El caso es que, ni siquiera ante la visión o inmersión en la realidad, unos y otros, optimistas y pesimistas, se ponen de acuerdo.
Más difícil, por supuesto, es que lleguen a un consenso, a una aproximación siquiera en cuanto a la solución del enigma que a continuación planteo:
El funcionamiento o desarrollo de la sociedad humana global, la sucesión de avatares que en la historia se produce ¿es obra de la actuación anárquica de los componentes de la misma sociedad, la cual con su actividad egoísta, produce el resultado que todos conocemos? ¿O existe un poder oculto que dirige la historia en cierto sentido, para alcanzar determinados fines? Y ese poder oculto, si es que existe, ¿es transcendente, con lo que entraríamos en el territorio de la religión, o inmanente, con lo que se abriría un campo magnífico a los elucubradores de todas clases?
Dejemos la religión aparte porque, por su propia naturaleza, todo lo que ella dice o afirma “va a misa”, con lo cual el ejercicio intelectual no tiene campo en el que desarrollarse y ni siquiera tiene sentido.
anarco-egoísmo
Todo lo contrario ocurre con la opción que podríamos llamar anarco-egoísta, es decir, con la idea de que el mundo, la historia de la humanidad, se va configurando como resultado aleatorio de las acciones descoordinadas de sus actores. De manera que resulta ridícula o absurda la pretensión de encontrar un sentido a la historia humana, cuando ésta no es otra cosa que el resultado de la acción sin plan y sin sentido de los individuos y grupos que, ignorantes, la construyen y la padecen.
poder oculto inmanente
Por el contrario, la posible existencia de un poder oculto inmanente ofrece un amplio, amplísimo, abanico de oportunidades para desplegar toda la capacidad investigadora de historiadores, sociólogos y curiosos en general. Y aunque los resultados son muy variados, todos tienen algo en común: la creencia de que no son los líderes políticos ni los estados los que dirigen el mundo, sino ciertos grupos de personas que, desde la oscuridad, imponen los medios que han de posibilitar alcanzar determinados fines.
masonería
A primera vista la masonería, puede ser considerada como uno de esos grupos que, desde la oscuridad… etc., etc. Pero si se escarba un poco, se comprende que no. Lo que ocurre es que su modo secretista de actuación le ha concitado toda clase de enemigos, un poco como le ocurriera al cristianismo en sus primeros tiempos.
Además, desde la aparición de la masonería, la Iglesia católica, por entonces el primer poder espiritual (y bastante temporal), le declaró odio eterno por oponerse a sus sagrados dogmas, con lo que la reputación de lo masónico se ha visto seriamente dañada hasta ahora mismo.
Pese a que se le suele atribuir un origen antiquísimo, la masonería nació en verdad en Inglaterra a principios del siglo XVIII, o poco antes. De hecho, es un producto típico de la Ilustración, con su obediencia a la Razón, al orden natural dirigido por el Gran Arquitecto, dios creador no reconocido sin embargo como tal por ciertos sectores, y con su anhelo de perfección moral individual y de fraternidad universal.
De Mozart a Goethe, a ella se acercaron las personalidades más relevantes de la primera época, con la idea de participar en la construcción de un mundo mejor, siempre en el ámbito de un secretismo y de un ritual inventado ad hoc. Bastante teatrero, por cierto.
Pero con el tiempo, las cosas se fueron torciendo. Desde fuera, por la furia que mostraron sus enemigos con acusaciones falsas y hasta imposibles (alianzas varias con sionistas, socialistas, bolcheviques, capitalistas). Desde dentro, por el proceso de degradación natural de las sociedades más o menos secretas, que acaban convirtiéndose en asociaciones de ayuda mutua (mafias) con intereses principalmente económicos y políticos; así, la participación de cierto grupo masónico en la política italiana (décadas 1970-80) como fuerza de extrema derecha en la sombra.
el sionismo es un nacionalismo
Excepto en Rusia y en algún otro rincón del continente, a mediados del siglo XIX, las comunidades judías estaban bien asentadas en Europa. Nadie, especialmente de entre sus miembros más destacados, podía prever otro futuro que la perfecta asimilación de los judíos en sus estados respectivos, de manera que cualquier intento de modificación del status vigente era considerado, en especial por los miembros más prominentes de la sociedad judía, como una aventura peligrosa y fuera de la realidad.
