Un anciano reciente

Escena en un autobús urbano.

Personajes: Anciano Reciente, Mujer de Mediana Edad.

autobus2

MUJER – (levantándose de su asiento) Siéntese, por favor.

ANCIANO – No, gracias.

M. – ¿No quiere sentarse? Vamos hombre, siéntese.

A. – No, no quiero sentarme.

M. – De todas maneras, yo ya me he levantado y no me volveré a sentar.

A. – Haga lo que quiera. A lo mejor alguien lo puede aprovechar, algún anciano, inválido o idiota.

M. – Es usted un poco raro, perdone que se lo diga.

A. – Usted me ha llamado viejo.

M. – Yo no le he llamado nada. Solo le he cedido el asiento.

A. – Ah, ¿sí? ¿Y por qué no le ha cedido el asiento al joven ese de los cables que le cuelgan de las orejas? ¿O a esa chica de los pantalones destrozados? No, claro, me lo ha cedido a mí porque piensa que soy viejo. Y no solo lo piensa, sino que me lo pantalones destrozados2dice en la cara con ese gesto tan e-du-ca-do de levantarse para cederme el asiento. Estoy harto, ¿sabe qué le digo? Que estoy harto, harto de tanta amabilidad fingida, de tanta atención dulzona. No es mi caso… todavía, pero ¿se ha fijado cómo trata el personal sanitario a los ancianos? “Ven ricura; haz esto cariño; sé bueno y tómate esto… muy bien, abuelo, así se hace”…Pero ¿qué es esto? ¿Es así como se trata a un adulto? ¿O creen que con la edad nos volvemos tontos? Bueno, algunos sí, pero aunque así sea, ¡un respeto!, todo el mundo merece un respeto. Y eso, los que supuestamente van con buenas intenciones, porque para la mayoría de individuos los ancianos son simples obstáculos, gente que amarga la vida de los demás con su sola presencia. ¿Ha visto con qué desfachatez, con qué prepotencia los jóvenes y no tan jóvenes ciclistas circulan a toda velocidad por las aceras, sorteando los palos de slalom que somos los simples peatones? ¿Sabe que en poco tiempo ya han derribado tres de esos palos, vamos que se han cargado a tres ancianos? Y la lista de actitudes desaprensivas, despreciativas, ofensivas es larga, muy larga…bici acera

M. – Sí, sí, ya le entiendo. Y le doy la razón en todo eso, pero su reacción no es…

A.- ¿No es qué? ¿Usted me ha mirado, señora?

M. – Bueno, ya está bien, no sé adónde quiere ir a parar, y no sé si me interesa seguir…

A. – ¿Usted me ha mirado? Porque si me ha mirado bien, habrá visto que tengo dos piernas, y que me sostienen perfectamente, y dos brazos con dos manos en óptimas condiciones, que pueden agarrarse a la barra o a cualquier sitio si conviene. Si me hciclista por aceraa mirado bien habrá visto que me muevo sin ninguna dificultad, que avanzo sin problemas entre toda esta gente y que no necesito ayuda de nadie. Pero, claro, quizá ha observado el pequeño detalle de que tengo algunas arrugas, que soy calvo (lo soy desde los treinta años), que voy un poco encorvado (así he ido toda la vida) y se ha dicho “ahí tenemos al pobre viejo desgraciado, habrá que cederle el asiento”. Pues le comunico que de viejo desgraciado, nada, que soy más fuerte y me siento más seguro que toda esta gente del autobús…

M. – Un poco de pena sí que da.

A.- ¿Cómo ha dicho?

M. – Digo que es una pena que un hombre como usted, por lo que parece inteligente y hasta culto, no sepa asumir correctamente el paso del tiempo y todo lo que significa. Es una pena que, a la menor alusión, se revuelva histéricamente como una fiera herida; que no sepa aceptar la realidad; que no tenga la más mínima sabiduría para darse cuenta de dónde está y de cuál es su relación actual con el mundo.

A.- ¡Vaya con la sabia! No será usted psicóloga…

M.- Sí, soy psicóloga, ¿algún problema?

