SCHOPENHAUER AD CANEM. tres

La actividad cognoscente del cerebro puede ser de dos clases, la que se dirige al exterior y la que se dirige al interior del propio sujeto. Hasta aquí me he ocupado del conocimiento de lo exterior y he apuntado que ese conocimiento sólo puede serlo del fenómeno, no de la cosa en sí.teatro

Habrás observado que el mundo exterior se nos presenta como un espectáculo de formas y de imágenes sin sustancia real. ¿Que esto no es cierto, Butz? ¿Que tú ves las cosas como muy reales? Te engañas, te engañas y se engañan cuantos opinan como tú. Y la prueba está en que incluso quienes niegan lo que he dicho se comportan como si lo creyesen.

Sí, Butz, todo el mundo, tú también, cada uno de los seres del universo se comporta como si lo único real, lo único cierto, importante e imprescindible fuese él mismo, y lo demás perfectamente secundario, prescindible, no propiamente real, como si todo lo que le rodea fuese algo fantasmagórico comparado con su propio ser sintiente y doliente. ¿De dónde viene esta íntima convicción, arraigada en todos los seres con tanta fuerza que, como luego veremos, sólo la verdadera filosofía o la mística práctica pueden desarraigar? Precisamente de lo que te decía: de que del mundo exterior sólo conocemos el fenómeno.

Y es que, por mucho que la ciencia investigue todos los objetos del universo, siempre se queda y se quedará en la superficie. Porque, después de todo, ¿qué es lo que nos da la ciencia? La ciencia sólo nos puede dar las leyes del comportamiento de las cosas, la identificación de las causas, que siempre remiten a otras causas, hasta que topa con unas fuerzas irreductibles a causas, punto en que se detiene sin que pueda determinar en qué consisten esas fuerzas.

Sabemos cómo se transmite la vida, pero no qué es la vida, qué hace que la vida se transmita en vez de no transmitirse. Sabemos cómo se forma la electricidad, pero no qué es la electricidad, qué hace que la electricidad se forme en vez de no formarse. Estas fuerzas originales están fuera de la representación y por lo tanto no les es de aplicación el principio de razón suficiente, que es como decir que están fuera de la ciencia.

Y es que la ciencia sólo nos da la determinación necesaria de la aparición de un fenómeno en el tiempo y en el espacio, su necesaria subordinación a la ley física, pero de la esencia íntima de ese fenómeno no sabe qué decir, o lo despacha con palabras tales como “fuerza” o “principio vital” o “ley natural”. Y aún te diré más: aunque la ciencia física más avanzada llegase a encerrar todo el universo en una fórmula única, ésta sólo podría referirse al cómo del universo, a su representación, es decir, a algo que se forma en nuestro cerebro, no al qué, no a su verdadera esencia. 

Volvamos pues a nosotros mismos, regresemos a aquel cuerpo en cuyo cerebro se representa un mundo del que sólo conoce las leyes de actuación. ¿Qué hace que ese cuerpo se sienta tan real frente al fantasmagórico mundo exterior? La percepción inmediata de su propio ser, eso es. Él se siente, advierte cómo en su organismo una serie de procesos trabajan sin cesar por la propia conservación. Sí, Butz, mi cuerpo, como cualquier otro objeto de la realidad, es representación, pero también es algo más. Y es que lo siento, percibo cómo se mueve, cómo sus órganos funcionan, cómo busca el bienestar, cómo rechaza el malestar, cómo huye del dolor, cómo quiere el placer, cómo quiere vivir por encima de todo, cómo quiere, cómo quiere… mi cuerpo es voluntad, y eso es lo que le mantiene vivo, esa voluntad es la esencia íntima de su existencia o, dicho de otro modo, mi cuerpo es la objetivación visible de la voluntad.

Y ahora, una aclaración muy importante. Cuando digo “voluntad” no me refiero a aquella supuesta facultad de una hipotética alma racional que “libremente” decide una acción −ya sabes, “yo tengo mucha voluntad”, “mi voluntad es hacer esto”−, no, me refiero al mismo hecho de querer, que no es distinto del hecho de actuar. La voluntad y el acto son la misma cosa. Podría haberlo llamado “fuerza natural” o algo así, pero, por razones que sería largo explicar, he preferido llamarlo “voluntad”. Tenlo presente, Butz, y nunca lo olvides, porque éste es el escollo en que siempre se estrellan cuantos intentan refutarme sin haberse enterado de lo que hablo.

