¿Los has leído todos?

El libro es ya un objeto ajeno a la mayor parte de la población.

bibliotecaLa frase es de Jordi Llovet, eminente humanista y ex profesor universitario, y la leí en una entrevista que le hicieron no hace mucho. Estos días me ha venido a la cabeza y no consigo sacármela de encima. Así que me pongo a escribir, que es lo que hacen los que escriben cuando quieren sacarse algo que se les ha metido en la cabeza.

Supongo que la razón de la súbita emergencia de la frase desde el almacén de la memoria tiene que ver con la situación actual, quiero decir, con el confinamiento que sufre la población por causa de la Primera Pandemia del siglo XXI.

Porque desde un principio me pregunté ¿cuántas personas llenarán el tiempo vacío dedicándose a la lectura de libros? Pocas, me contesté, muy pocas. Y es que la lectura necesita de un aprendizaje, y si no te la has incorporado como costumbre, difícilmente te servirá para resolverte un bache social y vital como el que ahora sufrimos.

Yo, de la frase de Llovet, eliminaría el “ya”, porque da la sensación de que, antes, el libro no era un objeto ajeno a la mayor parte de la población. Y yo creo que sí, que siempre lo ha sido, en mayor o menor medida.

Vuelvo la vista atrás, a un tiempo situado antes de internet, antes de la televisión incluso (que ya es ser vetusto) y veo las viviendas de parientes, amigos de losnovela fbi padres, vecinos y conocidos. Raramente se divisa un libro, quizá alguno un poco ostentoso, eso sí, que forma parte de la decoración de la sala de estar.

Pero mucha gente leía, se dirá. ¿Más que ahora? Quizá sí, pero un tipo de literatura que no sé si cabe computar como lectura de libros: novelitas románticas, policíacas (recuerdo entrañable de las del FBI de los años 50) y del Oeste. Ese tipo de libro ya no existe porque ha sido sustituido por las series televisivas, las PlayStation y por todo lo que vomitan los canales internáuticos. Desaparición que justificaría el “ya” del amigo Jordi.

No, el libro nunca ha sido un objeto mínimamente apreciado por la sociedad en general. Y si en algunas sociedades o civilizaciones se ha impuesto, como con el las afinidadesjudaísmo, el islamismo y el protestantismo fundamentalista, ha sido siempre en forma de libro único que no admite competencia, lo cual da mucho miedo, mucho más miedo que la ausencia absoluta de libros.

Lo extraño o paradójico del asunto es que, tratándose de un objeto ajeno a la mayor parte de la población, perviva respecto a él cierto respeto reverencial. Porque solo esto explicaría la batería de excusas tontas, infantiles y falsas que suele esgrimir el no lector: “me gustaría, pero no tengo tiempo para leer”, “los libros son muy caros” (se nota que no ha dado un vistazo a las colecciones donde se contiene lo mejor de la literatura universal a precios irrisorios), etc. o, en fin, el indisimulado asombro con que el visitante de una vivienda, provista de una superficie no exagerada de estantes con libros, exclama:

¿Los has leído todos?

biblioteca casa

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