La escritura de Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma tiene veintiséis años. Una afección pulmonar le obliga a interrumpir su trabajo en Barcelona para pasar unos meses de descanso en la casa familiar de Nava de la Asunción (Segovia). La ajetreada vida de alto ejecutivo en una gran empresa, la vida “disipada” (así se decía entonces) de sexo y alcohol quedan en suspenso. No así la afición a las letras y el contacto – ahora necesariamente epistolar – con los amigos escritores: Carlos Barral, Gabriel Ferrater, Goytisolo, Castellet…

Por el contrario, aprovecha el retiro de Nava para seguir ejercitándose en la escritura. En la poesía, que viene casi sola, y en la prosa, que requiere más trabajo consciente. Con este fin, va escribiendo una especie de Diario, en el que va recogiendo, con afán puramente ensayístico, es decir, de intento, de prueba, las impresiones y pensamientos, de aquellos meses. Y la herramienta se va puliendo, hasta que una mañana luminosa de agosto, en el jardín de la casa, escribe unas líneas que, para muchos, se perderán en el mar del texto:

Desde debajo de unas celindas me estudia un gato negro, incongruente. Parece un resto de noche que han olvidado ahí.

Pero yo pienso que solo un poeta auténtico puede escribir una prosa así.

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2 Respuestas a “La escritura de Gil de Biedma

  1. Si, a veces ni siquiera es necesaria una sola obra para calibrar un escritor. A veces, simplemente basta con una frase.

  2. Creo que es el mejor poeta español de todos los que han brillado después de la guerra civil. Su obra LAS PERSONAS DEL VERBO ha sido siempre un referente y una inspiración para mi.

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