Quos deus vult perdere

oscar bosieEl caso es que, en aquel mismo instante, Oscar quedó prendado de Alfred (Bosie, para los amigos) y que ya nunca lograría desprenderse de él. Formaban una pareja “complementaria”, como algunos gustan llamar a lo desigual. Lo único que tenían en común era su amor por la literatura, por la poesía; más auténtico, creo yo, en el caso del mayor que en el del joven.

Por lo demás Oscar era todo amabilidad y dulzura (faltaba poco para que sus triunfos y la conciencia de su valía se le subiesen a la cabeza) mientras que Bosie era arrogante, testarudo, temerario y hasta despótico. Pero tenía a su favor, además de la belleza y la sensibilidad artística, el hecho de ser hijo del Marqués de Queensberry, una de las familias de más rancio abolengo de Inglaterra. Demasiado para que el bueno de Oscar pudiera resistirse.

Hablando en plata, Oscar se enamoró perdidamente del muchacho. Y el muchacho no solo se dejó querer sino que, en su exigencia de pruebas amorosas, fue arrastrando al amante hasta el borde del abismo, donde le bastó un leve empujón para dejarlo caer.

Todo lo malo que supuso aquella relación para Wilde está expuesto con absoluta clarividencia en De profundis, extensa carta dirigida a Bosie y publicada años después. Al leer tal lista de quejas y reproches, tal recopilación de vejaciones y humillaciones, seguidasoscar fumando de rupturas y reconciliaciones, uno se pregunta cómo es posible que una persona tan lúcida y creativa se dejase arrastrar por una personalidad tan mezquina.

La respuesta es el amor. “El amor es mejor que la vida”, canta el Ruiseñor presto a sacrificarse. Sí, pero el amor también suele ser la clase de locura que el dios envía a quienes quiere destruir (“quos deus vult perdere dementat prius”).

(De Ovidio y Wilde, dos vidas paralelas)

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8 comentarios

Archivado bajo Opus meum

8 Respuestas a “Quos deus vult perdere

  1. Marly Barros

    Hermoza descricion ilustrada con fotos negro y blanco. La superficialidad tiene un sentido estigmatizado, puede contener la idea de desvalor, no nível humano. Además hacer una opinión de Wilde, me suena de suspecion, porque abaco haciendo un delato personal.

  2. Marly Barros

    Mismo que no me sienta no nivel cultural de los comentaristas que aqui te escriben, yo deseo darte mis congratulaciones y agradecer por la oportunidad de leer unos interesantes comentarios, pues surten una conversa muy rica en las que se puede aprovechar mucho. Esto es la beleza de narrativa para nosostros, que estudiamos la filosofia porque tenemos afinidad.

  3. TdP

    Empecé leyendo un poco el ensayo y creo que haré caso a lo que ahí expones: “En cuanto a los no creyentes, les recomiendo que abandonen al momento la lectura de este librito y se dediquen a las matemáticas puras (si es que no se necesita también algo de fe para manejar cosas que no existen).” A mi me parece un recurso muy mediocre y pobre tener que apelar a la fe en Dios para explicar y comprender el mundo. Pero cada uno piensa lo que pueda 😉

    Por cierto, no estoy de acuerdo con la dualidad arte-poder con la que partes, y luego articuls todos tus argumentos, pq lo que mueve al artista tb son sus ansias de poder: de poder afectar, influir y seducir al público con sus obras arracando acaso un aplauso, un gemido y con ello, implantando cierta visión de las cosas, cierta conducta y actitud. El arte siempre educa, o sea, conforma nuestro caracter, nuestros juicios, sentimientos y actos. Y a ver, Antonio, ¿diime un poder mayor que éste?

    En efecto, la autoridad social necesita imperiosamente del arte para justificarse, para disciplinar y educar a las gentes según sus objetivos, sensibilidades e intereses. Y el artista, en el fondo, siempre aspira a ser una autoridad social: por eso crea siempre para los demás, es decir, para ser leído, escuchado, apreciado o comprendido y con ello, para ejercer una seductora y secreta influencia sobre su público.

    Todas las guerras, conflictos sociales y revoluciones empiezan por el arte.

    Todos los régimes políticos se nutren de sus artistas proselitistas; luego estan los artistas que incomodan al regimen de turno, a la opinión pública, etc. Pero no seamos demagogos: tan artistas son unos como otros.

    Saludos.

  4. TdP

    No suelo hablar desde un punto de vista moral. En tal sentido y para evitar confusiones, no creo, como Schopenhauer, que lo aparente y superficial sea malo. Otra cosa es, luego, si a mi la superficialidad me gusta más o menos, pero entonces nos topamos con un juicio estético. Además, hay muchas formas de ser superficial, como hay muchas formas de penetrar hasta el fondo las cosas. Para el propio Wilde, por ejemplo, ser superficial parece ser, precisamente, una forma de penetrar la cosas hasta el hueso; o así se entiende cuando dice “sólo los superficiales llegan a conocerse a sí mismos” (lo recito de memoria). Pero habrían otros para quienes la superficialidad sería la máxima expresión de un espíritu profundo: pues por más que uno lo indagase jamás encontraría su fondo…

    Sea como sea, y lo comento desde una perspectiva personal, reconozco que Wilde no es un autor que me seduzca demasiado. Lo conozco por su fama, no porque me sienta identificado con su obra. Si lo comparo con Ovidio, por ejemplo, descaradamente me quedo con el romano. En Ovidio no huelo nada de cristianismo como: el pecado, la culpa, la mala consciencia, la bondad, la pureza e inocencia del alma, y otras cosas por el estilo. En Wilde sí, y eso no pega nada conmigo; quizás porque no he sido educado en el cristianismo ni mi ambiente sea cristiano, como lo fue el de Wilde.

    Tampoco me siento nada identificado con Borges. A nivel literario prefiero mil veces leer a Maquiavelo, por ejemplo, que a Borges. El florentino me sabe mil veces más audaz que el argentino. Pero reitero lo dicho: sólo comento mis gustos… Si bien nuestros gustos siempre nos delatan.

    Saludos.

  5. TdP

    Medio descubrí a Wilde una vez que me visitó una amiga francesa para pasar unos días juntos. En la Universidad le hacían leer “el retrato de Dorian Gray”. Yo en aquel entonces leía por curiosidad “la fábula de las abejas” de Mandeville (sí, antes leía de vez en cuanto 😉 ).

    Lo curioso del caso es que en gran medida los dos autores tratan un poco de lo mismo: rajar las vestiduras de la moral burgueso-cristiana anglosajona. Sin embargo, me parece que el espíritu con que lo abordan uno y otro es muy distinto.

    Mandeville es un escritor honesto y desprende esa inocencia, fuerza y simplicidad que precisamente dan la honestidad. Wilde… Wilde es ampuloso. ¿Acaso porque esconde muchas cosas? Quizás sólo fuera porque era un espíritu ingenioso y cautivador, pero muy superficial.

    • No creo que Wilde sea superficial en el sentido peyorativo del término. Era tan clarividente, bajo una apariencia frívola, que mereció el famoso comentario de Borges de que lo asombroso de Wilde es que casi siempre tiene razón.

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