La voluntad de que yo hablo es una fuerza ciega, inconsciente que sólo quiere ser, vivir, perpetuarse, y lo quiere actuando, y además ¡atento! esa voluntad es idéntica en mí y en todos los seres del universo. ¿Sorprendido? Pues no te sorprendas. Ha ocurrido una cosa, Butz, y es que, gracias a aquella introspección en mi propio cuerpo, se me ha desvelado el misterio oculto en los otros cuerpos.

Estos sólo existían en mi cerebro, eran pura representación, pero ahora que conozco la esencia íntima de mi cuerpo, y que no puedo suponer que la naturaleza me haya distinguido con una condición única, he de concluir que la esencia de los otros cuerpos, que la esencia de todos los objetos, que la esencia del universo entero es lo mismo que percibo en mi cuerpo: es la voluntad.

La voluntad es lo que hay detrás de lo que aparece como representación bajo las formas de tiempo, espacio y causalidad, es la cosa en sí. Kant ¿recuerdas? había establecido la diferencia entre fenómeno, cognoscible, y cosa en sí, incognoscible. Pues bien, yo, mediante la experiencia de mi propio cuerpo y la observación de la naturaleza, he llegado a la conclusión de que podemos saber algo de la cosa en sí, y lo que podemos saber es que la cosa en sí es ni más ni menos que voluntad o, para ser más exacto, que la voluntad es la manifestación inmediata de la cosa en sí en cuanto entra en la representación…formula-einstein

¿Te canso, Butz? Lo comprendo, comprendo que tales discursos a estas horas de la noche te parezcan excesivos, pero… no me importa ¿sabes? Si te aburres te duermes, te doy permiso. Lo mismo le diría a cualquier lector en el caso de que, como antes he imaginado, en vez de sólo pensamiento fuese esto letra impresa. Le diría: lector, si te aburres te duermes, te doy permiso, o cierras el libro y te dedicas a pensar por tu cuenta, si es que sabes cómo funciona eso, o pasas por alto unas páginas hasta dar con un pasaje más entretenido, haz lo que quieras, lector, haz lo que quieras, Butz, pero yo sigo.

(CONTINÚA)

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SCHOPENHAUER AD CANEM. duo

Y ahora un inciso muy importante. Mira, Butz, todo en el mundo, planta animal o cosa, órgano, víscera o lo que sea tiene un carácter determinado y sólo puede obrar de acuerdo con ese carácter. Incluso las máquinas, sí, un barco no puede correr por la tierra como una locomotora de ferrocarril, ni la locomotora puede navegar sobre las aguas. Todo está hecho de manera que sólo puede operar de acuerdo con sus características propias, de acuerdo con su esencia, podríamos decir.cerebro

Y el cerebro es una especie de máquina producida por la naturaleza para conocer. Pero sólo puede conocer de la manera y con los límites que le permite su propia constitución. ¿Y cuál es esa manera? Aplicando en todo momento tres principios necesarios: el tiempo, el espacio y la causalidad. Estas son las formas a priori de conocer que el cerebro, el intelecto, aplica en todas y cada una de sus operaciones de una manera constante y necesaria. Quiero decir que no puede no aplicarlas, ni puede entender algo que no encaje en esas formas.

No puede representarse lo que es un tiempo o un espacio infinito, ni tan siquiera puede representarse el límite de lo finito, y es que, como ya te he dicho, tiempo y espacio son instrumentos de conocimiento y en ningún caso pueden ser objeto de conocimiento en cuanto a sus límites. Igual con la causalidad. El intelecto no puede concebir algo que no responda a una causa, cualquier cosa ha de haber sido causada por algo que le haya precedido en el tiempo.

Esa estatuilla tiene que haberla hecho alguien y alguien tiene que haberla traído hasta aquí, no puede haber aparecido motu proprio. Alguien podría alegar “nada me impide concebir que la estatuilla haya aparecido aquí de repente por…” ¿Por qué? ¿Por un milagro? ¿Por obra de Dios? ¿de un mago? Lo ves, busca una causa. Siempre, conscientemente o no, suponemos la causa. Y es que es imposible conocer sin sujeción al principio de causalidad como es imposible conocer sin sujeción al tiempo y al espacio.

Y ahora volvemos al cerebro que ha recibido las señales transmitidas por el nervio óptico. Inmediatamente las somete a tratamiento, y como aquí hemos utilizado el sentido de la vista, lo que sobre todo pondrá en juego es el principio del espacio (si hubiese utilizado el oído sería más importante el principio del tiempo… por la “sucesión” de los sonidos, ¿entiendes?). Así que, recibidas las señales, les dará una forma y creará un espacio en torno a ellas, asignándoles un lugar en ese espacio, que, insisto, el cerebro crea, es decir, imagina.

