Dante. ¿Por qué no? No es de los que más me han influido, pero sí de las más antiguas influencias. A los quince años, creo, leí la “Commedia” en aquel libro de tapas rojas…¿de papá? ¿Adónde habrá ido a parar, el libro? Y esporádicamente su espíritu se me aparece (¡mi primera novela truncada!). Ahora se me ha vuelto a aparecer. Hace solo pocos días, y sin embargo no recuerdo cómo. Es un buen personaje para sumergirme en él y a eso voy. ¿Para escribir? No lo he decidido… pero creo que sí. Hay algo de fatalidad en mis “elecciones”.
11-II-00
¿Dante? Ni siquiera he empezado a escribir. De momento, voy leyendo, informándome. Pero, no, aunque vislumbro alguna escena dramática – la entrevista entre Dante y Bonifacio – en conjunto, tema y personaje no me tiran lo suficiente. Hay aspectos que sí… y mucho:
– Una personalidad a la vez mística y racionalista.
– El consabido duo poesía-política.
– El milagro de la creación, llevado a los límites de lo humano y lo divino.
Por eso el título “no hubiese estado” nada mal: LA ALTA FANTASÍA.
12-III-00
Decidí olvidarme de Dante. Pero hace unos días lo he vuelto a considerar. El tema central sería el que se contiene en el título (La alta fantasía). Su desarrollo muy bien podría ser el desarrollo de lo que apunta Borges en sus dos ensayos sobre el encuentro entre Dante y Beatriz en el Paraíso.
He de reconocer que la base, la materia bruta es insuperable:
Un amor de la infancia que da sentido a toda una vida.
Una vida con innumerables sinsabores que son superados por la potente fantasía del artista.
Un artista que se venga de la realidad metiendo en el Infierno a sus enemigos y ascendiendo al Cielo con su amada… una amada que en la vida real apenas reparó en él.
17-III-00
Una lección de Dante: la más alta fantasía ha de partir de la realidad más íntima y verdadera.
21-IV-00 Viernes Santo
Adiós a Dante. Definitivamente abandonado. No sé si es que no me inspira lo suficiente… o que se me ha acabado la cuerda.
10-II-01
… Después de un año, vuelvo sobre Dante. El personaje es fascinante; la materia, inmensa; los significados, tantos como se quiera… Pero todavía no sé cómo abordarlo. La idea de hace unos días, aunque interesante si la sé ejecutar, me parece algo descabellada, tal vez ilógica: al mismo tiempo que compone la Commedia, Dante intenta averiguar, a través del recuerdo, cómo era en realidad la Beatriz terrestre. Y digo ilógica porque puede parecer el colmo de la contradicción que, mientras la desencarna, glorifica y mitifica en su obra, intente al mismo tiempo descubrir el ser humano, simplemente humano, que fue. O quizá ahí está la gracia. Y el reto.
23-III-01
Vuelvo a dejar Dante. No me siento capaz del esfuerzo. Quizá no hay suficiente motivación. Quizá es que deseo embarcarme en otra cosa. Pero ¿en qué?
26-I-02
Casi me da vergüenza decir: vuelvo sobre Dante. Pero es así. Aunque, de momento, no consigo nada. Aparte de que aún no me he “sumergido” lo suficiente en el personaje y la época, tengo la impresión que la importancia o trascendencia que adivino en la obra produce en mí un efecto paralizante. Quizá convendría, para empezar, rebajar las pretensiones.
2-III-02
Ahora sí que he empezado…un poco, solo unas páginas y con la impresión de que es algo provisional, sustituible, en una palabra, mejorable. Y nada de andamiaje.
Dante llega de Venecia gravemente enfermo; reunidos junto a su lecho hijos y amigos, hablan de él y de las cosas de la vida, mientras él permanece inconsciente, parece. Pero los diálogos de los acompañantes se ven interrumpidos por los pensamientos del mismo Dante sobre su vida y su obra, pensamientos que no se sabe bien de qué situación surgen: ¿delirio de enfermo, visión total del moribundo, reflexiones de un “doble” desde otra dimensión?
Y me encuentro con el problema principal, cómo valorar acertadamente lo mítico y lo histórico, lo literario y lo real. Es decir, en la relación Dante-Beatriz que él mismo nos da, cuánto hay de literal, cuánto de literario. Es importante saberlo, o mejor dicho, es importante ”establecerlo” de la manera más productiva y creíble.
27-V-02
Mario ha puesto sus objeciones, a las páginas que le di a leer. Más que nada por la forma: demasiado esquemática. Quizá hay que tenerlo en cuenta. Quizá.
Ahora sí avanza, aunque no sé bien cómo. Pero lo importante es que avance. Tengo todo el tiempo del mundo (es un decir) para “montar” y rectificar. Me gustaría meterlo todo, a Dante y a mí mismo, el tema de la creación artística… y todos lo demás. Habría de pensarla como una obra infinita, inacabable, donde todo (todo lo interesante y profundo) tuviese cabida.
17-VII-02
Ahora ya veo sentido a la “intriga” en torno a Cavalcanti, o mejor dicho, un desarrollo. En su imaginación, Dante seguirá dialogando con Cavalcanti, incluso sobre temas referidos a hechos posteriores a la muerte de éste. En un momento dado, la reiterada pregunta “¿Dónde estás, Guido?” tendrá su respuesta: “Donde tú me enviaste, entre los muertos”. Dante recordará entonces que él fue uno de los que firmaron su orden de destierro (a una región donde enfermaría de malaria). Y Guido le dice que pagará por ello. El castigo será no poder escapar al destino común: ambos fueron los grandes poetas del dolce stil nuovo, ambos fueron desterrados (“pero tú por tus enemigos”, precisará Guido), ambos mueren de malaria. Dante se excusa, y se consuela de su situación por el valor de su obra. Guido critica la Commedia desde un punto de vista ateo y “moderno”. En su inquietud, Dante despierta. En ese momento llegan Guido Novello y la hija Antonia. Breves palabras. Antonia=Beatriz. Vuelve a entrar en crisis. Busca a Guido para seguir en la disputa y justificarse. Guido no aparece. Dante comprende que todo ha sido imaginación suya, que toda la obra y la vida no es más que creación de la alta fantasía.
Quizá tendría que escribir ya esta parte final (como hice con Lesbia mía y con El corzo…”) y dedicarme luego a los temas pendientes: un poco más de Beatriz, un poco más de política y la Commedia, o mejor, incluir en la Commedia ese poco más de Beatriz…Veremos.
(CONTINÚA)
