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Dante o la alta fantasía I

dante 1Es tan grande la fuerza del arte verdadero que no hay barrera, muro o medio hostil que no pueda traspasar. Solo eso explica que una obra, una larga historia originariamente en verso y en un idioma en formación, por fuerza mal traducida, que cuenta hechos históricos oscuros de personajes en su mayoría desconocidos, con una prosa de difícil comprensión, llegue a cautivar a un adolescente de quince años, de manera que éste no pueda dejar el libro hasta leer la frase final : “el amor que mueve el sol y las demás estrellas”.

El libro estaba en la modesta librería familiar – sería exagerado llamarla biblioteca – junto a los de autores tan heterogéneos como O. S. Marden, Henry Ford, Palacio Valdés, Jacinto Benavente, Conan Doyle… Era de tapas duras, formato casi cuadrado, superficie algo granulada, de color anaranjado; de letras bastante claras con alguna ilustración al final de cada Canto. Eso es todo lo que puedo recordar – con algún error, supongo – sobre la forma. Porque el libro ni lo poseo ni sé qué fue de él. Con el tiempo, he leído otras versiones – también el italiano original – y cantidad de artículos y comentarios sobre el autor y la obra. Pero en aquella primera lectura alentaba todo lo que después supe.dante florencia

Supe enseguida que el autor, a los nueve años, se había enamorado de una niña de la misma edad, experiencia similar a la que yo había sufrido, si bien las respectivas historias siguieron caminos muy diferentes. El autor, Dante Alighieri, no solo conservó aquel amor a lo largo de toda la vida, sino que elevó a aquella mujer – muerta a los veinticinco años – a las alturas del cielo de la teología. Y de la poesía, donde permanecerá eternamente.

La Divina Comedia narra en primera persona el viaje que el mismo Dante realiza por el mundo de ultratumba de la teología católica. A través del Infierno y del Purgatorio le acompaña Virgilio, admirado poeta de la antigüedad; a la entrada del Cielo le aguarda Beatriz, la mujer que amó, que le acompañará e ilustrará en su ascensión por el Paraíso. No se trata ahora de describir la topografía y otras características de cada uno de esos mundos. Solo quiero destacar algunos rasgos de la obra, como claras muestras de la fantasía, la profundidad y el ingenio poético del autor.

A los condenados en el Infierno apenas se les ve sufrir por la acción de los demonios. Sufren porque, violando el orden moral, se han convertido en aquello que deseaban. El filósofo George Santayana comenta este aspecto de un modo tan agudo que no me resisto a reproducir sus palabras:

dante paoloEl castigo, parece entonces decir (Dante), no es nada que se agrega al mal: es lo que la pasión misma persigue; es el cumplimiento de algo que horroriza al alma que lo deseó.

Así, Paolo y Francesca, los amantes adúlteros, vagan abrazados, eternamente empujados por un viento constante. ¿No es esto lo que deseaban?, cabe preguntarse. Sí, y en su cumplimiento eterno consiste el castigo. Porque

el amor ilícito – sigue Santayana – está condenado a la mera posesión, posesión en la oscuridad. Sin un ambiente. Sin un futuro. […] Entrégate, nos diría Dante, entrégate completamente a un amor que no sea más que amor, y estarás ya en el Infierno. Solo un poeta inspirado podría ser tan penetrante moralista. Solo un profundo moralista podría ser tan trágico poeta.

Borges, por su parte, se fija en un aspecto, en un momento, que tiene más que ver con el misterio de la creación literaria que con cualquier dilema moral o filosófico. Cuando en el Canto XXX del Purgatorio, a las puertas del Paraíso, Dante ve aparecer a Beatriz junto a una extraña procesión de figuras alegóricas, una profunda emoción le embarga. Por una parte, llora porque se ha de separar de su amado guía Virgilio; por otra, ve ante sí al antiguo y constante amor que le ha de mostrar el Paraíso. Pero Beatriz, severa, le advierte que no ha de llorar porque Virgilio se vaya, porque habrá de hacerlo por otra herida

(Dante, perché Virgilio se ne vada,

non pianger anco, non pianger ancora,

ché pianger ti conven per altra spada).