A.- No, nada…Solo que…entonces pienso que no solo tengo razón en todo lo que le he dicho sino que, además, ha actuado usted con la máxima crueldad, plenamente consciente del daño que me podía hacer llamándome viejo.

M. – Yo no le he llamado viejo, sólo le he cedido el asiento.

A. – Ya… Tendríamos mucho que hablar de eso.

M. – Cuando quiera. Yo ahora me apeo, pero mire, aquí tiene mi tarjeta. Me llama y tomamos un café… Hasta luego.

A. – Adiós….Encantado… Y usted per…

M. – ¡Y no olvide el bastón!baston

A. – ¡Hija de…!

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CALDERÓN DE LA BARCA. El teatro del mundo

calderónA primera vista, don Pedro Calderón de la Barca no es una persona simpática. Autor teatral que mueve a los personajes con los hilos de sus propias ideas, a diferencia de Shakespeare, quien, después de engendrarlos, los deja en completa libertad; católico integral, quiero decir, nada impregnado del humanismo erasmista de un Cervantes; propagandista del pensamiento único de la época y país, contrarreformista, miembro de una orden nobiliario-militar, soldado en ejercicio durante un tiempo, sacerdote a los cincuenta años… Nuestro autor reúne aparentemente todas las condiciones para erigirse en la figura emblemática de lo que se daría en llamar la España negra.

Y es que estamos hablando de escritores, de creadores, de artistas, y es normal que uno se pregunte: ¿puede pasar el aliento del espíritu artístico por tan estrechos vericuetos?

A.W. SchlegelA principios del siglo XIX, Goethe escribió: “si la poesía desapareciese completamente de este mundo, podría reconstruirse a través de esta pieza teatral”. La frase la cita E. Dorer en su obra Goethe und Calderón y se refiere al drama de Calderón El príncipe constante, traducido al alemán por A.W. Schlegel y estrenada en el teatro de Weimar el 30 de enero de 1811. Así que, a la pregunta antes formulada se puede responder: sí, parece que sí puede. O que no son tan estrechos esos vericuetos.

La literatura española de la época dorada debe mucho a los literatos y críticos alemanes de principios del siglo XIX. Tieck tradujo y divulgó el Quijote, novela en principio cómica que los estudiosos alemanes, como el mismo Tieck, convirtieron en obra profunda y trascendente. A.W. Schlegel tradujo varias obras de Calderón, y su hermano Friedrich contribuyó a ponerlo de moda en los escenariosF. Schlegel alemanes. Otros habían ya descubierto a Lope de Vega y a algún que otro autor del siglo de oro.

Pero fue Calderón el que mejor conectó con las tendencias onírico-poéticas-religiosas del romanticismo germánico, como se evidencia en ciertos comentarios (algunos, entusiastas) de autores como Eichendorf, Schelling, Rosenkranz, además de los ya citados.

Yo creo que, para superar los prejuicios que surgen ante la simple apariencia de su figura, ornada con las especiales características que al principio he mencionado, lo primero que se ha de tener en cuenta es que Calderón era un poeta, un gran poeta. Lo segundo, que era un gran pensador de carácter racionalista, científico-matemático, se podría decir, aunque sin traspasar pirandello(conscientemente) las barreras impuestas por el dogma, que él acepta y defiende con plena convicción. Y es esa combinación de naturaleza poética y penetración filosófica lo que, para mí, le incluye en un selectísimo grupo de autores teatrales en compañía de Shakespeare, Pirandello y pocos más, no obstante las diferencias evidentes entre ellos.

Las obras de Calderón se pueden clasificar atendiendo a las características que predominan en ellas. A lo largo de su extensa vida de escritor muestran una evolución que va desde lo popular lopevedesco hacia una profundización o idealización de tono cada vez más abstracto, si bien las etapas no son nunca cerradas, ya que por ejemplo, en los últimos años de autor de la corte y creador de solemnes dramas sacros (autos sacramentales) no desdeña la composición de algún que otro entremés o mojiganga.

casa con dos puertasA primera vista, se distinguen tres grandes grupos: las comedias de capa y espada, como Casa con dos puertas mala es de guardar, Nadie fíe su secreto, o La dama duende, en las que predomina el enredo y la geometría de las situaciones, todo ello muy bien calculado y dispuesto como un mecanismo de relojería. En cuanto a los temas hay dos omnipresentes: el amor y el honor; honor u honra entendido de acuerdo con la moral de aquella época, difícil de explicar y entender en la nuestra.

