Plan Finlay para el Desconfinamiento

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Soy Austen Finlay, biólogo. Es posible que a la mayoría mi nombre no le diga nada. Sin embargo, no hace mucho tiempo fui fundador y presidente del Instituto Científico para la Regresión Humana, cuyos logros, reconocidos y aplaudidos por la comunidad científica mundial, no fueron suficientes para salvar aquella empresa de los vetos políticos fundamentados en curiosas objeciones “morales”.

Ahora que el planeta empieza a librarse de la terrible pandemia que ha diezmado a la humanidad, he sido requerido por el flamante Gobierno de Unidad Mundial para diseñar el Plan o protocolo para el desconfinamiento escalonado de la población.

El Plan ya está diseñado y entregado a la autoridad competente, que espero no ponga ninguna objeción a su aplicación inmediata, dada la solidez manifiesta de las razones en que se sustenta.

Este comunicado lo dirijo a la opinión pública con el fin de prevenirla sobre los aspectos que quizá no entienda a primera vista y convencerla de la absoluta necesidad de la aplicación del punto 6.6.6. que, estoy seguro, será el que mayor oposición ha de encontrar, dados los prejuicios “morales” tan arraigados en el género humano.

II

En el conjunto del Plan se desarrolla y especifica las fases que habrá de seguir el desconfinamiento gradual. En el citado punto 6.6.6 se trata del caso de los muy mayores de edad, a los cuales se aplicará lo siguiente.

1. Los mayores de 65 años integran el último segmento de la población que podrá salir del confinamiento, doce meses después del segmento inmediatamente anterior.

2. En el caso que se observase a alguna persona mayor de esa edad circulando por la vía pública antes del fin oficial de “su” confinamiento, la fuerza pública podrá disparar sobre ella sin ningún requisito previo.

3. Dado que son numerosas las personas mayores de 65 que ofrecen un engañoso aspecto juvenil, todas las que hayan superado esa edad estarán obligadas a llevar, cosido en la ropa y en lugar bien visible, un distintivo en el que figure la silueta de un anciano con bastón. El incumplimiento de está obligación comportará la muerte inmediata a cargo del agente de la autoridad más próximo.viejo bastón

4. Toda persona, al llegar a los setenta años – y por supuesto todas las que los han superado –, será eliminada por un medio indoloro. Los detalles del procedimiento de eliminación se contienen en la adenda del mismo Plan titulada Solución Final.

5. Solo en el caso de que la persona que alcance esa edad siga siendo útil a la sociedad por su labor científica, intelectual o artística, se podrá conceder una prórroga, que en ningún caso podrá superar los 75 años de la persona en cuestión.

III

Parece absurdo tener que defender la conveniencia y racionalidad de las medidas contenidas en el Plan, sin embargo el nivel de mogigatería e hipocresía alcanzados por la sociedad – principalmente la occidental – lo hace necesario, aunque solo sea para que los opositores moralizantes puedan verse en el espejo invertido de su cobarde hipocresía.

Todo el mundo sabe, aunque muchos se esfuerzan en hacer ver que lo ignoran, que la vejez es una fase de la vida que comporta las siguiente características:

Es estéril. La inmensa mayoría de los viejos pasan todas las horas del día pasivos, adormilados, sin ningún beneficio ni siquiera para ellos mismos. Adiestrados para actuar y trabajar y ahora privados de esta posiblilidad (y de fuerzas para realizarla), viven sus últimos días como peces fuera del agua. Las escasísimas excepciones están previstas y tratadas en el punto 5 este comunicado.

Es improductiva. El producto mundial bruto no crece ni una millonésima de punto por la (no) actividad de esos individuos.

Es costosa. Los gastos públicos en sanidad, pensiones, seguridad social, etc. son cuantosísimos. De modo que, si se aplicase el Plan, la economía del planeta recibiría un impulso inimaginable.

Es antiestética. La eliminación de la presencia de los viejos en calles y lugares públicos ahorraría a la humanidad el efecto depresivo que genera la visión continua de esos semicadáveres que deambulan por nuestro mundo como tétricos heraldos de la muerte.

