PIRANDELLO. Ser o parecer II

agrigentoo

Luigi Pirandello nació el 28 de junio de 1867 en Girgenti, durante décadas llamada Agrigento (Italia), o más exactamente, en una pequeña localidad situada entre esta ciudad y Porto Empedocle, adonde se había trasladado la madre para evitar el cólera que invadía la zona. Se llamaba Cavasu, nombre que el mismo Pirandello imaginaba derivado del griego Caos, lo que le resultaba especialmente significativo.

Los padres, Stefano y Caterina, pertenecían a la clase media acomodada. Stefano había luchado con los garibaldinos por la unidad de Italia contra los últimos Borbones de Nápoles. Era además un hombre de negocios práctico y enérgico, a diferencia del hijo, concentrado y soñador, contraste de caracteres que Luigi sentiría como una especie de amenaza, si bien las relaciones entre ambos nunca fueron demasiado malas.

Después de cursar estudios primarios con profesores privados y en el instituto local y tras un breve intento de colaborar con el padre en el negocio del azufre, a los 18 años marcha a Palermo para iniciar estudios universitarios de filología y derecho (lo último, que pronto abandona, en atención al padre).

Tras una breve estancia en Girgenti con la familia, en 1886 se traslada a Roma para estudiar filología románica. Por poco tiempo, porque un encontronazo con unpir joven.jpg profesor le obliga a abandonar la universidad, y se traslada a Bonn (Alemania), donde prosigue sus estudios y se licencia con una tesis sobre el habla de Girgenti. En Bonn se encuentra cómodo, gracias, entre otras cosas, a la relación con la joven Jenny Schulz-Lander, más tarde reconocida escritora, a quien se negaría a ver cuando reapareció por carta muchos años después.

En 1892 (a los 25 años), se establece en Roma, decidido a seguir la carrera literaria. En los primeros años solo consigue dar a la luz, en publicaciones de corto alcance, algunos poemas y relatos, hasta que en 1901 publica su primera novela, La excluida, en la que ya plantea su relativismo cognitivo, la convicción de la imposibilidad de que la verdad de una persona sea cabalmente comprendida por otra.

Pirandello se va introduciendo en el ambiente literario de Roma, gracias, sobre todo, a Luigi Capuana. Vive bien, mediante la asignación mensual que le llega del padre,maria antonietta dependencia que, sin embargo, le es especialmente molesta. Hasta que, a finales de 1893, el padre le comunica que hay un buen partido para él, con una dote muy importante. Luigi vuelve rápido a Girgenti, donde es presentado a la familia de Calogero Portolano, colega comercial de Stefano y a la hija Antonietta. No se lo piensa mucho. En enero del año siguiente se casa en Girgenti, y poco después regresa a Roma, con la esposa, la dote (que de momento le administra el padre) y la esperanza de una vida holgada y tranquila que le permita desarrollar sin trabas su universo literario.

antoniettaEn los cinco primeros años de matrimonio nacen tres hijos: Stefano (con el que siempre estará muy unido), Lietta y Fausto. Y mientras, la madre vive ausente del mundo literario del padre y poco a poco parece que del mundo en general. Asoma la inestabilidad mental, que recibirá el golpe definitivo con la desgracia que cae de repente sobre la familia.

En 1903 una inundación destruye todas las existencias de azufre en las que se basa la economía de las dos familias, llevándose también gran parte de la dote, que el padre Stefano había comprometido en el negocio. Luigi se queda sin más ingresos que los escasos que le aporta su trabajo de profesor de “lingüística y estilística” en el Instituto Superior de Magisterio femenino. Intenta entonces cobrar por sus escritos, difíciles todavía de colocar.

Pero lo peor ocurre en la cabeza de Antonietta. Se instala la paranoia, en especial los celos, potenciados por la actividad del marido, profesor de adolescentes, en la que por cierto mostró una resistencia ejemplar ante el acoso femenino (“todas estaban – estábamos – enamoradas del profesor”, según afirman testigos y afectadas).

Pirandello cuidó personalmente de su mujer, – en cuya mente cabe imaginar que vería asomarse el mundo de algunos de sus personajes- , hasta que, en 1919, por consejo médico, fue recluida en un manicomio.