Y a continuación la mujer

con ironía le pregunta cómo ha condescendido a pisar un sitio donde el hombre es feliz. El aire se ha poblado de ángeles: Beatriz les enumera, implacable, los extravíos de Dante. Dice que en vano ella lo buscaba en los sueños pues él tan bajo cayó que no hubo otra manera de salvación que mostrarle los réprobos. Dante baja los ojos, abochornado, y balbucea y llora…” (Borges: Nueve ensayos dantescos).dante beatriz

Borges opina que nada hacía presagiar en la obra que el anhelado encuentro se hubiese de desarrollar de tal manera, sufriendo Dante la mayor humillación de su vida. Y es que, al encontrarnos con el pasaje citado, tenemos la impresión de que el autor-personaje ha tenido que aceptar algo no previamente imaginado. Y así es. Porque ese algo, esa terrible escena estaba ahí, esperándole, con independencia de la voluntad consciente del propio “creador”.

Dante Alighieri nació en Florencia en 1265. La familia pertenecía a la pequeña nobleza, políticamente próxima a los güelfos, enfrentados a los gibelinos. Se cree que estudió con los franciscanos y los dominicos y que, hacia los veintidós años, frecuentó la universidad de Bolonia, aunque no consta que realizase estudios regulares. Muy joven, destaca como poeta, pero no es hasta la publicación de la Vita dante firenzeNuova, colección de poemas escritos hasta sus veinticinco años, que, con la aprobación del ya famoso Guido Cavalcanti, se considera digno de pertenecer a los Fedeli d’Amore, grupo de poetas cultivadores del dolce stil nuovo, corriente poética que se caracterizaba, entre otras cosas, por cantar a la mujer no como a la señora distante de los provenzales sino como al ser angélico que preside y alienta el mundo espiritual del propio poeta. En la Vita Nuova, obra en que se alternan la prosa y el verso, Dante relata su amor por Beatriz y, al llorar la muerte de la joven, concluye con la promesa de crear una gran obra con la sola intención de ensalzarla. Él quizá aún no lo sabía, pero nosotros sabemos que esa obra se conocería con el nombre de la Divina Comedia y que su redacción le ocuparía los últimos quince años de su vida. (continúa)

(De Los libros de mi vida)

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Gombrowicz. Borges y Menard. La crítica. Leer y amar. (A.E.P.5)

gombrowiczEGO.- Gran personaje Gombrowicz, gran hombre, gran escritor y, sobre todo, insobornable adolescente. Su novela Ferdydurke, publicada en 1937, es como una ráfaga de aire fresco que, de repente, se lleva los sombreros de los señores, levanta las faldas de las señoras y desbarata todo lo que la madurez y la seriedad tenían tan bien dispuesto. Es la gran novela de la inmadurez, de lo informe, enfrentado a la madurez, a la Forma.

ALTER.- Una especie de novela de formación al revés, quieres decir.

EGO.- Más o menos. Figúrate, un hombre de treinta y tantos años, anclado conscientemente en la inmadurez, de pronto es secuestrado por un profesor de secundaria, que se lo lleva a un instituto, donde ha de convivir con colegiales quinceañeros, inmerso de nuevo en el mundogombrowicz.jpg ferdy de la adolescencia. Este es el principio de una historia delirante y, desde luego, auténticamente transgresora, sobre todo situada en su época. Es el grito de rebeldía de lo inmaduro, de lo adolescente, frente a la hipocresía de lo formado, de lo establecido; es la absurda calidez de la vida frente a la fría rigidez de la muerte.

ALTER.- Un terrorista de la literatura

EGO.- Sí, pero no creasBasta con leer sus Diarios para darse cuenta de que su iconoclastia no va dirigida contra lo que podríamos llamar el arte perenne, sino más bien contra las modas y estereotipos que en cada momento imponen los grandes sacerdotes de la Forma. Piensa que, entre sus grandes admirados, se cuenta Thomas Mann, heredero directo de Goethe y gombrowicz bachSchopenhauer. Creo, por ejemplo, que en la defensa que hace de Bethoveen frente a Bach, más que sus propios gustos musicales, lo que le impulsa es la voluntad de oposición a los grandes sacerdotes que, ya entonces, habían dictaminado que la música de Bethoveen era sólo pasto sentimental para burgueses, mientras que el arte exquisito residía en Bach.

ALTER.- Un hombre realmente libre.

EGO.- Un creador tan libre que no se le pudo encasillar en ninguna tendencia. Él mismo, para facilitar la labor a los críticos, vino a decir que, por eliminación, se le podría considerar existencialista.

ALTER.- ¿Y de dónde era?