IV

Si el Plan se lleva a la práctica en todos sus detalles una nueva humanidad poblará la tierra. Joven, sana, feliz. Sin la presencia continua del dolor y la muerte, anticipados en la visión de esos cuerpos caducos que hoy la asedian.

Los seres humanos seguirán muriendo, como siempre, pero la muerte, en vez del final de un paulatino deterioro humillante, doloroso e insoportable, se convertirá en un simple y limpio trámite burocrático con fecha conocida.

¿Quién no prefiere esto que la angustia y el desconcierto que reinan en el presente?

  Austen Finlay,  biólogo papiniano

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¿Los has leído todos?

El libro es ya un objeto ajeno a la mayor parte de la población.

bibliotecaLa frase es de Jordi Llovet, eminente humanista y ex profesor universitario, y la leí en una entrevista que le hicieron no hace mucho. Estos días me ha venido a la cabeza y no consigo sacármela de encima. Así que me pongo a escribir, que es lo que hacen los que escriben cuando quieren sacarse algo que se les ha metido en la cabeza.

Supongo que la razón de la súbita emergencia de la frase desde el almacén de la memoria tiene que ver con la situación actual, quiero decir, con el confinamiento que sufre la población por causa de la Primera Pandemia del siglo XXI.

Porque desde un principio me pregunté ¿cuántas personas llenarán el tiempo vacío dedicándose a la lectura de libros? Pocas, me contesté, muy pocas. Y es que la lectura necesita de un aprendizaje, y si no te la has incorporado como costumbre, difícilmente te servirá para resolverte un bache social y vital como el que ahora sufrimos.

Yo, de la frase de Llovet, eliminaría el “ya”, porque da la sensación de que, antes, el libro no era un objeto ajeno a la mayor parte de la población. Y yo creo que sí, que siempre lo ha sido, en mayor o menor medida.

Vuelvo la vista atrás, a un tiempo situado antes de internet, antes de la televisión incluso (que ya es ser vetusto) y veo las viviendas de parientes, amigos de losnovela fbi padres, vecinos y conocidos. Raramente se divisa un libro, quizá alguno un poco ostentoso, eso sí, que forma parte de la decoración de la sala de estar.

Pero mucha gente leía, se dirá. ¿Más que ahora? Quizá sí, pero un tipo de literatura que no sé si cabe computar como lectura de libros: novelitas románticas, policíacas (recuerdo entrañable de las del FBI de los años 50) y del Oeste. Ese tipo de libro ya no existe porque ha sido sustituido por las series televisivas, las PlayStation y por todo lo que vomitan los canales internáuticos. Desaparición que justificaría el “ya” del amigo Jordi.

No, el libro nunca ha sido un objeto mínimamente apreciado por la sociedad en general. Y si en algunas sociedades o civilizaciones se ha impuesto, como con el las afinidadesjudaísmo, el islamismo y el protestantismo fundamentalista, ha sido siempre en forma de libro único que no admite competencia, lo cual da mucho miedo, mucho más miedo que la ausencia absoluta de libros.

Lo extraño o paradójico del asunto es que, tratándose de un objeto ajeno a la mayor parte de la población, perviva respecto a él cierto respeto reverencial. Porque solo esto explicaría la batería de excusas tontas, infantiles y falsas que suele esgrimir el no lector: “me gustaría, pero no tengo tiempo para leer”, “los libros son muy caros” (se nota que no ha dado un vistazo a las colecciones donde se contiene lo mejor de la literatura universal a precios irrisorios), etc. o, en fin, el indisimulado asombro con que el visitante de una vivienda, provista de una superficie no exagerada de estantes con libros, exclama:

¿Los has leído todos?

biblioteca casa

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Gerontofobia

… senectus; quam ut adipiscantur omnes optant, eandem accusant adeptam. Tanta est stultitiae inconstantia atque perversitas. (Cicero: De senectute)ciceron

Me he enterado de que el código penal de este país – y los de otros varios, supongo – cuenta desde hace unos años con una nueva figura delictiva: el delito de odio. La ocurrencia me ha hecho sonreír: ¿para cuándo el delito de envidia? ¿o el de menosprecio? ¿o el de tedio? Y es que las pasiones no pueden constituir un delito, a no ser que se plasmen en acciones u omisiones criminales, pero cada una de éstas ya está tipificada por sí misma.