En el segundo grupo colocaría los dramas y tragedias como El alcalde de Zalamea, La vida es sueño, El mágico prodigioso o El príncipe constante, obras en que se plantea la tensión entre individuo y sociedad o entre individuo y trascendencia.

En el tercer grupo se integrarían los autos sacramentales y comedias hagiográficas, de carácter directamente religioso y didáctico, como El gran teatro del mundo, donde vemos al Autor (Dios mismo) repartiendo los papeles que habrán de interpretar en vida los mortales, obra a la que Goethe rendirá tácito homenaje en el prólogo de su Fausto.el gran teatro

Si hubiese que elegir alguna obra que condensase y resumiese el arte poético y escénico de Calderón, yo me inclinaría por dos. Dos dramas que se sitúan en la zona central de los temas típicamente calderonianos, alejados por igual de los excesos de la temática de “capa y espada” (amor, honor, celos) y de los de la grandilocuencia de la didáctica religiosa. Una es El alcalde de Zalamea.

Extremadura, agosto de 1580. El rey de España Felipe II se dirige a Portugal para tomar posesión del reino, que ha pasado a la corona española. Una compañía del ejército que le precede se detiene en Zalamea, donde, de acuerdo con los usos, los soldados se alojan en las casas del lugar. A don Pedro Crespo, rico labrador, corresponde hospedar al general de la tropa, don Lope de Figueroa, a lo que se presta gustosamente. Dos mundos extraños entre sí entran en contacto, y en conflicto. Un capitán, don Álvaro, se encapricha de Isabel, hija de don Pedro, hasta el extremo de que la rapta y la viola. Don Pedro ofrece al capitán alcalde de zalameaparte de sus bienes si se casa con ella. El capitán rechaza la oferta con desprecio: su alcurnia no le permite emparentarse con unos plebeyos. Indignado, don Crespo, que acaba de ser designado alcalde, lo encarcela. La reacción de don Lope no se hace esperar: exige la liberación del capitán bajo amenaza de incendiar la cárcel y el pueblo entero, alegando que el caso corresponde a la jurisdicción militar. La correcta relación inicial entre anfitrión y huésped se tensa al máximo en una de las escenas más célebres del teatro español. Pero don Pedro no cede. Su fuerza radica en la idea que había expuesto, como premonición, antes de que los hechos se produjesen:

Al rey la hacienda y la vida

se ha de dar; pero el honor

es patrimonio del alma

y el alma sólo es de Dios.

Don Lope va a cumplir su amenaza cuando llega el rey. Enterado del asunto, ordena a don Pedro que entregue al capitán encarcelado. Imposible: la sentencia ha sido ya ejecutada. El rey entiende que, aunque el procedimiento no ha sido el correcto, la condena es justa y “no importa errar lo menos quien acertó lo demás”; da por cerrado el caso y nombra a don Pedro Crespo alcalde perpetuo de Zalamea. (continúa)

Felipe2(De Los libros de mi vida. Lista B)

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CALDERÓN DE LA BARCA. El teatro del mundo II

la vida es sueñoLa vida es sueño es la otra de las obras aludidas. El joven Segismundo ha pasado toda su vida encerrado en una torre, sin contacto con el mundo, al cuidado solo de un criado. Se pregunta cuál es la causa de su situación y se dice que ya entiende la razón principal, pues el delito mayor / del hombre es haber nacido (reflexión de hondo calado que había de utilizar el filósofo alemán Schopenhauer), pero que ha de haber alguna más, ya que se le niega la libertad de que gozan los simples animales… Resulta que su padre, el rey y astrólogo Basilio, asustado por lo que creyó leer en las estrellas sobre la maldad de su recién nacido hijo, había determinado que éste permaneciese encerrado de por vida. Pasados los años, Basilio decide experimentar y hace que, dormido con un somnífero, Segismundo sea trasladado a la corte, donde despierta rodeado de todas las riquezas y comodidades principescas. La reacción no puede ser peor, Segismundo actúa con una violencia y crueldad reveladoras de sus peores instintos. Convencido de que los astros tenían razón, Basilio devuelve a Segismundo a la torre, por el mismo procedimiento del somnífero.