Porque te habrás fijado en que todo este proceso tiene lugar exclusivamente en el propio organismo: una sensación en el aparato ocular, una transmisión por los nervios ópticos y una elaboración en el cerebro. En principio nada nos autoriza a pensar que hay algo fuera que haya desencadenado el proceso, en principio podríamos suponer que todo es pura y simple representación, como pensaba el ilustre Berkeley. Lo único que nos permite conjeturar la existencia de un objeto exterior es la presunción de que el ojo no se ha autoexcitado, de que el estímulo que recibe procede de una realidad exterior. Pero, aún aceptando esto −y te anticipo que lo habremos de aceptar−, todo el proceso de formación de la imagen y de su ubicación en el espacio ha sido cosa exclusiva del propio sujeto.berkeley

¿Cuál es la conclusión de todo esto? Que lo que conocemos es sólo lo que se forma en el cerebro, que el mundo entero, que creíamos tan real y tangible (el sentido común, ¿recuerdas?) es nuestra representación, que nada sabemos de lo que sea ese mundo en sí mismo, que sólo conocemos el fenómeno pero que nada sabemos de la cosa en sí, excepto que no está sometida al tiempo ni al espacio ni a la causalidad, porque éstas son sólo funciones cerebrales de los animales superiores, y que por lo tanto es única, indivisible y eterna.

Hasta aquí, Kant, ¿me oyes, Butz? Digo que hasta aquí, Kant. O sea que, en su primer aspecto, mi filosofía coincide casi exactamente con la de Kant. Pero ahora viene lo nuevo, lo original, lo genial, si permites que me exprese así, y ya lo creo que me lo permites, mi querido Butz, no serás tú quien me acuse de inmodestia.

(CONTINÚA)

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SCHOPENHAUER AD CANEM. unus

Este repaso de mi vida me habrá ido muy bien, lo presiento. ¿Has visto, Butz? En poco más de tres horas he dado un vistazo general a mi existencia. Y aún me llevaría menos dar un repaso general a mi filosofía… No me mires así, Butz. Hoy no, esta noche no. Ya hemos tenido bastante… Aunque, después de todo, ¿por qué no? ¿Qué te parece si preparamos un librito divulgativo con este título: La filosofía de Schopenhauer explicada a un perro? Se vendería, puedes estar seguro.kant

Qué me dices. Ya sé, ya sé que no puedes entenderme porque no tienes el don de la palabra ni, por consiguiente, la facultad de formar y manejar conceptos, lo sé muy bien, Butz, no me lo tienes que recordar, pero qué quieres que te diga, otros que supuestamente sí tienen esas facultades tampoco me han entendido. No veo la diferencia. Tú sólo tienes que mirarme y poner cara de entender. Como hacen algunos que conozco. Seguro que lo harás mejor. A ver, mírame… ¿Sabes qué te digo, Butz? No sé si eres muy inteligente o no, pero que la expresión de tu rostro es mucho más inteligente que la de muchos seres humanos, de eso puedes estar seguro… Bien, visto que no hay problema, adelante.

Mira, Butz, hay dos verdades básicas sobre las que se asienta toda mi filosofía, dos verdades que habría que contemplar, en lo posible, al mismo tiempo, porque ambas son los dos aspectos de la misma realidad del mundo y de la mente humana. Una es: el mundo es mi representación. Otra es: el mundo es voluntad. Y estate atento porque el asunto no es tan difícil como en principio pueda parecer. Se trata sólo de escuchar con atención, siguiendo el hilo del razonamiento…

El mundo es mi representación, ¿qué quiero decir con esto? ¡Butz, no te muevas! ¡Siéntate sobre las patas traseras, como cuando esperas una golosina! ¡Vamos! sit! eso es, muy bien. Mira, yo veo las cosas que me rodean, las toco, las huelo, puedo describir su forma, su color, su olor, su textura, su volumen, su situación en el espacio, las relaciones de unas con otras… y el sentido común me dice que esas cosas existen tal como yo las veo y con independencia de que las vea o no. Pero ¡cuidado!, el sentido común también dice (o decía) que la tierra es plana, que el sol gira entorno del planeta tierra y otras “certezas” que hoy sabemos erróneas porque la investigación científica ha deshecho la ilusión de aquel sentido común.