Por otra parte, he de reconocer que el odio es quizá la pasión que más conductas delictivas genera. Sobre todo, el odio a ciertos colectivos.

inmigrantesLos colectivos que más odio concitan son por todos conocidos: extranjeros, pobres, ciertas razas o religiones, etc. Odios que, por cierto, suelen ser agitados y manipulados desde determinados centros políticos. Pero hay uno que, por no habérsele encontrado de momento rendimiento político claro, permanece en un discreto segundo plano, no obstante la insistencia de sus manifestaciones. Me refiero a la gerontofobia, el odio a los viejos.

Un amigo mexicano, de visita en nuestro país, quedó asombrado por la ingente cantidad de ancianos que veía por las calles. Y es que España, como toda Europa, se está convirtiendo en la reserva mundial de viejos. Pero esto es buena señal: indica que aquí se vive bien y por largo tiempo. Claro que también significa una pesada carga para los jóvenes, es decir, para los que desean alcanzar la condición de viejos. Y esto, añadido al nada agradable efecto estético de su sola presencia y a las molestias que suelen ocasionar, creo yo que va propiciando la salida de la gerontofobia del armario social.

En México no hay gerontofobia. Bueno, lo que al parecer no hay son viejos. Es como ocurría aquí por los años 60 del pasado siglo: ante las noticias sobre los conflictos raciales en Estados Unidos, un personaje del régimen político de entonces sentenciaba orgulloso: en España no hay racismo. No, corregía el sentido común (normalmente vetado por el gobierno), lo que en España no hay son negros.

anibalNo se puede legislar sobre las pasiones. El odio es irreprimible. Como el amor. El odio ha llenado las páginas de la historia, desde aquel Aníbal que, a los nueve años, juró “odio eterno a los romanos” hasta los modernos fundamentalistas. El amor ha llenado las páginas de la literatura, desde el vivamus atque amemus, de Catulo, hasta el amor, terror de soledad humana, de Cernuda. Respetómoslos.

Y al gerontófobo deseémosle larga vida. Muy larga. Para que, mucho antes del final,  le sorprenda en el espejo el rostro odiado y, a partir de ahí, pase el resto de su boba existencia en compañía de las repugnantes arrugas y los molestos achaques ya no ajenos.

                                                                               ***

Todos desean alcanzar la vejez y, al tenerla, se quejan de ella. Tanta es la inconstancia y la perversidad  de la insensatez. (Cicerón: De la vejez)

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Caro Diario. Último cuaderno

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Hace casi cuatro años se me ocurrió poner en el Blog y, como reclamo en Facebook, algunos fragmentos de mi Diario de adolescencia y juventud (de los 18 a los 25 años aproximadamente). El interés del asunto era el de observar desde la lejanía del tiempo lo que bullía en aquella mente, que sigue siendo esta que utilizo para pensar y escribir. Interés para mí. Para el lector, o más propiamente lectora, también hubo o creí percibir ciertos gestos de interés. O de curiosidad.

Ahora, se me ha ocurrido transcribir algunos fragmentos o pensamientos del Diario de ancianidad. El interés, para mí, consiste en comparar el joven con el viejo, los sueños de futuro con con lo realmente vivido, las emociones y reflexiones de los primeros pasos, con las emociones (si es que quedan) y reflexiones de los últimos. El interés para la lectora…está por ver.

Porque es evidente que se trata de los últimos pasos. Y es que teniendo en cuenta, el número de páginas del cuaderno en el que escribo, que lo inicié en febrero de 2013, que ya solo anoto de vez en cuando y el dato de mi edad, está claro que éste será el ÚLTIMO CUADERNO.