Cuando Segismundo despierta se pregunta, desconcertado, si lo que ha vivido como príncipe ha sido un sueño o si el sueño es lo que ahora vive despierto,

porque si ha sido soñadodas leben

lo que vi palpable y cierto,

lo que veo será incierto;

y no es mucho que, rendido,

pues veo estando dormido,

que sueñe estando despierto.

Una revuelta popular provoca la abdicación del rey Basilio y la liberación de Segismundo, quien es de nuevo llevado a palacio para ser coronado. Contra todo pronóstico, el nuevo rey actúa ahora con moderación y humanidad: perdona al padre, cuya mala interpretación de los astros le había conducido al cruel encierro y da satisfacción a todos. Y es que comprende que en este oscuro paréntesis llamado vida conviene actuar bien, no sea que se vuelva a despertar en un sueño peor.

Pedro Calderón de la Barca nació en Madrid en 1600 en el seno de una familia de funcionarios reales. Su padre, que murió cuando Pedro tenía quince años, era Secretario de Hacienda, puesto que pasó al tío, quien además se hizo cargo de Pedro y sus hermanos.

univ salamancaDe los ocho a los trece años estudia en el Colegio Imperial de los Jesuitas de Madrid. Al cumplir los catorce se matricula en lógica y retórica en la universidad de Alcalá, y luego en la de Salamanca, donde se licencia en derecho canónico en 1618. Dos años después se traslada a Madrid, donde inicia la carrera literaria participando en algunas justas poéticas (premios literarios, diríamos hoy), como los convocados con ocasión de las canonizaciones de san Isidro y de santa Teresa.

En 1623 consigue estrenar en el Palacio Real su primera comedia, Amor, honor y poder. Es el inicio de una brillante carrera teatral que alcanzará su apogeo en la década de 1630. De hecho, a los cuarenta años ya había escrito y representado lo principal de su obra.

Precisamente en 1640 se inicia el periodo más amargo de su vida. En el día de Corpus estalla una revuelta en Cataluña, que tiene su origen en los abusos del ejército real sobre la población campesina, y que se convierte en una larga guerra de separación en la que las autoridades de Cataluña piden amparo al rey francés (levantamientos similares aunque de menor fuerza tienen lugar en Andalucía y Aragón; en cambio, el de Portugal concluye con la separación definitiva del país, tras sesenta años de pertenencia a la corona española).corpus

Calderón participa en la guerra, en la que pierde a su querido hermano José. En 1642 abandona la carrera militar por problemas de salud. Y la década no puede terminar peor para el autor teatral: en 1644, debido a la muerte de la reina, cierran los corrales (teatros) en Madrid, cierre que se prolonga durante cuatro años.

(Entre paréntesis, en 1652 se firmó la paz con Cataluña, que retornó a la monarquía hispánica; en 1659 se firmó con Francia la Paz de los Pirineos, que supuso el reconocimiento de la derrota española, con la cesión obligada del territorio catalán situado al norte de los Pirineos)paz pirineos

En 1651 Calderón se ordena sacerdote y un año después ocupa la capellanía de los Reyes Nuevos de Toledo. En 1663 es nombrado capellán de honor del Rey. En 1677 se publica el quinto y último volumen de sus obras.

Pese al éxito de sus producciones teatrales y al favor real, que siempre supo mantener, Calderón no disfrutó nunca de una posición económica holgada, hasta el extremo que, a sus setenta y siete años, se le tuvo que conceder el privilegio de “porción de cámara”, es decir, el derecho a comer de la cocina real. Hay que reconocer que, por lo general, una gran carrera literaria, incluso si se contaba con el favor del poder, no daba para mucho.

Pero los sinsabores acabarían pronto. El 25 de mayo de 1681, el escritor, militar y sacerdote don Pedro Calderón de la Barca despertó por fin del sueño de la vida, quiero decir que se murió.

