Lo que nos lleva

Puedo hablarle. Por lo menos, puedo dirigirle la palabra.

Puedo mirarlo y, con un poco de imaginación, incluso verlo. Dirijo la mirada mental a mi interior, y ahí está.

A veces lo siento como un gas o una nube moviéndose suavemente por el plexo solar. Otras veces pienso, siento, que ocupa todo el cuerpo.

Si le pregunto algo, no responde. No se comunica con palabras.

Me gustaría saber algo de él; su historia, sus intenciones. Pero ya he dicho que no usa el lenguaje.

Su única manera de manifestarse es por movimientos; sus movimientos, que se manifiestan necesariamente como míos.

Quizá no tiene conciencia de sí. Quizá sea un simple dispositivo programado para dirigirme.

¿Dirigirme? ¿Hacia adónde? ¿Por qué? ¿Para qué?

Soy un preso, forzado a cumplir una tarea cuyo sentido desconozco.

No hay manera de saber lo que busca. Deduzco que solo su interés o beneficio.

Es un explotador, un sádico que al final me abandonará en un cementerio.

¿Solo yo lo veo? ¿Solo yo lo sufro?

¿Quién está loco?

¿Yo?

¿O todos los demás?

Deja un comentario

Archivado bajo A veces estoy loco, Postales filosóficas

Deja un comentario