Arte y realidad

Pese a lo pomposo del título, mi intención es hablar de los mcguffin. Mcguffin es el nombre que dio el cineasta Hitchcock a cierta clase de elemento que, en sus películas, aporta suspense y parece tener una función en el desarrollo de la trama, aunque luego resulta – cuando el espectador ya se ha tragado el suspense – que no tiene nada que ver con la trama.

La reflexión sobre este tema me ha venido a propósito de la lectura de un artículo de Vila-Matas, tan sutil como todos los suyos. Un par de horas después de ocurrírseme, vi al mismo Vila-Matas caminando por la acera sur de la plaza Cataluña, no lejos de donde yo esperaba el autobús. Pero esto, en una ciudad de más de millón y medio de habitantes, no tiene importancia. O quizá sea un mcguffin.

El narrador – sobre todo el de relatos cortos – y el guionista que conscientemente introducen en su historia un aspecto interesante que nada tendrá que ver con la trama están de hecho realizando un esfuerzo titánico por competir con la realidad. Y muy difícil. O más bien imposible. Porque arte y realidad son mundos distintos.

Una novela, por realista que se pretenda, está pensada para producir un efecto determinado. Y un cuento aún más. Y todo lo que en la obra aparece tiene la función que de manera más o menos consciente le ha asignado el autor. Es decir, que el de la obra de arte es un mundo con sentido (porque tiene un creador racional), cosa que es difícil decir del mundo viviente, de la realidad. Precisamente la función del arte consiste -¿entre otras cosas? – en dar sentido o coherencia a lo que aparentemente no lo tiene.

¿Aparentemente? Depende de la mirada del espectador. El observador ingenuo y aplicado verá en la vida real un amasijo de hechos, objetos, sensaciones, colores, historias, detalles que, en su mayoría no guardan relaciones lógicas entre sí ni, presumiblemente, con el destino del observante. Cuando en una novela ocurre algo, suponemos que tendrá cierta relación con el plan del autor. Cuando en la vida real ocurre algo cuesta mucho suponer cualquier cosa.

A no ser que uno se llame Carl Gustav Jung. En este caso, se da al interruptor y un maravilloso mundo de sincronicidades o correspondencias  profundas se enciende ante nosotros con todas sus lucecitas de colores. Todo tiene sentido. Quién sabe.

En todo este asunto solo hay una cosa clara para mí: que alguien que piensa como Jung es alguien que no cree en los mcguffin.

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3 comentarios

Archivado bajo La letra o la vida

3 Respuestas a “Arte y realidad

  1. Sí, señor. venía de Puertaferrisa y me dirigía a Laie.
    Vila-Matas McGuffin.

  2. Joan P. A.

    La psicología nació como intento de solucionar los problemas del alma (psique). Por eso pretendía dar respuesta al caos mental. La cuestión es que el caos es inseparable -en el tiempo-de su contrario el orden. Los autores, con mejor o peor acierto, intentan plasmar una historia y todas las historias, aunque sean más o menos caóticas, siempre nos inducen a buscar un sentido, un significado. Claro que la respuesta, en la realidad, sólo la tiene su autor. En cuanto al mcguffin, un gran discípulo de Hictchcok Shianalan (no sé si se escribe así) de origen indio, diría que son “señales”.

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