(De Los libros de mi vida. Lista B)

calderon monumento

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Toda época pasada está en ésta

Hace un tiempo dediqué en este blog unas entradas a dar una visión de la antigua sociedad romana, diferente de la que suelen ofrecer distintos medios: novela, cine, orgia romanaseries de tv, etc. Pretendía corregir, o por lo menos complementar, esa visión popular (basada sobre todo en la preeminencia del sexo y la violencia) con otra más seria y más fiel a la supuesta realidad, desvirtuada por esas interpretaciones tan propias de nuestro siglo.

Un lector agudo me hizo notar que esa mala interpretación de la antigüedad romana, se da también, con otras características, acerca de la sociedad de la Edad Media. Tuve que darle la razón.

Pero no me quedé ahí, sino que me dediqué a aplicar la lente a distintas épocas y sociedades antiguas y a la forma en que han sido vistas por sociedades posteriores. Y me encontré con una gran sorpresa, es decir, sorpresa si no hubiese recordado al momento que el fenómeno – la imposibilidad de contemplar desde el presente una goethe jovenetapa histórica de forma objetiva -, ya había sido insinuado por algunos historiadores y señalado sin ambages por algunos pensadores.

Goethe escribe: “En el interior de una época no hay ningún punto de vista desde el cual contemplar otra”.

Quizá debió precisar que no hay ningún punto de vista para contemplar objetivamente esa otra época. Porque lo que se dice “puntos de vista” los hay en abundancia, y tan variados como puedan ser los intereses o deseos del “contemplador”.

Los líderes políticos de la Revolución Francesa veían en ésta el modo de restablecer las libertades de los antiguos ciudadanos romanos, que poco o nada tenían que ver con lo juana de arcoque en realidad estaban estableciendo. Los artistas románticos de diversas disciplinas decían inspirarse en una Edad Media, en realidad reinventada por ellos mismos para usos estéticos.

Los mismos héroes nacionales se nos muestran como ejemplos del uso imaginativo de los datos históricos. Ahí está el caso de Juana de Arco, campesina, analfabeta y visionaria, elevada a las alturas de la representación del alma francesa, o el Cid Campeador, guerrero mercenario, convertido en icono de la España inmortal.

Está visto que con el pasado se puede hacer lo que se quiera, sobre todo se lequatre barres puede utilizar para fines colectivos (políticos o artísticos). Y es que el pasado no existe. Y nada más susceptible de manejar, manipular y utilizar como lo que no existe, y no pongo ejemplos para no herir sensibilidades.

La historia nos da unas fechas, unos nombres, unos hechos. Todo lo demás lo pone la facultad fabuladora del ser humano. Ahí es donde está el pasado.

Por eso digo que toda época pasada está en ésta.

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Palabras para un funeral

caronteEstáis aquí reunidos para despedir a vuestro hermano Augusto. Estas que ahora oís son sus palabras. Quiero decir, mis palabras. Sí, amigos y amigas, el milagro de la técnica me permite dirigirme a vosotros horas después de estar muerto y bien muerto. Vosotros, en cambio, estáis ahí sentados, vivos y bien vivos. Pero no por mucho tiempo, no os hagáis ilusiones. La vida es un abrir y cerrar de ojos, y a medida que se acerca el momento del cierre más evidente se muestra esta verdad.

Yo también, como vosotros ahora, he estado sentado muchas veces en esos bancos. Por lo general, aburrido – como muchos de vosotros ahora mismo – mientras el oficiante de turno iba desgranando las supuestas virtudes del difunto. Agradecedme que os haya librado de ese penoso trámite y que sea yo, el difunto en persona, digo, en voz viva, quien os dirija unas palabras.

Primero pensé que debía hacerlo en un vídeo, pero luego decidí que un simple audio era mejor, mucho mejor. La imagen animada de un difunto tienefatasma-padre algo de irreal, de fantasmagórico, algo así como la sombra del padre de Hamlet interpelando al hijo en las almenas de Elsinor.

No, el audio es mejor, más humano, más sencillo. Todos oímos voces sin saber a veces de donde vienen, y no les damos la menor importancia y, por cierto, creedme, la mía tampoco la tiene.