[Mejor leer antes: Caro Diario. Las citas]

maristas

 

8-II-13

Buena fecha para empezar un nuevo cuaderno. Hoy se cumplen 55 años de que inicié el primero.

¡55 años! ¡Y cuántos muertos por en medio! El último, MA. Pero, en fin, es lo normal. “Sabía que era mortal”, dijo Cicerón. Una perogrullada que necesitaba el refrendo de un clásico.

16-II-13

Como varias veces desde que he vuelto a vivir aquí, he pasado por delante de los Maristas. Me he detenido un momento para contemplar el edificio, y he vuelto a sentir ese golpe de nostalgia que me da en tales ocasiones.

¿Soy el mismo? Sí, pero tan lejano… Solo en esos breves instantes siento la extraña emoción de ser todavía y no ser aquel niño. Un “yo” que abarca desde entonces hasta ahora ¿quién es capaz de decir que no existe?

20-VII-13

El abismo que nos sostiene. Buen tema de reflexión para el blog. Buenísimo, si sé desarrollarlo felizmente.

La frase alude a lo siguiente. Por mucha racionalidad que haya en nuestra vida y en nuestros pensamientos, en última instancia todo se apoya en algo irracional e inexplicable. Y esto es aplicable tanto al individuo humano como a la sociedad en su conjunto. Este segundo aspecto está perfectamente ilustrado por el “sueño de nieve” de Hans Castorp de La montaña mágica.

Parece como si toda la luz y claridad del mundo se basase en la siniestra oscuridad del caos. Y a veces, con un paso equivocado, con una mirada de más ¡es tan fácil volver allá!

de amicis9-X-13

Memorias literarias, sí, pero de otra manera. Se llamará Los libros de mi vida, y será un repaso, algo melancólico, de mis lecturas – las que más me han influido -, con breves referencias al momento biográfico en que las leí.

Ya he escrito Edmondo De Amicis y Charles Dickens.

20-III-14

Siguiendo con Los libros de mi vida, empiezo el capítulo dedicado a H. Miller. Y, es inevitable, dejo un apunte de cómo lo conocí, a través de R, una de aquellas noches de ajedrez y divagaciones cuando tenía 25 años.

¡Qué perdido estaba entonces! Y sin embargo, tenía muy claro lo único que de verdad me importaba: escribir. Pero también tenía bastante claro que era incapaz de hacerlo como soñaba, y que siempre sería incapaz.

Ahora estoy en mi estudio-habitación de la recuperada vivienda de Roger de Flor. Mientras escribo esto tengo delante una librería-vitrina y, en ella, en un lugar destacado, varios ejemplares de los cinco libros ESCRITOS POR MÍ que se han publicado. Si aquel joven casi desesperado de 25 años pudiese verlo, no se lo creería.el silencio de goethe piel de zapa

¡Solo han pasado 49 años!

9-V-14

Acepto mi posición social y personal actual como consecuencia necesaria de mi debilidad. Hay cosas buenas. Y de las malas – que las hay – no hay otro responsable que yo mismo.

16-VI-16

No sé dónde buscar una lectura estimulante. Como las de antes. Lo malo de ser viejo es que tienes la sensación de haberlo ya visto y leído todo. Supongo que no es así. Pero cuesta encontrar algo “nuevo”.

20-I-18

Últimamente tengo a veces la impresión de que viejas partes de mí mismo van desprendiéndose de mí como costras que se caen por sí solas, sin dolor, sin apenas advertirlo. Costumbres, vicios antes muy activos van perdiendo fuerza y se me van cayendo a trozos. Es el aspecto bueno, supongo, de la inevitable pérdida de fuerza vital.