EGO.- De donde quiso. Nació en Polonia, donde publicó sus primeras obras. La guerra mundial le sorprendió en Argentina, y ahí se quedó y permaneció durante veinticuatro años, primero malviviendo y luego trabajando en el Banco Polaco y relacionándose, muy poco, con la gente de letras de Buenos Aires; conoció a Sabato, a Ocampo y a otros escritores más o menos consagrados. La traducción de Ferdydurke al castellano fue algo increíble.

ALTER.- ¿Quién la hizo?

EGO.- No, lo de increíble lo digo porque es el único caso, que yo sepa, de traducción asamblearia de una novela. Un grupo de escritores, reunidos en un café de Buenos Aires, entre las voces de los clientes y los golpes de taco de los billares, llevó a cabo la traducción definitiva sobre la versión en mal español aportada por el propio autor, quien naturalmente también participaba en los debates.

ALTER.-Y el resultadogombrowicz traductores

EGO.- Excelente, te la recomiendo. Más tarde, en el 63 se fue a Europa y, ya reconocido internacionalmente, se estableció en Francia, donde murió seis años después.

ALTER.- O sea, que fue colega de los escritores del boom latinoamericano.

EGO.- No fue colega de nadie, pero más bien trató a los de la generación anterior, como Sabato, al que le unió una buena amistad.

ALTER.- Y Borges

EGO.- A Borges no lo tragaba mucho. Le reprochaba que practicase la literatura sobre la literatura.

ALTER.- ¿Y te parece justo el reproche?

EGO.- Como expresión del sentir de Gombrowicz me parece de lo más justo; como defecto objetivo de Borges, discrepo. En todo caso eso no es un defecto, sino una característica.

ALTER.- Quieres decir que cualquiera tiene el derecho de hacer literatura sobre la literatura.

EGO.- Por supuesto. Y lo de Borges me parece admirable: crear un mundo hiperliterariogombrowicz borges sabato donde conviven autores reales con autores ficticios.

ALTER.- ¿Como por ejemplo?

EGO.- Pierre Menard, autor del Quijote.

ALTER.- ¿Autor del Quijote?

EGO.- Sí, en su relato Borges nos cuenta el caso del escritor Pierre Menard, autor, entre otras obras, de varios capítulos del Quijote de Cervantes.

ALTER.- ¿Una nueva versión de la historia?

EGO.- No. He dicho del Quijote de Cervantes. Y es que el empeño de Menard consistía en eso: escribir en 1918 el mismo libro que Cervantes había escrito a principios del siglo XVII.

ALTER.- ¿Modernizando el idioma?

EGO.- No. He dicho el mismo libro, palabra por palabra, punto por punto.

ALTER.- Pero eso es absurdo. Basta con copiar.

EGO.- Te equivocas. En la visión de Borges el reto era inmenso, y el resultado sorprendente. Y es que el Quijote escrito por Menard resultaba mucho más rico en significados, y también mucho más ambiguo, es decir, más moderno que el escrito por Cervantes.

ALTER.- ¿Pero no quedamos en que era idéntico, palabra por palabra?

EGO.- Sí, y ahí está el meollo de la cuestión. Un ejemplo. En la obra de Cervantes, en un discurso memorable, don Quijote defiende la supremacía de las armas sobre las letras. Esto, escrito hacia el 1600, es casi un lugar común, una banalidad. En la obra de Menard, en un discurso memorable, don Quijote defiende la supremacía de las armas sobre las letras. Esto, gombrowicz discursoescrito a principios del siglo XX, mediando en el tiempo cosas tales como la declaración de derechos del hombre o el internacionalismo socialista, es cuando menos una audacia, quizá explicable por la influencia que sobre Menard ejercieran autores como Carlyle o Nietzsche.

ALTER.- Creo que ya entiendoImagino que se trata de una parábola con la que Borges nos quiere decir algo. Pero ahí me quedo.

EGO.- En mi opinión, lo que el relato señala en primer término es la imposibilidad de leer una novela de una época pasada con los ojos de aquella misma época. Para escribir el Quijote de Cervantes, Menard tenía que realizar la hazaña de borrar de su mente trescientos años de historia. De igual manera, para leer el mismo Quijote que Cervantes escribió, el lector de hoy tendría que borrar de su mente cuatrocientos años de historia.

ALTER.- O sea, que el Quijote que hoy podemos leer es nuevo y distinto del que escribió Cervantes.

EGO.- Exacto, del mismo modo que el Quijote que escribió Menard era nuevo y distinto del que escribiera Cervantesaunque ambos coincidiesen frase por frase, palabra por palabra, punto por punto.