Algunos de vosotros os considerábais mis amigos. Yo también os tenía y os tengo por amigos, y lamento tener que decíroslo en estas circunstancias tan poco festivas. Otros estáis aquí no sé por qué, quizá la esposa, la pareja, la amistad del hijo o del hermano, algo os ha forzado a venir sin que vuestra plena voluntad haya sido la única responsable. Bien. Tened un poco de paciencia. A mi tampoco me gustan los funerales, y mucho menos éste, que me obliga a estar pendiente de lo que digo en vez de poder pasar el rato pensando en las musarañas, que aún no sé exactamente lo que son.

La vida no es una gran cosa, ya lo sabéis. Lo malo es que la muerte parece que es aún menos, o sea, nada. Sí, ya sé lo que estáis pensando ahora. “Oye, tú que estás muerto, ¿tampoco sabes de qué va eso? ¿No podrías informarnos?”

Bien. Primero de todo os he de decir, por si aún no lo habéis captado, que no estoy técnicamente muerto, aunque sí físicamente; que las palabras que oís son las de un vivo, un ser vivo tan ignorante, despistado y perplejo como vosotros mismos.

Ahora sí. Quiero decir que en este momento en que oís mis palabras estoy realmente muerto, pero no en el momento en que las pronuncié. Parece complicado pero en realidad es muy sencillo, hace un siglo que se viene haciendo.

gramofono

Lo original de este acto – o quizá ya no, corren tanto los tiempos – consiste en que el oficiante del funeral es el mismo difunto. Lo malo es que, como tal, debería ahora ensalzar las virtudes del muerto, o sea de mí mismo: amigo de sus amigos (y de sus amigas, que en este caso sí es importante precisar), noble, bondadoso, humilde, inteligente, agudo, sabio, en fin, qué os voy a contar si lo sabéis tan bien como yo. Y los que no lo sabéis no sé qué hacéis aquí. Pero lo que no voy a hacer ahora es enumerar el catálogo de mis cualidades y virtudes, pues ya he dicho que este funeral no se parece ni se ha de parecer a ningún otro.

En realidad, solo quería despedirme de vosotros. Y recomendaros paciencia. Nada de prisas. Y es que todas maneras me habréis de seguir, porque en verdad en verdad os digo que allá donde yo estoy habréis de venir vosotros. Pero no os preocupéis, ni os precipitéis. Hay sitio para todos.

Después de todo y pensándolo bien, la vida no ha estado mal, la mía, me refiero, por supuesto. Y a propósito de todos esos misterios y contradicciones que encierra y que tanto preocupan a los que piensan un poco, he encontrado la solución. Sí, he descubierto que no nos toca a nosotros descifrarlos.

Así que, paciencia, confianza y buen humor.

Confianza en que esta extraña maquinaria que es la existencia universal nos lleve finalmente a buen puerto o encuentre una manera creíble de justificar el invento. Adiós.

sepultura-cristiana

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SHAKESPEARE. El escritor ausente I

       A mi hermano Adolfo, amante de Shakespeare, del teatro y de la vida 

                                                   IN MEMORIAM

teatro-seix

Los escritores son como las personas; los hay altos, bajos, morenos, rubios, negros, amarillos, (hombres, mujeres, por supuesto, aunque ahora ya no es tan “por supuesto” y parece que hay que especificar). Quiero decir con esto que el tópico del escritor engreído, soberbio, susceptible, ególatra, vanidoso, no es más que eso, unshakespeare tópico que unas veces coincide con la realidad y otras veces no.

Hay escritores cuya personalidad, fuerte, poderosa, invasiva, se manifiesta de modo evidente en su obra, para bien o para mal, y hay otros cuya personalidad está tan diluida en la obra que parece que no está. Entre los buenos ejemplos de lo primero tenemos a Goethe; entre los buenos ejemplos de los segundo, a Shakespeare.

De hecho, Shakespeare es el ejemplo máximo. Nadie como él ha sabido – conscientemente o no – ofrecernos una obra que más bien parece un producto de la naturaleza en la que el supuesto autor no ha tenido ninguna intervención.

