La letra o la vida I

Sin necesidad de consultar un tratado de gramática, creo estar en condiciones de afirmar que la partícula “o” puede tener, por lo menos, dos funciones distintas. Una, claramente disyuntiva, como cuando los antiguos bandoleros conminaban al viandante para que se decidiese por ¡la bolsa o la vida! sin más historias. Otra, explicativa de una equivalencia, como cuando, refiriéndose al idioma, se dice “castellano o español”.

Si he de ser sincero – y, sinceramente, creo que lo he de ser – confesaré que, después de pensarlo un rato, todavía no sé cuál de las mencionadas funciones ejerce la partícula “o” en el rótulo de esta Categoría.

Decantarse por la función disyuntiva del “o” supone aludir a aquel trágico dilema que algunas personas han sufrido y que muchas han magnificado: escribir o vivir; el arte o la vida. O, como lo decía Pirandello, la vita o si vive o si scrive. Y enseguida acuden a la mente los nombres de tantos creadores de los que se dice que crearon porque no sabían o no querían vivir; individuos encerrados en sus cubículos, que levantaban mundos fantasmagóricos o simplemente imaginarios mientras el mundo real andaba no lejos de sus zapatillas.

Pío Baroja, por ejemplo. Y el nombre se me ha aparecido a propósito de las zapatillas. Porque aquel genial constructor de relatos novelescos alardeaba de no saber escribir correctamente, y para corroborarlo afirmaba sin ningún pudor que él nunca sabía si estaba con zapatillas, de zapatillas o en zapatillas. Pero, a la vista de su obra, parece que esto del desaliño literario de Baroja es pura leyenda. Leyenda patrocinada por el mismo autor. Ya es raro. Como si un arquitecto propalase que no sabe bien su oficio. Y es que – como imagino que se irá viendo por aquí – los escritores suelen ser gente muy rara.

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2 comentarios

Archivado bajo La letra o la vida

2 Respuestas a “La letra o la vida I

  1. Es una alegría verte por aquí, Baphomet, con toda tu sabiduría (filológica en este caso) a cuestas.

  2. Baphomet

    Esta disyuntiva surge, mi estimado Antonio, de una extraña carencia de nuestro idioma «castellano o español». Ocurre que, por alguna razón que ignoro, no hemos heredado de la lengua del Lacio su ‘o’ exclusivo —o sea, su ‘aut’—, como el que aparece en la famosa divisa de César Borgia: «Aut Cæsar aut nihil».

    El «mero español» —el giro es de Borges— cuenta simplemente con el ‘o’ inclusivo, ese ‘vel’ de los romanos.
    Pero ambos sabemos que la riqueza del latín era tal que, además, contaba con el ‘sive’ —el ‘o bien’— y otras partículas afines.

    Por eso, a pesar de lo que muchos piensan en la actualidad, «la ignorancia de las lenguas clásicas nos hace ir por el mundo (cultural) como con la visión neblinosa».

    ¡Mis felicitaciones por el blog!

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