«Si en la biblioteca tienes un jardín (o huerto), nada te faltará»
Huerto o jardín
Pintaban bastos. Cicerón, que se había puesto al lado de Pompeyo en la guerra civil, acababa de obtener el perdón de Julio César con la condición de que no se metiese en política, actividad que, para Cicerón, era media vida. Pero obedeció, y entre su casa de Roma y la de Túsculum se dedicó al estudio y la escritura, que constituían la otra mitad de su vida. Escribía a sus amigos, comentándoles aspectos de la situación política, y los conminaba a verse para explicarse.
En junio del 46 a.C. escribe a Terencio Varrón pidiéndole un encuentro: «Si tú no vienes, iré yo. Si en la biblioteca tienes un jardín (o huerto) no nos faltará nada (si hortum in bibliotheca habes, deerit nihil).» Este Varrón, además de militar y político, era, como el mismo Cicerón, sabio y erudito, combinación entonces normal, pero impensable en la sociedad de hoy.
Por eso pienso que es como un milagro que el ayuntamiento de Sant Cugat haya reproducido, sobre la entrada de la Biblioteca Marta Pessarrodona, situada en la misma estación de Mirasol del FGC, una versión catalana de la frase. La cosa es tan insólita que merece un reconocimiento explícito. El mío ya lo tiene, de corazón. Pero… y el jardín, ¿dónde está?
Hace pocos años, desde el andén de la estación de Mirasol, casi se podían tocar con la mano unas vides que había en el lado Norte. No queda nada. Todo son edificios, cemento, asfalto.
Conclusión: la frase está muy bien, pero el jardín no existe.
Se lo tragó la burbuja inmobiliaria.