MÁS DEL «ÚLTIMO CUADERNO» II

21-XI-21

J.C. da por muerta y enterrada La ciudad y el reino. Dice  que me enviará los ejemplares restantes y asunto cerrado. Un año ha durado la ilusión. Y, aunque finalmente ha habido algún pequeño reconocimiento, sabía muy bien que no es obra para hoy y ahora, y si a eso le sumamos la impericia – llamémosle así – del editor, el final estaba cantado. Pero al menos tendré mi obra impresa (y con abundancia de ejemplares), y ni eso creía posible hace poco más de un año.

 

1-I-22    Año Nuevo              

Aquello que pensaba que nunca haría he empezado a hacerlo, el repaso escrito de mi vida: Viejo Mundo Nuestro.

No serán unas memorias convencionales, sino una serie de episodios, postales, semblanzas, ambientes en las que yo soy el centro, pero sin insistir en ello, sino más en los ambientes sucesivos por donde transité en mi viaje. Pero solo de los tiempos más antiguos: el Cine, el Colegio, Valldoreix, la Universidad, la Familia-la Lengua, la Mili.

Tengo escrito ya el primero y voy por el segundo.

 

21-VII-22

He empezado a escribir la A.P. Guía Ilustrada. Consistirá en…lo que dice el primer capítulo. Puede ser una serie infinita. Si uno fuera infinito. Divagaciones sin freno sobre mis obras y, a partir de ellas, sobre mí y sobre el mundo. La enciclopedia total, concebida por un pequeño escritor. No está mal.

Y siempre – lo noto – bajo la influencia de Thomas Mann.

 

14-XI-22

Todo preparado (o casi) para la salida de mañana. La gran aventura. Cinco días fuera de casa. A poco más de 100 km. Pero lo necesito. Olvidar la cotidianeidad reciente. Apartarme en lo posible de todo lo de bajo nivel que me preocupa. Leer sin un propósito utilitario concreto. Escribir rompiendo de alguna manera con lo hasta ahora escrito. Practicar caligrafía (no me llevo el ordenador). Intentar, quizá por última vez, ir por el mundo comunicándome, como el sabio curioso que debería ser. ¡Cuánto sueño!

27-XI-22

Pues no me puedo quejar. Ayer hizo una semana que regresé. Una buena experiencia en varios aspectos. La principal, que creo que por primera vez he experimentado lo que es una vida sabiamente feliz. Consiste en esa dulce sensación de saber que no dependes de nadie y que nadie depende de ti: el cielo.

El próximo jueves, día 1, la extracción para la biopsia en Sant Pau. Imposible no pensar.

 

7-II-23

El cuerpo aguanta. Los diagnósticos no son tan malos. Puedo resistir algunos años. Lo normal.

Sigo con mi A.P. Galería Ilustrada. Algunos capítulos me gustan. Otros, no tanto.

 

2-7-23

Si no actúas, el mundo está vacío. Nada puede llenarlo más que tu propia actividad. ¿Qué es lo que esperas de él? 

  • Un reconocimiento como el que solías tener en la infancia-adolescencia sin apenas esfuerzo.
  • Una tarea clara para llenar con cierto sentido el desierto de las horas.

 Lo segundo está más a tu alcance que lo primero.

 

18-VIII-23

Pretender, a los 83 años, gozar del mismo empuje creativo que a los 50 o 60 es sin duda pura fantasía.

Y sin embargo, no se trata exactamente de gozar de ese empuje, de esa fuerza; se trata de simularlo, de lanzarse a la creación como si todo fuese posible. No se trata de resultados, sino de actitud.

 

1-XII-23

Ayer cumplí 84 años. Si lo pienso bien, solo tengo una tarea importante por delante: aprender a morir.

Sí, aprender a aceptar que debo regresar al magma informe (?) de donde surgí con el nacimiento (?). Y que esto, a parte del trauma del momento crítico, no ha de tener nada negativo. Y no mortificarse con la pregunta «¿para qué todo esto?»

Aceptar, aceptar. Confiado. ¿No es esto la fe máxima que puede profesar un ser humano?

 

30-XII-23

El martes pasado, día de san Esteban, murió M, viuda de mi hermano Adolfo.

Ayer, en la ceremonia, en Sant Cebrià de Valldoreix, los fantasmas de nosotros mismos deambulábamos entre jóvenes prácticamente desconocidos (hijos de amigos, nietos, sobrinos-nietos…). Ni siquiera cambié una palabra con T… ¿Para qué? Los recuerdos no se tocan. (Aunque sí con F).

4-I-24

Solo, en casa. He abierto el ventanal grande del comedor y me he sentado en la butaca, cara al ocaso. Procurando no pensar. Observando las formas de las nubes, cada vez más oscuras, que se hacen y se deshacen.

He pensado si será verdad que solo soy un animalillo insignificante aplastado entre el cielo y la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leave a comment

Archivado bajo Opus meum

Deja un comentarioCancelar respuesta