En 1904 se publica El difunto Matías Pascal, novela sobre la imposibilidad de huir, de ser otro, el primero de sus grandes éxitos. Continúa escribiendo y publicando el difunto Marelatos y algunos ensayos como Arte y Ciencia y El humorismo (1908), en el que expone su visión, ya plenamente formada, de la función de la literatura y de las características del humor moderno, tan importante en sus obras. Y sigue escribiendo y publicando novelas, como Los viejos y los jóvenes (1913) y Cuadernos de Salvatore Gubbio, operador (1915).

La guerra europea, que estalla en 1914, le arrebata al hijo Stefano, que permanece prisionero en Austria durante tres años y con el que mantiene una extensa correspondencia epistolar.

En 1918 reúne en Máscaras desnudas sus textos teatrales, pero no será hasta Seis personajes en busca de autor (1921) cuando se adentre definitivamente en el género que había de reportarle enorme reconocimiento internacional. El escándalo del estreno en Roma fue satisfactoriamente corregido por el éxito sin fisuras que obtuvo en Milán y, a continuación, en todo el mundo.

En 1922 estrenó Enrique IV, con el tema de la locura, real o fingida, en el centro del drama, como en cierto modo también estaba en el centro de su vida. Le siguieron, hasta poco antes de su muerte, una serie de obras que acabaron por consagrar a su autor – como si no fuesen suficientes las dos anteriores – como el genio indiscutible del teatro de su tiempo. Y de otros muchos. Entre ellas, La vida que te di, Cuando se es alguien, El hombre de la flor en la boca, Cada cual a su manera, Esta noche se improvisa, Los gigantes de la montaña (no acabada). A las que habría que añadir algunas anteriores a esta época, como, de 1917, Así es (si así os parece). Pero no por ello, abandona el género novelístico; en 1926 publica Uno, ninguno y cien mil, fábula sobre la incognoscibilidad y la vaporosa identidad del ser humano.

En 1924 se produce un hecho decisivo en su vida: conoce a la joven actriz Marta Abba, con la que permanecerá ligado hasta el fin de sus días en lo profesional y en lo afectivo. El mismo año se afilia al Partido Fascista (Pirandello ¿fascista?), con marta abbacuyo universo mental no tenía – y siguió sin tener – el menor punto de contacto. La decisión puede deberse al interés de captarse a las altas jerarquías para la creación de un teatro estatal, sueño que no llegó a cumplirse, y puede explicarse por su apoliticismo radical, rara condición que suele producir monstruos. De todos modos hay que tener en cuenta que el fascismo italiano de los años veinte, con importante respaldo popular (sobre todo de los “apolíticos”),  no sonaba lo mismo que el llamado fascismo en nuestros días.

En diciembre de 1934 Pirandello recibe el Premio Nobel de literatura “por su audaz e ingeniosa renovación del arte del drama y de la escena”.

A principios de 1936, desilusionado por el fracaso de sus tentativas ante el poder (solo obtuvo una pequeña subvención para su compañía), emprende una gira por Europa y América para a promocionar a Marta Abba.

El 10 de diciembre del mismo año se acaba la representación: muere Luigi Pirandello, nacido en Caos y llamado por los dioses a convertir el Caos viviente en Forma inmortal.

pirandello el mar

(De Los libros de mi vida. Lista B)

 

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Lo que nos lleva

Puedo hablarle. Por lo menos, puedo dirigirle la palabra.

Puedo mirarlo y, con un poco de imaginación, incluso verlo. Dirijo la mirada mental a mi interior, y ahí está.

A veces lo siento como un gas o una nube moviéndose suavemente por el plexo solar. Otras veces pienso, siento, que ocupa todo el cuerpo.

Si le pregunto algo, no responde. No se comunica con palabras.

Me gustaría saber algo de él; su historia, sus intenciones. Pero ya he dicho que no usa el lenguaje.

Su única manera de manifestarse es por movimientos; sus movimientos, que se manifiestan necesariamente como míos.

Quizá no tiene conciencia de sí. Quizá sea un simple dispositivo programado para dirigirme.

¿Dirigirme? ¿Hacia adónde? ¿Por qué? ¿Para qué?

Soy un preso, forzado a cumplir una tarea cuyo sentido desconozco.

No hay manera de saber lo que busca. Deduzco que solo su interés o beneficio.

Es un explotador, un sádico que al final me abandonará en un cementerio.

¿Solo yo lo veo? ¿Solo yo lo sufro?

¿Quién está loco?

¿Yo?

