Stefan Zweig, la Gran Guerra y los judíos

zweigEn 1914, el mundo alegre y confiado que era Europa (la Belle Époque), y no sólo la idílica (según Zweig) Austria imperial, estalló de repente. Un extraño fervor, desconocido hasta entonces, surgió de las cancillerías y se propagó por las calles y plazas de pueblos y ciudades: el patriotismo combativo. De repente, ciudadanos de Europa que compartían los mismos gustos, la misma cultura y la misma historia, ciudadanos que atravesaban las fronteras comunes sin pasaporte ni documento de identidad, se vieron divididos, enfrentados: eran enemigos.

A diferencia de otros muchos intelectuales y artistas (como el mismo Hofmannsthal), seducidos por las marchas militares y la poesía épica de sus pueblos respectivos, Zweig no tardó en denunciar la locura de la guerra. Nogranguerra podía ser de otra manera cuando la mitad de sus amigos (entre ellos, Verhaeren y Romain Rolland), pasaban a ser calificados de enemigos, cuando su París del alma pasaba a convertirse en objetivo militar prioritario. Es verdad que en algunos de sus artículos de los primeros meses no oculta su emoción ante el espectáculo de una Austria puesta en armas. Pero hasta aquí, todo normal. Después de todo, Austria era su patria, y al igual que a la inmensa mayoría de judíos centroeuropeos (los de más la norte, con respecto a Alemania), no se imaginaba que pudiera tener otra. Fue Hitler quien alteró aquella tendencia natural, que muy bien podría haber desembocado hoffmanstahlen la integración total de los judíos en su respectivos países. O no. En todo caso las cosas hubiesen ido de muy diferente manera, y quizá hoy no existiría el Estado de Israel. En otras palabras, que, prescindiendo de las intenciones y atendiendo solo a los resultados, se puede decir que Adolf Hitler ha sido el gran impulsor de los modernos logros políticos del pueblo judío. Otra cosa es que se deba decir.

Zweig fue movilizado, pero consiguió que lo destinaran a un archivo militar. Y a la primera oportunidad, huyó a Suiza, donde, en contacto con otros intelectuales, luchó activamente por la paz. Allá mismo, en territorio neutral, estrenó su drama Jeremías, enérgico alegato antibelicista. 

(De Del suicidio considerado como una de las bellas artes)

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