Ello a pesar de que el antisemitismo permaneciese enquistado en el pueblo europeo y se manifestase de vez en cuando por brotes más o menos violentos. En este contexto se explica el rechazo que al principio recibió la propuesta de un joven periodista, llamado Theodor Herzl, dirigida a los miembros más influyentes de la sociedad judía.
Theodor Herzl
Herzl había nacido en Budapest, en 1860, en el seno de una familia judía ilustrada y acomodada. En 1878 la familia se trasladó a Viena, donde Theodor estudió derecho. Pero se dedicó principalmente a la literatura y al periodismo.
En 1891 viajó a París para cubrir el caso Dreyfus. Un oficial del ejército francés era juzgado y condenado por traición en un proceso por completo irregular: era judío. Theodor quedó asombrado, y espantado, por el estallido de furia antisemita que se produjo en las calles de París, y de toda Francia. Parece que fue aquel espectáculo, aquella reacción popular, lo que determinó en él el cambio de rumbo en la visión del problema judío: comprendió que, mientras existiese aquel antisemitismo visceral, la postura tradicional asimilacionista era inviable.
Y empezó su campaña en pro de la creación de un estado para el pueblo judío, es decir en pro de la plasmación del ideal nacionalista romántico de “un estado para cada pueblo”. Con la particularidad de que, de momento, no había territorio para aquel estado.
Infatigable propagandista, Herzl intentó incluso contactar con el sultán turco, bajo cuya soberanía estaban las tierras históricamente más adecuadas para albergar el nuevo estado de Israel, el Eretz, el territorio de Jerusalén. Pero su logro más real consistió en convertir la oposición o indiferencia del judaísmo europeo al cambio del status vigente en entusiasmo y esperanza ante la posibilidad de un estado judío.
En efecto, en 1897 tuvo lugar el Primer Congreso Sionista en Basilea, del que Herzl fue nombrado presidente, cargo que ostentó hasta su muerte ocurrida en 1904. En el mismo Congreso se constituyó la Organización Sionista Mundial.
Las vicisitudes históricas de las décadas siguientes determinaron en gran medida el rumbo que fue tomando el movimiento sionista. La conmoción moral y política que supuso el Holocausto, a lo que se sumaron intereses estratégicos de algunas potencias, propiciaron la intervención activa de Gran Bretaña y Estados Unidos en la solución de las necesidades sionistas, concluyéndose finalmente con la creación del estado de Israel sobre tierras de la antigua Palestina, con evidente desprecio de sus moradores musulmanes, tan históricos como los hebreos.
Y ya tenemos cumplido el sueño de Theodor Herzl: la realidad de un estado nacional judío, con las notas – no sé si el ilustre periodista había pensado en ello – de prepotencia y ferocidad propias de todo nacionalismo.
el sionismo como ficción
Como en el caso de la masonería -menos que en el caso de la masonería – no hay en el sionismo intención alguna de apoderarse del mundo. Se trata simplemente de la voluntad de edificar y consolidar un estado nacional como los existentes desde hacía casi un siglo en Europa y América. Pero una cosa es la realidad y otra la ficción.
Y es que en 1902 apareció una publicación titulada Los Protocolos de los sabios de Sion en la que los supuestos “sabios” se inculpan de todas las intrigas y maldades cometidas por los judíos. Enseguida se descubrió que la obra era una falsificación realizada por la policía zarista para justificar los progroms que sufrían los judíos. Tanto da. Los extremistas antisemitas, desde entonces hasta ahora, lo han tenido por auténtico o, en el colmo del cinismo, como en el caso de un alto jerarca nazi, han reconocido su falsedad factual pero afirmado su autenticidad en cuanto reconocimiento del modo de ser y actuar de los judíos.
Para acabar:
El texto, considerado una farsa, afirma ser la transcripción de unas supuestas reuniones de los «sabios de Sion», en la que estos detallan los planes de una conspiración judeo-masónica, que consistía en el control de la masonería y de los movimientos comunistas, en todas las naciones de la Tierra, y que tendría como fin último hacerse con el poder mundial.(Fuente: wikipedia).