El caso de Shakespeare me incita sin remedio a reflexionar sobre uno de los temas para mí más atrayentes y misteriosos de la literatura: la relación entre autor y obra. Y es que esta relación no se parece en nada a la que se produce en otros ámbitos, creo yo, excepto en el artístico en general, que es definitiva de lo que hablo.

Una persona obtusa que se dedica a la política la-fierecillaproducirá una política obtusa; una persona torpe y desabrida, como funcionaria o empleada se manifestará como funcionario o empleado incompetente y desagradable; una mala persona en un cargo directivo actuará como mala persona en muchas de sus decisiones. En la literatura no es así.

El escritor, en cuanto verdadero creador, puede ser como ese individuo que de vez en cuando aparece en las noticias, tranquilo, educado, silencioso, a quienes sus vecinos tienen por un buen hombre…y que resulta ser un asesino en serie. Hay otros que no, otros a los que los vecinos tienen por engreídos y arrogantes…y no son más que vendedores de chucherías.

Aunque también es cierto que hay vecinos engreídos y arrogantes que son perfectos asesinos. Entre estos últimos podría citar a Thomas Mann, y entre los primeros a Kafka, por poner unos ejemplos.

La tradición biográfica del personaje ha sido constante en algunos, pocos, aspectos. Parece que Shakespeare no eramann elegante lo que se entiende por un hombre de carácter. De aspecto bastante corriente, era modesto, sencillo, afable, aunque podía ser brusco cuando trabajaba, es decir, cuando participaba en el montaje de alguna de sus obras teatrales. H. Bloom lo califica como “el menos engreído y agresivo de los escritores contemporáneos”, y a continuación destaca que existe una relación inversa entre su desvaída personalidad y su gran talento dramático.

Uno puede imaginar al amigo, madre o esposa del joven actor (y escritor casi forzado, para nutrir el programa de la compañía en la que participaba), después de asistir a la representación de alguna de las obras escritas antes de cumplir los treinta, inquiriéndole asombrados “pero tú, ¿de dónde has sacado todo eso?”. Y es que, aparte de la creación de personajes, la escritura vital, torrencial, las metáforas nunca oídas, la fuerza del conjunto de la obra eran como para producir asombro, sobre todo si se atribuyen a una persona tan normal como las que vemos a diario por la calle.

h-bloomLo que yo no puedo imaginar es lo que habría contestado el joven actor y autor llamado William. De todos modos, es de suponer que en la época posterior de Hamlet, Otelo, Macbeth y otras, el asombro ya estaría superado y asumido.

Por sus contemporáneos, sobre todo por los que convivían con él o lo trataban a diario (“nadie es un héroe para su ayuda de cámara”), pero no por el espectador o lector de los siglos posteriores, ante cuyos ojos, si son vivos y despiertos como los de un niño, despliega Shakespeare todo un rico y meditado carrusel de maravillas.

No hay duda de que el teatro es el género literario más objetivo. Quiero decir que es el género que menos admite la intromisión caprichosa del autor en la dinámica propia de la obra. Y para plegarse dócilmente a esta exigencia del género quizá se precisa de un temperamento como el de Shakespeare, aunque no necesariamente en el mismo grado, cosa, por otra parte, que me parece imposible.

Para empezar, parece superfluo hablar de una “neutralidad” del autor ante los personajes y cuestiones que se plantean en la obra, puesto que el autor, como ya he dicho, está en la práctica ausente. Shakespeare ha sido uno de los primeros en establecer de manera clara que en la ficción novelesca-teatral todos y cada uno de los personajes tienen razón, su razón, y que el autor no es nadie para rebatirla.iago

Está además el dato (o no dato) histórico de que no se conocen sus ideas y creencias políticas y religiosas (algunos le suponen católico). Es posible que no las tuviera. Es posible que fuese ese vacío mental unido a su particular temperamento lo que hizo de él el límpido espejo donde pudo reflejarse con nitidez, con más nitidez que en la vida misma, toda la grandeza y toda la miseria de la condición humana. (Continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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SHAKESPEARE. El escritor ausente II

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