desierto. Y entonces, fui publicando una serie de encuentros entre famosos (histórico-literarios, se entiende) sacados de mis obras.

También ahora voy a reducir la marcha, y también ahora, para que el desierto no sea absoluto, voy a recurrir a mis propias obras. Pero esta vez no serán breves fragmentos. Tampoco obras completas, nadie se asuste. He elegido dos relatos de los ocho que componen (por ahora) el invento que lleva por título Fantasías a la manera de Hoffmann.

El primero, La máquina del doctor Kusev, trata de las extrañas y terribles relaciones  que pueden establecerse entre cierta quimera científica y la realidad. En el segundo, El Mosén, asistimos al curioso comportamientoimages (66) de una persona sensible y delicada, que se sueña en un papel muy diferente del que le ha tocado vivir.

Aparecerán, divididos en cuatro entradas cada uno de ellos, a razón de dos entradas por semana, lo que da para dos quincenas…

¡Feliz agosto! 

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La memoria

pensadorUn escritor es alguien perfectamente ignorante que divaga sobre todo lo que desconoce. En mí tenéis un ejemplo. Si se repasa la lista de entradas de este blog se verá que casi todos los temas sobre los que he disertado requieren un conocimiento básico, en mi caso inexistente. El único que no requiere conocimiento alguno es el de la literatura. Ahí el campo es libre. Hasta el extremo de que, si alguien osa reprocharte tu desconocimiento de los grandes escritores de todos los tiempos siempre puedes alegar en tu descargo que “esos” precisamente no forman parte de tu canon personal.

Pero, ¿se puede hablar de la muerte o del tiempo sin ser un experto en física o en filosofía? ¿O de la injusticia o de la bondad o de la modestia sin poseer algún conocimiento de… psicología, por ejemplo? Me temo que no. Pues bien, como buen escritor que soy, yo me atrevo a todo y ahora mismo voy a disertar un poco sobre la memoria.

La memoria ha sido el gran hallazgo de bastantes escritores de la penúltima generación. Iluminados por ciertas corrientes de la psicología moderna, supongo, han tenido la revelación de que la memoria no es un ente compacto; que se puede modelar y manipular, consciente o inconscientemente, en todos los casos. Y así, han surgido memorias vilam(recuerdos) deliberadamente falsas, o se han elaborado ficciones con retazos de recuerdos auténticos, o se ha mezclado memoria e imaginación para componer novelas (llamémoslas así todavía) de las que solo el escritor tiene la clave, mientras que el pobre lector está condenado a transitarlas sin que le sea dado acceder a los ocultos mecanismos del gran artefacto que se guarda  en la cabeza del autor.

Todo eso está muy bien y, como mínimo, nos da una idea de hasta donde puede llegar la sofistificación creadora. Lo malo (por llamarlo así) es que, ofreciéndose como un osado artificio literario, nos distrae de ver la terrible verdad. La verdad de que la memoria no existe.

Bueno, sí existe, pero de manera muy distinta a como suele considerarla el sentido común. El contenido de la memoria lo componemos nosotros en cada momento del presente. De manera que esta operación no es un simple (o complicado) artificio literario, sino que es el modo en que nuestra mente nos permite avanzar por la vida. Es difícil de explicar. Así que cedo la palabra al Doctor Kusev, personaje de un relato de una obra no publicada (como varias de las mías) que lleva por título Fantasías a la manera de Hoffmann :

– ¿Quiere decir que no podemos retener en la memoria algo que realmente sucedió? No le entiendo, doctor Kusev.

hoffmann– A ver si me explico. La mente humana no es una cámara fotográfica que hace clic y guarda en la memoria un suceso determinado. No, lo que la mente guarda de ese suceso es una determinada impresión, autoelaborada en la forma que conviene al interés vital del individuo. La memoria no es un almacén de escenas o acontecimientos, es un mecanismo que tritura y prepara las experiencias vividas para que el sujeto pueda digerirlas y seguir adelante.

Y algo más tenía para añadir acerca de la memoria, pero ya no me acuerdo.

 

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