Así que mucho cuidado con el sentido común, Butz. Está bien para la cocina, pero en filosofía es mejor dejarlo un poco aparte y seguir paso a paso las pruebas que aporta la ciencia y la correcta relación entre la intuición y los conceptos. ¿Cómo conozco yo esas cosas que se me aparecen en el exterior? Con el fin de que mi exposición resulte más sencilla me limitaré al sentido de la vista, pero piensa que esto que te voy a explicar ocurre de similar manera en cada uno de los otros sentidos.

Yo veo esa estatuilla. Mira, ponte aquí, desde aquí la verás mejor, Butz, come! sit! Muy bien… ¿adónde miras, Butz? Me refiero al Buda, no al busto de Kant. Sí, al Buda, ¿lo ves? Bien, yo veo esa estatuilla de Buda y el sentido común me dice que esa estatuilla está realmente ahí, a unos pies de distancia, y que en sí misma, fíjate bien, que en sí misma es tal como yo la veo, eso pretende decirme el sentido común… pero ¿en qué consiste ese “yo veo”? Consiste en lo siguiente.buda

En mi ojo se produce una sensación, es decir, un conjunto de alteraciones al que algunos llaman percepción porque se supone que su origen está en una realidad externa que el ojo percibe, y digo se supone porque lo único que el sujeto puede tener por cierto es lo que se produce en el propio sujeto, y lo que en este caso se produce es una sensación en el aparato ocular. Esta sensación, que es en sí misma caótica y carente de significado −puntos luminosos, y nada más− es transmitida inmediatamente al cerebro por los nervios ópticos, y en el cerebro es sometida a un tratamiento específico.

(CONTINÚA)

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SCHOPENHAUER AD CANEM

schop. comEn abril de 2006, se publicó en Editorial Cahoba la novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. En 2015 la reeditó Editorial Piel de Zapa con el título El silencio de Goethe. Aquí se explica de qué va.

En la novelita hay un momento en que al protagonista le apetece exponer, de forma muy sintética, su filosofía. Como está solo – y sería absurdo exponérsela a sí mismo, que se la sabe de memoria -, decide explicársela a su perrito Butz, que es el único ser vivo que tiene a mano.

Salvo algún punto oscuro, el pensamiento de Schopenhauer no es de los más difíciles de la historia de la filosofía. Al contrario, brilla por su claridad y por la amenidad y elegancia de la escritura. Esta exposición que ahora presento tiene, además, la ventaja de que está pensada para un receptor canino, con lo que el nivel de accesibilidad y de comprensión queda al alcance de cualquier lector, creo yo. Así que recomiendo vívamente seguir este

CURSO SOBRE LA FILOSOFÍA DE SCHOPENHAUER en cinco lecciones

que tendrá inicio el próximo lunes día 12 de marzo hacia el atardecer (según las coordenadas geográficas en las que existo). Se desarrollará a razón de una lección por día hasta el próximo viernes, y se anunciará por Facebook y Twitter en el momento de la publicación en este blog de cada una de las lecciones. 

A todos deseo buena lectura y feliz tránsito por la vida. 

el silencio de goethe piel de zapa

el silencio

 

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ANTONIO MACHADO. El sol de la infancia I

antonio machado

El poeta – y en esto no se distingue de las demás personas – ve el mundo a través de su mundo. Lo que le distingue de los demás es que sabe explorar y expresar la íntima relación que hay entre el individuo sintiente y la realidad externa. Y expresarla de forma atractiva, o bella, o estremecedora, de esa forma, en fin, que llamamos arte.

Una tarde parda y fría 

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

¿Quién no ha sido colegial? ¿Qué colegial, en clase, no ha seguido el deslizarse de las gotas de lluvia tras los cristales una tarde parda y fría de invierno, mientras estudia o sueña en las lejanas vacaciones?

La primera vez que leí estos versos yo ya no era un niño, y recuerdo que sentí de repente el aroma, la presencia viva de aquellas tardes melancólicas en una escuela rutinaria como la que evoca el poeta.

Pero no fue la suya una infancia triste y melancólica, como puede deducirse de los versos citados, sino más bien luminosa y rica en sensaciones que habían de alimentar buena parte de su poesía.

Palacio-de-las-Dueñas-1024x560

Nació en Sevilla, y nada menos que en la Palacio de las Dueñas, donde sus padres tenían alquilada una parte como vivienda.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero.

Hasta el traslado de la familia a Madrid a los ocho años de edad su patria fue Andalucía. Más tarde, la vida y la fuerza del pensamiento imperante entre los intelectuales de su generación (llamada “del 98”) le hicieron preterirla a una patria de adopción, Castilla, alma adormecida de una España a la vez amada y odiada.