Y es que, ante esto, francamente no vale la pena gastar una palabra más.
la mentalidad conspiranoica
El hecho de que el ser humano sea un ente racional no siempre es bueno para él.
Ante todo ha de quedar claro que la razón no es una verdad, ni un conjunto de verdades; es un método, un procedimiento para tratar la realidad.
Pero a veces la realidad es oscura, opaca, aparentemente intratable e inexplicable.
Y cuando ese ser dotado de razón topa con una realidad oscura u opaca a veces no se resigna, no admite que algo esencial para la humanidad pueda permanecer oculto o inescrutable para esa misma humanidad provista de razón. Y entonces, en vez de reconocer sus limitaciones, imita los pasos de la razón sobre los datos que él mismo elige hasta llegar a conclusiones a menudo originales y siempre fantásticas. Rechaza las explicaciones acerca de los límites que le ofrecen desde instancias más sensatas y construye sus propias explicaciones, con frecuencia insensatas.
Para este tipo de personas el mundo entero es un engaño. No en el sentido filosófico-metafísico de que solo es apariencia de una realidad oculta, sino en el más pedestre de que todo está urdido por ciertas personas o grupos en la sombra, que las autoridades oficiales desconocen pero a las que, en todo caso, obedecen sigilosamente. Nada es lo que parece ni para lo que parece; todo es fruto de una gran conspiración, que se muestra bajo aspectos y formas infinitas para confusión y sometimiento de la humanidad ignorante.
Esta es básicamente la actitud del llamado «conspiranoico». Este es el clima mental que alimenta su convicción de que todo lo «oficial» es mentira, de que la verdad consiste en que unos grupos, a veces sin nombre conocido, a veces con nombres históricos que ya parecen de leyenda (masones, illuminati, judíos), trabajan en la sombra para alcanzar sus propios fines.
la conspiración existe
Pero lo triste del caso es que esa actitud del conspiranoico se basa en algo real: la conspiración existe. Solo que no es como la pintan. Hay unas fuerzas paralelas al mundo oficial y legal, que pugnan desde la sombra (o desde donde sea) por imponer su voluntad y alcanzar sus objetivos, puramente egoístas. El problema radica en que, para identificarlas y denunciarlas, se necesita estar dotado de unas características poco corrientes: visión clara, inteligencia aguda, carencia de prejuicios, mentalidad científica, carácter noble. Características que, sin duda, posee el lingüista, pensador y activista norteamericano de origen judío (¡vaya, por Dios!) Noam Chomsky.
En su obra Quién domina el mundo Chomsky parte de la política de Estados Unidos desde 1945, es decir, desde que alcanzó el grado de primera potencia mundial, que nadie le ha arrebatado todavía. Y muy pronto llega a la primera y evidente conclusión: que Estados Unidos es la principal potencia terrorista del mundo. Basta seguir la relación de actos criminales – visibles e invisibles – que Chomsky nos recuerda para tener que aceptar afirmación tan tenebrosa. Pero no hay motivo para el escándalo: todas las grandes potencias, todos los imperios han actuado del mismo modo, en cuanto han podido.
Establecido que Estados Unidos es el primer poder que dirige o domina el mundo, habría ahora que dilucidar si hay algún poder que dirige Estados Unidos. Según su propaganda, el alma del país es la democracia, el progreso y la libertad para todos. Pero en la realidad no funciona exactamente así. Lo cierto es que existen una élites socio-económicas que han ido aislándose ante cualquier restricción que la democracia pudiera imponer, mientras que el grueso de la población es impulsada por diversos medios hacia el consumismo fácil, la apatía y el odio a los más vulnerables, al tiempo que a las grandes corporaciones y a los ricos se les permite todo.
Para decirlo con palabras literales de Chomsky no es posible entender de forma realista quién gobierna el mundo sin hacer caso de… los conglomerados multinacionales, las enormes instituciones financieras, los emporios comerciales y similares. Ellos, en la sombra o con descaro, de acuerdo con sus intereses imponen las medidas que dócilmente discuten los políticos y aplica el poder ejecutivo. Así, que mejor no pensar en lo que significan la paz y la guerra para la poderosísima industria del armamento, por ejemplo.