3-II-18

Esto de Los libros de mi vida me está convirtiendo en algo muy especial, en un íntimo de los genios literarios de todos los tiempos. Como en mis novelas, pero de manera diferente, siento como ellos, pienso como ellos, soy ellos. Es una gran suerte, la más grande que me ha deparado la fortuna: ir siempre acompañado, ilustrado, aleccionado por ciertos seres humanos de categoría superior. Estoy atesorando lo más selecto de la humanidad, haciéndolo mío de alguna manera. ¿Qué más se puede pedir?

escritores18-III-18

Estoy muy satisfecho de cómo me ha salido la primera parte de Pavese. De lo mejor de esta serie. Y el motivo de mi satisfacción radica sobre todo en la sensación de haber superado, vencido, la dificultad del asunto.

Pavese es bastante inaprensible y considero un mérito haber conseguido dar una idea aproximadamente verdadera de él. Y el mérito es mayor si se tiene en cuenta que, para mí, sigue siendo muy difícil de explicármelo.

25-X-18

Ayer saqué la primera de la lista de Escritoras: Sor Juana Inés de la Cruz. No me ha quedado mal.

sor juana jovenUna de las exigencias que me he impuesto en esta serie es prescindir de las palabras: feminismo, género, patriarcado, etc., aunque no siempre de los conceptos correspondientes. Quiero decir, aplicar mi videncia, mi sentido común de siempre evitando el actual enmarañamiento de la cuestión.

1-I-19

Primer día del año. Apenas me lo creo. El otro día imaginaba que, en cualquier momento, podía despertar con 19 años, y que todo lo que aparentemente ha seguido no ha sido más que un sueño.

Y en efecto, todo ha sido un sueño. Un sueño que no se repetirá; que, bueno o malo, está concluido, acabado.

¿Qué significa todo esto? Eterna pregunta. La cita de Mathilda, de Mary Shelley, es la respuesta más certera posible. No hay más.

[No sabemos lo que todo este vasto mundo significa; esa extraña mezcla del bien y del mal. Pero fuimos colocados aquí y se nos ordena vivir y esperar. No sé lo que tenemos que esperar; pero hay un bien que no alcanzamos a ver y debemos buscarlo; esa es nuestra tarea en la tierra.]

3-V-19

Siempre ha sido así; mi debilidad de carácter me ha impulsado a someterme a lasmary shelley fuerzas que escoltan y determinan mi vida. Solo en mi imaginación he sido independiente y libre…pero es ahí donde se edifica todo lo que realmente me interesa.

16-VI-19

Me pregunto cuál ha sido el sentido de mi vida. Y me respondo que no ha sido otro que realizar mis sueños. Pero estos sueños apenas se han realizado, es decir, se han cumplido solo en una parte pequeña y casi ridícula. Y además, solo en su aspecto formal: ser escritor. Pero no en su contenido: develar el misterio y la esencia del mundo, llegar a comprenderlo todo. Demasiado ambicioso, se dirá. Además, los que han llegado al cumplimiento de algo parecido pocas veces parecen razonablemente felices. ¿Entonces? ¿Es tan importante eso? ¿Para qué sirve?

3-IX-19

Ayer tarde, en la soledad de un sillón encarado al exterior de la Biblioteca SF, me sorprendí pensando esto: ¿qué pretende esa inquietud interior, subterránea, que nunca cesa? ¿A qué obedece? ¿Puede apaciguarse con algo? Difícil saberlo. Por lo general, ni siquiera soy consciente de que esa inquietud no cesa de agitarse en mi interior. Pienso que todo lo que necesito para alcanzar la paz perfecta es acallarla. O satisfacerla. ¿Pero con qué?

22-XI-19

Otra decepción. Creía que CJ aceptaría Ovidio y Wilde para la filial de H en Madrid. Y resulta que no. ¿Es mi destino?

enoch soamesEs como funciona el mundo. Aquí no entra el destino. O sí. Cuando aquél dijo “el destino es el carácter” lo dijo todo. Si mi carácter fuese como el de los que saben venderse, las cosas serían muy distintas.

¿Y el valor objetivo de las obras? Sí, esto suele determinarse más o menos acertadamente tras el paso de décadas o siglos. Y mientras, los que por su carácter no supieron acceder al nivel de selección de los buenos ¿qué pasa con ellos? Nada, que no existen. Eso es todo.