Aunque Machado nació poeta – como todos los poetas que nacen – parece que no fue hasta los 23 años, con ocasión de un viaje a Sevilla desde Madrid, que compuso un poema, y no publicó por primera vez hasta los veinticinco. Tan tardío tratándose de un poeta, que hay que suponer que escribiría ocultamente (y destruiría) miles de versos inconfesados. Lo que se sabe es que, desde 1899 hasta la fecha de publicación, en 1903, escribe una serie de poemas a los que da en conjunto, y en la primera versión, el título de Soledades. 

Todo poeta, quiera o no, lo es de su tiempo. Y el tiempo literario de finales del siglo XIX y principios del XX, estaba presidido por el simbolismo y el modernismo. La influencia de la poesía de Verlaine, de Rimbaud y de Mallarmé era inevitable y, entre ruben daríolos poetas hispanos, la de Rubén Darío, con quien trató y simpatizó durante dos de sus breves estancias en París.

Pero Antonio no era ni mucho menos unos de esos escritores que se quedan en la forma, que se dedican a manufacturar productos de acuerdo con los vientos de la moda, y cuyos nombres se olvidan con la misma facilidad y rapidez con que se encumbran.

El suyo es un simbolismo o modernismo intimista que remite a Bécker y que sabe expresar las nostalgias, temblores y temores del alma a través de símbolos transparentes.

El agua, o la vida cuando brota o corre; el huerto, la ilusión, sobre todo del recuerdo infantil; las galerías, espacios donde aguardan los recuerdos; el mar, la plenitud del ser despojado de la individualidad; la tarde, el tiempo del declive melancólico de las fuerzas de la vida; el camino, la senda que seguimos hacia el final, pero que solo existe cuando la trazamos al avanzar, como las estelas en la mar. 

En 1907 se publica una refundición, ampliada, del libro con el título Soledades. Galerías. Otros poemas, en la que desaparecen algunas composiciones y se añaden otras. En ella se muestra aún más parco en la utilización de los recursos que imponía la moda; sus versos son menos sonoros, más sobrios, más íntimos. Diríase que el poeta de la interioridad ha alcanzado ya tal plenitud que no puede avanzar más en el mismo sentido.soria paisaje 2

Campos de Castilla, colección de poemas publicada por primera vez en 1912, año aciago para el autor, representa en cierto modo un cambio de rumbo, un dirigir la mirada, no sólo al mundo del ensueño y del recuerdo, sino también a la realidad que vive y se mueve ante el poeta.

La vieja Castilla, a la que empezó a conocer en 1907, es el escenario central de los poemas. Las tierras, la gente, el paisaje, la soledad de sus campos, el hosco futuro que sobre ella se cierne, como sobre toda España si no se impone un giro salvador y quizá violento (España que alborea / con un hacha en la mano vengadora, / España de la rabia y de la idea).

La obra es un intento de pasar del extremado subjetivismo de Soledades a una mirada objetiva sobre el mundo circundante, que además exige un esfuerzo narrativo. Y así, incluye la historia La tierra de Alvargonzález, episodio rural de dimensiones trágicas. Y hacia el final, una serie de consideraciones – siempre de menor fuerza poética – sobre el triste panorama humano del país (La España de charanga y pandereta… etc.), que solo puede remediar “la España que alborea”.

Pero en ciertos poemas, añadidos en la segunda edición, la obra muestra, intacta, la poderosa fuerza lírica del autor que aquí se nutre de un paisaje asociado al recuerdo, tan vivo como soñado, de la amada Leonor, la esposa-niña desaparecida al tiempo que se publicaba la primera versión de la obra:leonor tumba

Soñé que tú me llevabas…

Sentí tu mano en la mía,

tu mano de compañera,

tu voz de niña en mi oído,

como una campana nueva… 

En Nuevas canciones, publicada en 1924, se impone la vena popular, por una parte, y la reflexiva, por otra. Respecto a esto último, hay que tener en cuenta que al lado del manantial lírico, cuya frescura y hondura es evidente desde los primeros poemas, se iba desarrollando y tomando fuerza una mirada filosófica, que él consideraba amenazadora para la auténtica poesía (en cambio, sus convicciones cívicas, siempre en el sentido laico y progresista, le acompañaron sin conflicto íntimo toda la vida).

Hacia sus treinta años escribe:

Poeta ayer, hoy triste y pobre

filósofo trasnochado,

tengo en monedas de cobre

el oro de ayer cambiado.

juan de mairenaY es esta nueva necesidad de comunicar sus reflexiones, especialmente aquellas que considera demasiado audaces o no muy seguras, la que le lleva a crear los apócrifos (o heterónimos) Abel Martín y Juan de Mairena, los cuales se expresan sin ambages y a menudo con ironía: los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas, dice Mairena.