¿O todos los demás?

vilalleons

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Arte y poder

banquete-romano…las sociedades, por mucho que difieran entre sí, no pueden ser tan dispares como para no conservar determinadas constantes que en cierto modo las asemejan. Una de estas, que siempre se ha dado y siempre se dará – por lo menos en lo que se ha venido entendiendo como civilización occidental- consiste en la relación que se establece de hecho entre el artista y el poder. Y cuando digo “artista”, me refiero al creador y en especial al escritor-poeta. Y cuando digo “poder” me refiero a la instancia suprema – humana – que controla la actividad de los individuos, llámese príncipe, monarca (absoluto o no), comité revolucionario, dictador, presidente constitucional, etc.

banquete

Las relaciones entre el artista y el poder nunca han sido tranquilas. O el vasallaje o el enfrentamiento. En determinadas épocas y sociedades el artista era una especie de criado, un criado honorable que hacía su trabajo bajo la sombra o protección de los grandes; en otras sociedades más modernas también hay artistas que hacen de criados, pero fingiendo que son libres, es decir, de una manera nada honorable.

Cuando no es o no hace de criado, el artista es un verdadero incordio para el poder.Y no porque se lo proponga – los que se lo proponen no suelen llegar a la categoría de artista -, sino porque hay algo consustancial en la naturaleza del arte: molestar a quien no puede controlarlo como controla los demás aspectos de la vida social.

Está además el problema de la incomprensión. Y no me refiero al tópico romántico del artista “incomprendido”. Sino a la verdad empíricamente demostrada de que el ámbito del poder es incapaz de comprender lo que alienta en el ámbito del arte. Es verdad que en muchas ocasiones lo utiliza, y se viste con sus galas para deslumbrar al propio pueblo o al del vecino, porque tiene comprobado que el verdadero arte da prestigio y enaltece cualquier obra humana. Pero no lo comprende, es decir, no llega a entender en qué consiste esa extraña actividad, de la que, sin embargo, si es astuto, sabe muy bien aprovecharse.

augustus

Una cosa está clara: arte y poder han nacido para no entenderse. Cierto que, en ocasiones, van de la mano y hasta parece que se sonríen como discretos enamorados. Pero se trata de una apariencia falsa. En el fondo, el poder solo piensa en cómo utilizar al arte o, por lo menos, cómo controlarlo. Y éste solo aspira a desembarazarse de ese abrazo que aprieta hasta la asfixia, para poder desplegarse en plena libertad.

Este enfrentamiento radical tiene su explicación en la misma naturaleza y actividad de una y otra instancia.

La actividad del artista consiste en captar la realidad profunda de las cosas, materiales e inmateriales (las famosas Ideas), y reelaborarla de manera que, en forma de obra de arte, pueda ser recibida y disfrutada por las personas que necesitan algo más que lo que proporciona la vulgar visión utilitaria. Y es que, necesidad ovidiomediante el goce del arte, el individuo se olvida por unos momentos de que es un ser de necesidades para sentirse en un mundo de libertad en comunión con la esencia misma del universo.

La actividad del poderoso (sea hombre, sistema o monstruo), consiste por encima de todo en mantenerse en el poder, es decir, en ejercer, a ser posible indefinidamente, su dominio sobre personas y sociedades sin permitir el más leve respiro de lo que podría ponerlo en peligro. El poderoso todo lo supedita a esos fines. Para él el universo no tiene otra esencia ni otro sentido que el de permitir el despliegue de su poder, y los seres humanos no son más que piezas sin alma, oscuros peones de un juego despiadado.

Visto el panorama, lo normal es que la pugna sea continua, sin más descanso que las fases de aparente entendimiento mutuo a que antes he aludido. Y como en toda lucha, siempre hay uno que gana y otro que pierde. A corto plazo, vence siempre el poder (debido a su fuerza física, por supuesto), pero a la larga es la fuerza del arte lo que se impone, aunque por entonces el artista haya perdido toda materialidad corpórea. Victoria póstuma.

reina victoria

Entre la infinidad de casos que en la historia del arte y de la política pueden encontrarse, he elegido dos. Dos artistas cuyas vidas, separadas por diecinueve siglos, guardan similitudes sorprendentes. No así las sociedades respectivas, no así la clase de poder que en una y otra gobernaba. En la más antigua, una sola persona ostentaba el poder supremo; en la más reciente, ese poder, igualmente férreo y despiadado, lo detentaba la cúpula de la sociedad y se ejercía a través de una serie de gestores sabiamente coordinados. Pero la historia es la misma. Por eso se puede decir que las vidas de los dos artistas aludidos corren paralelas. Basta repasarlas para comprobarlo.

oscar grande

(De Ovidio y Wilde, dos vidas paralelas)

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OSCAR WILDE. La profundidad de la superficie I

oscar fumandoLa vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida.

