Para un escritor, sobre todo para un escritor como yo, que no disfruta de cierto nivel de popularidad mediática, es bueno tener un Blog. Un Blog literario que, combinado con la intervención en ciertas redes sociales, le permita hacerse una idea de la repercusión de su obra y sobre todo de la calidad y otras características de los lectores reclutados.
(Un paréntesis: no comparto la denostación de las llamadas “redes sociales”. Después de todo, en ellas solo hay lo que se busca y lo que uno mismo pone, o sea, como en la vida misma.)
Y en esa actividad de comunicación, siempre en las dos direcciones, he tenido gratas satisfacciones. Y algunas sorpresas. Por ejemplo, en varias ocasiones he comprobado que algunos de mis escritos han sido objeto de aprobación y elogio por parte de personas situadas ideológicamente en las antípodas de mi posicionamiento, bastante claro en ciertos aspectos. Al principio me sorprendió. Con el tiempo, he llegado a considerar el fenómeno como un efecto normal de mi particular modo de escribir y de exponer las cuestiones.
Como caso curioso está el de de cierta lectora, a quien a los efectos de este relato llamaré Doris. Seguidora de mis escritos – novelas incluidas – desde el primer momento, no se ahorra comentarios simpáticos o halagadores, ello sin ocultar su adscripción ideal a la derecha de siempre. De hecho, su pasión derechista solo se revela claramente en ciertos comentarios que publica en torno de temas ajenos a mis escritos.
Y pienso que sería una lástima, Doris, que te dejases arrastrar a esas posiciones extremas presididas por el odio, la irracionalidad y la mentira. Hace unos días he visto que compartías un clamoroso fake en el que se ofrece la visión de un Salvador Illa (flamante president de la Generalitat de Catalunya), en pose de joven falangista, atribución de una falsedad evidente para todos los expertos en el tema.
Además, piensa que no hay que buscar mucho en el pasado de cualquier persona pública (y menos si es política) para dar con historiales ambiguos, contradictorios o directamente mentirosos. Ahí es donde podríamos hurgar para obtener la aclaración de si estamos ante una persona que evoluciona o ante un simple político capaz de hacer mil y una piruetas para mantener y ampliar su cuota de poder.
Solo te diré, Doris, que el sujeto real del fake antes aludido defendía hace pocos años un tratamiento de las relaciones Catalunya-España que apenas se parece al que hoy defiende y se propone aplicar. ¿Revelación divina del camino de la verdad?¿Evolución lógica de la visión del panorama político? ¿O tal vez interés egoísta por los beneficios prácticos que le reportaría el cambio de rumbo?
Atentos a este fin, verdad y mentira no son conceptos fundamentales o decisivos en la acción política. Quizá por eso ocurre que con tanta frecuencia se confunden.