ALTER.- Muy ingenioso. Y supongo que a la parábola se le pueden sacar muchos más significados.

EGO.- Ni te lo imaginas. Hay toda una literatura sobre esa muestra de literatura sobre la literatura. Legiones de estudiantes y profesores caen a diario sobre ella y, después de descuartizarla, le extraen cosas tales como que “la literatura es un conjunto de formas que esperan un sentido”, o nos hablan de la urgente necesidad de que nos traslademos “de la estética de la producción a la estética de la recepción”.

ALTER.- Lo siento, empiezo a perderme.

EGO.- Eso es lo bueno de Borges, y de cualquier escritor reconocido: que sus ficciones generan multitud de otras ficciones, en general bajo la forma de tesis doctorales. Creo que fue el mismo Borges quien dijo que la filosofía es un género de la literatura. Algo parecido se podría decir de la crítica literaria: que pertenece al género de la literatura fantástica.

ALTER.- Con la crítica hemos topado.

EGO.- ¿Alguna intención especial en esas palabras?

ALTER.- No, solo queimagino que, como todo artista, tendrás algo que decir de la crítica, ygombrowicz pintor no cosas agradables, precisamente.

EGO.- ¿Como todo artista? Parece que olvidas que hay una clase de artistas que están encantados con la crítica, porque de hecho se lo deben todo a ella. Un pintor informalista, por ejemplo, si existe, es porque la crítica de arte lo ha creado.

ALTER.- Bien, pues, si te parece, lo dejamos en “como todo escritor”.

EGO.- Sigues siendo inexacto. Yo soy escritor y no tengo nada contra la crítica literaria. Al contrario, en lo poco que se ha ocupado de mí me ha tratado muy bien, tan bien como los lectores, y mejor, desde luego, que los editores.

ALTER.- ¿Hablamos de los editores?

EGO.- No, hablamos de la crítica.

ALTER.- De acuerdo. Me gustaría conocer tu opinión sobre esto. Con frecuencia se ha dicho que un buen crítico no puede ser un gran creador, y a la inversa; que una y otra actividad responden a cualidades de signo opuesto, que no suelen darse en la misma persona. Por un lado, la capacidad de análisis, propia del crítico; por otro, la capacidad de síntesis, propia del creador. ¿Tú que opinas?

EGO.- Algo de cierto debe de haber en ello. Milan Kundera, en su ensayo El arte de la novela,gombrowicz kundera donde despliega unas habilidades interpretativas y críticas admirables, defiende la teoría de que las cualidades del crítico no son compatibles con las del creador. Y en sus novelas nos lo demuestra.

ALTER.- Me parece una observación bastante venenosa.

EGO.- Lo siento, no era mi intención. Lo que ocurre es que, cuando la gente va dejando tantas pistas, a veces no puedes evitar saltar sobre una de ellas y, como un niño juguetón, exclamar ¡te he cazado!

ALTER.- Ya veoImagino que el mundo de las letras debe ser cruel y perverso

EGO.- No más que otros. Y en cambio, para mí, proporciona muchas más satisfacciones que cualquiera de los otros mundos. Es claro que no me refiero al aspecto profesional o corporativo, sino al estrictamente artístico.

ALTER.- Pues yo, personalmente, lo veo como algo problemático, como un territorio extraño, difícil, lleno de trampas, engaños y espejismos. ¿Cómo moverme con seguridad en él? ¿Cómo saber dónde está lo bueno y dónde lo malo? ¿Cómo aprender a separar el grano de la paja? En definitiva, ¿cómo estar a la altura del arte? A veces, ocurre que me recomiendan un autor, unánimamente reconocido como genial, y yono puedo entrar en él, o me aburre o no le entiendo.

EGO.- En esos casos, déjalo, sin pensártelo dos veces. Para los no profesionales, entre los que me incluyo, la literatura es uno de los pocos reductos de la libertad. Nadie puede imponerte nada.

ALTER.- Ya sé, pero es que a veces me gustaría participar del goce que el lector Fulano encuentra en el autor Mengano. Pero no puedo.

EGO.- Porque no le amas.

ALTER.- ¿Cómo dices?

EGO.- Pero no te preocupes: podrás amar a otro.

ALTER.- No te entiendo.

EGO.- Es que con los escritores, vivos o muertos, ocurre como con las personas que nos rodean. Para comprender cabalmente a un escritor hay que llegar a amarlo. Pero si no puedes, no te preocupes. Es que no estás hecho para él. Ya encontrarás a otro.

ALTER.- Pero amarlo ¿cómo?