Y ahora pienso en Enoch Soames, de Beerbohm. El ingenio más agudo aplicado a la literatura.

En la vida y en el arte – dijo – todo cuanto importa tiene un final inevitable.

29-II-20

Después de semanas investigando sobre Sylvia Plath parece que voy a llegar a la conclusión de que no, de que no es un personaje que me motive lo suficiente. Quizá no la entiendo bien; quizá sí entiendo que se trata de una persona supersensible y bastante desequilibrada, que tiene la habilidad de sylvia plathescribir versos para dar un atisbo de sus temblores inexplicables. Pero todo eso no constituye una escritora que me motive lo suficiente. La dificultad de entrar en sus poemas, por mi parte, no se debe solo al problema del idioma, pues esta dificultad debiera darse igualmente en Dickinson, y no se da. Total, que ya veremos. Pero estoy a punto de sacarla de la lista.

Observo además por mi parte una especie de cansancio. Alarmante. Pues es el tipo de cansancio que me sobrevino hace un tiempo a propósito de las novelas y que amenaza ahora con extenderse a toda la creación literaria. ¿Qué sería de mí entonces?

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¡EGOÍSTA!

oscar-fumandoSi alguna vez te dicen “eres un egoísta”, sobre todo en el ámbito de tus personas más cercanas y queridas, no debes preocuparte demasiado. Es una muestra, un tanto desviada o pervertida, de afecto; una manifestación, por vía de reproche, de que eres muy importante para la persona que así se expresa, quien desearía que constantemente tuvieses puesta la atención en ella.

Y es que, después de todo, ¿en qué consiste ser egoísta? ¿En poner la propia persona por encima o por delante de las otras? Pero esto es inevitable. Desde que nace, uno respira por sí mismo, come por sí mismo y realiza todas las funciones biológicas por sí mismo, y nadie más puede hacerlas por él. Incluso piensa por sí mismo; pero esto, no siempre

Es verdad que hay casos extremos en los que el mote “egoísta” parece obedecer a una característica objetiva, pero no son esos los que motivan mi comentario, sino aquellos otros que seguramente la mayoría de los lectores conoce. Y es que el verdadero egoísmo, el extremo, como lo acabo de adjetivar para diferenciarlo del meramente dialéctico, es otra cosa. Consiste no en hacer la propia voluntad, cosa justa y necesaria para seguir viviendo, sino en forzar la voluntad de los otros.

Como siempre, la enorme clarividencia de Oscar Wilde dio en el clavo:

Egoísta no es el que hace lo que quiere, sino el que pretende que los otros hagan lo que él quiere.

Así que ya lo sabes, si alguien te dice “eres un egoísta”, sobre todo en el ámbito de tus personas más cercanas y queridas, no debes preocuparte demasiado. Esa persona solo está ejemplificando la definición dada por Ambrose Bierce, escritor norteamericano más ácido que el amable irlandés antes citado.

Un egoísta es una persona que piensa más en sí misma que en mí.

bierce

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Ramón J. Sender y Carmen Laforet se escriben

sender laforet 1Sender a Laforet:

Conserve siempre ese dominio de la realidad, esa visión directa, sencilla y asombrosamente humilde – es la humildad la que hace el milagro -de su Nada que releo y admiro.

(5 octubre 1947)

                                                                                …

Laforet a Sender:

llevo conmigo la Crónica del Alba y no creo que haya habido una novela más hermosa, más llena de pureza y de encanto y de fuerza en toda la literatura de la posguerra.

(octubre de 1965)

                                                                                  …

Sender a Laforet:

Hasta en Nada hay felicidad. Hay una dulce conformidad con la desgracia que solo se le puede ocurrir a una muchacha armoniosa y rebosante de gracias – y de talento (y no diga que son piropos). En eso de decir la verdad soy muy baturro.

(29 enero 1966)

                                                                            …

Sender a Laforet:

Nada es la primera obra maestra realmente femenina que hay en nuestras letras. La Pardo Bazán y otras a veces están bien, pero todas quieren ser grandes hombres.