Pero Antonio Machado fue, por encima de todo, un gran poeta hasta el último momento, hasta aquel momento triste y oscuro en el que, por última vez, soñó con el sol de la infancia. (Continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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ANTONIO MACHADO. El sol de la infancia II

machado placaAntonio Machado nació en Sevilla en 1875, segundo de seis hermanos, en el seno de una familia ilustrada de clase media. El padre había publicado varios estudios sobre folklore andaluz y gallego; el abuelo, Antonio Machado Núñez, era médico y profesor de ciencias naturales, ambos relacionados con Francisco Giner de los Ríos, director de la Institución Libre de Enseñanza.

El nombramiento del abuelo como profesor de la Universidad Central en 1883, determinó el traslado de toda la familia a Madrid. Allí Antonio realizó sus estudios – en los que nunca fue muy destacado – en dos institutos públicos y también en la Institución Libre de Enseñanza, donde confirmaría el ideario y, sobre todo, el talante liberal y progresista aprendidos en la familia. En 1893 murió el padre y dos años después el abuelo, con lo que la situación económica de los Machado, que nunca había sido boyante, se vio seriamente agravada. 

Junto con su hermano Manuel – con el que estuvo muy unido hasta el extraño pero hermano manuelhasta cierto punto comprensible desvío de éste casi al final – empezó a participar en la bohemia madrileña y se aficionó al teatro, llegando a interpretar algún pequeño papel. La vida material se resolvía como se podía, entre otras cosas colaborando en la preparación de un diccionario.

En 1899 viaja a París, donde Manuel, que le ha precedido y trabaja en la editorial Garnier como traductor, le ofrece un trabajo en la misma editorial. Allí conoce a los escritores Gómez Carrillo y Pío Baroja. El mismo año regresa a Madrid.

A los veinticinco años de edad, su vocación y sus intereses están ya muy claros. El 30 de marzo de 1901, publica por primera vez unos poemas, en la revista Electra.

En abril de 1902 vuelve a París, donde permanece unos pocos meses y entabla una buena amistad con Rubén Darío, maestro de la poesía modernista hispanoamericana. De regreso a Madrid, continúa escribiendo y participando en las tertulias literaria: entre sus amistades se cuentan Juan Ramón Jiménez y Valle-Inclán, con el que viaja unos días a Granada.

leonorEn 1903 se publica Soledades, su primer libro de poemas, que cuatro años después saldría de nuevo a la luz refundido y ampliado. Colabora en varias revistas y, en busca de una fuentes de ingresos segura, oposita a cátedra de instituto de francés. La consigue, y en 1907 se incorpora a la cátedra del instituto de bachillerato de Soria, el mismo año que se publica Soledades. Galerías. Otros poemas y que conoce a una niña de 13 años, Leonor Izquierdo, hecho que se puede calificar de central en la vida del hombre y del poeta.

Tras esperar el tiempo necesario para que la novia alcance la edad mínima legalmente exigida, en julio de 1909 se celebra la boda entre Leonor, de 15 años, y Antonio de 34. Pensaban viajar a Barcelona, pero las noticias sobre la revuelta popular (Semana Trágica), hace que cambien el destino por Fuenterrabía.

En 1911, Machado obtiene una subvención de la Junta de Ampliación de Estudios para estudiar filología francesa en París, y allí renueva su amistad con Rubén Darío y asiste a unas clases del filósofo Bergson, que le dejan profundamente impresionado. Y de pronto, Leonor enferma gravemente: tuberculosis. En septiembre regresan a Soria. Al año siguiente, casi al mismo tiempo que se publica Campos de Castilla, muere Leonor (Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería…) y Machado decide abandonar Soria.

Se traslada a Baeza, donde durante siete años enseña gramática francesa en el baeza 2instituto de bachillerato. Son años de escasa producción poética, de más inclinación a lo filosófico, tiempos en que el oro de ayer, se le está transmutando en monedas de cobre. Incluso estudia por libre filosofía y se licencia en 1918. 

Por estos años, sobre todo a partir de la publicación de sus Poesías Completas en 1917, su prestigio como poeta queda sólidamente asentado. Y también como intelectual, en el ámbito de la llamada Generación del 98. Se trata, personalmente o por carta, con Azorín y Unamuno, entre otros. Pero no será hasta su traslado a Segovia en 1919 cuando, en un ambiente más propicio y con la cercanía de Madrid, podrá intensificar sus contactos con lo más preeminente del la cultura española.