EGO.- Como a ti mismo. Es decir, creyéndote él mismo. Amándolos así, he llegado a comprender perfectamente, y no es inmodestia, a Catulo, a Cicerón, a Dante, a Goethe, a el silencio de gSchopenhauer, a Larra, a Kafka No hay otra manera.

ALTER.- Así, que también en esto importa el amor.

EGO.- Es lo único que importa, ¿recuerdas?

ALTER.- Sí, “the only meaning“.

(De Ego, Alter y el plan)

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Borges o la invención del laberinto II

 

tigreEl jardín es un laberinto, y laberinto es una de las palabras sagradas de Borges. Como lo son tigre, espejo, biblioteca, espada, coraje… Cada una con su carga simbólica. Porque, como es propio de todo escritor consistente, la obra de Borges tiene un perfil definido, es un mundo hecho de felices correspondencias. Y sin embargo, no creo que se deba buscar en ella una filosofía en el sentido estricto de la palabra. Los que lo intentan se dejan engañar por la falsa apariencia que él mismo rechaza con estas palabras: Pero yo no tengo ninguna teoría del mundo. En general, como yo he usado los diversos sistemas metafísicos y teológicos para fines literarios, los lectores han creído que yo profesaba esos sistemas, cuando realmente lo único que he hecho es aprovecharlos para esos fines, nada más.

Y está bien que así sea, porque lo propio del artista no es creer, sino crear.

Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires, Argentina, en 1899, en el seno de una familia distinguida, por la historia y por la cultura. El padre, escritor también y profesor de inglés; el abuelo paterno, militar de muerte heroica; la abuela materna, inglesa que siempre habló su lengua con el hijo y los nietos; la madre, Leonor, delicada, entera y convencida siempre del talento del hijo, a quien acompañó y ayudó toda la vida.

Georgie, que así se le llamaba en familia, fue un niño afortunado teniendo en cuenta cuales iban a ser sus intereses. Aprendió a hablar en español e inglés al mismo tiempo. Y afirmaba que noborges joven recordaba una época en que no supiera leer y escribir. En los dos idiomas, por supuesto.

A los quince años viaja con los padres y la hermana Norah a Europa, donde el estallido de la Gran Guerra obliga a la familia a permanecer en Suiza. En Ginebra cursa estudios secundarios y aprende francés y – por su propia cuenta – alemán. En 1919 la familia se traslada a España. En Madrid, Borges entra en contacto con los ambientes literarios, en especial con el movimiento ultraísta, cuyo principal promotor, Guillermo de Torre, se convertiría en su cuñado.

borges ocampoA su regreso a Buenos Aires, en 1921, se dedica de pleno a la actividad literaria, propaga el ultraísmo, colabora en varias revistas literarias y, en 1923, publica su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires. Poco después, conoce a las hermanas Ocampo, escritoras y animadoras de la vida cultural bonaerense, y a Adolfo Bioy Casares, con quien mantendría una larga amistad y una estrecha colaboración literaria. En 1938 muere el padre, y Borges tiene que emplearse en una biblioteca pública.

Durante la década de los 40 produce quizá lo mejor de su obra, incluyendo Ficciones y El Aleph, traduce (Kafka, Virgina Woolf) y participa activamente en la revista Sur, de proyección internacional. Pero, a mitades de la década, su oposición al peronismo le acarrea la destitución de susur revista empleo y otras represalias, que se extienden a la familia.

(Entre paréntesis, ante el tratamiento que en 1976 daría Borges a la Junta Militar – “un gobierno de caballeros” – cabe preguntarse si en su actitud antiperonista influyó más el sentimiento liberal y antidictatorial o el rechazo visceral ante un movimiento popular y plebeyo).

En 1955, tras la restauración de la democracia, es nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñaría hasta 1974 (cuando fue destituido por los nuevos peronistas), no obstante la ya irreversible ceguera. Su obra empieza a ser traducida y conocida en todo el mundo, proceso al que da el espaldarazo definitivo la obtención, junto con Beckett, del Premio Internacional de Editores en 1961. A partir de ahí le llueven invitaciones y distinciones, entre ellas el Premio Cervantes en 1980.

En 1967 se casa con una antigua amiga, pero el matrimonio dura solo tres años. Ya en su ancianidad se casa con María Kodama. Muere en Ginebra en 1986.