Nada que merezca la pena conocer se puede enseñar.

La acción… es el último recurso de los que no saben soñar.

Cuando el hombre actúa es una marioneta. Cuando describe es un poeta.

Nunca el hombre es menos él mismo que cuando habla en su propia persona. Dale una máscara y te dirá la verdad.

Cuando los demás están de acuerdo conmigo siempre creo que estoy equivocado.

Amarse a sí mismo es el principio de un idilio que durará toda la vida.

El egoísmo no es vivir como uno quiere, es pretender que los otros vivan como uno quiere que vivan.

El deber es lo que esperamos que hagan los otros.

En el mundo solo hay dos tragedias: una, no obtener lo que se quiere; la otra, obtenerlo.

No soy lo bastante joven para saberlo todo.

La cara de un hombre es su autobiografía; la de una mujer es su obra de ficción.

Bigamia es tener una mujer de sobra. Monogamia es lo mismo.

Todo en el mundo se refiere al sexo excepto el sexo. El sexo se refiere al poder.

Una idea que no sea peligrosa ni siquiera merece llamarse idea.

Es a través de la desobediencia y la rebelión que se ha hecho el progreso.

wilde2

Con solo estas frases, cualquier persona medianamente leída es capaz de identificar a su autor.

Oscar Wilde, por supuesto.

Es fácil, sí. Lo difícil es identificar a Oscar Wilde, es decir, descubrir quién era, cómo era, esa persona tan especial, ese escritor tan original que elevó el arte de la paradoja hasta profundidades insondables.

Y es que no solo sus frases son paradójicas y aparentemente absurdas; también lo fueron su personalidad y su vida.

Hijo de una familia acomodada de clase media. Educado con esmero primero en su Irlanda natal, luego en la metrópoli inglesa, pocos indicios había de que fuera a triunfar en el mundo de las letras. En el que sí triunfa desde el primer momento es en el de la buena sociedad.

Ya en su época de estudiante en Oxford se convierte en centro de atención de alumnos y profesores, por su palabra siempre brillante y por la excentricidad de los detalles, tanto en la indumentaria como en la decoración de su habitación del College. Y es que, aunque artista por naturaleza, más que en la sociedad literaria le interesa triunfar en la sociedad distinguida, cuanto más aristocrática, mejor.

oxfod magdaleineY lo consigue, hasta el extremo de que se produce el extraño fenómeno – hoy nada extraño, por cierto – de convertirse en una celebridad, en un famoso, antes de aportar nada concreto. El de Wilde quizá sea el único caso de la historia de la literatura (la de verdad) en el que la fama precede a la obra.

Pero, ¿quién es en realidad Oscar Wilde, ese famoso que se convierte en escritor aplaudidísimo y que, en el cenit de la fama y de la gloria literaria, es lanzado al abismo por la misma sociedad que le aplaude y le ríe las gracias?

No es fácil responder a esta pregunta, porque hacerlo con un mínimo de seriedad supone haber tenido en cuenta y en parte haber descifrado las claves de su personalidad, ocultas bajo una superficie de aparentes contradicciones y brillantes frases paradójicas: esteta que no soporta la visión de la pobreza, pero hechizado por la figura histórica de Cristo; autor fascinado por el mundo aristocrático y elegante, pero crítico hasta el sarcasmo con ese mismo mundo; defensor del arte por el arte y de la necesaria amoralidad del artista, pero autor de obras de moraleja evidente; triunfador en una de las sociedades más clasistas de Europa, pero partidario del socialismo (sui generis, por supuesto)…

Sus primeras obras – dos piezas teatrales y un par de colecciones de poemas – nothe happy prince consiguieron que el escritor adelantase en méritos y fama al hombre de mundo. No fue hasta 1888, con la aparición de El Príncipe Feliz y otros cuentos, que empieza a destacar como escritor, fama que se afianza con la publicación de unos ensayos en los que destaca el ingenio y la exposición paradójica de su peculiar credo estético (La decadencia de la mentira, El crítico como artista) y social (El alma del hombre bajo el socialismo).