Para cerrar este rápido repaso de las respuestas que se pueden proponer a la pregunta ¿hay alguien o algún poder oculto que en realidad dirige el mundo al margen de los oficiales? me detendré en un caso curioso. Se trata de una asociación internacional de ricos y poderosos que anualmente se reúnen al margen de la prensa y de cualquier tipo de publicidad dicen que para evaluar la situación internacional, entre exclamaciones – se supone – del tipo ¡hay que ver cómo está el servicio!
Club Bilderberg
El Club Bilderberg fue fundado en 1954 en los Países Bajos por un político polaco exiliado, preocupado por el antiamericanismo emergente en Europa, reuniendo a líderes europeos y norteamericanos. Enseguida contó en el apoyo de personalidades destacadas, como el millonario David Rockefeller, el príncipe holandés Bernardo y el primer ministro belga van Zeeland.
Está formado, desde su fundación, por unas 130 personas destacadas en la política, la economía o los medios públicos, mediante invitación personal a cada una de las reuniones que se celebran anualmente: políticos, banqueros, financieros, miembros de la realeza, dueños de los medios de comunicación (todos ellos del máximo nivel, por supuesto). Y desde su fundación estuvo clarísima su alineación en el bando anticomunista de la guerra fría, pues en palabras de uno de sus líderes, su misión consiste en hacer un nudo alrededor de una línea política común entre Estados Unidos y Europa en oposición a Rusia y el comunismo. En efecto, literatura de guerra fría.
Para cierto sociólogo de prestigio, el Club Bilderberg consiste en un medio para discutir ideas, conseguir consenso y conseguir cohesión social dentro de la élite. Pero para gran parte de la izquierda se trata del mal absoluto, del poder en la sombra que pretende dominar el mundo. Gran confusión. Acerquémonos a algunos datos concretos a ver si así conseguimos despejar el panorama.
En la última reunión del Club, que tuvo lugar en Madrid entre el 30 de mayo y el 2 de junio de 2024, participaron diez personajes españoles, entre ellos varios ministros, una banquera y la presidenta de Europacific Partners (Coca-Cola). Y uno no puede menos que preguntarse si una cosa tan volátil como los ministros de una pequeña democracia o tan gaseosa como la Coca-Cola podrán aportar algo sólido (sea bueno o malo) al futuro de la humanidad. O sea, que desde cierto punto de vista todo tiene el aspecto de ser una mascarada destinada a encandilar o atemorizar al personal, un capricho de cuatro grandes que se creen, eso sí, los amos del mundo.
conclusiones
No es que todo tiempo pasado sea mejor, pero es verdad que hubo un tiempo en el que los campos y sus áreas estaban casi perfectamente delimitados; un tiempo en el que se sabía dónde estaba el bien y dónde el mal; un tiempo en el que las fuerzas del bien – seguras de su triunfo final – plantaban cara a las fuerzas del mal; un tiempo en que los amantes de la luz defendían el progreso, que no era entonces un palabra o un concepto ridículo, sino la tarea obligada y gozosa de la juventud de cualquier edad.
Pero aquel tiempo ya no existe. Hemos visto demasiados retrocesos irreparables; hemos visto a demasiados hombres respetables reírse de la razón y del progreso. Hemos asistido a los fracasos de los intentos de ordenar racionalmente el mundo, siempre derrotados por la avaricia del poder y del dinero. Incluso, recientemente, hemos asistido a la elevación al mando de la primera potencia mundial de un delincuente común. Nada raro, cuando un asesino inconfeso se mantiene largos años al frente de otra gran potencia.
Ante este desorden general ¿puede decirse que existe algún poder o grupo humano capaz de dirigir en la sombra, o a plena luz, la marcha de la humanidad hacia donde fuere? Yo no lo creo, francamente.
Por todo ello, no veo otra opción que adscribirme a la teoría de que es el anarco-egoísmo lo que dirige el mundo, es decir, lo que le conduce a un confuso e impredecible final.
Y lo demás son pamplinas.
(A no ser que un poder trascendente sepa lo que se trae entre manos).
Excelente análisis, claro y conciso -creo que ya lo he comentado en otra ocasión-. El mundo lleva mal camino, las democracias están eligiendo dirigentes que se mueven entre la demencia y el odio, y parece que lo que más les gusta es acabar con los que no concuerdan con sus ideas a golpes. Todo esto asusta.
Asusta, da miedo. Y también atrae. ¿Por qué?