En 1924 se publican Nuevas Canciones. Y una vieja y querida afición se renueva en guiomaresta década: el teatro. En colaboración con su hermano Manuel escribe varias obras que obtienen un éxito notable de crítica y público, entre ellas Juan de MañaraLa Lola se va a los Puertos.

A finales de la década se produce en su obra un renacer poético-amoroso que tiene como destinataria la entonces misteriosa Guiomar, cuya identidad quedó despejada años después – señora bien, casada, en busca de poeta delicado que nutra su alma sin comprometerla demasiado.

Y nunca olvida su empeño cívico – mejor llamarlo así que “político” -, siempre del lado de la libertad, la cultura y el progreso social, con el que colaboran, a su manera, los escritos de los “apócrifos” Abel Martín y Juan de Mairena. El momento más feliz en este sentido es el de su participación en el acto de izar la bandera de la República en el ayuntamiento de Segovia el 14 de abril de 1931.

En septiembre del mismo año consigue ser trasladado al Instituto Calderón de la Barca de Madrid. Los años siguientes son para Machado de una gran actividad social e intelectual. En el 32 se estrena la última de las obras teatrales escritas con Manuel (La Duquesa de Benamejí). En el 33 se publica la tercera edición de Poesías Completas. Escribe artículos en El Sol y en Diario de Madrid y protagoniza junto con Manuel las tertulias del café Varela. Y en la primavera de 1936, poco antes de que se produzca la rebelión militar – “Alzamiento Nacional”, según los textos escolares y la vanguardia machadooficiales de los siguientes cuarenta años – publica Juan de Mairena.

Tras el estallido de la guerra se traslada con su madre y su hermano José y familia a Valencia. No deja de escribir artículos, en especial del tipo de literatura que la situación demanda, y participa en el Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, al que concurren literatos de la talla de Neruda, Huidobro, André Malraux, Tristan Tzara, W.H. Auden, Octavio Paz, llyá Ehrenburg y un largo etcétera.

Y la guerra continúa. En abril del 38, antes de que los rebeldes alcancen el Mediterráneo y dividan en dos la zona republicana, los Machado, siempre a instancias del gobierno leal, se trasladan a Barcelona, donde, después de una breve estancia en el Hotel Majestic, se les instala en un palacete de la parte alta (Torre Castanyer), confiscado a sus aristocráticos propietarios. En poco menos de un año publica en La Vanguardia 26 artículos.

Pero el avance de las tropas de Franco es imparable. El 22 de enero de 1939, cuatro días antes de la caída de Barcelona, Antonio Machado y familia, con la compañía yexodo 2 ayuda de Joaquín Xirau (filósofo que se exiliaría y desarrollaría su carrera profesional en México), emprenden viaje hacia Francia, entre centenares de miles de fugitivos (refugiados). Tras pasar la frontera el 28 de enero con un sin fin de penalidades (a pie y bajo la lluvia y el frío), se detienen en la localidad costera de Cotlliure.

Acogido en un hotel junto con su familia, Antonio Machado, enfermo de cuerpo y alma, muere el 22 de febrero.

Sin duda los días previos al final fueron luminosos, en el cielo y en el mar. En un bolsillo del abrigo se encontró un papel con una linea escrita…

              estos días azules y este sol de la infancia

collioure 3

(De Los libros de mi vida. Lista B)

 

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PESSOA. Las personas del verso I

pessoa2Pessoa es palabra portuguesa que significa persona. También es el apellido de un poeta. De un poeta que son varios, pues además de Fernando Pessoa están Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Bernardo Soares, y algún otro. Diferentes poetas de una sola persona verdadera. O más bien, diferentes personas en un solo poeta verdadero. La cosa es complicada, sí.

Existe la tentación de aplicar a esas personas – a esos nombres – el calificativo de seudónimos. Error. El seudónimo es solo el nombre, distinto del suyo propio, con que un escritor firma su obra.

Podrían calificarse de máscaras. Error. La máscara es la personalidad fingida que un escritor da al autor de sus propias obras, que no dejan de ser suyas en todos los aspectos.

El heterónimo, que es como se llaman las personas pessoanas, es una personalidad Pessoa-en-A-Brasileira-Lisboaverdadera, no fingida, total. Con su biografía, su fecha de nacimiento y la de su muerte, si procede. Es poeta, con la excepción de Bernardo Soares.