Algunos estudiosos han destacado que en toda la obra de Borges no hay sexo, excepto en una líneas de Emma Kunz, ni amor, ni ternura, ni tiene la mujer una presencia más que ocasional y decorativa. Pero en más de una entrevista él ha manifestado que en realidad no es la persona fría que puede deducirse de su obra, sino un hombre muy sentimental y vulnerable. ¿Entonces?

En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida?

Reflexioné un momento y repuse:

– La palabra ajedrez.

Podemos entonces suponer que sí, que Borges era cálido y sentimental, pero solo en el fondo, es decir, en el centro de ese laberinto de palabras y ficciones que construyó como refugio frente al mundo.                                                                                                                                     laberinto

 (De Los libros de mi vida)

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Borges o la invención del laberinto I

borges

El universo (que otros llaman la literatura) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de obras y autores. Algunos nos acompañan unos momentos; otros son fieles amigos durante toda la vida. Alguien lleva mucho tiempo con nosotros, pero desconocemos el momento en que apareció.

No sabría decir donde o cuando oí o leí por primera vez el apellido del escritor Borges, o tuve ante mis ojos por vez primera un texto suyo. Hubo una época, unos años en torno a los treinta de edad, que dejé en suspenso – ignoro por qué – la buena costumbre de fechar los libros que compro.

De todos los que conservo de Borges el primero que lleva fecha (22-VII-76) es Otras inquisiciones (Alianza-EMECE). Siguen siete libros datados, el último el 10 de julio de 1986 (extraña simetría). De los tres que conservo sin fecha y, por tanto, necesariamente anteriores, deduzco que el másotras inquisiciones antiguo es una colección de relatos con el título de uno de ellos (El Aleph), editado en España en 1969. No es insensato aventurar que conocí a Borges, como lector, en una fecha imprecisa situada entre 1961 (cuando, con la obtención del Premio Internacional de Editores, alcanzó fama mundial) y 1970. Advierto sin asombro que estoy siendo poseído por la prosa borgiana. Intento corregirlo.

Lo que quería decir es que Borges se introdujo en mi vida de lector de una manera imperceptible. Y luego, ha sido como si siempre hubiese estado ahí.

Borges ha sido uno de los escritores más destacados del siglo XX. Si no obtuvo el Premio Nobel fue por confesadas razones políticas. En realidad, en esos premios, tanto en los otorgados como en los denegados, han jugado razones políticas. O sea que, en esto, Borges no ha sido una clamorosa excepción. Lo que sí resulta excepcional es que un escritor como él, de ficción (entre otras cosas) y de una imaginación más que notable, no haya dejado ni una novela escrita. Sus ficciones son pequeños relatos en los que sobre todo destaca el título, la geometría de la trama y, en muchas ocasiones, el golpe final. Uno tiene la impresión de que su omisión de la novela se debe a cierta pereza que le impide complicarse la vida con largos desarrollos. O a cierto sentido de la economía artística. Si en dos páginas se dice lo que interesa y se consigue el efecto deseado, ¿para qué doscientas?

Borges o la brevedad, un aspecto sobre el que quizá no se ha estudiado lo suficiente. Hay otro aspecto que solo es relevante para el que escribe esto: de los autores de mi vida tratados hasta ahora suicidio rom– doce, con este – Borges es el primero que se aparta de la corriente romántica. Y es que, por extraño que parezca, finalizado el siglo XX, la cultura occidental aún no ha conseguido despegarse del magma romántico. La literatura, el cine, el teatro, la música popular, diría que el noventa por ciento de la producción artística se mueve todavía en la esfera del romanticismo, donde se rinde pleitesía a lo inconsciente, lo irracional, la exaltación, la inspiración, la genialidad, la sinceridad (raro concepto aplicado al arte), l’amour fou, la noche y la muerte. Cierto que entre los doce aludidos están Séneca y Goethe, pero no es menos cierto que el romano puede considerarse como el más romántico de los clásicos y que el alemán fue las dos cosas sucesivamente, o al mismo tiempo.

Con Borges por primera vez se presenta ante mí el escritor frío, cerebral, mesurado, artesano del lenguaje por encima de todo, manipulador de símbolos, riguroso administrador de palabras, aunque a veces se exceda en la insistencia de algunos adverbios y adjetivos.

Además de relatos de ficción, escribió una especie de ensayos, a veces también de ficción, sobre autores inexistentes, por ejemplo, con lo que las fronteras entre los géneros se desdibujan. Y aún más si tenemos en cuenta su poesía, que también escribió, de tonos épicos y lenguaje entre llano y pedante.

