Y usted, ¿por qué escribe? I

En toda entrevista hecha por un periodista a un escritor existe el peligro, la amenaza, o como se lo quiera llamar, de que, de pronto, surja la pregunta: y usted, ¿por qué escribe? Los escritores veteranos, experimentados en el trato con los medios de comunicación, tiene siempre su respuesta preparada. Ingeniosa, obvia, inteligente, absurda, aguda, original, estándar o lo que sea, pero la tienen bien a punto. Solo han de tirar del cajón de las respuestas y ya está.

“Mire, señor periodista yo escribo por esto o por lo otro, para esto o para lo otro.” Y el periodista toma nota o deja que funcione la grabadora, sin fijarse mucho en las palabras del escritor, porque está pensando en la siguiente pregunta.

Pero imaginemos que el escritor es tan poco famoso que nunca ha sufrido la pregunta, es decir, que casi nunca ha sido entrevistado. El susto puede ser descomunal. “Y yo ¿por qué escribo?”, se pregunta mentalmente durante los escasos segundos anteriores al momento de  la respuesta. Y es posible que, en su nerviosismo, una gotas de sudor perlen su frente, como diría el escritor estándar.

“Y yo, ¿por qué escribo?”, piensa, “¡Qué pregunta tan absurda! Es como si a un niño le preguntasen por qué juega. O como si a un ciclista le preguntasen por qué pedalea. Para no caerme, contestaría el ciclista. Eso es, para no caerme.”

Y entonces, recuperada la calma, lanza la respuesta inspirada: “Escribo para no caerme”. Pero el periodista no advierte la inspiración, porque está pensando en la siguiente pregunta. (continuará)

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