Solo escribió una novela, El retrato de Dorian Gray. Publicada primero en una revista, apareció en forma de libro en 1891. Cuenta con todo lujo – nunca mejor dicho – de detalles la historia de un joven hermoso que, seducido por las doctrinas cínicas y hedonistas de un dandy aristócrata, se lanza a una vida de placer y desenfreno, para tormento del artista que le ha retratado en un cuadro y que le idolatra. Misteriosamente, el deseo formulado por el joven se cumple: él se mantiene joven y bello mientras que el retrato va envejeciendo y registrando en el rostro todas la huellas del vicio y la depravación. La novela, pese a su adscripción de hecho a la corriente decadentista, con su esteticismo amoral y su refinamiento extremo, es en dorian grayrealidad un apólogo moral donde se demuestra que “todo exceso y toda renuncia llevan su propio castigo”, en palabras del mismo autor.

Y sin embargo, los voceros del puritanismo victoriano – algunos periódicos de Londres – solo vieron en la obra inmoralidad e incitación al vicio, llegando a decir que parecía destinada a ser leída “por los miembros más depravados de las clases criminales e ignorantes”. A lo que nuestro autor responde que las clases criminales e ignorantes no leen otra cosa que periódicos.

Wilde triunfó especialmente en el teatro con unas cuantas obras que hicieron las delicias del público de aquel tiempo y de los posteriores. Y resulta sorprendente que, más de un siglo después, cuando de aquella sociedad prácticamente no queda nada, se sigan representando y atrayendo al público – también en versiones cinematográficas – casi como el primer día. Bastaría esto para otorgar al autor, sin ninguna duda, el calificativo de clásicoteatro wilde

Wilde también llegó a brillar en el campo de la poesía. No por los poemas de juventud antes aludidos, sino por una obra de madurez, preciosa y emocionante. Pero antes tenían que pasar algunas cosas terribles. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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OSCAR WILDE. La profundidad de la superficie II

oscar as a childOscar Wilde nació en Dublín, Irlanda, en 1854. El padre, Sir William Robert, de raíces holandesas y religión protestante, era un médico famoso. La madre, Jane Francesca Elgee, era una irlandesa en ejercicio, que había participado en los movimientos nacionalistas de los años 40, si bien, una vez casada, cambió su papel de patriota activa por el de intelectual con salón abierto

La primera enseñanza la recibió en el propio hogar, pero a los diez años lo tenemos ya lejos de la familia, internado en la escuela Portora, de la norteña localidad de Enniskillen, donde destaca en algunos de los aspectos que habían de definir al joven artista: una memoria prodigiosa, un gran entusiasmo por las lenguas clásicas y un claro horror por la actividad física. El Oscar adolescente vive en el Trinity College de Dublín la segunda etapa de sus años de aprendizaje. La tercera y última la pasa en la universidad de Oxford.

Trinity-College-Dublin

En 1878 termina la carrera con sobresaliente en Bachelor Arts, al mismo tiempo que obtiene el Premio Newdigate por el poema Ravenna, con lo que su nombre suena por primera vez – muy poco – en la sociedad literaria. A continuación se instala en Londres, con medios escasos, pero con el convencimiento sobrado de que conquistará el mundo.

Aplicado en forjarse una fama sobre la base del refinamiento, las extravagancias, y la explotación de los recursos estéticos aprendidos de sus mentores universitarios Pater y Ruskin, lo va consiguiendo, hasta el extremo de que un empresario le monta una gira por los Estados Unidos para dar conferencias sobre el “renacimiento de las artes en el Reino Unido”. Un éxito de público.

A su regreso, después de una breve estancia en Francia, donde conoce a algunos de los grandes de las letras francesas, reorganiza su vida. En mayo de 1884 se casaConstance Wilde con Constance Lloyd, una buena, bella y adinerada mujer, hija de un jurista de prestigio. Por entonces, Wilde escribe en algunas revistas y durante dos años dirige la publicación para mujeres Woman’s World, lo que le permite mantener intensos contactos con la crema de la sociedad femenina.

Pero no es de ahí de donde le viene el impulso decisivo para su creciente éxito social, sino de otro grupo… mejor reproduzco las palabras de Frank Harris, uno de sus más fieles amigos:

… una pequeña banda de admiradores apasionados lo aclamó, lo rodeó. Estos constituyen el factor constante de su elevación progresiva”… “al apoyo apasionado de esa gente debió Oscar su notoriedad y primeros triunfos”…”la perversión sexual es la escala de Jacob de la mayor parte de los triunfos del Londres de nuestros tiempos”.