Pero no hay duda de que lo más relevante de su producción literaria son los relatos. Solo mencionaré – porque recuerdo que esto no es un estudio literario, sino una recopilación de impresiones personales – algunos que se destacan en mi memoria. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, enaleph que relata el proceso de conversión de un mundo imaginario en una provincia de la geografía real; Pierre Menard, autor del Quijote, ensayo-ficción sobre la imposibilidad de leer una obra con los mismos ojos del autor y de la época en que se escribió; La lotería de Babilonia, donde se describe la institucionalización del azar que domina nuestras vidas; La Biblioteca de Babel, donde imagina el universo como una biblioteca infinita en la que se contiene absolutamente todo, incluidos los catálogos de lo falso y lo inexistente; Emma Zunz, impresionante historia de una venganza en la que tanto juegan la astucia como el autosacrificio; El Aleph, que narra el descubrimiento de un punto material en el que se puede ver “sin superposición y sin transparencia” todas y cada una de las cosas existentes en el universo; El jardín de los senderos que se bifurcan, relato de la acción final de un espía, que consigue enviar la información mediante la sola comisión de un acto criminal. (continúa)

(De Los libros de mi vida)

 

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Los libros de mi vida, segundo paréntesis

de amicisSí, el segundo. Porque el primero, aunque no se decía expresamente, era el que introduje a propósito de la decisión de incluir a Marx en la lista.

Ocurre que en esto del escribir, como en todo en la vida, uno hace su plan y luego, al aplicarlo, se encuentra con una serie de incidencias impensadas que le obligan a variarlo en plena ejecución y hasta a justificar el porqué de las variaciones.

En el primer paréntesis, se trataba de la modificación de la lista de escritores establecida para añadir uno que sin duda debía estar y que yo no había tenido en cuenta. En este segundo, la cosa es más difícil de explicar. Procuraré hacerlo.

En mi declaración de intenciones anuncié que esta especie de ensayo consistiría en “comentarios de los libros y autores que más me han influido, junto con alguna pincelada del momento, personal y social, en que los leí”. Propósito que he cumplido rigurosamente hasta ahora. Pero, de pronto, al encararme con el autor siguiente, me papiniencuentro con que la cosa no va exactamente por ahí.

En efecto, puedo decir que De Amicis o Papini o Goethe han influido decisivamente en mi evolución intelectual y personal. Pero no creo que pueda de decir que, de la misma o parecida manera, me han influido Borges o Musil o Thomas Mann. Entonces ¿por qué los he incluido? ¿Será porque los considero entre los mejores escritores de la historia? Quizá. Pero, si es así, ¿cómo se explica la ausencia de Cervantes o Shakespeare, entre otros varios? No sé… Pero me parece que me estoy imponiendo demasiadas obligaciones, y no hay para tanto.

musilSolo quería anunciar a la selecta sociedad de mis lectores este mi reciente descubrimiento: que, en adelante, la mayoría de los escritores que han de pasar por aquí no lo harán porque hayan influido en mí decisivamente, ni porque los considere cúspides de la literatura universal (o quizá sí, para mí), sino porque hicieron impacto en mi corazón de lector (y, en algunos casos, en el de escritor) y nunca los podré olvidar.

Por ejemplo, Dostoyevski.

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Los libros en mi vida

libro consHace tiempo – no más de un año, por supuesto – que intento liberarme de la adicción bloguera. No lo consigo. Hace tiempo que creo que debería escribir algo serio, largo y bien estructurado. No lo consigo. Todo se me va en pequeños apuntes más o menos ingeniosos, que lanzo ipso facto al espacio  internet.

He decidido poner fin a esta situación, olvidarme un poco de este sistema de comunicación instantánea y ponerme a construir un libro. Una obra.

Para ello, he retomado una vieja idea: escribir una especie de ensayo en el que vayan de la mano los comentarios de los libros y autores que más me han influido, junto con alguna pincelada del momento, personal y social, en que los leí.miller books

Un título se me impuso enseguida: Los libros en mi vida.  Lamentablemente ya lo había utilizado Henry Miller en su interesante The books in my life. No es que yo crea que los títulos – y aún menos los tan obvios y funcionales como éste – puedan ser objeto de apropiación exclusiva, pero preferiría algo más propio, más original. Al final di con uno: Mis escritores vivos. La verdad es que no me convence, pero mientras no se me ocurra nada mejor, ahí está.