Dicen que no hay tiempo, pero el poco que tiene la gente lo dedica a envenenarse la vida.

(4 marzo 1966)

                                                                           …

Laforet a Sender:

No se asombre usted de las malas interpretaciones españolas sobre la obra, las intenciones y hasta la vida de uno. Usted se ha olvidado que vivimos siempre en pequeños reinos de Taifas, y que una persona que no está declaradamente en ninguno de estos reinos belicosos, a la fuerza se la considera como enemiga de todos. O tonta, o malvada, o lo que sea.

(6 mayo 1966)

                                                                               …

Sender a Laforet:

Y como le dije es la primera mujer que escribe sin tratar de imitarnos ni de disfrazarse de “gran hombre”, que es lo que suelen hacer por ahí (Simone de Beauvoir y otros excesos).

(27 mayo 1966)

                                                                                    …

Laforet a Sender:

La literatura la inventó el varón y seguimos empleando el mismo enfoque para las cosas. Yo quisiera intentar una traición para dar algo de ese secreto, para que poco a poco vaya dejando de existir esa fuerza de dominio, y hombres y mujeres nos entendamos mejor, sin sometimientos, ni aparentes ni reales, de unos a otros…tiene que llover mucho para eso. Pero, ¿verdad que usted está de acuerdo, en que lo verdaderamente femenino en la situación humana las mujeres no lo hemos dicho, y cuando lo hemos intentado ha sido con lenguaje prestado, que resultaba falso por muy sinceras que quisiéramos ser?

(10 febrero 1967)laforet sender 2

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CARMEN LAFORET. Nada y los demonios I

carmen laforet 2El Premio Eugenio Nadal de Novela, creado por la barcelonesa Editorial Destino en 1944, fue, en sus primeras décadas de existencia, un referente importante de la novelística en lengua española. El prestigio que pronto alcanzó se vio confirmado por el “descubrimiento” que fue haciendo de ciertos escritores que con el tiempo se revelaron de valor seguro (Miguel Delibes, Ana María Matute, José María Gironella, entre otros). El primero de los galardones se concedió el 6 de enero de 1945. La ganadora fue una mujer de 23 años de la que nadie sabía nada. Nada era el título de la novela.

Poco después del fin de la guerra civil (¿un año?¿dos?), Andrea, de 18 años, llega a medianoche, en tren, a la estación de Francia de Barcelona. Huérfana, viene del pueblo donde ha estado a cargo de una prima, con intención de estudiar en la Universidad. Por dificultades imprevistas no ha podido avisar del cambio del horario anunciado y ningún familiar la espera.

No está asustada. Al contrario, una dulce felicidad la invade. Con el coche de caballos que se le ofrece – medio de transporte resucitado por las necesidades de la posguerra – va atravesando la ciudad antigua, encantada por las luces y el ambientepremio nadal un poco fantasmal de las calles semivacías. Tras pasar por delante del edificio de la Universidad, el coche enfila por la calle Aribau arriba y a la segunda travesía se detiene. Es ahí, en el piso del que guarda vagos recuerdos de la primera infancia, donde sus parientes la esperan: la abuela, dos tíos y una tía.

Tardan un rato en abrir. Cuando abren – una mujer pequeñita, borrosa y que parece no estar en este mundo –, solo con el ambiente, el olor espeso de la casa, todo el encantamiento de minutos antes se desvanece. La abuela la confunde al principio con una nuera. Aparecen enseguida, como espectros en la penumbra, el resto de personajes: tío Juan, de rostro desencajado y aire malhumorado, su esposa Gloria, que parece maltratada por la noche y el abandono; tío Román, alto, delgado y con cierto atractivo, y tía Angustias, brusca y autoritaria, que la reprende por llegar a esas horas. Y finalmente Antonia, la criada, de aspecto tan sucio y lamentable como calle aribauel perro que se asoma con ella. Este es el cuadro escénico con el que Andrea tendrá que convivir hasta el verano.

