VIDA ADULTA EN VALLDOREIX I

Entre 1995 y 2012 viví en Valldoreix, entidad municipal descentralizada perteneciente al ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès. Ahí tuve ocasión de colaborar con el Diari de Sant Cugat publicando unos artículos sobre casi nada. En catalán. Aquí ofrezco una versión castellana para los que tengan interés o curiosidad.

 

                 (Algunos fantasmas no son conscientes de su condición)

Los invisibles de Valldoreix

Puede decirse que nací en Valldoreix. Aún no andaba cuando mis padres decidieron comprar aquí una casa, donde pasé el primer verano de mi vida.Y todos los siguientes, hasta el final de la adolescencia. Eran unos veranos mágicos, llenos de experiencias maravillosas, de aquellas que solo los niños y los adolescentes pueden experimentar. La vida normal, quiero decir áspera, dura, exigente, tenía lugar en la ciudad, en Barcelona. Valldoreix era el espacio del veraneo. De la magia.

Quizá la primera vez no le presté atención. Pero la segunda, la tercera… Ya no había ninguna duda: cuando salía de casa me hacía invisible. Sí, en cuanto salgo de casa, cuando camino por las calles de Valldoreix soy invisible.

Avanzo por la acera y veo que se me acerca una persona en dirección contraria. «Buenas tardes», le digo cuando nos cruzamos. Pero la persona no me oye, no me ve, continúa su camino. Quizá iba muy metido en sus preocupaciones. Ahora viene otra, también ha de pasar muy cerca de mí. La línea de su mirada enfila mi persona. Esta sí, esta sí que me verá y oirá.  «Buenas tardes». Silencio. Su mirada traspasa mi cuerpo. Pero no me ve. Soy invisible. Es la magia de Valldoreix.

Mi amigo August piensa de otra manera.

«Estos que no saludan cuando se cruzan con una persona por las calles desiertas de Valldoreix son gente de ciudad. Vivían en Barcelona hasta que un día comprendieron que su estatus les permitía mejorar de residencia. Y aquí se trasladaron, con todos sus muebles físicos y mentales. Esta gente no sabe lo que es la vida de pueblo, ni tampoco ha conocido, por supuesto, los veraneos de la edad de la pérgola y el tenis. Solo conocen la ciudad y sus costumbres. Entre otras, la de no saludar a  gente desconocida por la calle. Norma my sabia, por cierto, aplicada a las ciudades. Pero esta gente habría de saber que no es lo mismo caminar por unas Ramblas abarrotadas que cruzarse con un ser humano en el desierto de Kalahari o en las calles de Valldoreix.»

He de decir que August es un racionalista algo cínico. Por mi parte, prefiero pensar que Valldoreix conserva su magia, y que yo, y otras personas, cuando salimos a la calle, somos perfectamente invisibles.

Valldoreix - Cugat Mèdia

 

 

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