Palabras que constituyen una denuncia en regla de lo que hoy llamarían algunos “la mafia rosa”.

El caso es que Oscar ama a su esposa y tiene con ella dos hijos – los etiquetadores rígidos hablarán de “tapadera”, por supuesto. Y a los hijos dedica parte de los cuentos que empieza a publicar en 1888, con los que se inicia la verdadera ascensión en su carrera literaria, junto con los varios ensayos que publica en los años inmediatamente posteriores.

Al mismo tiempo, se deja llevar por su indudable preferencia erótica, con el cuidado imprescindible en una sociedad que castiga penalmente las conductas bosie oscar 2homosexuales. Robert Ross es su primer amante conocido por los biógrafos, creo, y a la vez excelente persona y fiel amigo hasta los últimos momentos. Y la verdad es que, a pesar de las contradicciones y dificultades que uno puede imaginar, Wilde sigue controlando su vida. Hasta el fatídico año de 1891.

Es entonces cuando conoce a un joven aristócrata llamado Alfred Douglas (Bosie), que ha de ejercer una influencia nefasta sobre él. Bosie es arrogante, testarudo, temerario y hasta despótico. Pero tiene a su favor, además de la belleza y de la sensibilidad artística, el hecho de ser hijo del Marqués de Queensberry, una de las familias de más rancio abolengo de Inglaterra. Demasiado para que el bueno de Oscar pudiera resistirse.

Todo lo malo que supuso aquella relación para Wilde está expuesto con absoluta clarividencia en De profundis, extensa carta dirigida a Bosie y publicada años después. Al leer tal lista de quejas y reproches, tal recopilación de vejaciones y humillaciones, seguidas de rupturas y reconciliaciones, uno se pregunta cómo es posible que una persona tan lúcida y creativa se dejase arrastrar por una personalidad tan mezquina. El amor, sí.

Lo extraño es que, pese a las quejas de Wilde en este sentido, los cuatro años de relación continua coincidieran con la época de mayor creatividad y de grandessalomé triunfos del escritor: sus obras teatrales (El abanico de Lady Windermer, Una mujer sin importancia, Un marido ideal, La importancia de llamarse Ernesto) fueron escritas y representadas (no Salomé, a causa a la censura) entre 1891 y 1895, año éste en se inicia la tragedia que tiene por protagonista al mismo Oscar Wilde.

Un mal día Wilde se siente injuriado por el padre de Bosie, que en una nota lo ha calificado de “sodomita” y, contra el consejo de todos los amigos excepto el mismo Bosie, que odia cordialmente al padre, entabla acción penal por calumnia. Y pierde el proceso, por lo que lógicamente la calumnia no es tal, y es procesado por conductas indecentes. Y condenado. Dos años de trabajos forzados, que le derrumban casi definitivamente, como escritor y como persona.

trial wildeAl salir de la prisión, Wilde se establece en el pueblecito francés de Berneval, cerca de Dieppe, donde, a modo de canto del cisne, crea la obra poética más lograda de toda su carrera de escritor: La balada de la cárcel de Reading, una composición inspirada y conmovedora en la que, sobre el lúgubre ambiente de la cárcel, planea la extraña y magnética presencia de un hombre condenado a muerte por haber matado a su mujer.

Constance, la esposa, había marchado a Italia con los hijos. Pero estaba pendiente de Oscar y no dejó de enviarle dinero. Parecía posible un arreglo, pero reapareció Bosie, al que el escritor era incapaz de rechazar. La cosa acabó muy mal.

Residente en un mediocre hotel de París, visitado de vez en cuando por algunos de los pocos amigos que le quedaban, maltratado por la enfermedad (que había hotel alsacecontraído en la cárcel) y la melancolía, Oscar Wilde muere el 30 de noviembre de 1900.

En los últimos momentos, ya casi inconsciente, un amigo, interpretando su voluntad, llama a un sacerdote católico y, acogido en la Iglesia, le son administrados los últimos sacramentos. Y es que en más de una ocasión Wilde había afirmado que el catolicismo es religión para santos y pecadores, mientras que para la gente respetable ya está bien el anglicanismo. Y él se consideraba un pecador, por supuesto, un pecador con un amor desordenado y culpable por el arte y por la vida.