La casa no se ofrece menos oscura y triste que sus habitantes. Andrea, apenas superado el brutal desencanto, asume que ha de aprender a vivir en ese mundo de odios cruzados. Porque todos, menos la abuelita bondadosa y un poco ya en otro mundo, se odian y se hieren cordialmente.

Con frecuencia me encontré sorprendida, entre aquellas gentes de la calle de Aribau, por el aspecto de tragedia que tomaban los sucesos más nimios, a pesar de que aquellos seres llevaba cada uno un peso, una obsesión real dentro de sí, a la que pocas veces aludían directamente.

Juan maltrata y golpea con frecuencia a Gloria, Angustias hace ostentación de un rigorismo moral, que se complace en aplicar a la sobrina Andrea, controlándola en todos los aspectos, control que Andrea va aprendiendo a eludir desde el primer momento; Juan y Román se insultan con el menor pretexto y suelen llegar casi a lasuniversidad manos.

Es en Román en quien Andrea cree haber encontrado algo especial, un algo de misterio que le diferencia del resto de la familia. Román se ha arreglado una especie de pequeño estudio en el último piso del edificio, y allí suele retirarse con su violín (fue músico de cierta fama, se sabe después) y sus cigarrillos. Y en ocasiones invita a Andrea a fumar y a cambiar impresiones, es decir, a intentar sonsacarse o confesarse mutuamente. De la última visita, Andrea escapa asustada: ha comprendido que Román está tan loco como Juan y como toda la familia.

La otra cara del tenebroso piso de la calle Aribau es la Universidad, tan cerca y tan lejos. Entre los compañeros y compañeras, sobre todo en el romántico Patio de Letras, Andrea gusta de algo de la vida que había pensado que viviría en Barcelona. Pero no se adentra definitivamente en la comunidad estudiantil hasta que no conoce y consigue hacerse amiga de Ena, bella,  amable, distinguida, y de su círculo de amigos, entre ellos Pons, tímido y cortés, quien no puede ocultar su inclinación por Andrea.patio de letras

Andrea participa en las salidas y actividades del grupo, incluso conoce y simpatiza – como ellos por su parte – con los padres y el novio de Ena. Pero el cuadro no es perfecto. En una ocasión, invitada por los padres de Pons a una fiesta social, Andrea, con su indumentaria sencilla, se siente avergonzada, casi humillada por el mundo de los anfitriones.   

Ella no lo dice, pero el lector comprende que ahí se ejemplifica la diferencia, el abismo que separa la sociedad alta (los Pons y su mundo), que ha salido indemne o muy beneficiada de la guerra, de la clase media no ya empobrecida sino burguesía barhundida tras la contienda cualquiera que hubiese sido el bando elegido (o impuesto), representada por los moradores del piso de la calle Aribau. 

De todos modos, Ena significa para Andrea la aportación de afecto que necesita y la puerta segura y necesaria a la vida  inteligente, noble y luminosa de la ciudad tal como la había soñado. Por ello precisamente, pone especial empeño en no permitir de ningún modo que los dos mundos se toquen: el de Ena y el de la calle Aribau.

Pero una cosa son los deseos y otra los giros inesperados que da por su cuenta la vida. Y he aquí que ocurre algo que podría ser tachado de folletinesco, aunque yo no lo haré: Ena descubre que hubo una antigua relación entre su madre y el tío Román, de la que la mujer salió muy malparada, y decide vengarla de alguna manera. 

Termina el curso en la Universidad. El mundo de la calle Aribau acaba en tragedia. Las dos amigas, que se han distanciado, se reconcilian. Andrea acepta el ofrecimiento del padre de Ena para trabajar en su empresa de Madrid, adonde ha de trasladarse toda la familia.

Se abre una vida nueva. ¿Qué quedará del extraño mundo de la casa de la calle Aribau? Nada, piensa Andrea. Pero esto no es verdad, intuye el lector. Y quizás ella misma. placa aribau(CONTINÚA)

(De ESCRITORAS

(Ver NEL MEZZO DEL CAMMIN)

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