La invención de la realidad

Ya es curioso que, en su origen, inventar significase encontrar (del latín, invenire), como si nada se pudiese “inventar” inventos copenhagueque no estuviese previamente ahí, en algún lugar de la geografía o de la mente. Los científicos y, más que estos, los tecnólogos, dirán que eso no es cierto, que hay cosas radicalmente nuevas, en absoluto existentes antes de que se inventasen. Y estoy por darles la razón. Pero es que yo no pensaba en científicos o tecnólogos, sino en escritores o poetas.

Y ahora utilicemos la palabra en su acepción común o habitual y dejémonos de pasatiempos etimológicos. Una de las actividades principales del escritor creativo es inventar, es decir, presentar como verdaderos acontecimientos falsos. A veces inventa un país, casi siempre inventa una historia, unas situaciones, unos personajes, unos hechos, unos sentimientos. Todo es invención, o sea, mentira.

¿Con qué fin? Preguntádselo y es posible que os responda con bellas frases y agudos argumentos. Pero la verdad, la pura verdad, es que no lo sabe. El pobre no lo sabe. Escribe, inventa, respondiendo a un instinto que no todos los seres humanos tienen, pero sí todos los escritores que inventan.

decay ofY sin embargo, parece que en esas regiones de la escritura cada vez se inventa menos, cada vez se recurre más a lo vivido a lo “basado en un hecho real”, como en tantas películas. Esto es algo que ya le tenía preocupado a Oscar Wilde, quien en la Decadencia de la mentira se quejaba de la falta de imaginación imperante, de la afición al “realismo” de tantos dramaturgos, realismo que, según él, nada tenía de artístico, sino que consistía (¿consiste?) en tomar la realidad cruda y presentarla sin cocinar.

En arte, la invención es necesaria. Incluso cuando se parte de un hecho real. Y, además, las interrelaciones entre invención y realidad pueden tener efectos sorprendentes, a veces mágicos. Por ejemplo, se ha dicho hasta la saciedad que toda novela tiene algo de autobiografía, cuando menos de una manera, diríamos, inconsciente. Pero lo bueno, quiero decir,  lo mágico, se da cuando el novelista pone retazos de verdadera autobiografía y le sale algo totalmente inventado. O al revés, cuando inventa conscientemente y le sale pura autobiografía. Y siempre con ese aroma de irrealidad que en esos casos respira el conjunto.                                                                                                                     pasavento

Aunque lo realmente mágico es cuando el resultado del invento del autor pertenece a la biografía del lector, como, por ejemplo, cuando habla de la infancia del personaje y de cierta bolera abandonada del Paseo San Juan, bolera que, en la adolescencia del lector estaba abierta y fue escenario de viejas emociones nuevas.

No debe de ser cosa fácil construir una irrealidad poética  a base de una mezcla de realidades y ficciones previamente agitadas. En realidad, no sé si eso es bueno o es malo, ni si es conveniente o inconveniente para el devenir del arte y de la humanidad. Y por no saber, ni siquiera sé lo que estoy diciendo. Esto me pasa por seguir leyendo a Vila-Matas.

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7 comentarios

Archivado bajo La letra o la vida

7 Respuestas a “La invención de la realidad

  1. Baphomet, gracias por tu aportación arqueológica. La tendré en cuenta.

  2. TdP

    Hay razones para sospechar que el realismo es un tipo refinado de invención, o sea de ficción. En tal sentido quizás el realismo tenga que considerarse como una de las más astutas e ingeniosas mentiras; a saber: la que pretende aparentar no ser mentira. Eso es lo que siempre intentan hacer los historiadores y periodistas. En tal caso, cabría dudar seriamente de las palabras de Wilde.

    Pd/ Con ganas de leer sobre lo de Schopenhauer.

    Saludos.

  3. Otra entrada plena en interés, Antonio, y van…
    Me ha llamado la atención lo que escribes acerca de “esas regiones de la escritura [donde] cada vez se inventa menos”. En el mundo literario anglosajón, como bien sabes, se ha ‘creado’ (prefiero usar comillas en este caso) un nuevo género que denominan ‘creative non-fiction’. A pesar de lo contradictorio de la nomenclatura, lo cierto es que va ganando adeptos, y sobre todo, muchos seguidores en los cursos académicos que proliferan como los hongos tras unas buenas lluvias otoñales.
    Personalmente, la etiqueta que se le pone a este tipo de escritura me parece innecesaria, y refleja más bien ambiciones académicas de singularidad que otra cosa. En el actual escenario donde todo se rige por el espectáculo y la distracción que el acto ‘cultural’ produce y concita, lo de ‘creative non-fiction’ no deja de ser una manera de tratar de atraer atención a uno mismo.
    Un saludo desde la veraniega Canberra, que pronto cumplirá cien años.

    • Y lo curioso es que casi toda mi obra “creativa” se basa en la “no ficción”. Pero alguna diferencia habrá… Pensaré sobre ell0.

      • Ya ye digo que la etiqueta me parece innecesaria. La creatividad se manifiesta en cualquier forma literaria. ¿Acaso el añadir “creative” a “non-fiction” no es una manera de rizar el rizo, de inventar (por retomar tu argumento inicial) la rueda? Un saludo.

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