Siempre clarividente, predijo la forma de justicia poética que le dispensaría el futuro. En efecto, ya en su exilio francés, repasando con su amigo Harris adónde habían llegado algunos de sus antiguos compañeros de estudios – uno de ellos, Curzon, nada menos que a virrey de la India –, concluyó:

La espantosa injusticia de la vida me vuelve loco. Después de todo, ¿qué han hecho ellos en comparación con lo que yo he hecho? Supón que muriésemos todos ahora: dentro de cincuenta o de cien años nadie se acordará de Curzon o de Wyndham o de Blunt. Su vida, lo mismo que su muerte, no importará a nadie en absoluto. En cambio, mis comedias, mis cuentos y La balada de la cárcel de Reading serán conocidos y leídos por millones de personas, y hasta mi mismo infortunado destino despertará una simpatía universal.

Amén. Quiero decir que así ha sido. 

oscar fin

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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Nunca discutas de política en la red

 

discutirQue también se podría titular:

De la inutilidad del debate político entre particulares.

Y con esta frase está dicho todo. Y es que no hay ejercicio más vacío, estúpido e inútil que defender las propias convicciones políticas o ideológicas frente a otros que defienden convicciones opuestas. Nadie cede ni está dispuesto a ceder nunca en sus posiciones, nadie atiende a los razonamientos del otro. Cada cual tiene su verdad y lo que alega el otro es falsedad o locura.

Si uno considera que una cosa es verde y otro la ve azul, es imposible que se llegue a cierta mezcla de colores. Lo posible y hasta parece que inevitable es que de las descalificaciones de la opinión contraria se pase a las descalificaciones del opinante contrario y de ahí al insulto directo.

Aunque lo normal es que se salte la fase de considerar la opinión contraria para entrar directamente en la del insulto.

Entonces, si las cosas son así, si siempre funcionan de este modo, ¿por qué se discute en las redes? ¿Qué sentido tiene enfrentarse dos particulares dispuestos a priori a no ceder ni un milímetro en sus posiciones respectivas?

Insisto en lo de “particulares” porque entre los políticos profesionales las cosas no son exactamente así. El profesional tiene unas responsabilidades, unas perspectivas, que en un momento dado le pueden aconsejar ceder en un punto para quizá avanzar en otro, y esto hace que las posiciones puedan no ser tan enquistadas.

Pero el particular ¿qué consigue? ¿Qué obtiene de ese continuo batirse a palos con los ojos vendados?

Ignoro si la energía que muchos gastan en esas peleas internáuticas se ven compensadas por algún beneficio personal o íntimo. Lo dudo mucho. Tanto lo dudo que no puedo menos que repetir mi consejo:

Nunca discutas de política en la red.

pelea goya

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HUYSMANS. La estética de la fe I

huysmans huysComo no puede ser de otra manera, siempre hay cierta correspondencia entre la vida de un escritor y su obra. En unos esa correspondencia es manifiesta; en otros, permanece oculta, como si no existiera. Como ejemplos extremos pondría, de los primeros, a Goethe o Henry Miller; de los segundos, a Balzac o Jules Verne.

Lo habitual es que la conexión íntima entre vida y obra no se muestre a primera vista, sino que se vaya descubriendo sin mucha dificultad a medida que el curioso lector va indagando en una y otra.

Poca indagación requiere el caso de Huysmans. Escribe un crítico:

A través de todos sus libros, Huysmans estaba en realidad escribiendo un único libro, es decir, el Libro del sentido espiritual y humano de su vida.

Toda la producción literaria de Huysmans, desde la primera hasta la última novela, desde la primera hasta la última crítica de arte, constituye el acompañamiento o comentario de la evolución de su pensamiento y, sobre todo, de su visión del mundo. O quizá sería mejor decir que su pensamiento o visión del mundo se fue formando mediante el trabajo de la producción artística. Evolución que tiene su momento central y decisivo – cuando se agota una senda y se está en trance de iniciar otra – en los primeros años de la década de 1880, es decir, hacia los 35 años de edad.

