Justicia poética…post mortem

Me olvidaba. Hay otra forma de justicia poética, realmente justa, porque solo la administra la posteridad, único juez que no puede ser corrompido por los intereses inmediatos, y realmente poética, porque solo la obtienen los auténticos poetas (artistas).

Me refiero a un proceso que se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia de la humanidad. Un escritor, pintor, escultor, músico o lo que sea hace su trabajo. El reconocimiento que obtiene en vida puede ser considerable, poco o ninguno. Pero en algunos casos – y esto es a lo que voy – se ve hostigado por la sociedad o sus gestores, que no entienden o no le perdonan su genio.

El hostigamiento al que es sometido ese artista puede presentar las formas más variadas: ignorancia o “ninguneo” de su obra, incomprensión con ataques verbales al autor, difamación, injurias, procesamiento y cárcel… Sí, de todo ha habido. Y hay y habrá.

Cervantes fue considerado en su tiempo un escritor de tantos, que con su novela sobre un hidalgo loco conseguía que el lector se partiese de risa. Pero no obtuvo ningún beneficio económico, y pasó la vida maltratado por libreros (editores), colegas y magnates. Dos siglos después le empezó a alcanzar la justicia poética, gracias principalmente a los teóricos alemanes del romanticismo.

Franz Schubert pasó su corta vida con la frustración de no ver reconocido su arte más que por sus amigos. Hoy figura en el altar de los grandes de la música universal.

Van Gogh pintó cuadros que a nadie interesaban y que provocaban el rechazo de los “entendidos”. Creo que hoy es el más cotizado de todos los pintores vivos o muertos.

Quizá los artistas citados, y otros muchos que vivieron circunstancias parecidas, no pudieron imaginarse el cielo que el futuro les tenía reservado. Pero hay uno que sí. Y precisamente el que más reconocimiento alcanzó en vida…hasta poco antes del final, cuando el enemigo se lanzó sobre él y lo destrozó por completo. Me refiero a Oscar Wilde, quien, desde el abismo de la desgracia, vio claramente el laurel con que había de ser coronado para la eternidad.

(El lector de este blog podrá verlo en la próxima entrada)

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Archivado bajo La letra o la vida

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