Los heterónimos se distinguen entre sí y del ortónimo Pessoa – el supuesto creador – además de por la correspondiente trayectoria vital, porque cada uno tiene su voz propia, su tono; su pensamiento, que a veces no coincide, incluso se enfrenta con el del propio Pessoa. Hasta el extremo de que en ocasiones no está claro quién ha dado vida a quién. Escribe Pessoa:

Un día – era el 8 de marzo de 1914 -, me acerqué a una cómoda alta, cogí papel y comencé a escribir de pie, que es como escribo siempre que puedo. Y escribí heteronimostreinta y tantos poemas uno tras otro, en una especie de éxtasis que no podría definir. Fue el día triunfal de mi vida, y nunca volveré a tener otro igual. Empecé con un título: O guardador de rebanhos. Y lo que vino después fue la aparición de alguien a quien dí enseguida el nombre de Alberto Caeiro. Pido perdón por lo absurdo de la frase: de mí había nacido mi maestro. Fue ésta la sensación inmediata que tuve.

Aquí pone Pessoa lugar y fecha al inicio de la gran explosión de heterónimos. Pero el impulso viene de muy antiguo:

Desde niño tuve la tendencia de crear a mi alrededor un mundo ficticio, de rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron.

Y, contra lo que puede parecer normal, Pessoa no crea a sus poetas dotándoles primerocaeiro de una apariencia física, de una biografía y de un carácter, sino que, antes de todo, conoce sus poemas, escucha sus versos y, a partir de ahí, va fluyendo, mostrándose, la figura, la manera de ser, el estilo, las ideas del heterónimo en cuestión. Y las influencias, que incluso pueden operar entre ellos. Y es que tanto Ricardo Reis como Álvaro de Campos reconocen de alguna manera la maestría de Alberto Caeiro. Pero vayamos por partes. ¿Quién es cada cual?

Alberto Caeiro nace en Lisboa en 1889 y muere en 1915. Sus estudios son primarios, casi inexistentes. Vive siempre en el campo. Su poesía es directa, ausente de artificios. A primera vista podría considerárse metafísica, pero es todo lo contrario: continuamente insiste en la ausencia de una realidad interior, de una explicación de las cosas, que no son más que lo que son:

El único sentido íntimo de las cosas / es que no tienen sentido íntimo ninguno.

Según cómo, parece panteísta, pero no lo es; más bien cabría calificarle como positivista. Un positivismo poético:

Pero si Dios es los árboles y las flores / y los montes y la luna y el sol / ¿para qué le llamo Dios? / Le llamo flores y árboles y montes y sol y luna.

Ricardo Reis nace en Oporto en 1887. Educado en los Jesuitas, médico de profesión. Monárquico, emigra a Brasil en 1919. Muestra en su obra una fuerte disciplina mental, vestida de música. Pagano de corazón, pretende actualizar la tradición latina:

No dio muerte a los dioses / el triste dios cristiano. / Cristo es solo un dios nuevo, / tal vez el que faltaba…

Son los mismos los dioses, siempre claros y calmos, / de eternidad repletos, / despreciándonos siempre.

Álvaro de Campos nace en Tavira en 1890. Ha estudiado ingeniería naval en Glasgow. Retirado en Lisboa, lleva una vida inactiva. Su poesía parece muy tavirainfluida por la de Whitman. Es vanguardista, proclama su admiración por las máquinas y el progreso técnico y al mismo tiempo destaca el lado emotivo y sensacionista. Aunque todo ello no le lleva a renegar del magisterio de Caeiro. Gusta de expresar toda la emoción que Pessoa no ha puesto directamente en su propia obra ni en su vida, resultando a veces irritante para éste, su propio supuesto autor.

Bernardo Soares. Se ignoran datos biográficos. Quizá porque es el que más se parece al propio Pessoa. Afirma éste que Soares “es yo menos el raciocinio y la afectividad”, una “simple mutilación de mi personalidad”. No muestra obra poética. Pessoa le imputa la autoría del Libro del desasosiego, así llamado porque la inquietud y la incertidumbre son sus notas predominantes. El libro constituye, según el mismo autor “una confesión soñada de la inutilidad y dolorosa furia estéril de soñar”.

La obra conjunta de los heterónimos poetas, y parte de la del mismo ortónimo, se publicó en la revista Athena en 1924, bajo la denominación Drama em gente, llamada así porque según el autor (o recopilador) constituye un drama dividido no en actos sino en personas.  

Estos son los heterónimos pessoanos. Hay más, pero de corta trayectoria y no tan definidos. Estos son los heterónimos, sí. Pero ¿y Pessoa? ¿Quién es?   (continúa)

(De Los libros de mi vida. Lista B)

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