La obra no la imagino – porque de momento todo es imaginación – como un sesudo ensayo literario, ni como un pretexto para colocar recuerdos (memorias) de un tipo anecdóticamente tan poco interesante como yo. Más bien la imagino como un distendido ejercicio de nostalgia y de homenaje a aquellas personas que me acompañaron en mi caminar ideal por el mundo. En cuanto al tono, solo pretendo conservar, depurar y en definitiva mejorar, el que utilicé en mi última obra publicada, rebajando un poco lo desenfadado y “gracioso” del texto en cuestión. Los que hayan leído Del suicidio considerado como una de las bellas artes sabrán a qué me refiero.

suicidio bellasY ahora debo ponerme manos a la obra y olvidarme durante una larga temporada de mi blog y de mis lectores blogueros. Sé que esto último no lo conseguiré. Y aun temo que no se convierta este blog en una ventanita por donde se escapen algunos fragmentos de lo que vaya escribiendo. Veremos.

Y como despedida, una cita que le va a mi propósito como anillo al dedo:

Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído”                                                                                                                                                                                                                               J.L. Borges

(Modificado en Los libros de mi vida (corregido) )

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La gimnasia con la magnesia

borgesPara mí la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor. ¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política? La verdad es que no entienden, y se dejan embaucar por una secta de sinvergüenzas…

Este párrafo tan directo y rotundo tiene por autor a uno de los escritores en lengua española más oblicuos y refinados. Borges, como muchos saben. Se nota que quería dejar bien claro lo que pensaba sobre el tema, que el asunto no quedase enredado en las brumas de la literatura. Y esto es algo que muchos le han agradecido – antidemócratas y demócratas dubitativos -,  que ven ahí la confirmación de sus convicciones o la respuesta a sus dudas. Pero ocurre que un escritor, por el hecho de ser escritor, no es un profeta, ni un oráculo, ni siquiera un experto en cada uno de los temas que aborda. Entonces, es lícito preguntarse ¿tiene razón? Y no digo ya si su proposición es verdadera, es decir, si se corresponde con la realidad, cosa siempre opinable, sino si el razonamiento es correcto. Pues bien, yo creo que no, que no lo es.

votarEs verdad que la ciencia no puede ser sometida a la decisión de la mayoría – aunque al principio lo es, de la mayoría de sus cultivadores -, ni la filosofía, ni el arte, ni ninguna actividad que requiera formación, sensibilidad y un esfuerzo constante por ensanchar los límites del ser humano. Cada una de ellas tiene sus propios instrumentos de valoración: comprobación empírica en el caso de la ciencia, efecto estético en el del arte y… no sé bien qué en el de la filosofía.

Pero que ni la ciencia, ni la filosofía ni el arte puedan ser sometidas a la decisión de la mayoría no significa que tampoco pueda serlo la política. Porque resulta que la política no es ciencia, ni filosofía, ni arte (en sentido estricto). Y al meterlo todo en el mismo saco, nuestro admirado escritor hace trampa. O quizá, inocentemente, confunde la gimnasia con la magnesia. La política es el arte (en sentido amplio) de gestionar los intereses de todos, tratando de armonizarlos en susjunta militar aspectos contradictorios.

Otra trampa consiste en descalificar el voto democrático alegando que “la mayoría de la gente no entiende de política”. Por supuesto, y me gustaría saber en qué consiste entender de política. Pero toda la gente entiende de sus intereses, y sabe o puede saber el modo de encontrar a las personas que mejor los defiendan. Y de eso trata la política. Es decir, de una cosa tan simple – aunque a veces no lo parezca – como gestionar una comunidad de vecinos.

Todos esos que comparten la opinión de Borges se olvidan de añadir qué es lo que habría de sustituir al sistema democrático. Porque, si se prescinde del voto, ¿qué procedimiento se habrá de seguir para designar a las personas mejor calificadas para gobernar? ¿La autodesignación de los que se creen más capacitados? ¿Una Escuela de Altos Estudios Políticos de la que irían manando nuestros gobernantes? ¿O quizá el genio infalible del pueblo, la nación o la raza? No sé. No lo veo claro.

francoO sea, que me quedo con lo que hay. Cierto que lo que hay está plagado de defectos, que muchas decisiones capitales no se toman por los cauces democráticos, que los que gobiernan no tienen el poder efectivo que dicen tener, que a veces la democracia oficial está tan desvirtuada que reclamar democracia real se convierte en un acto revolucionario. Pero esto no tiene nada que ver con lo otro. No confundamos también la gimnasia con la magnesia. O, lo que es peor, el culo con las témporas.

 

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