En 1884 se publica À rebours (traducible por Al revés, A contrapelo, huysmans a rebourscontracorriente, Contra natura). Una novela ciertamente extraña, sobre todo porque carece casi por completo de acción. Ahora ya estamos acostumbrados a todo, pero creo que, por entonces, esta originalidad aún no se conocía. Toda la acción de la novela se reduce a la estancia de Des Esseintes, aristócrata cultísimo, decadente y esteticista, en la casa adonde se retira huyendo de la vulgaridad del mundo moderno. Ahí, rodeado de libros, joyas, piedras preciosas, cuadros, perfumes, tapices y otros objetos más o menos artísticos o exóticos, se abandona a sus ensoñaciones. Pero no consigue la paz espiritual que al parecer busca, sino que, al contrario, su neurastenia se acrecienta hasta extremos insoportables. Y la obra acaba con una angustiosa llamada de ayuda dirigida a un Dios en el que no cree.

Tampoco Huysmans creía en Dios. Todavía, según afirma en el prólogo de una edición posterior de la novela. Y del dios en el que creía descreyó definitivamente con la creación de À rebours. Me refiero a Émile Zola, gran maestre del naturalismo.

zolaEl naturalismo era aquella corriente literaria que vino a dar la última estocada al viejo romanticismo. Aunque lo cierto es que el romanticismo, por viejo que sea, nunca muere del todo, pues su alma pervive en tendencias sucesivas que llegan hasta nosotros: el simbolismo, el decadentismo, el modernismo, el existencialismo… y lo que queda.

El naturalismo se dedicaba a describir las vidas corrientes de la gente corriente en ambientes corrientes, sin más trasfondo de los comportamientos humanos que la fisiología, la herencia y otros determinantes materiales.

Huysmans formó parte del llamado grupo de Medan, integrado por varios escritores reunidos en torno a Zola, y participó con un relato en la publicación del grupo Las veladas de Medan. Durante esta época escribió algunas novelas dentro de los cánones del naturalismo (Marta, historia de una muchacha, Las hermanas Vatard), que merecieron los elogios de Zola. Pero con la publicación de A la deriva (1882) parece que se anuncia un giro: asoma el simbolismo, recibe los elogios de Mallarmé.

La gran ruptura se produce con la publicación de À rebours, obra que provoca la indignación, y hasta la ira, del pontífice del naturalismo. Y es que una novela que tiene como único personaje a un aristócrata elitista es la misma negación del credo naturalista. 

en route

Pero Huysmans sigue su nuevo camino, que le llevará, en lo artístico, al simbolismo y al decadentismo y, en lo personal e íntimo, a la aceptación de una fe antigua que, en todas sus manifestaciones, parece finalmente saciar su sed de estética sublime: el catolicismo.

El camino hacia la conversión lo relata minuciosamente en la novela titulada precisamente En Route, publicada en 1895. Pero antes de pasar a la biografía (sumaria, como siempre en esta serie) del escritor, convendría divagar un poco sobre un hecho curioso.

La conversión religiosa de un intelectual, de un artista, como Huysmans, no fue un hecho aislado. En Francia, desde mediados del siglo XIX – y sobre todo en su último tercio – hasta los años treinta del siglo siguiente, toda una serie de escritores y artistas abandonaron la incredulidad o la indiferencia de que partían para echarse en brazos no ya de la fe cristiana, sino concretamente de la Iglesia católica.

¿Qué había pasado? Quizá el aburguesamiento general de la vida, el racionalismo extremo impuesto en todo el ámbito intelectual, el cientificismo, el laicismo combativo de la tercera república, el ateísmo dominante junto con la idea de progreso sin fin (ni sentido) habían contribuido a crear un ambiente irrespirable para muchos artistas ansiosos de emprender aventuras intelectuales y espirituales propias. Y empezaron las migraciones desde la modernidad racionalista hacia la antigua fe.

He tomado algunos nombres que recordaba, he comprobado datos y he hecho unajammes pequeña lista adjuntando entre paréntesis el año de conversión (o reconversión, pues algunos ya habían participado de la fe años atrás).

Barbey d’Aurevilly (1846), Léon Bloy (1869), Paul Claudel (1886), Huysmans (1893), Francis Jammes (1905), Charles Peguy (1908), Max Jacob (1909), François Mauriac (1928).

Y una observación muy personal. Creo que en la mayoría de esos conversos domina más el interés por la estética, por el dogma y por la conducta íntima (ah, los pecados de la carne) que la conciencia social, o caritativa, o solidaria. Cristiana en definitiva. Es decir, que más que conversiones al cristianismo quizá se tendría que hablar de ingresos en la Iglesia católica.

No todos, por supuesto. Y, entre los que no, brilla por encima de todos Francis Jammes, con su poesía clara y sencilla, traspasada de una sensibilidad hondamente cristiana. Como en La prière. (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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